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  40 años de Teología de la Liberación en América Latina y El Caribe
(1962 - 2002)

Pablo Richard

Introducción

(Este artículo es una reformulación de otro artículo anterior titulado: "La Iglesia en América Latina y El Caribe: 1962-2000", esbozo del cual fue publicado en la revista Pasos 103, sept-oct 2002)

La Teología de la Liberación (TL) tiene dos tiempos históricos: Un tiempo de nacimiento (1962-1984) y ahora otro de re-definición y maduración de nuevas tareas (1984-2002). Si consideramos el contexto eclesial, el período de nacimiento de la TL coincide con un tiempo maravilloso de reforma en la Iglesia católica (1962-1984). La redefinición y las nuevas tareas de la TL, por el contrario, se da en un período de fuerte contra-reforma, que busca explícitamente erradicar la TL (1984-2002). La reforma y contra-reforma en la Iglesia tienen, a su vez, claramente un contexto económico, social y político. Aquí hablamos sólo del contexto, no de la raíz de la TL que es y será siempre la opción preferencial por los pobres y la experiencia de Dios al interior de una praxis de Liberación (como veremos más adelante). En este artículo hacemos fundamentalmente referencia a la TL en su contexto católico. 

En el año 1984 tenemos un cambio de período desde un punto de vista eclesial. El intento de des-legitimación de la TL comienza con dos documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe (dirigida por el Cardenal Ratzinger): Libertatis Nuntius (1984) y Libertatis Conscientia (1986). El teólogo uruguayo J. L. Segundo respondió al primero de estos documentos. Su tesis es que este primer documento no condena exageraciones de la TL, sino la misma TL en todas sus formas. La teología del documento además no sólo está en contradicción con la TL, sino con la teología misma del mismo Concilio Vaticano II. ( Cf. Juan Luis Segundo: Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1985). Un momento decisivo de la contra-reforma eclesial fue el Sínodo extraordinario de Obispos de 1985, donde se sustituye el concepto Iglesia-Pueblo de Dios por el de Iglesia-Comunión, con lo cual se abandona significativamente el Vaticano II y reaparece la eclesiología del Concilio de Trento y Vaticano I. 

Desde un punto de vista histórico global el año 1989, como fecha de cambio de período, es una fecha más real. El 9 noviembre 1989 fue la caída del muro de Berlín, símbolo de la caída de los socialismos históricos y del fin de la guerra fría. Se impone desde entonces la hegemonía total de una economía de mercado y de una globalización de inspiración neo-liberal. Otros hechos reales, con un profundo simbolismo son: 16 de noviembre 1989 (7 días después de la caída del muro) asesinato de los seis jesuitas en El Salvador; 25 febrero 1990 derrota electoral del Frente Sandinista en Nicaragua y enero 1994 insurrección zapatista en Chipas, México.

Utilizaremos aquí como esquema interpretativo la contraposición dialéctica entre reforma y contra-reforma.El Movimiento de Jesús y la posterior organización de las Iglesias apostólicas fue un movimiento de profunda reforma en el pueblo judío, y más allá de él, en muchas tradiciones religiosas del oriente medio y del mundo helenista. En el siglo IV y V surge la contra-reforma, con el emperador Constantino y los cuatro primeros concilios ecuménicos (Nicea 325, Constantinopla 381, Efeso 431 y Calcedonia 451). Los 4 concilios constituyen un nuevo Canon de la fe cristiana, que sustituye en cierta medida el Canon de los 4 Evangelios (Cf. G. Alberigo, editor: Historia de los Concilios Ecuménicos. Salamanca, Ed. Sígueme, 1993). El Credo niceno-constantinopolitano será el nuevo Credo que estructurará la fe cristiana, el catecismo y la teología hasta el día de hoy. Este es el Credo que confesamos todos los domingos.

En el siglo 16 comienzan las grandes reformas protestantes, que buscaban inicialmente una reforma del cristianismo en su globalidad. La actitud de rechazo de la Iglesia católica, puso a la reforma fuera de ella. La contra-reforma institucional se dio fundamentalmente en el concilio ecuménico de Trento (1545-1563), completado por el Concilio Vaticano I (1869-1870). Son cuatro siglos de contra-reforma, que han marcado profundamente la vida actual de nuestra Iglesia.

Entre 1962-1965 tenemos el Concilio ecuménico Vaticano II, que se propuso una nueva reforma de la Iglesia, esta vez una reforma asumida por la misma Iglesia a realizarse al interior de la Iglesia. Una novedad histórica fue que este Concilio y esta reforma fue recibida e interpretada en América latina por la II Conferencia General del Episcopado realizada en Medellín (1968) y profundizada en Puebla (1979). 

El esquema reforma-contra-reforma hay que tomarlo en forma dialéctica, no como una contraposición absoluta y maniquea entre el bien y el mal. En toda contra-reforma puede haber elementos positivos, como en toda reforma puede haber desviaciones. Lo mismo podemos decir de la contradicción entre ortodoxia y herejía. Las 'herejías' algunas veces han defendido grandes verdades, si bien en forma parcial y en ruptura con la unidad de la Iglesia y la tradición apostólica. Pero también puede darse que los 'defensores de la ortodoxia' sean los que más traicionan el sentido de la tradición histórica de la Iglesia y los más cerrados a las exigencias de Dios en el momento actual. 

I: Contexto eclesial de la TL (1962 - 2002)

A: Reforma de la Iglesia Católica (1962 - 1984)

Los hechos fundantes son:

Vaticano II (62-65):recordemos algunos ejes teológicos mínimos:

Lumen Gentium: La Iglesia es el Pueblo de Dios, no su estructura jerárquica. Su razón de ser no está en ella misma, sino en el Reino de Dios. La Iglesia subsiste (subsistit) en la Iglesia católica. Sacerdocio común de los fieles, dotados éstos de carismas. Colegialidad episcopal.

Dei Verbum: La Sagrada Escritura como fundamento de la Iglesia y alma de la teología. El magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino totalmente a su servicio. La Iglesia, más que poseer la verdad, camina hacia la plenitud de la verdad. 

Gaudium et Spes: La Iglesia en el mundo. La Iglesia abierta a la modernidad y al humanismo contemporáneo. Autonomía de lo temporal. 

También importantes en el Concilio textos sobre reforma litúrgica, ecumenismo, libertad religiosa y Derechos Humanos.

II Conferencia del Episcopado latinoamericano enMedellín (68)

(Recepción del Vaticano II y re-interpretación desde A. Latina)

Pro memoria algunos textos: "Los principales culpables de la dependencia de nuestros países son aquellas fuerzas que, inspiradas en el lucro sin freno, conducen a la dictadura económica y al 'imperialismo internacional del dinero" (2, 9e); "situación de injusticia que puede llamarse de 'violencia institucionalizada" (2, 16); "educación liberadora: la que convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo" (4,8); "un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte" (14, 2); "En nuestra misión pastoral confiaremos ante todo en la fuerza de la Palabra de Dios" (14, 14); "La comunidad cristiana de base es el primero y fundamental núcleo eclesial…célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo" (15, 10), etc… 

Sínodo de Obispos en Roma: La Justicia en el mundo (1971) 

Pablo VI: Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (1975)

(Impacto de la Teología de la Liberación y de Medellín en Roma)

III Conferencia del Episcopado latinoamericano enPuebla (79)

Pro memoria algunos textos: "La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela" (31-41); "está subiendo hasta el cielo un clamor cada vez más tumultuoso e impresionante. Es el grito de un pueblo que sufre y que demanda justicia…" (87-89); La Iglesia asume "una clara y profética opción por los pobres"; "afirmamos la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral" (1134); "El compromiso con los pobres y los oprimidos y el surgimiento de las Comunidades de Base han ayudado a la Iglesia a descubrir el potencial evangelizador de los pobres" (1147); "Exigencia evangélica de la pobreza como solidaridad con el pobre y como rechazo de la situación en que vive la mayoría del continente" (1156), etc….

IV Conferencia Episcopado Latinoamericano enSanto Domingo (1992)

Se retoman algunos textos de Medellín y Puebla sobre opción preferencial por los pobres y los jóvenes y sobre las comunidades eclesiales de base. Temas nuevos con elementos positivos son :"Sólo una Iglesia evangelizada es capaz de evangelizar"(23); "Los laicos, línea pastoral privilegiada"(103); "Sobre la mujer" (104-110); "Diálogo con las religiones no-cristianas" (136-138); "Promoción humana como dimensión privilegiada de la Nueva Evangelización"(157-209); "Inculturación del Evangelio" (230). En Santo Domingo, sin embargo, ya aparece la influencia de la contra-reforma.


Algunos procesos a largo plazo, más allá de los grandes eventos eclesiales, marcan este tiempo de reforma en la Iglesia católica: 

+ Las Comunidades Eclesiales de Base, con su método Ver-Juzgar-Actuar.

+ La valoración de la Religión del Pueblo y de la Cultura latino-americana.

+ La renovación de la Vida Religiosa.

+ Los fuertes movimientos de Espiritualidad, Testimonio y Martirio.

+ El ecumenismo liberador y militante. 

+ El diálogo con teólogos de África, Asia y minorías oprimidas del Primer Mundo (En 1976 nace la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo: Asett) 

B: Contra-reforma en la Iglesia católica (1984 - 2002)

La Ley y el Poder apagan el Espíritu y la Teología de la reforma 

En el Concilio Vaticano II culminó y se expresó un extraordinario movimiento teológico, pero el Concilio no logró con la misma creatividad y fuerza renovar la institución eclesial. El Concilio decidió la elaboración de un Nuevo Derecho Canónico y un nuevo Catecismo para renovar la institución de la Iglesia con el Espíritu y la Teología del Concilio. Sucedió lo contrario: el Nuevo Derecho Canónico (1983) y el Catecismo de la Iglesia Católica (1992) sofocó el Espíritu del Concilio. Dada esta situación, irrumpió la tradición institucional de cuatro siglos de contra-reforma del Concilio de Trento. EL Dogma, el Poder y la Ley de la contra-reforma pudo más que la Teología y el Espíritu de la reforma de la Iglesia inaugurada en el Concilio Vaticano II. Tenemos aquí la raíz del fundamentalismo católico. 

Movimiento neo-conservador en la Iglesia

El miedo a la dispersión y fragmentación, el miedo a la opción preferencial por los pobres, el miedo a las consecuencias eclesiales de la crisis económica, el miedo a la modernidad y a la crisis de la modernidad, tuvo como efecto la búsqueda de seguridad en el Dogma, la Ley y el Poder central de la Iglesia, lo que llevó a la marginación y olvido progresivo del Vaticano II, Medellin y Puebla. En el modelo de Iglesia del Vaticano II (Gaudium et Spes) la Iglesia está en el mundo y al servicio del mundo; Medellín y Puebla concretizaban: en el mundo de los pobres. El movimiento neo-conservador por el contrario tiende a centrar a la Iglesia sobre sí misma; tiende a encerrarse en el mundodentro de la Iglesia, alejándose cada vez más del mundo en general y del mundo de los pobres en especial. La Ley y el Poder llega a ser más importante que el Evangelio del Reino de Dios. 

El Papa Juan Pablo II concede al Opus DEI, a los Legionarios de Cristo y a otros movimientos similares un liderazgo especial dentro de la Iglesia a nivel mundial. No cabe duda que estas organizaciones no asumen el Espíritu y la Teología del Concilio Vaticano II. El Opus Dei es como un anti-Medellín. Su Opción preferencial es por las élites económicas y políticas del mundo rico. Su modelo de Iglesia es claramente de Cristiandad, articulado por la relación Iglesia-Poder. El liderazgo espiritual y pastoral ya no lo tienen los grandes teólogos del Concilio, la generación de los obispos de Medellín (los "Santos padres de la Iglesia Latinoamericana") o los teólogos de la liberación. Todos éstos son deslegitimados, perseguidos o marginados. La gran cruzada de la Iglesia ya no es contra la pobreza y la injusticia, sino contra el comunismo y la Teología de la Liberación. 

Intentos de deslegitimación de la Teología de la Liberación (TL)

Con el cambio de rumbo en la Iglesia, se niega la razón de ser y la misión profética de la TL. Se acusa ahora directamente a la TL de marxista y como el marxismo ha muerto, también ha muerto la TL. La TL pertenece al tiempo de la guerra fría, una etapa del pasado totalmente superada. Se emprende en consecuencia la erradicación total y sistemática de la TL en todos los espacios eclesiásticos y docentes. Marginación de todo profesor que sea sospechoso de TL. El rechazo de la TL llega a ser el signo distintivo de la ortodoxia. Esta campaña no tuvo tanto éxito en Brasil, donde la Iglesia jerárquica y los teólogos resistieron en su defensa de la TL. Esto explica la carta del Papa a los obispos brasileños donde afirma: "la Teología de la Liberación no es sólo oportuna sino útil y necesaria" (abril 1986).

El problema es que el movimiento neo-conservador y fundamentalista, en su furia restauradora y ciega, no sólo intenta demoler una teología, sino que esta destruyendo la capacidad misma del cristiano, especialmente del pobre, de ser sujeto creativo de un nuevo modelo de Iglesia y de una nueva sociedad. Ahora el sujeto es el Poder, la Ley y la Institución. Con la destrucción de la TL se está además demoliendo toda la tradición reformadora de la Iglesia iniciada en el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla. Está también demoliendo toda la tradición teológica europea del siglo XX que generó la reforma moderna de la Iglesia en Europa. Está demoliendo la obra y la memoria de nuestros obispos profetas y de nuestros mártires de América Latina (Signo es esto es que aun no se ha beatificado a Mons. Romero). 

II.- Contexto económico, social y político de la TL 

(síntesis para recordar lo mínimo)

Entre los años 1945-1970 se da un proceso de recuperación económica, social, cultural y espiritual de Europa. Nace un Estado de bienestar social y se impone un capitalismo reformista y social. Reformismo expansivo que permite movilizaciones y organizaciones sociales. En este contexto se inscribe el movimiento teológico europeo que se va a expresar en el Concilio Vaticano II: recuperación espiritual de Europa y occidente, visión optimista del mundo y de la historia, confianza en la capacidad social del sistema dominante y del hombre moderno. 

En América latina la situación es totalmente diferente. Se hace muy pronto evidente la crisis de este modelo de desarrollo. Surge la Teoría de la Dependencia que nos dice que no puede haber desarrollo sin ruptura de la dependencia del Primer Mundo. No hay desarrollo sin liberación. En 1959 triunfa la revolución cubana y del 70 al 73 triunfa en Chile el modelo de tránsito democrático al socialismo, pero esto provoca en la misma época una represión creciente a los movimientos de liberación y se instauran dictaduras militares en varios países. Es en este difícil contexto que recibimos e interpretamos el Concilio Vaticano II, que celebramos la II Conferencia del Episcopado latino-americano en Medellín y que nace la Teología de la liberación. El movimiento de liberación no sólo se dio en la teología, sino simultáneamente en las ciencias sociales, en la pintura, la literatura, la música, el teatro, el cine, etc… 

En los años 70 se inicia, especialmente en Europa, pero también en el mundo entero, la crisis del capitalismo social dominante. En 1973, con el golpe de Estado en Chile, se consolida el neo-liberalismo como alternativa y la ideología de la Seguridad Nacional como estrategia. En 1979 triunfa la revolución sandinista, pero ya desde 1980 el mundo está dominado por la figura contra-revolucionaria y anti-comunista de Ronald Reagan y Margaret Tatcher. En 1980 aparece el Documento de Santa Fe con importantes recomendaciones para Reagan (entre otras: "La política exterior de Estados Unidos debe empezar a contrarrestar la teología de la liberación" 11, 3). El cambio de contexto favorece la contra-reforma de la Iglesia, pero simultáneamente urge a una redefinición de la Teología de la Liberación.

III.- La Teología de la Liberación en América latina y El Caribe

A: Nacimiento de la Teología de la Liberación (1968 - 1984)

El año 1968 es considerado tradicionalmente el año de nacimiento explícito de la Teología de la Liberación (TL). En Julio 1968 Gustavo Gutiérrez pronunció una conferencia en Chimbote (Perú) titulada: "Teología de la Liberación" (Gustavo cambió a última hora el título original que era: "Teología del Desarrollo", cambio emblemático de un cambio más profundo en la teología: el problema no era el desarrollo, sino la liberación). Luego se publicó su libro: "Teología de la Liberación. Perspectivas". 

Recordemos en forma muy sintética los 4 elementos fundantes y constitutivos de la TL en su primer período (1968 - 1984): 

(1) Opción preferencial por los pobres: raíz y estructura básica y permanente de toda la TL. Es la perspectiva que nos diferencia de las teologías progresistas del Primer Mundo, que nacen del diálogo con las ciencias sociales y la secularización. En la opción por lo pobres, el pobre es sujeto del Reino de Dios en la construcción de una sociedad alternativa. La opción por los pobres es la opción por una sociedad donde quepan todos y todas, en armonía con la naturaleza. Los pobres son sujetos con una cultura y espiritualidad propias, portadores de Espíritu y Libertad frente a la Ley y la Institución.

(2) Prioridad de la praxis:TL como acto segundo. El punto de partida de la TL fue siempre la praxis de liberación, con toda su densidad teórica, estratégica y orgánica. La TL no busca sólo interpretar la realidad desde fuera, sino transformarla desde dentro. No es un pensamiento abstracto o dogmático, sino "una reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la Palabra de Dios", que acompaña el compromiso liberador de los cristianos. La práctica de liberación siempre tuvo como horizonte una sociedad alternativa y el sujeto capaz de construirla. En aquel tiempo la alternativa era el socialismo. Algunas corrientes de la TL utilizaron el marxismo como instrumento de análisis de la realidad, sin asumir su dimensión política (el comunismo) o filosófica (el materialismo histórico). 

(3) EspiritualidadTeología con Espíritu. La TL se definió desde un principio como la Teología que nace del encuentro con el Dios de los Pobres al interior de una práctica de liberación. En este encuentro el obstáculo fundamental no era el ateísmo, sino la idolatría (perversión del sentido de Dios o sustitución de Dios por otros dioses). Esta idolatría la descubríamos sobre todo en las estructuras de dominación, pues es la idolatría lo que hace posible que el opresor oprima con buena conciencia y sin límite alguno. La idolatría transforma a los sujetos (personas) en cosas y a las cosas (mercancías, mercado, tecnología) en sujetos. En este sentido la idolatría es la raíz del pecado social. El 'ateísmo', por el contrario, era una dimensión 'positiva' de la práctica de liberación. Nuestra cercanía mayor era con los revolucionarios ateos que con los opresores idólatras. Incluso, en nuestra espiritualidad, descubrimos la necesidad de pasar por un cierto 'ateísmo' en la búsqueda oscura del Dios viviente. La espiritualidad se vivía en la oración, en la mística, en el arte, el canto, la poesía, pero sobre todo en el testimonio, lo que llevaba muchas veces al martirio. 

(4) Profetismo: Teología y Palabra de Dios. La TL se pensó a si misma fundamentalmente como teología profética, no como teología dogmática o teología pastoral. Asumió el grito de los pobres y la defensa del Proyecto de Dios en la Iglesia y en la Sociedad. La Teología profética de la Liberación se enfrentó con la doctrina de la Seguridad Nacional y realizó un trabajo de animación creativa en el mundo de los pobres. 

B: Redefinición de la Teología de la Liberación (1984-2002)

El contexto eclesial de contra-reforma, especialmente desde 1984, y el contexto socio-histórico de globalización neo-liberal, especialmente desde 1989, nos urgen a una redefinición de la Teología de la Liberación. Esto significa re-tomar la raíz fundante de la TL, y sus elementos constitutivos, para re-crearla, re-pensarla, madurarla, y quizás radicalizarla, en el nuevo contexto de cambio de época que nos toca vivir. Hay por lo tanto una exigencia de fidelidad a la raíz de la TL: la experiencia de Dios en la opción preferencial por los pobres, pero también una exigencia de creatividad para responder a los nuevos desafíos. Gustavo Gutiérrez escribe en febrero 1988 un nuevo prólogo ("Mirar lejos") a su obra fundante de 1968: "Teología de la Liberación. Perspectivas". Este nuevo prólogo, escrito 20 años después de su libro, es para mi un ejemplo y paradigma para todo intento de maduración, decantación y ampliación de la TL para los nuevos tiempos. Algo semejante hizo 30 años después, en 1999, en una conferencia titulada: "Situación y tareas de la Teología de la Liberación" (publicada en Revista Latinoamericana de Teología Nº 50, mayo-agosto 2000). 

Desde ya quisiera insistir en la necesidad e importancia de la TL hoy en la Iglesia y en la sociedad. Los pobres, que son más del 70% de la humanidad, quedan sin la TL aún más excluidos y silenciados, con menos esperanzas y menos capacidad de ser sujetos de su propia historia. Sin TL la Iglesia pierde su credibilidad en el mundo moderno, especialmente en el mundo de los pobres y excluidos,. Sin TL la Iglesia se hunde con la crisis de un modelo de Iglesia ultra conservador, autoritario y patriarcal que hoy va desapareciendo, especialmente en los ambientes más lúcidos y críticos de nuestra sociedad. Sin TL la Iglesia pierde su identidad y dimensión profética y vive permanentemente confundida y 'enredada' en sus delitos de abuso de 'poder sagrado' (abusos en el campo económico, político y sexual). Sin TL la Iglesia cae fácilmente no sólo en el neo-conservadurismo, sino en el fundamentalismo, que somete a los creyentes a la esclavitud de un Poder y una Ley absolutas, que no les permite ser sujetos libres constructores de su propia historia. Sin TL la Iglesia queda indefensa frente a los fundamentalismos económicos, políticos y religiosos imperantes en la actualidad. El futuro del Cristianismo, al menos en el Tercer Mundo, está en gran medida ligado al futuro de la TL, en cualquiera de sus formas y expresiones. 
 

1: Estrategia general para orientar nuestro caminar teológico y eclesial

Es extremadamente importante asumir una metodología, una orientación, un paradigma, una estrategia que oriente nuestro caminar en forma positiva. Aquí algunas ideas para generar un consenso que nos de unidad, fuerza y creatividad, no sólo para recrear la TL, sino para construir un nuevo modelo de Iglesia:

(1) Fidelidad creativa a la reforma de la Iglesia iniciada por el Vaticano II, Medellín y Puebla. Esta reforma se ha dado históricamente al interior de la Iglesia. No fue como la reforma protestante del siglo 16 que chocó con la Iglesia y tuvo forzosamente que desarrollarse fuera y en contra de ella. La reforma del Vaticano II, iniciada por la Iglesia jerárquica misma dentro de la Iglesia, nos permite a nosotros mantener el proceso de reforma de la Iglesia al interior de ella. La reforma es posible sin romper la comunión de la Iglesia y sin construir una Iglesia paralela o cismática. 

(2) No queremos otra Iglesia, sino otro modelo de Iglesia, en la línea de la reforma ya iniciada por el Vaticano II, Medellín y Puebla. Ahora, con la contra-reforma, vuelve a ser dominante el modelo tridentino de Cristiandad. Quizás no será posible a corto o mediano plazo re-construir y mantener el modelo reformado de Iglesia del Vaticano II, Medellín y Puebla como modelo dominante. Lo más importante, sin embargo, es construir dentro de la Iglesia un modelo de Iglesia que sea significativo y creíble para el mundo de hoy, especialmente para los pobres y excluidos y para todos los que se interesan seria y críticamente por el Evangelio de Jesús. Tendremos que vivir nuestro modelo de Iglesia dentro de una Iglesia donde otro modelo de Iglesia es por el momento el dominante. Es común en la historia de la Iglesia que dentro de ella co-existan modelos o maneras diferentes de ser Iglesia. No se trata de un sano pluralismo, que es un valor altamente positivo desde los tiempos apostólicos, sino de la coexistencia de modelos contrapuestos y antagónicos de Iglesia.

(3) Nuestra estrategia básica no debe ser de confrontación, sino positivamente de crecimiento ahí donde está nuestra fuerza. Si hay confrontación ésta no debe ser de personas aisladas, sino la confrontación de fondo, global e inevitable, entre dos modelos o maneras diferentes de ser Iglesia. Igualmente no nos interesa hacer de posiciones teológicas o dogmáticas el campo principal de batalla al interior de la Iglesia. Nuestra fuerza está positivamente en nuestra capacidad de ir construyendo, desde abajo y a largo plazo, un modelo de Iglesia fiel al movimiento de reforma iniciado en el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla. Si bien debemos ser fieles a éste movimiento de reforma, no debemos crear polarizaciones ineficaces o secundarias entre nosotros y en nuestras comunidades.

(4) Debemos asumir la opción preferencial por los pobres y los excluidos como punto de partida y orientación determinante y permanente de nuestro caminar, tanto en la Iglesia como en el mundo de hoy. Nuestro horizonte fundamental de entendimiento no es por lo tanto la modernidad, la post-modernidad o la crisis de la modernidad, sino la liberación de los pobres y la construcción de un mundo donde quepan todos y todas, en armonía con la naturaleza. En este sentido nuestra estrategia debe ser definida claramente desde el Tercer Mundo, en solidaridad con África, Asia y Oceanía y con todos los grupos oprimidos y solidarios del Primer Mundo. 

(5) En el momento actual, de transición entre un modelo que desaparece y otro que todavía no surge, creo importante priorizar tres cosas: la construcción de la esperanza, la creación de fundamentos sólidos y la formación de personas. En el clima actual de pesimismo y derrotismo, es más que nunca necesario reconstruir una esperanza con serio fundamento económico, social, bíblico y teológico. También es importante construir fundamentos (económicos, sociales, políticos, éticos y espirituales) sobre los cuales podamos en el futuro construir algo más definitivo y global. También es una prioridad la formación de los agentes que construirán la sociedad y la Iglesia del futuro. En un período de transición como el nuestro estas tres tareas no son estrepitosas, sino que se dan bajo tierra, con una eficacia silenciosa y a largo plazo, pero no por eso son menos eficaces y duraderas. Debemos buscar una TL que sea eficaz y significativa al interior del mundo de los pobres y excluidos, y no solamente de pequeñas minorías marginales. Nuestro horizonte es la Iglesia entendida como Pueblo de Dios. 

2: Redefinición de los elementos constitutivos de la TL

Retomamos aquí los 4 elementos constitutivos y fundantes, ya explicados, de la TL: opción preferencial por los pobres, prioridad de la praxis, espiritualidad y profetismo. En los primeros dos puntos retomo libremente toda la investigación de nuestro equipo del Dei en el campo de reflexión sobre economía-teología.

(1) Radicalización de la opción preferencial por los pobres

en el contexto del sistema actual de economía de mercado

La racionalidad del sistema actual

En el sistema actual hay un desarrollo tan extensivo y acelerado de los medios que ya no es posible discernir el fin. Los medios tecnológicos y científicos son valorados por su eficiencia, pero no por su ordenamiento hacia fines establecidos. La eficiencia, la competitividad y la ganancia aparecen como valores absolutos, sin tener en cuenta la vida humana y cósmica como fin de toda actividad económica, tecnológica o científica. Los medios que desarrolla el sistema, con tanta eficacia y aceleración, ya no están al servicio de los medios de reproducción de la vida que son la fuerza de trabajo y los bienes de la naturaleza. La economía queda reducida a la lógica del cálculo de utilidad y la máxima ganancia. El medio impide ver el fin: la vida humana. Esta es la raíz de la crisis ética que vivimos en el actual sistema. 

El sistema invierte sobre todo en eficiencia y no el vitalidad. La eficiencia a su vez se orienta sobre todo hacia el capital no-productivo, especialmente financiero. Hay una primacía del valor de cambio sobre el valor de uso. La consecuencia es que cada vez se produce menos para la vida de toda la humanidad y lo que se produce no alcanza para todos. El sistema aparece como maravilloso, pero son cada vez menos los invitados al "banquete neo-liberal". La lógica es: "Si no hay para todos, que por lo menos haya para mi". Es una ideología agresiva y violenta con el "otro", especialmente si ese otro vive en el Tercer Mundo, es árabe, negro o chino. El otro empieza a ser considerado como el enemigo, sobre todo si ese otro se constituye en sujeto de una sociedad donde haya vida para todos. En vez de ser agresivos con los excluidos, la ética de la vida propone: "Si hay para todos, también habrá para mi". 

Se piensa que el sistema de mercado total es una sociedad perfecta, que cumple con sus objetivos en la medida de su perfección y totalización. Todos los problemas económicos del mercado se solucionarían con más mercado, con la totalización del mercado. El mercado y la tecnología aparecen como los Mesías que traerán la salvación a la humanidad. No se debe poner obstáculos a su desarrollo. La lucha por la vida de todos y de la naturaleza, como un imperativo ético absoluto, es visto como un obstáculo al desarrollo del sistema. Ningún mercado puede ser competitivo y eficaz, si invierte demasiado en la reproducción de la vida de todos y de la naturaleza. Lo absoluto es el mercado y no la vida para todos. La solidaridad sería un obstáculo al desarrollo del mercado y una "falta de fe" en el "poder salvífico" del mercado como sociedad perfecta. El imperativo categórico no es la solidaridad, sino la totalización y eficiencia del mercado y de todos sus recursos tecnológicos y financieros. 

Dos fallas profundas: exclusión y destrucción de la naturaleza 

Las dos fallas estructurales del actual sistema de mercado en su racionalidad neo-liberal son la exclusión humana y la destrucción de la naturaleza. Estas fallas nos urgen a reformular y radicalizar nuestra opción preferencial por el pobre: opción por el pobre como excluido y opción por el pobre como sujeto capaz de construir una sociedad donde quepan todos y todas en armonía con la naturaleza. 

El sistema de mercado global definitivamente no es para todos. El sistema sólo puede asegurar la vida de los que son necesarios e insustituibles para el desarrollo del mercado. En el capitalismo anterior se buscaba el desarrollo nacional, es decir, de todos los ciudadanos. El sistema era valorado por su capacidad de satisfacer las necesidades de todos. Esto nunca se conseguía, pero era la racionalidad del sistema. Racionalidad más ideológica que real, pero que marcaba una finalidad al progreso en función de la vida de todos. Esto se acabó. Hoy el desarrollo se mide por la eficiencia del mercado y la máxima ganancia. El desarrollo en función de la vida de todos y todas queda fuera de la lógica o racionalidad actual del mercado. El sistema actual llama al capitalismo anterior "capitalismo utópico", ahora estaríamos en un "capitalismo realista", que en realidad es cínico y salvaje. La consecuencia de esta lógica del mercado es la exclusión masiva de seres humanos. 

Los excluidos son considerados como una población sobrante y por lo tanto desechable: están demás. Su muerte no afecta la eficiencia del sistema. No tiene sentido invertir en salud y educación con los excluidos. No es una inversión rentable. Los excluidos son vistos como no-ciudadanos y viven su miseria y su dolor en un silencio total. Sólo es ciudadano el que tiene trabajo y participa del mercado. El Estado sólo tiene obligaciones con sus ciudadanos. El excluido vive una situación mucho peor que el explotado. Hoy día ser explotado es un privilegio, pues al menos se está dentro del sistema. "Hoy nadie duerme: los excluidos no duermen porque tienen hambre. Los incluidos no duermen por que tienen miedo".

El sistema de mercado global utiliza también los recursos naturales siguiendo el valor de la eficiencia: la máxima explotación para la máxima utilidad en los mercados. La conservación de la naturaleza en la lógica del sistema hace subir los precios en el mercado y se pierde en competitividad. La ecología no debe entorpecer la eficiencia del mercado. La conservación de la naturaleza no sólo es vista como contraria a la lógica del mercado, sino como su obstáculo. El resultado es la destrucción sin límites de la naturaleza.

Radicalización de la opción por los pobres 

No debemos interpretar todo lo anterior sólo como una "crisis moral o espiritual del mundo actual". No se trata sólo de esto, sino fundamentalmente de una ideología, una cultura, una ética y una espiritualidad idolátrica y criminal, que es la racionalidad misma del sistema. El sistema para funcionar bien, necesita pensar así, necesita valorar así, necesita rezar y encontrar a su Dios así. La salvación viene por el cumplimiento de la ley del mercado. Si se altera esta ley, vamos al caos. El mercado se justifica por su eficiencia: lo eficiente es lo bueno, lo justo, lo verdadero y lo bello. Estamos realmente cortando la rama donde estamos sentados, pero no importa, pues lo estamos haciendo con eficiencia y alta tecnología. En definitiva el sujeto es el mercado, la ciencia, la tecnología, no el ser humano que utiliza esos objetos en la construcción de vida para todos. Otra vez la inversión idolátrica: los objetos (mercado, ciencia, tecnología) llegan a ser sujetos y el auténtico sujeto (el ser humano) se convierte en objeto. 

En este contexto la opción por los pobres, que ciertamente es una opción por personas concretas, también llega a ser una opción contra la lógica misma del sistema. La racionalidad del sistema está en contradicción absoluta con la racionalidad de la opción preferencial por los pobres, puesto que nuestra opción preferencial es justamente por aquellos que el sistema excluye y que nosotros consideramos sujetos posibles de una alternativa al sistema. Positivamente, optar por los pobres es optar por la vida de todos y todas, es optar por el ser humano como sujeto capaz de construir una sociedad donde quepan todos y todas, en armonía con la naturaleza; optar por el pobre es creer que otro mundo es posible. Para nosotros la vida de todos y todas, en armonía con la naturaleza, es lo absoluto, lo bueno, lo justo, lo verdadero y lo bello. 

La opción preferencial por los pobres, en la reconstrucción actual de la TL, se radicaliza por otras múltiples razones. Primero: optamos no sólo por los pobres en general, sino más específicamente por los excluidos, que el sistema excluye como sobrantes y desechables, y que nosotros justamente en cuanto tales los valoramos como sujetos de una alternativa de vida para todos. Segundo: optamos por la defensa de la naturaleza, también 'excluida' por la lógica absoluta de la eficiencia y la máxima ganancia del sistema. Hoy no sólo escuchamos el grito de los excluidos, sino también el "grito de la tierra". Tercero: definimos al pobre y al excluido no sólo con categorías socio-económicas de clase social, sino también con las categorías de género (hombre-mujer), generación (joven-adulto), raza y cultura (blanco-negro-indio), incluyendo también entre los excluidos a los que son "diferentes" por identidad sexual o por aquellos que el sistema considera 'minusválidos'. Por último: la opción por los pobres se radicaliza además, porque hoy simplemente el número de pobres es extraordinariamente mucho mas alto que cuando nació la TL. 

(2) Prioridad de la praxis - TL como acto segundo

La definición de la TL como acto segundo, donde la praxis de liberación es el acto primero, no sólo sigue vigente, sino que se radicaliza. El análisis de la realidad, parte constitutiva de la praxis, se ha hecho ciertamente más exigente y complejo, por eso la TL en la actualidad asume críticamente la visión teórica liberadora presente en la economía, la antropología, la psicología, la bio-ética y las ciencias de la naturaleza. Veamos ahora la trasformación misma de la práctica actual de liberación y como esta transformación desafía a la TL.

Nuevos espacios para la praxis de liberación: 

desplazamiento desde la Sociedad política hacia la Sociedad civil

Vivimos un deterioro del Estado, por su endeudamiento (interno y externo) y la corrupción de la clase política dominante. El Estado es hoy pobre y corrupto. Todo esto ha llevado a un deterioro de la vida política. No hay interés de participar en la política, lo que provoca una cierta des-politización y des-ideologización. La globalización del mercado, por otro lado, ve también al Estado nacional como un obstáculo y busca, si fuese posible, hacerlo desaparecer y sustituirlo directamente por el mercado. La globalización además destruye la identidad y la soberanía nacional de cada país. Este debilitamiento del Estado y de la soberanía nacional se ha radicalizado por el fortalecimiento del poder imperial del gobierno de los EE UU, lo que nos está llevando a una globalización imperial militar. Todo esto está provocando un desplazamiento desde la Sociedad política hacia la Sociedad civil. La práctica de liberación no se sitúa tanto en el campo político, sino de manera preferencial en el campo social.

Este desplazamiento tiene muchos aspectos positivos. Incluso en el corto plazo la misma des-politización y des-ideologización ha sido necesaria. Pero no cabe duda que en el mediano y largo plazo se hace necesaria una reconstrucción del Estado desde la Sociedad civil, 'desde abajo', 'desde la base', desde los movimientos sociales. Esto implica una reconstrucción de la política y una re-politización nueva y positiva de la toda la sociedad. 

Re-surgimiento de losMovimientos Sociales y los nuevos sujetos

Lo que mejor define el nuevo campo de la sociedad civil son los Movimientos Sociales. Estos movimientos no buscan en el corto plazo la "toma del poder", sino la construcción de "nuevos poderes". Es un movimiento que surge "desde abajo", desde los diferentes grupos sociales de base y sobre todo desde los grupos totalmente excluidos de la misma sociedad. En todos los movimientos sociales se configuran nuevos sujetos, que en forma muy plural y compleja, se distinguen entre sí por determinaciones de clase, etnia, cultura, género, generación y otros. Hay así nuevos movimientos suburbanos, campesinos y de los 'sin tierra'; movimientos de migrantes; movimientos de economía, educación y salud alternativos. Otros movimientos se definen más bien por lo étnico y cultural como los movimientos indígenas y afro-americanos. Hay movimientos definidos por la categoría de género, donde inicialmente han tenido la ofensiva los movimientos feministas, aunque ahora surgen otros de identidad masculina. También crecen los movimientos definidos por categorías de generación: movimientos de niños, de jóvenes, de ancianos. También están los diversos movimientos ecologistas. Finalmente los movimientos de los que son fuertemente discriminados por su identidad sexual o por ser trabajadores/as del sexo (prostitutas y similares). En cada movimiento social emerge un nuevo sujeto histórico con identidad diferente. Estos movimientos han estado siempre presentes en nuestro continente. Lo nuevo es su poder mo movimiento social organizado y su constitución como sujeto histórico de cambio social. 

Tarea común a todos: reconstrucción de la Nación y el Estado

La diversidad y complejidad de Movimientos Sociales y de Sujetos históricos se articulan entre sí por su pertenencia básica a la misma sociedad civil y por su misión común a todos de reconstruir la Nación y el Estado desde ésta sociedad civil, que no deja de ser por esto diversa y compleja. La reconstrucción de la Nación y del Estado (de la nacionalidad y de la política), destruido por la globalización neo-liberal y por el mercado, debe trascender los intereses inmediatos de cada uno de los Movimientos Sociales y de cada uno de los nuevos sujetos, de lo contrario caeríamos en una fragmentación total de la sociedad civil y de la nación en general. 

Reconstrucción del ser humano como Sujeto.

En este contexto surge el desafío de la reconstrucción del ser humano como SUJETO. No se trata del 'individuo' abstracto de la revolución burguesa (el "pienso luego existo"), sino del nuevo sujeto humano histórico y comunitario que se afirma como sujeto frente al mercado, la tecnología y la globalización neo-liberal, los cuales cuando son sujetos absolutos, aplastan todo ser humano como sujeto concreto. El sujeto humano concreto es el sujeto de una nueva racionalidad, alternativa a la del sistema dominante y es también el creador de una nueva organización social donde todos tengan vida. Este es el sujeto responsable de la reconstrucción de la esperanza y de las utopías. Es un sujeto concreto que para todos busca trabajo, tierra, salud, educación, participación y esparcimiento. Es un sujeto con Espíritu, capaz de vivir su fe en el Dios de la Vida y capaz de rechazar los ídolos de la muerte. Es un sujeto que tiene una cultura y una ética de la vida, que construye una sociedad donde quepan todos y todas, en armonía con la naturaleza. Es el sujeto que afirma su vida en la vida del otro y de todos. Si la vida propia depende de la vida de todos, el sujeto no puede actuar en forma aislada, sino junto con otros, en comunidad. 

Desafíos para la Iglesia y la Teología de la Liberación

Los Movimientos Sociales, con toda su complejidad y diversidad, han sido en forma positiva los espacios desde donde re-nacen los nuevos movimientos eclesiales y teológicos. Así es como ha nacido una Iglesia y una teología campesina, indígena, afro-americana, de mujeres y jóvenes y de los movimientos sociales mas diversos, incluso aquellos que nos sorprenden por su total diversidad o radicalidad.

Los nuevos espacios y los nuevos sujetos de la re-construcción de la Iglesia y de la TL no es algo puramente físico o exterior, sino implica un cambio profundo de racionalidad, espiritualidad y ética; cambio radical de esquemas y paradigmas; cambio cualitativo en la manera misma de ser Iglesia, de hacer teología y, finalmente, un cambio cualitativo en la manera de buscar, encontrar y vivir a Dios en la experiencia oscura pero gozosa de la fe. Esto nos lleva al punto siguiente.

(3) La TL como Espiritualidad de la Liberación

La definición constitutiva de la TL como espiritualidad de encuentro con el Dios de los pobres en la práctica de liberación sigue plenamente vigente. Esa espiritualidad se ha más bien radicalizado y diversificado según los procesos históricos que hemos descrito anteriormente. Se ha fortalecido así una espiritualidad indígena y afro-americana, una espiritualidad propia de la mujer y de los jóvenes, una espiritualidad campesina y otras. La TL ha impulsado también a nivel global una espiritualidad de resistencia al interior del sistema actual, una espiritualidad del "cómo vivir en el mundo sin ser del mundo". La TL ha desarrollado una ética y espiritualidad de la vida, como valor absoluto, contra los 'valores' de pura productividad, eficacia y ganancia del sistema. Una espiritualidad del ser y del compartir, contra la arrogancia del puro tener, acumular y consumir. 

La TL ha también madurado y radicalizado una espiritualidad de la vida, en su expresión corporal liberada de la opresión de la Ley y del Pecado. En este campo la TL asume la teología de Pablo de Tarso, para quien el Espíritu esta ligado a la Vida del ser humano en su cuerpo y alma. Esto ha permitido liberarnos de una 'espiritualidad del alma' o de una espiritualidad de 'la justicia que viene por el cumplimiento de la ley', que necesariamente nos lleva al pecado y a la muerte (véase Rom 8 o Gal 5). La TL ha hecho suya la expresión de San Irineo: "Gloria Dei, vivens homo; gloria autem hominis visio Dei" "La Gloria de Dios, el ser humano vivo; la gloria del ser humano la visión de Dios" (Adv Haer. IV, 20, 7). Todo esto ha llevado a una espiritualidad que se realiza en la corporeidad humana, incluida la sexualidad. La liberación de la ley, la liberación del sentimiento de culpa y la liberación de la exigencia de sacrificialidad, es obra también de la Espiritualidad de la Liberación, que afirma la Vida según el Espíritu, no como obra de la ley, sino como obra del Amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones. 

La TL ha fortalecido una espiritualidad del Sujeto humano concreto, necesitado de trabajo, tierra, salud, educación, participación y esparcimiento; un Sujeto humano que se define por su condición de clase, género, raza y cultura; un Sujeto humano que se ve liberando en su dimensión subjetiva y personal interior; un Sujeto humano que es humano en comunidad, en una sociedad donde quepan todos y todas en armonía con la naturaleza, un Sujeto humano que afirma la vida humana como valor absoluto, que se afirma como Sujeto libre frente al mercado y la ley de la ganancia. 

La Espiritualidad desarrollada por la TL está en clara contradicción con todas las "nuevas" espiritualidades que se venden a buen precio en el mercado de las 'espiritualidades': espiritualidades gnósticas, espiritualistas, desencarnadas, que no responden tanto a la modernidad, sino a la crisis de la modernidad; espiritualidades alienantes, necesarias para una minoría enferma y destruida por la misma racionalidad del sistema y su 'ética' de la ley absoluta del mercado, de la máxima eficiencia y la ganancia. 

Todo lo anterior ha potenciado a la TL como creadora de Espiritualidad, en un mundo que, hoy más que nunca, clama por una auténtica espiritualidad. 

(4) Renovación de la TL como Movimiento Profético

En la historia del Pueblo de Israel, el movimiento profético estuvo siempre en proceso de transformación. Durante la monarquía se dio un profetismo social y político: Amós, Oseas, Miqueas, Isaías y Jeremías. Durante el Exilio, el profetismo buscó consolar a los exilados o a reconstruirlos con visiones de vida, tal como aparece en el Deutero-Isaías (Is 40-55) o en el profeta Ezequiel. Después del Exilio otra vez el movimiento cambió. Unos profetas buscaban restaurar el pasado, como Zacarías o Joel, y otros buscaron reconstruir la utopía para orientar la historia hacia el futuro, como el Trito-Isaías (Is 56-66). Posteriormente el movimiento profético se transformó en una corriente sapiencial y apocalíptica de carácter marcadamente popular y liberadora, como atestiguan los libros de Sabiduría y el libro de Daniel. 

También hoy la TL busca renovar el movimiento profético en la Iglesia y en la sociedad. Hoy el profetismo no puede ser el mismo de los años 70-80. El profetismo en la actualidad no se juega tanto a nivel político, sino más bien a nivel económico (denuncia de la racionalidad de muerte del sistema económico actual y búsqueda de un mundo alternativo). Hoy el profetismo adquiere formas más bien apocalípticas: resistencia a la dominación imperial, importancia del testimonio y del martirio, reconstrucción de la conciencia, de la memoria histórica, de la esperanza, reconstrucción de la visión de un mundo diferente y alternativo, reconstrucción de las utopías. Todas estas tareas se dan principalmente al interior del mundo de los excluidos, no tanto como una denuncia pública frente a las autoridades.

Las tareas concretas de la TL, como movimiento profético, tienen como contexto la radicalización de la opción preferencial por los pobres, los nuevos espacios de la praxis de liberación en la sociedad civil y los movimientos sociales (que ya vimos más arriba). Estas tareas adquieren un contexto más universal en espacios como el Foro Social Mundial, la "Movilización continental: Grito de los Excluidos/as por Trabajo, Justicia y Paz", el diálogo inter-religioso global o los movimientos continentales por las Derechos Humanos, contra la guerra y por una sociedad donde quepan todos y todas. La TL debe también recuperar su fuerza profética dentro de la Iglesia, denunciando los pecados y delitos de un modelo de Iglesia neo-conservador y tridentino en crisis, que traicionó la renovación eclesial iniciada en el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla.

3: Un nuevo campo de profundización de la Teología de la Liberación: la Lectura Popular o Comunitaria de la Biblia

La Lectura Popular de la Biblia (LPB) es un movimiento que se inspira en la constitución "Dei Verbum" del Concilio Vaticano II. La Lectura Popular de la Biblia (llamada también Lectura Pastoral o Comunitaria) ha nacido en América Latina desde las Comunidades Eclesiales de Base y al interior de diferentes Movimientos Sociales. Es también una experiencias poderosa de fe que nos hace crecer en nuestro camino de Liberación y que nos permite, en forma eficaz, masiva y a largo plazo, reformar la Iglesia y transformar la sociedad.

Devolver la Biblia al Pueblo de Dios

El Pueblo de Dios es la realidad originaria de la Iglesia. Desde los tiempos bíblicos el Pueblo de Dios es el espacio privilegiado de la Revelación de Dios y de su Tradición oral y escrita. El movimiento bíblico en América latina consiste justamente en devolver la Biblia al Pueblo de Dios. Nuestro objetivo es poner la Biblia en las manos, el corazón y la mente del Pueblo de Dios. Este Pueblo, como auténtico "propietario" de la Biblia y sujeto intérprete de ella, recupera así su derecho divino de leer e interpretar las Sagradas Escrituras. 

El Pueblo de Dios, en su tarea de interpretar la Biblia, no está solo. Hay dos sujetos auxiliares a su servicio: la Ciencia bíblica y el Magisterio. El Pueblo de Dios necesita ayuda, pero es necesaria insistir que estas ayudas no son absolutas, no están por encima, sino al servicio del Pueblo de Dios (cf. DV Nº 10)

Características del sujeto intérprete de la Biblia en la Iglesia

El Sujeto capaz de interpretar la Palabra de Dios es el creyente conducido por el Espíritu, libre frente a la Ley y orientado hacia la Vida. Sus características concretas y específicas son: autoridad, legitimidad, libertad, autonomía, seguridad y creatividad. 

En primer lugar hay que destacar la autoridad, legitimidad y libertad que tiene todo bautizado y toda bautizada para leer e interpretar con fe la Palabra de Dios en la Iglesia. Supuesto que lo haga en comunidad, apoyado por la ciencia bíblica y el magisterio, con Libertad, Espíritu y al servicio de la Vida. La autoridad y legitimidad no viene sólo del ejercicio de una función institucional, sino que nace de la capacidad real de interpretar la Palabra de Dios en las condiciones que hemos descrito. 

Los hombres y mujeres de la comunidad que interpretan la Biblia, lo hacen también con gran autonomía. La ruptura de la dependencia es fundamental para que nazca una interpretación de la Palabra de Dios desde el corazón del Pueblo de Dios. Esta ruptura no significa rechazo de la autoridad de la Iglesia o de la ayuda que pueda venir de la ciencia bíblica. Significa únicamente la autonomía inherente a todo Sujeto que interpreta la Biblia con Fe, Espíritu y Libertad.

Los intérpretes de la Palabra de Dios actúan también con seguridad y creatividad. El autoritarismo creó en los laicos y laicas una tremenda inseguridad y destruyó toda creatividad en su trabajo de interpretación de la Biblia. 

El Pobre como sujeto privilegiado de la Palabra de Dios

Lo que hemos afirmado de todos los bautizados al interior del Pueblo de Dios, lo podemos afirmar con mayor radicalidad del pobre, en cuanto sujeto creyente que lee e interpreta la Biblia en la Iglesia. La fuerza espiritual de los pobres ha generado una nueva manera de leer e interpretar la Biblia que ha permanecido por décadas, aun en situaciones de total abandono por parte de la Iglesia y de represión por parte del Estado. 

El sujeto privilegiado de la Palabra de Dios es el pobre, pero este sujeto genérico irrumpe hoy en la Iglesia desde culturas y razas diferentes, desde una condición concreta de género (varón - mujer) y de generación (jóvenes).

Primacía del Sentido Espiritual de la Biblia

En nuestro camino hermenéutico latino-americano insistimos sobre todo en el sentido espiritual del texto bíblico, sin descuidar su sentido literal e histórico. El sentido espiritual tiene tres dimensiones: (1) El sentido del texto mismo cuando es leído e interpretado como Palabra de Dios. (2) El sentido del texto cuando descubrimos la Palabra de Dios en el 'Libro de la Vida' a la luz del texto bíblico. En la actualidad es importante en la comunidades y en las personas la Lectura Orante de la Biblia ('Lectio Divina'), método y escuela que nos permite descubrir el sentido espiritual de la Biblia. En esta lectura se une la oración, la lectura, la meditación, la contemplación y el testimonio. 

Lectura Comunitaria de la Biblia y Reforma de la Iglesia

El camino hermenéutico que hemos propuesto hasta aquí nos lleva necesariamente a una reforma de la Iglesia. Si entregamos la Biblia al Pueblo de Dios, si ponemos la Ciencia y el Magisterio al servicio de la interpretación de la Biblia que hace el Pueblo de Dios, si preparamos ministros de la Palabra en las comunidades de base, si todos los bautizados, especialmente los pobres y los excluidos, proclaman la Palabra de Dios con autoridad, legitimidad, libertad, autonomía, seguridad y creatividad, si las comunidades de base se apropian del sentidos espiritual de la Biblia, entonces la reforma de la Iglesia se hace inevitable. Toda reforma de la Iglesia ha comenzado históricamente con un fuerte movimiento bíblico en el seno del Pueblo de Dios. La reforma no la hacen los jerarcas, los teólogos o los exégetas, sino un Pueblo organizado en comunidades que descubre el sentido de la Palabra de Dios. 

4: La TL en la construcción de un nuevo modelo de Iglesia, desde abajo y a largo plazo

Los cristianos vivimos nuestra fe en comunidad. El encuentro con el otro, especialmente con el pobre y la afirmación de la vida del otro como posibilidad de nuestra vida propia, es lo que exige solidaridad y vida en comunidad. La Iglesia como Pueblo de Dios es a la luz de la fe un misterio y un sacramento, porque en ella vivimos la presencia de Jesús resucitado y ella es el sacramento del Reino de Dios en la historia. Es en el pobre donde reconocemos fundamentalmente esa presencia y ese sujeto. 

La experiencia fundante de encuentro con el otro exige también el reconocimiento de la experiencia comunitaria del otro. Es por eso que desde siempre el cristianismo fue una experiencia plural y diversificada. No hay un Evangelio, sino cuatro; no hay una Iglesia apostólica original, sino una pluralidad muy amplia de Iglesias ("Las iglesias que los apóstoles nos dejaron"). La Iglesia por lo tanto sólo tiene sentido e identidad en la pluralidad, en el diálogo ecuménico, en la inter-culturalidad y en el diálogo inter-religioso. Es siempre en la experiencia cultural y religiosa del otro que el creyente cristiano encuentra la posibilidad de afirmar su propia identidad personal y comunitaria. Es por todo esto que el creyente no puede aceptar un modelo de Iglesia único, autoritario y patriarcal, fundado en el carácter absoluto de la Ley, el Poder y el Dogma. La TL pierde su identidad si no busca un modelo de comunidad alternativo. No se trata de construir otra Iglesia, sino otro modelo de Iglesia, en forma positiva, desde abajo y a largo plazo, sin hacer de la confrontación institucional o dogmática el centro o el eje de nuestro trabajo. Lo central es crecer ahí donde está nuestra fuerza.

Cuatro siglos de vigencia del modelo tridentino de Iglesia

Nuestro desafío fundamental es cómo encontrar un camino por donde todo el Pueblo de Dios pueda caminar, para construir en forma eficaz y a largo plazo un nuevo modelo de Iglesia que supere el modelo tridentino que ha estado vigente durante más de cuatro siglos. Si el Concilio Vaticano II, con toda su riqueza teológica, no logró superarlo, ¿cómo podremos nosotros ahora hacerlo con el Espíritu de Medellín, Puebla y la Teología de la Liberación?. ¿Cómo nosotros, desde los pobres y sin poder alguno, podremos superar un modelo de cristiandad que tiene tanta estructura y poder?. Ese es el desafío. Desde ya podemos decir, para trabajar con esperanza, que el modelo de cristiandad tridentino tiene mucha estructura y poder, pero poco Espíritu y Teología. 

El modelo tridentino de Iglesia puede resumirse así: el Papa en Roma, el obispo en su diócesis, el párroco en su parroquia. El laico, sobre todo la mujer, no existe. La Iglesia tridentina es una Iglesia romana, clerical, fundada sobre un catolicismo popular del culto a las reliquias, las imágenes y los santos. Se fortaleció con el catecismo y la insistencia en la primera comunión. El gobierno pontificio central se reforzó después del concilio con la creación de la Inquisición o Santo Oficio y la congregación del Indice (control de libros prohibidos). Se creó el cargo de 'secretario de estado' con un gran poder curial que sobrevive a los Papas. También se crearon los Nuncios y las Visitas de los Obispos a Roma llamadas 'ad límina'. El concilio se propuso la reforma disciplinar del clero, que llegó a ser el pilar de la pastoral de la Iglesia. Las definiciones dogmáticas de Trento están totalmente formuladas contra la reforma protestante: "Si alguien se atreve a decir que…sea anatema". Lo positivo: Trento representa el paso del cristianismo medioeval al cristianismo moderno. Este proceso de apertura a la modernidad se cortó de raíz con el Syllabus ("Sílabo de los errores modernos") publicado en 1864 bajo Pio IX. Después del Concilio de Trento no hubo durante tres siglos concilio alguno, lo que demuestra su solidez. En 1869-70 de celebro el Concilio Vaticano Primero que consolidó aún mas el esquema tridentino. Sus temas eclesiológicos son típicos del catolicismo romano: el cristianismo sólo puede practicarse en la Iglesia, la Iglesia es una sociedad verdadera, perfecta, espiritual y sobrenatural, fuera de la Iglesia no hay salvación, la Iglesia es indefectible e infalible, primado del romano pontífice, soberanía temporal de la sede apostólica. El punto culminante del Concilio fue la proclamación de la infalibilidad del Papa. 

Pecados y delitos por abuso del poder ministerial: 

crisis actual del modelo de Iglesia tridentino y neo-conservador

Es un hecho vergonzoso y doloroso, aunque también significativo, el escándalo sexual de cientos de sacerdotes y obispos. En todos estos casos lo que está en crisis no es sólo el sacerdote como persona, sino el ministerio sacerdotal en cuanto tal, estructurado según un modelo de Iglesia autoritario y patriarcal. En forma muy trágica, pero acertada, decía en Chile el padre de una niña abusada por un sacerdote: "Al sacerdote yo lo perdono, aunque no se sí Dios lo va a perdonar. A quien yo no perdono es a la Iglesia". Los escándalos de abuso sexual son un signo visible y doloroso de la crisis del modelo de Iglesia hoy imperante. Lo que está en crisis es ese modelo neo-conservador de Iglesia nacido después y en contra del Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla y la Teología de la Liberación. Lo que está en crisis es una forma de ejercicio del poder en la Iglesia, ejercido a menudo con soberbia y con mucho clericalismo y autoritarismo. Lo que está en crisis es la misma jerarquía, y la curia romana como poder absoluto detrás de la jerarquía, que no quiere ver y cambiar la situación. También está en crisis el sacerdote como ser humano, en la medida que se hace cómplice, muchas veces conscientemente, de esta situación. Lo que está en crisis no es el celibato, sino la identificación absoluta del celibato con el sacerdocio, en el actual modelo de Iglesia. El celibato como carisma opcional para laicos, sacerdotes y quien lo quiera ha sido siempre algo de mucho valor en la Iglesia. El celibato entra en crisis cuando es utilizado para resolver problemas ajenos al celibato. Por ejemplo, los que optan por el celibato unido al sacerdocio como medio para encubrir problemas de homosexualidad, pedofilia o pederastia ya existentes antes de entrar al seminario. 

No es totalmente correcto defenderse de los actuales escándalos sexuales argumentando que, por un caso de sacerdote que cae en el delito, hay muchísimos otros que no caen. Esto no es correcto, pues basta un solo caso para que el ministerio sacerdotal, en su actual forma de ejercicio, quede profundamente herido. Un único caso basta para hacer visible la crisis misma del ministerio sacerdotal en el actual modelo de Iglesia. También es cierto que basta un solo caso para que todo el Pueblo de Dios quede herido y todos se sientan potencialmente amenazados. La Iglesia, identificada con las víctimas y con el dolor del Pueblo de Dios, no puede minusvalorar, menos aun justificar el delito, aunque sea un único caso. Sobre todo cuando se trata de un delito que compromete una determinada manera de ser Iglesia y una determinada forma de ejercer el ministerio sacerdotal. 

Es importante analizar porqué el abuso sexual de menores, por parte de un sacerdote u obispo, es tan doloroso y a la vez revelador de la crisis del ministerio sacerdotal en su forma actual. La respuesta es que en este delito se hace especialmente visible el uso del poder religioso. El sacerdote puede abusar sexualmente de otros justamente porque tiene este poder religioso. El sacerdote ha sido formado en una concepción del sacerdocio que es de poder y poder sagrado para dominar. El abuso sexual de menores es un delito extremo, un caso límite, de muchos otros delitos mas corrientes que tienen la misma estructura y el mismo espíritu de todos los actos de dominio sobre el Pueblo de Dios, igualmente abusivos, autoritarios, sexistas y soberbios. Todos estos delitos tienen su raíz en una determinada concepción del ministerio sacerdotal que lleva al abuso del poder religioso y ministerial. Esta concepción nociva del ministerio sacerdotal tiene a su vez como marco una estructura de cristiandad tridentina y conservadora que es igualmente nociva. Hay muchos pecados personales del sacerdote que no tienen esta connotación social de abuso de poder y que la Iglesia perdona en el sacramento de la penitencia. Pero los pecados de abuso del poder, como el abuso sexual de menores, son ciertamente pecados, pero sobre todo son delitos, que deben ser juzgados y condenados en los tribunales civiles.

La crisis del modelo tridentino y neo-conservador de Iglesia no debe afectar y deslegitimar la reforma auténtica de la Iglesia que hoy queremos impulsar inspirados en el Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla y la Teología de la Liberación. Existe el peligro que la denuncia y castigo de los delitos de abuso sexual y otros abusos de poder, deslegitimen el proceso auténtico de reforma de la Iglesia. En la actualidad, la misión profética y liberadora de la Iglesia, inspirada en Medellín, Puebla y la Teología de la Liberación, es urgente e importante, especialmente entre los pobres y en el Tercer Mundo. Toda esta misión profética de la Iglesia y de la Teología podría ser deslegitimada y demolida por estos casos de abusos de poder de la Cristiandad neo-conservadora. Incluso es posible pensar, que el sistema de globalización neo-liberal imperial esta utilizando estos casos de abuso sexual, justamente para deslegitimar a la Iglesia en su misión profética. El sistema dominante tiene mucho miedo en la actualidad a todo tipo de resistencia y denuncia que venga desde la sociedad civil: de las Universidades, de la Prensa, de los Movimientos Sociales y también de la Iglesia. Se manipulan los abusos sexuales, que son reales y execrables, para deslegitimar la acción profética legítima de la Iglesia. La Iglesia conservadora, que sólo castiga y rehúsa analizar el fondo del problema y encubre su propia crisis como Iglesia de Cristiandad conservadora, podría también hacerse cómplice de esta destrucción de la misión profética auténtica de la Iglesia. 

Todo esto nos llama al discernimiento y la vigilancia, pero también nos urge a un análisis valiente de los abusos sexuales y económicos de la Iglesia, como manifestaciones visibles de una crisis mucho más profunda de una Iglesia de Cristiandad, que rechaza la reforma iniciada por el Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla y por la misma Teología de la Liberación. Positivamente también nos urge a profundizar y a radicalizar la reforma de la Iglesia y a construir un nuevo modelo de Iglesia coherente con el Evangelio de Jesús y las primeras Iglesias apostólicas.

El nuevo modelo de Iglesia que queremos construir, 

inspirado en el Vaticano II, en Medellíny en la TL

El nuevo modelo de Iglesia que queremos reconstruir es la Iglesia Pueblo de Dios, Pueblo organizado en Comunidades y Movimientos, donde todos los bautizados, hombres y mujeres, tengan pleno derecho a la participación, donde se busque superar la distinción, tardía en la historia de la Iglesia, entre laico y clérigo, entre jerarquía y pueblo. En el nuevo modelo de Iglesia no se niega la autoridad apostólica de los obispos, pero si se busca una nueva manera de ejercerla, no en la cúspide de una estructura de poder, sino en el corazón de una estructura de comunión y participación. El nuevo modelo de Iglesia exige la colegialidad de todos los obispos, la superación del centralismo del poder romano, la des-occidentalización de la Iglesia, la construcción de una Iglesia no eurocéntrica, sino una Iglesia donde el eje sea América Latina-El Caribe-África-Asia-Oceanía. El nuevo modelo de Iglesia debe ser igualmente ecuménico y abierto al diálogo inter-religioso.

Un nuevo modelo de Iglesia, en forma especial y con una estrategia a largo plazo, debe fortalecer los ministerios ya existentes y crear nuevos ministerios, con participación plena y preferencial de los pobres y de los que han sido secularmente excluidos como las mujeres, los jóvenes, los indígenas, afro-americanos y campesinos. Cuando tengamos dos mil o tres mil nuevos ministerios laicales y populares por cada sacerdote, entonces comenzará a surgir un nuevo modelo de Iglesia, desde abajo y a mediano plazo. Urge también redefinir el servicio de los actuales presbíteros, más allá del modelo tridentino de la parroquia. El obispo también debe modificar el modelo tridentino. Esto ya ha sido una realidad con "Los obispos de Medellín. Santos Padres de América Latina" (J. Comblin): Manuel Larraín, Helder Cámara, Óscar Romero, Enrique Angelelli, Juan Gerardi, Leonidas Proaño, Samuel Ruiz, Paulo Evaristo Arns, Sergio Mendes Arceo, Antonio Fragoso, Enrique Alvear, y varias decenas más que encarnan el modelo de Iglesia que queremos construir. El nuevo modelo de Iglesia debe recoger el Espíritu de los miles de mártires de nuestra Iglesia latino-americana y los miles de santos y santas ya reconocidos como tales por el Pueblo de Dios. 

Un punto importante en la creación de un nuevo modelo de Iglesia ha sido la renovación de la vida religiosa consagrada. Muy importante en el pasado fue el éxodo de los religiosos de las instituciones tradicionales y su posterior inserción en el mundo de los Pobres. También la misión de los religiosos más allá de las fronteras de la cristiandad en territorios y ambientes donde antes nadie había llegado. Importante también fue la renovación de la espiritualidad y del testimonio, que llevó a muchos y muchas hasta el martirio, igualmente la radicalización de la opción por lo pobres y la pobreza. 

5: Otras tareas de la TL

(sólo las mencionamos. Cada tarea exigiría un nuevo artículo):

+ Mayor desarrollo de la TL a partir de la cultura y religión popular.

+ Incidir mayormente en todos los campos tradicionales de la Iglesia institucional: en la liturgia, en la catequesis, en la formación de los religiosos y seminaristas, en la renovación de la parroquia, de los santuarios, etc.

+ También incidir en las pastorales específicas de la Iglesia: pastoral social, pastoral de jóvenes, pastoral familiar, con mujeres, migrantes, indígenas, presos, etc.

+ Impulsar el movimiento ecuménico por nuevos caminos y desde los pobres.

+ Desarrollar la TL en diálogo con otras corrientes similares de África, Asia, Oceanía y el este de Europa, lo que hoy se hace ya en la Asociación de Teólogos del Tercer Mundo (Asett). 

+ Diálogo inter-religioso a nivel global, no desde definiciones teológicas abstractas, sino desde los pobres y desde el Tercer Mundo: desde de la problemática 'teológica' del hambre, la pobreza y la destrucción de la naturaleza. 

+ Desafíos de la Bio-ética y similares.


 

Conclusión final 

En la actualidad, desde la década de los 80 hasta el día de hoy, hemos vivido en la Iglesia un tiempo marcado por la contra-reforma eclesial. En este mismo tiempo, sin embargo, hemos tratado de seguir caminando por nuestro propio camino de liberación, inspirados en el Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla y la Teología de la Liberación. Hemos diseñado una metodología y asumido algunos principios básicos: mantener el proceso de reforma de la Iglesia al interior de ella, no construir otra Iglesia, sino otro modelo de Iglesia; no asumir como actitud básica un espíritu de confrontación, sino de crecimiento positivo ahí donde está nuestra fuerza. Finalmente sostenemos, como principio básico radical no negociable, la opción preferencial por los pobres y excluidos. Hemos diseñado esta metodología para caminar con todo el Pueblo de Dios, como totalidad, y no sólo con pequeños grupos marginales, buscando además ser eficaces a mediano y largo plazo, lo que exige mucha fidelidad y creatividad. Hacemos esta propuesta, en un momento de crisis y agotamiento del modelo de Iglesia de contra-reforma, modelo conservador que está a contra-corriente del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla. 

Muchos laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, e incluso muchos obispos, ya manifiestan cansancio y deseo de caminar por caminos distintos, animados otra vez por la reforma iniciada en el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, y guiados por una Teología de Liberación repensada creativamente para el tiempo actual, tal como la hemos diseñado más arriba. El mundo, especialmente el mundo de los pobres, 70% de la humanidad, esta pidiendo a gritos el testimonio profético de la Iglesia. No podemos quedar 'enredados' en los conflictos de abuso de poder generados por la crisis de un modelo de Iglesia patriarcal, autoritario y conservador. La gente distingue claramente entre modelos diferentes de Iglesia. Es hora de mostrar claramente la diferencia y recuperar nuestra capacidad profética, ética y espiritual liberadora. El sistema de globalización neoliberal imperial teme nuestro profetismo, pero ese profetismo de la Iglesia es la esperanza de los pobres y excluidos, quizás la última esperanza. Fin. 

 

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