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  El rastro de las religiones

JUAN JOSÉ TAMAYO-ACOSTA 
 

No es casual ni irrelevante que esta magna obra tome el nombre de enciclopedia. Hay una clara intención de sintonizar con la mejor tradición laica y crítica de la Ilustración francesa representada en la Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, en la que, bajo la dirección de D'Alambert, colaboraron personalidades tan relevantes como Voltaire, Diderot, Montesquieu, Buffon, Rousseau, Turgot y Holbach. La Enciclopedia iberoamericana de las religiones, que constará de unos cuarenta volúmenes, pretende ofrecer las investigaciones actuales sobre religión y religiones en Iberoamérica en todas sus manifestaciones, las de ayer y las de hoy, y en toda su amplitud, riqueza y pluralidad: religiones afroamericanas, amazónicas, religión maya, nahuatl, azteca, inca, religiones contemporáneas, catolicismo popular, etcétera. La obra se enriquecerá con la reflexión sobre temas específicos como género y religión, ética y religión, violencia y religión, política y religión, mística, mitos y rituales, etcétera, que serán tratados en otros volúmenes. Se trata de un saber omnicomprensivo en el que interactúan las diferentes disciplinas que se ocupan del estudio de las religiones, sobre todo desde el punto de vista histórico, antropológico y social.

Con el adjetivo iberoamericana, además de definir el contenido de la obra, se quiere enfatizar su orientación y ubicación, así como la procedencia de los autores. Hasta no hace mucho tiempo, quienes llevaban el peso de los trabajos científicos sobre las religiones en Iberoamérica eran investigadores bien de fuera del continente latinoamericano, bien de dentro pero dependientes metodológicamente de los foráneos. La nueva enciclopedia rompe con esa dependencia. Hoy América Latina cuenta con estudiosos e investigadores del fenómeno religioso que trabajan con pleno rigor, total radicación y profundo conocimiento de las religiones en ese continente. La obra es, pues, iberoamericana en su contenido, pero también en su metodología y en sus colaboradores, todos ellos españoles y latinoamericanos.

El primer volumen está dedicado a El estudio de la religión. En él se define el objeto de estudio, se exponen las distintas aproximaciones a la investigación sobre la religión con pretensiones de universalidad y se analizan los métodos seguidos en dicho estudio. De lo sagrado como objeto de estudio se ocupa el argentino Francisco García Bazán, autor de uno de los mejores estudios recientes de fenomenología de la religión: Aspectos inusuales de lo sagrado. Severino Croatto, también argentino, reflexiona sobre las distintas formas del lenguaje religioso a través de las que se intenta comunicar lo incomunicable de la experiencia religiosa: símbolo, mito, rito, doctrinas, arte, etcétera.

En la parte dedicada a las disciplinas que estudian el fenómeno religioso, se exponen las grandes líneas de cada una: sociología, antropología, psicología, filosofía y teología. La novedad de esta sección es la incorporación de una disciplina que suele estar ausente en la mayoría de las investigaciones de este tipo: las ciencias del cerebro, que desvelan los mecanismos cerebrales de lo religioso.
El análisis de los métodos  se centra en tres: el comparativo, considerado por A. Brelich consustancial al estudio histórico de la religión; el histórico-crítico, que en este caso se aplica al estudio de la Biblia; el epistemológico, que intenta definir la naturaleza y la frontera de la experiencia religiosa para así comprender mejor qué es lo específico de lo sagrado. Se trata de métodos "cruzados y dispares, laboriosamente construidos y siempre en elaboración, sometidos a la duda y al cotejo de supuestos", según la observación de García Bazán y Díez de Velasco, responsables de la edición de este primer volumen. 

La pluralidad de perspectivas, aproximaciones y métodos hace necesario conformar una disciplina o ciencia integral de la religión, sustentada en bases metodológicas propias y bien definidas, que debe caracterizarse por la autonomía, la neutralidad y la pluralidad. Con una reflexión sobre las posibilidades y las dificultades -incluso desde el punto de vista terminológico- de esta disciplina se cierra el primer volumen.

El segundo está dedicado a la Religión maya desde la época prehispánica hasta la actualidad, conforme a los distintos enfoques metodológicos con sus diferencias interpretativas y sus lenguajes plurales, pero siempre en diálogo y dentro de una convergencia básica: arqueológicos, epigráficos, históricos, antropológicos, etnológicos, de teoría de las religiones, que nos acercan a las creencias, creaciones culturales, organización política y estructuras de poder de la cultura maya. Cabe destacar el estudio de Mercedes de la Garza, responsable de la edición de este volumen junto con Martha Ilia Nájera, sobre el rico y complejo pensamiento cosmológico y cosmogónico de los antiguos mayas, que resultó determinante en sus creaciones culturales. En él se ofrecen respuestas a las grandes preguntas existenciales sobre el origen, la identidad y el modo de ser del cosmos, la definición y el modo del tiempo, así como sobre la identidad del ser humano y la finalidad de su existencia.

Pero no se queda en el pasado prehispánico. Se ocupa también de las distintas estrategias seguidas por los mayas durante la época colonial para la persistencia, la reubicación e incluso el florecimiento de su mundo religioso, tras la salvaje irrupción de Occidente en su vida y el derrumbe traumático y dramático de sus deidades. Estudia las rebeliones producidas en el área maya contra el régimen dominante atendiendo a su sustrato religioso, que no puede reducirse a sola idolatría o superstición. Las rebeliones mayas se engloban en los "movimientos de revitalización" y responden en buena medida al enfrentamiento entre concepciones del mundo y sistemas de vida distintos.
La obra se completa con una  reflexión sobre los mayas contemporáneos bajo el sugerente título Credos que se alejan, religiosidades que se tocan. El área maya se encuentra hoy invadida por el proselitismo de un catolicismo ortodoxo, el celo misionero de numerosas denominaciones protestantes y la implantación de todo tipo de sectas. Pero está animada también por grupos religiosos de tendencia liberadora. Los mayas, en buena parte, se encuadran en la religiosidad "tradicional", pero crece, a su vez, el número de quienes optan por otros credos y otras expresiones religiosas. 

El estudio de las religiones tiene delante un desafío que formula Díez de Velasco con lucidez: "Enseñar creencias sin enseñar a creer; estudiar la religión, pero sin predicar, ni moralizar, ni endoctrinar, buscando una difícil pero deseable neutralidad".

Hago mía esta propuesta como hago mía también su llamada de atención, plenamente justificada, sobre la proliferación de programas de estudios de ciencias religiosas, ¡sobre todo en centros católicos!, que no son otra cosa que teología confesional o, peor todavía, apologética de la religión y la moral católicas. Podría dar muchos ejemplos.
 

Nuevo paradigma en el cristianismo

A FINALES de la década de los sesenta y principios de la década de los setenta del siglo pasado se produjo un cambio de paradigma en el cristianismo latinoamericano. Se pasó de un cristianismo primero colonial, heredero de la conquista, y luego desarrollista, legitimador de un modelo de crecimiento económico asimétrico, a un cristianismo liberador, tanto en el catolicismo como en no pocas iglesias de la Reforma Protestante. En la gestación y el nacimiento del nuevo paradigma intervinieron factores externos e internos. Entre los primeros cabe citar el despertar de la conciencia del Tercer Mundo, la aparición de los movimientos de liberación y la teoría de la dependencia, uno de cuyos artífices fue Fernando Henrique Cardoso. Entre los internos están las comunidades eclesiales de base extendidas por todo el continente, la presencia de los cristianos y de las cristianas en los movimientos de liberación, la conferencia latinoamericana de obispos celebrada en Medellín (Colombia) en 1968 y la teología de la liberación. Fue éste un cristianismo ético-profético que puso todo su potencial simbólico, doctrinal, moral y práxico al servicio de la liberación de las mayorías populares empobrecidas del continente, a partir de una profunda experiencia religiosa y del imperativo evangélico de la opción por los pobres.Sin embargo, de entonces para acá, se ha producido una involución. El catolicismo está sufriendo una crisis muy profunda al haber caído, al menos institucionalmente, en posiciones neoconservadoras y antiliberadoras. Esto ha propiciado el crecimiento de los movimientos pentecostales, muchos de ellos de tendencia espiritualista y milagrera, con un fuerte arraigo en sectores populares y una significativa presencia en la esfera política. Se ha pasado de un cristianismo crítico y revolucionario a un cristianismo crédulo y conformista. Pero el cristianismo liberador sigue vivo todavía y se despliega en el mundo indígena, afrolatinoamericano, campesino, de las mujeres, creando comunidades no sometidas al modelo cultural occidental. La presencia de los cristianos y de las cristianas ahí y la nueva conciencia ecológica que surge por doquier en América Latina están dando lugar al desarrollo de nuevas teologías de la liberación: indígena, negra, campesina, feminista y ecológica. 

El País, 23 noviembre 2002

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