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Metafísica del islam


MARTÍN CASTILLA

¿No existe un gran desconocimiento o, lo que es peor, un conocimiento erróneo, una idealización falaz? Más aún, ¿no hemos detectado que hay una política de desinformación, bien financiada, destinada a consumar el gran camuflaje? Aquí expongo una esquemática síntesis, apoyada en las mejores investigaciones.


El islam o islamismo es, sin duda, una religión, pero no solo eso, pues no hay que engañarse proyectando el concepto europeo de religión. La religión de Mahoma es también, indisociablemente, una ideología política, de signo totalitario, pero no solo eso. El islam implica asimismo un orden social sacralizado, es decir, más que una fe, una ley que hay que cumplir: una reglamentación teocrática de dominio y control sobre la vida privada y pública. El islam comporta, finalmente, un proyecto imperialista mundial, sustentado por una religión política y una teología que convoca a la destrucción de los rivales y la expansión hegemónica sobre el orbe entero.


1. En cuanto religión, a diferencia de la cristiana, sus textos presentan la imagen de un Dios que actúa arbitrariamente como un sátrapa oriental, despótico con sus criaturas, que priva a los humanos de toda autonomía y les exige que renieguen de la razón y la libertad con las que los creó. Dios es clemente y misericordioso, pero tan solo con quienes obedecen ciegamente a Mahoma.


2. En cuanto ideología política de signo totalitario, rechaza de plano los derechos humanos y la democracia. Para el islam no existe distinción entre sociedad y Estado, entre política y religión. La distinción básica es entre creyentes e infieles, para despojar a estos últimos de cualquier igualdad de derechos. Impone a toda la sociedad modos represivos de vida, mediante prescripciones y prohibiciones que conforman el sistema halal / haram, que no deja a la decisión personal el menor aspecto de la vida colectiva o individual.


3. En cuanto orden social sacralizado o sistema teocrático de dominio y sometimiento, su objetivo consiste en imponer la ley islámica o charía: un sistema legal medieval, pretendidamente inmutable, que consagra la desigualdad jurídica entre musulmanes y no musulmanes, y la inferioridad de las mujeres, acepta la esclavitud y condena como apostasía la libertad de religión y de conciencia. Esta ley es de obligado cumplimiento, bajo un régimen de castigos terribles: flagelación, amputaciones, degüello, crucifixión, lapidación, destierro, etc.


4. En cuanto proyecto imperialista mundial, se arroga el derecho, como deber religioso-político para los musulmanes, de conquistar todos los países de la Tierra y hostigar y destruir todas los demás sistemas culturales y religiosos, hasta que prevalezca en todo el mundo la religión de Alá, y todas las naciones queden sometidas a un poder califal.


Esta doctrina islámica, asumida por todas las escuelas del ámbito suní y chií, se funda en el Corán, en los hadices y la vida de Mahoma y en los códigos medievales de jurisprudencia que configuran la ley islámica. El conjunto de todos los esfuerzos y acciones de todo tipo, dirigidos a hacer avanzar ese proyecto de dominación y dimmitud, es lo que recibe el nombre de yihad.


Esta síntesis no constituye, claro está, una esencia metafísica, pero sí el núcleo duro constante de un sistema desarrollado y consolidado históricamente.


No es de extrañar que, tras las añagazas ideológicas y en la cruda realidad de los hechos, los auténticos pilares sobre los que se asentaron los imperios musulmanes fueran siempre: la guerra, el botín, la dimmitud, la esclavitud y el terror. Negar esto es algo que solo puede hacerse renegando del pensamiento crítico y mintiendo sobre la historia.



Quien desee saber más que lea las documentadas obras de estudiosos como Patricia Crone, Richard Fletcher, Antonio Elorza, Anne-Marie Delcambre, Ibn Warraq, Bat Ye'or, Rafael Sánchez Saus, William E. Phipps, Christopher Caldwell, Serafín Fanjul, José Javier Esparza, Robert Spencer, Gilles Kepel.