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Mensaje del XXIII Congreso de Teología
"Cambio de valores y cristianismo"
 
Madrid, 4-7 de septiembre de 2003

1. Estamos viviendo un cambio de era, que ha provocado una verdadera revolución en todos los campos de la existencia humana: biogenética, bioética, informática, política, economía, modelos de pareja, sexualidad y homosexualidad; un profundo cambio los valores, que afecta de manera especial a los jóvenes, e incluso una pérdida de referentes éticos. Esa revolución ha puesto en crisis los valores morales en general, y de manera especial no pocos de los valores que defienden las religiones. 

2. La sociedad actual se rige por los principios del neoliberalismo: el individualismo y la negación de la dimensión comunitaria y social de la existencia humana; la competitividad, el lucro, el propio interés, la acumulación y la idolatría del dinero. Se adora al oro del becerro más que al becerro de oro. 

3. Las mujeres son las que se sienten negativamente más afectadas por el modelo económico neoliberal, ya que siendo las que más contribuyen a la generación de riqueza a través de jornadas de trabajo interminables son las que menos disfruten de ella. Los valores que se imponen en la sociedad son los creados por el patriarcado, que mantiene sometidas a las mujeres, contra las que se ejerce todo tipo de violencia: en el hogar, en las relaciones sexuales, el trabajo, en las calles, en los lugares lúdicos, en las vallas publicitarias, en la educación, en las religiones, en la vida política, en la economía, etc. La violencia contra las mujeres, los niños y las niñas, así como contra los sectores indefensos de la sociedad, es inherente a la ideología del patriarcado y constituye una de sus prácticas habituales.

4. La propia Iglesia católica, sobre todo en algunas de sus jerarquías y de sus movimientos, ha renunciado al anuncio y a la práctica de los valores evangélicos, y se ha instalado cómodamente en el sistema del que recibe pingües beneficios, y ha llevado a cabo una inversión de los valores hasta hacer irreconocible el mensaje y la praxis de Jesús de Nazaret. Ha sustituido la defensa de la ortopraxis por la ortodoxia, el Evangelio por los dogmas, la obediencia a la autoridad de las víctimas por la obediencia ciega a las autoridades religiosas, la adoración a Dios por la papolatría, la libertad por la sumisión, la fe crítica por la fe crédula, el seguimiento de Jesucristo por la aplicación rígida del Código de Derecho Canónico, el perdón y la misericordia por el anatema; la construcción del reino de Dios por la construcción de una Iglesia jerárquica, haciendo realidad la frase de Loisy: "Jesús anunció el reino y vino la Iglesia"; la defensa e imposición de un único modelo de familia, el matrimonio; la condena de otros modelos, como las parejas de hecho, y de la homosexualidad calificada como enfermedad, desviación natural y desorden moral. Todo ello apelando a veces a textos bíblicos leídos con cierto tono fundamentalista. Se opone a la experimentación y la utilización de células madres, incluso cuando éstas tienen fines terapéuticos. Bajo el principio de salvar una vida que no tiene futuro, se impide la salvación de muchas vidas, la curación de numerosas enfermedades y la superación del sufrimiento humano. Se pretende imponer a todos los católicos los criterios morales de la jerarquía, sin previo debate interno, y los criterios de un sector del catolicismo a toda la ciudadanía. 

5. Es necesario un cambio de valores en sintonía con las transformaciones producidas en la sociedad, que ha de traducirse en: 

- la propuesta de una ética cívica, caracterizada por la tolerancia, el respeto a la libertad de conciencia y el servicio a la comunidad, que obliga a todos por igual en deberes y derechos; 

- la búsqueda de una ética común a todas las religiones que defiende el bien del ser humano, las máximas de humanidad no negociables, y se expresa en la regla de oro formulada por todas las religiones, desde Confucio hasta Mahoma, pasando por Moisés, Buda y Jesús de Nazaret; 

- una ética que emana de la predicación y de la praxis liberadora de Jesús deNazaret, se expresa de manera ejemplar en las Bienaventuranzas y se traduce en la opción por los pobres, la solidaridad con los excluidos y la compasión con las víctimas.

- la defensa de una cultura de la solidaridad, de la paz, de la justicia, de la defensa de la naturaleza y de la igualdad entre hombres y mujeres, eliminando toda discriminación por razones de género, etnia, clase, cultura o religión. 
 

6. En América Latina están surgiendo nuevos sujetos históricos que abren nuevos caminos de liberación y reclaman el reconocimiento de los derechos de quienes nunca fueron considerados sujetos: religiones acusadas de supersticiosas, pueblos tenidos por atrasados, razas y etnias sojuzgadas, mujeres doble y triplemente excluidas, comunidades campesinas, indígenas, afrolatinoamericanas humilladas en su identidad cultural. 

7. En África se está produciendo un cambio de valores que pretende compaginar tradición y modernidad. Numerosos movimientos de liberación se oponen a la imposición por parte de Occidente de determinados valores y modelos de vida que pretenden eliminar sus señas su concepción comunitaria, y pretenden compaginar la propia identidad cultural y religiosa, abierta al diálogo con otras culturas y religiones, con la lucha contra la globalización neoliberal que excluye a todo el continente.

8. La juventud vive inmersa en una sociedad débil y de riesgo, y en el horizonte de la "cultura de la satisfacción", ajena en su mayoría a los valores religiosos, pero quizás no a la experiencia de la fe. Su forma de vida anuncia el nacimiento de nuevos valores y pueden ser la metáfora y la profecía de la nueva ciudadanía. 

9. Es necesario llevar a cabo la gran revolución de los valores, que empiece por el propio ser humano y se extienda hasta las estructuras. Una revolución que implica:

- la liberación de nuestra riqueza y bienestar sobreabundantes y la opción por una cultura del compartir;

- la liberación de nuestro consumo, en el que terminamos por consumirnos nosotros mismos, y la opción por la austeridad;

- la liberación de nuestra prepotencia, que nos hace fuertes ante los demás, pero impotentes ante nosotros mismos, y la opción por la virtud que se afirma en la debilidad;

- la liberación de nuestro dominio sobre los otros, a quienes tratamos como objetivos de uso y disfrute, y sobre la naturaleza, de quienes nos apropiamos como si se tratara de un bien sin dueño, y la opción por unas relaciones simétricas y no opresivas; 

- la liberación de nuestra apatía ante el dolor humano, y la opción por la misericordia con las personas que sufren;

- la liberación de nuestra supuesta inocencia ética, de nuestra falsa neutralidad política y de nuestra tendencia a lavarnos las manos ante los problemas del mundo, y la opción por el compromiso en la vida política, en los movimientos sociales y en las organizaciones no gubernamentales;

- la liberación de nuestra mentalidad patriarcal y machista, y la opción por la igualdad, no clónica, de hombres y mujeres.

- la liberación de todo poder opresor y la opción por las virtudes que no tienen que ver con el dominio, como son: la amistad, el diálogo, la convivencia, el goce de la vida, el disfrute, la gratuidad, la solidaridad, la compasión, la proximidad, el desasimiento, la contemplación, en una palabra, la fraternidad-sororidad.

- la liberación de nuestra tendencia excluyente, y la opción por un mundo donde quepamos todos y todas. 
 

10. Con la aprobación de este mensaje, nos comprometemos a ponerlo en práctica en nuestra vida personal, en la sociedad y en las iglesias.
 

Madrid, 7 de septiembre de 2003