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¿Qué está sucediendo en Chiapas?

ANÁLISIS ESTRUCTURAL INDÍGENA A NIVEL GENERAL

Mardonio Morales, SJ

Voy a empezar este análisis estructural indígena presentando una visión de lo que es la situación general de los indígenas, para poder comprender lo que está sucediendo en Chiapas. Pienso que debemos tener un análisis estructural e irlo completando con un análisis coyuntural, de suerte que podamos tener una visión clara, para poder dar las interpretaciones que sean más adecuadas.

La estructura de opresión tiene dos vertientes:

1. La vertiente colonial que llega a su máximo en la segunda mitad del siglo XVIII. Toma cuerpo con la expulsión de la Compañía de Jesús por el poder español de sus colonias en América. La estructura colonial era de dominio, despojo y control, tanto en el aspecto económico, como en el político e ideológico. Durante tres siglos se fue desarrollando esta estructura colonial, llegándose a una manera de organización social donde los indígenas constituían el grupo más oprimido, pero a la vez el más paternalísticamente protegido por el estado. 

2. La otra vertiente es la crisis europea de la segunda mitad del siglo XVIII que llevó a la revolución francesa. 

La violenta, instantánea y eficaz expulsión de los jesuitas de los dominios españoles tuvo para los indígenas consecuencias, en dos aspectos: 

· Se abandonó el movimiento cultural y religioso, sobre todo en las misiones;

· Se vino un incremento de la opresión de parte de los criollos y mestizos, al no tener ya el contrapeso de la atención cultural que se estaba desarrollando con mucha fuerza en la Nueva España. 

La Revolución Francesa trae consigo una crisis europea tan fuerte que provocó en América la emancipación de los pueblos anglosajones. De forma que se establece el grupo de colonias de los Estados Unidos como una nación - los yanquiscon toda la ideología de la Revolución Francesa. Posteriormente en Europa se inicia la crisis pos revolucionaria con la dominación napoleónica, que provoca a su vez la crisis en las colonias de España en América. De esta manera se viene también la emancipación, que no era inicialmente - ni mucho menos - un levantamiento contra España, sino contra Napoleón y su dominación, pero poco a poco toma el aspecto y la realidad de una emancipación del dominio español.

Estados Unidos forma su propio gobierno independiente de Europa. Se comienza a establecer un nuevo imperio - el imperio yanqui - que toma la formulación ambigua "América para los americanos", y entra en contradicción con la dominación europea.

Los indígenas en todo el territorio dominado por España, al quedar coyunturalmente abandonados, comienzan a tener problemas de despojo y dominación de parte de los criollos y mestizos. Se había creado durante la Colonia una cultura religiosa en donde el catolicismo había permeado totalmente la cultura indígena. En lo político y económico se había dotado a las Comunidades indígenas de lo necesario para su subsistencia con el sistema de tierras comunales, en lo económico, y la formación de pueblos, en lo político, todos ellos sujetos al imperio español. En lo ideológico dependían totalmente del gobierno español; pero se había creado una cultura en donde se les daba, dentro de la sujeción, un lugar para la subsistencia, de suerte que se formaron una multitud de pueblos, cada cual bajo sus propios signos culturales, con el denominador común del catolicismo.

Los indígenas, al quedar desamparados con el desorden político total que se vino con la guerra de independencia, coyunturalmente comenzaron a sufrir la agresión y el despojo de los grupos criollos y mestizos. Sin tener la unidad necesaria para formar un grupo compacto que pudiera defenderse por sí mismo, cayeron en luchas parciales carentes de fuerza que coyunturalmente los llevaron a convertirse en "carne de cañón" en la luchas internas de criollos y mestizos con el ejército real español que se suscitaron hasta 1821 en que se llega a la independencia de España.

La consumación de la Independencia es un momento importante, porque ya para entonces interviene directamente la política del imperialismo yanqui en la persona de un embajador genial - Poissent - que comienza a manipular las diversas fuerzas. La Iglesia Católica, en su lucha contra la ideología de la Revolución Francesa y contra los nuevos movimientos, había perdido legitimidad como institución. Al no aceptar para nada la nueva ideología liberal - que se había formado a raíz de la Revolución Francesa y que se había concretado en la independencia de los Estados Unidos - la Iglesia queda en desventaja política e ideológica. Así es como se forman los dos grupos: el liberal - asociado a las nuevas ideas - , y el conservador, apegado a las exigencias tanto ideológicas como políticas de la Iglesia. Por supuesto los indígenas quedan al margen de estos grupos que se enfrentan entre sí políticamente.

Los conservadores sueñan con volver a tener contacto con Europa, mientras los liberales se alían con Estados Unidos que llevan la consigna imperialista - América para los americanos - que, usando esta fórmula ambigua, entran en contradicción con Europa. El enfrentamiento es frontal. Viene así la larga temporada de guerras y contradicciones, hábilmente manipuladas por Poinsset; se llega al extremo del despojo de más de la mitad del territorio mexicano por Estados Unidos; se fortalece el régimen republicano liberal, y en la guerra a muerte con los conservadores y su sueño europeizante se consolida el poder de Juárez y su gobierno a mediados del siglo XIX. El triunfo del liberalismo es total.

Los indígenas entretanto, en sus luchas de resistencia, que siempre son débiles por la falta de unidad en que quedaron después de la Colonia, se van aliando a uno u otro grupo, según les va conviniendo, con el resultado de ser siempre "carne de cañón" en las guerras y enfrentamientos de liberales y conservadores. El interés del imperialismo yanqui, que no se conforma con el despojo de medio territorio, es la posesión de toda la tierra y su riqueza. De manera estructural el camino es el despojo y el dominio tanto político como territorial.

Juárez, que era un indio puro Oaxaqueño, se asocia con el liberalismo y se alía totalmente con el imperialismo yanqui, de donde recibía todo el apoyo para su guerra contra los conservadores. Pronto tiene que pagar el precio político de tanta ayuda militar que ha recibido. Estados Unidos tiene un gran interés y una gran necesidad de ocupar el itsmo de Tehuantepec, porque necesita el paso al océano Pacífico. Su territorio, dividido en dos grandes secciones - el este y el oeste - no puede transitar del uno al otro por la muralla de montañas que las Rocallosas forman entre ambas partes. Por eso tiene que buscar una salida hacia el sur, hacia el itsmo de Tehuantepec. Pronto llegan al acuerdo político llamado tratado McKlein-Ocampo, por el que México se compromete a entregar el Itsmo a fin de que Estados Unidos pueda transitar hacia el océano Pacífico. La coyuntura de la guerra civil de secesión en Estados Unidos, hace que el acuerdo no se firme por el Congreso yanqui, y así México, que ya firmó, se libera de esa invasión acordada por los liberales. Pero estructuralmente Estados Unidos nunca ha perdido de vista el Sureste mexicano, desde el Itsmo de Tehuantepec hasta el sur, tanto por el paso al océano Pacífico como por las grandes riquezas del Sureste.

Los pueblos indígenas no cuentan en la práctica política y social del gobierno que pudiera llevar a una atención y desarrollo de las comunidades como tales. Juárez y los liberales tienen puestos los ojos en los bienes que durante la Colonia acumuló la Iglesia, por lo que deciden el despojo. Se decreta en la Constitución de entonces la incapacidad de cualquier comunidad de poseer tierras. La posesión debe ser individual y nunca comunitaria. Viene la Ley de baldíos que solamente reconoce la posesión individual. Todas las posesiones comunales pasan a ser nacionales; quienes las denuncien pueden reclamarlas como baldíos.

Con el pretexto de que la Iglesia es una comunidad, se apodera sin más de las tierras que poseía. Pero con ello afecta directamente a todas las comunidades indígenas, porque la ley se refiere a toda comunidad. Sin que los indígenas puedan defenderse lo más mínimo, son despojados lenta pero inflexiblemente de sus derechos inmemoriales, con lo que todo el sistema colonial de tierras comunales se viene abajo.

A raíz de esta situación se presentan las guerras y levantamientos de la segunda mitad del siglo XIX, que son de despojo y destrucción. Los indígenas se resisten por grupos cada quien por su lado, sin formar un frente común. Durante el larguísimo gobierno de Porfirio Díaz, que sucede a Juárez, se da un ingente despojo: las comunidades indígenas quedan sin derechos. Los levantamientos de resistencia siguen siendo débiles y desiguales. Esta situación de despojo y descontento hace crisis a principios del siglo XX con el surgimiento de la Revolución Mexicana que tiene un gran contingente indígena pero que es dirigido y controlado por los mestizos. La Revolución Mexicana de 1910 derroca a Porfirio Díaz y a su régimen. Se forma el nuevo gobierno revolucionario en donde hay influencias ideológicas de los avances sociales europeos. Sin embargo, políticamente los Estados Unidos continúan manipulando para asegurar su dominio - América para los americanos -.

Estados Unidos, que por la coyuntura de su guerra civil de secesión, no pudo apoderarse del Itsmo de Tehuantepec, llega hasta Panamá, donde construye el canal que le abre el paso al océano Pacífico a los principios del siglo XX. Celebra un contrato por 100 años. Con eso viene un receso en cuanto a la insistencia de tomar la mencionada zona del Itsmo de Tehuantepec. Pero la mirada no se aparta, porque estructuralmente es la salida natural de los Estados Unidos al océano Pacífico, por lo que no se quita el dedo de la llaga, que ha cobrado actualidad al cumplirse los 100 años del tratado con Panamá.

Después del movimiento revolucionario de 1910, viene la Constitución del 17 con los avances ideológicos de la lucha social sobre todo en Europa, - en Bélgica -, que tiene gran influencia en la nueva legislación mexicana. Estados Unidos juega con esa ideología, siempre procurando que Europa no pueda tener una intervención directa ni en política ni en economía, aunque ideológicamente continúe su influencia.

La Iglesia católica queda totalmente debilitada como institución. En cuanto a los pueblos indígenas evangelizados, cristianizados y culturizados en la Colonia, van conservando sus modos de ser, pero desintegrados. La misma mentalidad católica se conserva colonialista, y en su racismo considera a los pueblos indígenas como de menor edad. Pero la fuerza ideológica es muy grande en el mundo indígena, siendo esto lo que sustenta la mentalidad católica. La lucha ideológica del nuevo régimen entra en contradicción con esta mentalidad, lo que lleva después a la guerra de los Cristeros y a la persecución religiosa.


LA INVASIÓN DE LAS SECTAS PROTESTANTES

Los liberales, con Estados Unidos a la cabeza, son conscientes de que la base del pueblo mayoritariamente indígena o mestiza está impregnada de la mentalidad católica. Desde Juárez a mediados del siglo XIX se tiene la clara intención de debilitar el poder ideológico. Para ello se inicia la introducción de las sectas protestantes como una acción coordinada entre los gobiernos liberales y el gobierno de los Estados Unidos. El objetivo al abrir la puerta para la infiltración, es romper la unidad ideológica del pueblo dejando entrar la ideología liberal individualista contrapuesta a la comunitaria, propia de los pueblos indígenas católicos de raíz. El grupo protestante enviado para invadir y entrar a formar sus propias congregaciones, es el grupo de los Presbiterianos que se va desarrollando penosamente, porque no encuentra un eco suficiente.

Al correr de los años, un siglo después, habiendo pasado las guerras de liberales y conservadores, el despojo porfirista, la revolución mexicana, la guerra Cristera y en los límites de la persecución religiosa, se ve la necesidad de reforzar la penetración protestante. Por eso en los años de 1940, en tiempos de Cárdenas, el gobierno mexicano hace un acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos para introducir el movimiento del Lingüistico de Verano. Es decir, bajo el pretexto cultural de traducir la Sagrada Escritura a cada una de las lenguas, - más de 50 en el territorio nacional - se aprueba un contrato de la Secretaria de Educación Pública con el grupo del Lingüistico de Verano. De esta manera, a partir de 1940 se realiza un trabajo muy profundo y fuerte por todas las etnias de la república de traducción del Nuevo Testamento a las lenguas indígenas. Penetran por todas partes, por todas las sierras, por todos los pueblos, perfectamente bien financiados y con las autorizaciones necesarias. Llegan lingüistas para la elaboración de estos textos. Constituye este un trabajo notable. Pero todo se hace sin llamar la atención, sin que nadie proteste, sin que nadie caiga en la cuenta. De esta manera paulatinamente van penetrando ideológicamente en las personas por todas partes. 

En el año de 1969, vino el Presidente de los Estados Unidos - Nixon - a visitar Latinoamérica. Le fue muy mal, lo rechazaron, incluso lo apedrearon en América del Sur. Volvió muy preocupado: se preguntaba, "¿por qué hay tanto antiyanquismo en América Latina?". Envió entonces de manera privada a un embajador de "buena voluntad" - Nelson Rockefeller - a investigar qué era lo que sucedía en América Latina. Al regresar el embajador presentó el informe llamado de Santa Fe en el que presenta diversas observaciones. Una de las cuales era quemientras en América Latina existiera la mentalidad católica, Estados Unidos nada tendría que hacer allí. Para hacer y realizar todo el plan del imperio, necesitan una receptividad que sólo el individualismo podría favorecerla. Propone él en este escrito que se envíe a América Latina toda clase de sectas, no solamente una que otra iglesia más o menos tradicional de los protestantes, sino sectas de todos los colores y sabores para invadir la América Latina e ir cambiando así la mentalidad. En vez de guerras, en vez de soldados, en vez de armas, enviar a estas personas perfectamente financiadas por el gobierno de los Estados Unidos para cambiar la mentalidad. Así en los años 70 se vino una cantidad impresionante de sectas, no solamente en el territorio nacional, sino por toda la América Latina.

Tuve la oportunidad en 1984 de visitar América del Sur. Estuve en la selva del Amazonas - en Kakurí -; anduve también en Perú visitando comunidades indígenas. Tal parecía que estaba yo en Chiapas ante la invasión tan profunda de las sectas por todas partes. En ese tiempo de los años 70 cuando se vino la invasión de sectas, el gobierno mexicano había cedido a los grupos protestantes una grande extensión de la selva en Yax oquin tel ha, en la selva Lacandona, para que ahí se entrenaran sus misioneros y pudieran salir a las diversas localidades de América Latina ya entrenada su vida en el medio selvático. Todos estos datos corresponden al análisis estructural del imperialismo: América para los americanos.
 

LA EXPLOTACIÓN DEL PETRÓLEO Y LA MADERA.

Otro punto interesante, antes de entrar a la situación de Chiapas, es la explotación y despojo de la riqueza nacional. Por lo pronto nos fijaremos en el petróleo y la madera. La nacionalización del petróleo que Cárdenas realizó en 1938 generalmente se presenta como una acción patriótica y en bien de la nación. Pero tengamos en cuenta que entonces el petróleo estaba en manos de los ingleses, lo cual venía a contradecir al imperio yanqui que siempre está en oposición y competencia con Europa.

Al nacionalizar el petróleo se comienza la explotación desde la parte superior de Veracruz. A partir de Tampico se inicia desde 1938 por toda la cuenca del Golfo de México una explotación feroz de todo el territorio de Veracruz, hasta llegar a Tabasco y ahora Campeche. Arrasan con selvas, destruyen ríos y lagunas, eliminan pueblos y culturas, la ecología se viene abajo, todo en aras de la extracción petrolera. La amenaza está ahora pendiendo sobre la selva Lacandona y todo el territorio del Sureste de gran riqueza petrolera. La pregunta es esta: ¿a dónde se va ese petróleo? ¿Quién lo controla? ¿En manos de quién está?.

Otro aspecto de la explotación a nivel nacional, es la madera. Durante la colonia y en los años primeros después de la independencia, México estaba cubierto de selvas y bosques habitados inmemorialmente por los pueblos indígenas. En sus tierras comunales cultivaban, cuidaban, respetaban sus propios bosques, de suerte que se conservó durante siglos esta riqueza. A finales del siglo XIX e inicios del XX empieza la explotación de la madera de la Selva Lacandona, en Chiapas. En un principio era una explotación muy primitiva a través de sacarla por la corriente de los grandes ríos. Actualmente se realiza la extracción con tecnología de punta. Simultáneamente se comienzan a explotar los bosques de Michoacán, Veracruz, Guerrero, Puebla, Tlaxcala, en fin donde quiera que hubiera bosques o selvas comenzaba la explotación. La pregunta aquí es la misma que en el petróleo: ¿a dónde se ha ido esa madera?. El gobierno suele dar las concesiones para el corte y explotación forestal a través de prestanombres - cuando hay problemas de posesión - pero la realidad es que son compañías americanas las beneficiadas a costa de la destrucción de nuestro territorio y su riqueza.

Creo que este análisis visto estructuralmente nos da una visión de la realidad del país, así como este recorrido histórico nos va manifestando cuál ha sido la suerte del mundo indígena. No podemos nosotros sin más "irnos con la finta" de las coyunturas que se van presentando. Son coyunturas que no suelen tener en cuenta la realidad de opresión. Debemos tener esta visión estructural para presentar un frente mucho más coherente con la realidad nacional.

Como aparece claro en el recorrido realizado, se hace evidente que en la parte cultural los gobiernos liberales han buscado la manera de romper la riqueza de las culturas de los pueblos, de las razas, de las lenguas. Con el pretexto de la "unidad nacional" han tratado de hacer tabla rasa de toda la educación. Los institutos indigenistas - a partir de 1940 - han buscado la manera de acabar con las diferentes culturas. Se presenta la fachada del folklore, pero en realidad se trata de terminar con las diferentes lenguas, con las diversas costumbres y tradiciones. La unidad nacional se concibe como una aplanadora.

De esta manera tenemos una visión de lo que es la opresión, el despojo y el desprecio hacia el indígena, hacia sus culturas, hacia sus pueblos. Es importante y estratégico que caigamos en la cuenta de que la resistencia indígena tiene que brotar de un movimiento unitario. Así como la historia nos habla de la destrucción tan terrible por la falta de la unidad indígena - dentro de su diversidad - por falta de coordinación y de la búsqueda y respeto de su propia identidad, debemos ahora afianzar la unidad de todos. Que todos los pueblos sean respetados. Esa debe se la función del Congreso Nacional Indígena - CNI - : buscar un frente común de resistencia, de creatividad, un frente común en donde nuestros pueblos se opongan a este imperialismo castrante y destructivo.
 

PODEMOS AHORA DAR UN VISTAZO A LO QUE SUCEDE EN CHIAPAS

En Chiapas existe una fuerte población indígena. Son diversos los pueblos y las etnias que desde tiempo inmemorial ocupan el territorio chiapaneco. Tienen el tronco común maya, sus lenguas son diferentes y sus costumbres muy semejantes. Están los tseltales, los tsotsiles, los Ch´oles, los tojolabales, los zoques; hay grupos minoritarios como los lacandones y otros procedentes o en contacto con las etnias mayas de Guatemala. Estos pueblos fueron colonizados y evangelizados a partir del inicio de la Colonia. Según la región que ocupaban tenían sus propias características no solamente en la lengua y costumbres, sino en el modo de la posesión de la tierra. La Colonia los fue organizando de diversa manera, aunque tenían el mismo patrón tanto en la evangelización como en el dominio.

Ya desde los primeros años de la Colonia, la lucha por la tierra y la riqueza trajo un enorme despojo. Desde los inicios mismos, la Iglesia, a travé de los Padres Dominicos, en esta región defendió los derechos de los indígenas, aunque siempre dentro de los límites de la mentalidad colonialista. A cada pueblo se le asignaron sus propias tierra comunales. Según la geografía que les correspondía se fueron caracterizando los Altos de Chiapas y las tierras bajas de la selva. El modo como los explotaban económicamente fue diverso, pero siempre bajo el estigma de la Colonia. Había esclavitud y despojo, pero a la vez se fue dando una profunda evangelización e inculturación muy fuerte de manera que se fueron constituyendo pueblos muy bien definidos, como lo es Chamula a un lado de la sede del poder Colonial, San Cristóbal de las Casas. En el corredor que va hacia Comitán se desarrolló la cultura llamada "ladina", o sea los criollos españoles y los mestizos, que adolecían de un fuerte racismo. Ellos eran los amos y señores, mientras el indígena era el trabajador. Aun cuando el gobierno colonial protegía a los pueblos y sus propiedades, sin embargo la relación entre las etnias y estos criollos y mestizos respondía a una relación de racismo impresionante que podemos apreciar hasta nuestros días.

El desorden que se vino después de la independencia, en Chiapas se reflejó en un despojo aún mayor. A mediados del siglo XIX, cuando se decretaron las Leyes de Reforma en tiempos de Juárez, a las Comunidades se les despojó de su derecho de poseer tierras en común, con lo que se abrió la puerta para que los mestizos se apropiaran de las mejores tierras que por derecho correspondían a los pueblos. El modo de despojo en cada región fue diferente. Uno era en los Altos de Chiapas con los tsotsiles, otro con los tseltales en las tierras intermedias y bajas, otro con los ch´oles en la parte norte del Estado. Pero en todos los lugares el despojo fue ingente. Se creó el cinturón de fincas o haciendas donde se esclavizó sin misericordia a los indígenas. Los títulos de propiedad de las fincas o haciendas tienen fecha de 1880 en adelante. Estos son los títulos que presentan como de propiedad los grandes finqueros que llegaron a detentar hasta 30, 000 hectáreas y aun más. En estas inmensas propiedades el indígena era un peón sin derechos, sujeto a la esclavitud más degradante.

En este ambiente los pueblos conservaban sus tradiciones, pero inmersos en un alcoholismo galopante sostenido y fomentado por los finqueros como un medio de dominación. Quedaron en el abandono de la Iglesia a causa de la no aceptación de los misioneros que venían de España después de la Independencia. De suerte que había grandes extensiones abandonadas de atención espiritual y humana. Los pocos ministros de la Iglesia encargados de continuar la evangelización vivían en el ambiente del ladino o mestizo con la misma mentalidad esclavista de profundo desprecio hacia la cultura desarrollada por la inculturación lograda en la Colonia.

Para resistir a la opresión y despojo, los indígenas optaron por encerrarse en sí mismos, en cuanto podían hacerlo, en sus pueblos, soportando la esclavitud en las fincas o haciendas. A principios del siglo XX, cuando el despojo había sido consumado, al venirse la Revolución en 1910, en Chiapas los finqueros se organizaron y combatieron a los revolucionarios que llegaron a tratar de imponer un cambio en la relación esclavista. Expulsaron a los carrancistas, de suerte que el territorio chiapaneco quedó esclavizado hasta que empezó el movimiento libertario a mediados de la década de los años 50. Hasta estas fechas, fuera de pequeños chispazos o intentos del Cardenismo, toda la administración oficial estuvo o ha estado en manos de estos mestizos o "ladinos" esclavistas, que han dominado los gobiernos, de suerte que Chiapas ha sido el feudo del despojo, de la imposición, de la esclavitud. 

La llegada de los protestantes de manera importante en la década de los 50´ al territorio ocupado por los indígenas en Chiapas, constituyó como una esperanza al venir a combatir el alcoholismo. Se entabló una relación muy curiosa de oposición - por razones culturales - entre estos esclavos alcoholizados y los pequeños grupos que trataban de liberarse del alcohol. Tomó el matiz de una lucha religiosa. Los alcoholizados tomaron la bandera de la tradición, de manera que se identificaban con el católico. Mientras los protestantes aparecían como los destructores de la tradición. Esta situación la aprovechó el oficialismo opresor para presentar la oposición entre ambos grupos como una lucha religiosa, y no como lo que era, una búsqueda de libertad.

Existían diversos niveles de población o situación social según las circunstancias y regiones donde estaban asentadas las poblaciones en una sierra sumamente difícil. A esto se debía que la explotación y opresión fuera diferente en cada región. En unas partes era de tipo comercial, en otras de dominio de las tierras, en otras de opresión cultural. Así se pasaron 50 años del siglo XX en una obscuridad casi total. Pero se presentó otro rayo de luz - sobre todo en las regiones más oprimidas - con el cardenismo en los años 35-40, en que se inició , ya no por la vía de las armas, sino de la acción legal, la lucha por la tierra. Fue cuando comenzaron los primeros ejidos por el año 35.

La distinta situación de los Altos, de las tierras intermedias y más aún de las tierras bajas y selváticas, comenzó a cambiar con la doble acción, primero de los protestantes y en seguida con el surgimiento del movimiento eclesial católico a partir del final de los años 50 y con la llegada en 1960 de Don Samuel Ruíz como Obispo de Chiapas. Venía joven y animoso con mentalidad paternalista, de unidad nacional, con la ilusión de "civilizar a estos salvajes". Pronto advirtió que la realidad era mucho más complicada: no era tan sencillo señalar lo blanco y lo negro. Pero su actitud de búsqueda y su compromiso con los que veía más oprimidos, más destruidos, fue abriendo caminos para poder emprender una lucha que ahora llamamos de derechos humanos, o sea, de acabar con tantas opresiones, injusticias y despojos.

La importante celebración del Concilio Vaticano II - 1962 a 1965 - en el que participó activamente Don Samuel Ruíz, trajo un cambio fundamental en el desarrollo de la evangelización. Ahí Don Samuel tuvo oportunidad de entrar en contacto con Obispos, Iglesias, situaciones semejantes a las suya en su Diócesis de Chiapas. Ahí pudo encontrar una nueva inspiración que lo llevó a superar el paternalismo que traía imbuido, e iniciar un camino de búsqueda, de respeto, de lucha por la libertad y por la paz. Entró desde un principio en contradicción directa con los grupos mestizos que llegaron a llamarse en San Cristóbal los "auténticos coletos" y que obedecen de lleno a una mentalidad esclavista.

La situación de Chiapas era sumamente difícil y compleja. En los Altos se daban pueblos antiguos, por ejemplo Chamula, que estaban endurecidos por la lucha de resistencia para defenderse y sobrevivir. En cambio en los pueblos más alejados del centro su realidad social era distinta, aun cuando estaban esclavizados en las fincas o haciendas. Se fueron iniciando las primeras luchas agrarias - a partir de 1935 - sobre todo entre los tseltales, que no llegaron a prosperar debidamente porque al fin y al cabo toda la administración oficial estaba en manos de los esclavistas que todo lo bloqueaban.

De esta manera Don Samuel se fue encontrando un mosaico de situaciones tanto por las lenguas distintas que se hablaban, como por la diversa cultura de las poblaciones así como la variada opresión a que estaban sujetos. Él siempre estaba abierto a buscar caminos que favorecieran la liberación que dignificara la situación de los indígenas. Pero siempre se topaba con la diversidad: los tsotsiles de los Altos de Chiapas distintos a los tseltales que abarcaban desde la parte alta - Tenejapa - hacia la parte baja oriental y selvática; los ch´oles del norte del Estado que vivían una opresión terrible en manos de finqueros - sobre todo alemanes -; la no menos desfavorable situación de los tojolabales que vivían hacia el sur colindando con Guatemala. Este mosaico hacía que la acción tanto pastoral como social emprendida por Don Samuel fuera muy compleja, muy difícil y de diversos resultados.

Entre los tseltales y ch´oles en los años sesenta se inició una fuerte migración favorecida por el Estado, hacia las selvas del Este - la Lacandonia - . El Municipio de Ocosingo estaba prácticamente deshabitado, solamente ocupado por los lacandones, que era un grupo minoritario de unos trescientos individuos. Paulatinamente se fueron cubriendo las cañadas de Ocosingo por parte de tseltales y ch´oles con gente procedente de los poblados de Bachajón, de Ocosingo mismo, de Sitalá, Chilón, Guaquitepec - por parte de los tseltales -, de Tila, Sabanilla, Huitihupan - de los ch´oles -. También hubo migración por la parte sur en el Municipio de Margaritas de los tojolabales hacia la Lacandonia.

La política del Estado ha sido doble. Por un lado preparar la explotación petrolera; por otro, sacar la madera de manera intensiva. Se dio la concesión del aserradero de Chancalá - llamado Bonampac - con prestanombres, pues era una compañía americana. De esta manera desde principios de los años 50 se comenzó la explotación - que aún no termina - dejando el sistema antiguo de corte de la caoba a través de los grandes ríos de la selva hasta Tenosique, utilizando ahora tecnología de punta con carreteras y maquinaria adecuada. Esta madera ha salido por los Puertos de Veracruz hasta los Estados Unidos.

Mientras, en el resto de la República se ha venido continuando con la destrucción de los bosques. Tenemos el caso de Veracruz donde se terminó con todas las selvas para explotar intensivamente el petróleo; en Tabasco hemos visto cómo se consumió su riqueza para explotar el petróleo; en Chiapas somos testigos cómo se ha venido preparando la explotación petrolera acabando la selva con dos acciones eficaces: los aserraderos y la entrega irresponsable de las tierras a campesinos hambrientos de sembrar maíz y extender la ganadería. Todo en servicio del imperio yanqui. Por supuesto que las Comunidades y Pueblos de tan vasta región del Sureste Mexicano no cuentan para nada, si no es para ser mano de obra barata. 

Es importante seguir el proceso de Don Samuel en su búsqueda de atención a las Comunidades y de compromiso con los más desprotegidos. A principios de los años 70 se inicia, de manera ingenua, una denuncia clara y comprometida ante el Gobernador del Estado de la situación de esclavitud y despojo de los indígenas tseltales. Se emprende así la lucha agraria que legalmente podía hacerse para restituir las tierras despojadas desde el siglo anterior, a partir de las Leyes de Reforma. Esta acción trajo a la Iglesia el odio de los esclavistas, que trabajaban codo con codo con el sistema liberal de explotación y despojo. Mientras tanto los indígenas sumidos en el alcoholismo despreciados y explotados llevaban su vida miserable.

Esta lucha de Don Samuel y sus colaboradores despertó la conciencia de las Comunidades. El acompañamiento y asesoría en las acciones agrarias, la denuncia de atropellos de los Derechos Humanos, así como la formación que se les daba para su defensa, fue creando una conciencia muy fuerte. Se vino una coyuntura especial en el año 1973 cuando el Gobierno del Estado decidió celebrar los 500 años del nacimiento de Fray Bartolomé de Las Casas, que fue el gran luchador social de inicio de la conquista. Al ser la figura de Fray Bartolomé internacionalmente conocida, representaba un prestigio para el Gobierno del Estado presentarse como quien apoya y está de acuerdo con esa visión de liberación.

De esta manera se inician una serie de celebraciones a nivel académico tanto en lo jurídico como en lo social de un alto nivel, pero totalmente ajeno a la situación en que estaban en ese entonces los indígenas. Ante la presión de los grupos que exigían al Gobierno que se les devolvieran sus tierras, de que se les hiciera justicia, el mismo Gobernador propuso a Don Samuel que también los indígenas hicieran una celebración propia del 500 aniversario del nacimiento de Fray Bartolomé. Don Samuel recoge el guante y propone al Estado que no se haga un acto folklórico de celebración, sino que se haga una reflexión con los indígenas sobre la situación que estaban viviendo.

El Gobierno acepta que el Obispo organice el evento como mejor lo crea posible. Se inicia el proceso de reflexión en las Comunidades durante los años 73 - 74. Para octubre se convoca y realiza el Congreso Indígena de San Cristóbal con la participación de las cuatro etnias principales - Tseltales, Tsotsiles, Ch´oles, Tojolabales -, sobre su realidad en lo económico, en lo agrario, en la atención de salud y en su educación formal. De estos cuatro temas fundamentales, surge un grito libertario de "ya basta, no es posible continuar como estamos. Solamente organizándonos vamos a salir adelante" De aquí parte la lucha que se viene dando en Chiapas hace más de 25 años, en que las diversas etnias comienzan a organizarse. En esos meses el Estado se alarma ante la reacción tan clara y fuerte, por lo que trata a su estilo y manera de controlar aquello a lo que él mismo le había abierto la puerta. 

Este movimiento del Congreso Indígena de San Cristóbal de 1974 se conoció a nivel nacional. Para entonces había grupos en toda la República - a raíz de 1968 - de gente muy inquieta que buscaba cambios ante la dureza del imperio, que todo lo destruye. Se vinieron a Chiapas diversas organizaciones que comenzaron a controlar o a buscar caminos para esa lucha libertaria. Digo que empezó ya desde entonces la guerra, porque comenzó la represión, los asesinatos, la búsqueda de control del imperio a través del gobierno mexicano para detener los brotes que se iban dando. Todo lo que era trámite oficial de restitución de tierras estaba congelado, nunca caminó. Pero la lucha seguía en búsqueda de la justicia, del respeto, de la consideración de sus propias costumbres. El papel de la iglesia de Don Samuel Ruíz era decisivo para encontrar caminos de una solución.

El Congreso Indígena de San Cristóbal de 1974 había dejado a Don Samuel y sus colaboradores una responsabilidad muy grande. Así como se había depositado en sus manos la realización del Congreso, ahora el resultado de este grito libertario exigía una asesoría y un seguimiento de él y de su equipo. Constituía un reto, porque se trataba de una organización social de grandes alcances. En dos vertientes se retomó el compromiso:

· Por un lado, continuar los procesos ya iniciados desde 1971 en cuestión agraria, laboral y de justicia - a lo que ahora llamamos de Derechos Humanos -.

· Por otro lado, el custionamiento de si ya los indígenas habían expresado con toda claridad cómo percibían la opresión del sistema imperial, no habían dicho una palabra acerca de cómo sentían la acción de la Iglesia que venía desde la Colonia.

Don Samuel inició un proceso de consulta para indagar con las Comunidades este segundo aspecto y así conocer cuál era su sentir. A mediados de 1975 los indígenas lograron expresar de una manera brillante y clarísima en dónde percibían ellos la opresión por parte de la Iglesia: estaban despojados de sus derechos eclesiales, ya que no podían llevar en sus manos su Iglesia como tenían derecho a hacerlo. Lo expresaban diciendo: "ustedes nos niegan al Espíritu Santo que cuida a la Comunidad. Porque ustedes lo acaparan, ustedes son los que mandan, los que disponen, los que llevan todo adelante, y nosotros estamos sujetos siguiendo como corderillos. No tenemos posibilidad de tomar en nuestras manos las riendas, porque nos niegan al Espíritu Santo que cuida a la Comunidad".

Ante esta claridad, Don Samuel - que había participado en el Concilio Vaticano II, en donde se renovó el Diaconado permanente, que era el instrumento primero para que los indígenas recibieran a este "Espíritu Santo que cuida a la Comunidad" -, decidió empezar este proceso. Así se continuaron ambos procesos - el social por una parte y el eclesial por otra - abriendo una perspectiva muy grande. Fue el inicio de lo que ahora llamamos la "Iglesia Autóctona" que tiene como meta el entregar totalmente al indígena en sus manos todo el derecho a gobernarse así mismo sin que deje de participar - dentro de la Iglesia Universal - del derecho a regirse como nos lo dejó Jesucristo. 

El primer paso era el Diaconado. De los siguientes pasos del Sacerdocio y del Episcopado están en un futuro todavía lejano pero posible. Esto fue lo que implementó Don Samuel con gran entusiasmo y con un grandísimo respeto a la cultura, a los tiempos del indígena y al proceso mismo.

En esta coyuntura social, a mediados de 1975, se presentó a la Diócesis, en una reunión con Don Samuel y su Consejo, el señor Adolfo Oribe para ofrecernos un proyecto que pudiera ayudarnos a cumplir con este compromiso social. Venía de las organizaciones del "Poder Popular" que se estaba desarrollando en ese entonces en los Ejidos de Torreón y en las colonias de Monterrey. En una brillante exposición nos hizo ver sus métodos de formación política y organización con las Comunidades. Ustedes, nos decía, "son unos magos de la pastoral, pero no tienen experiencia política. Nosotros les ofrecemos trabajar conjuntamente para ir implementando esta organización que piden las Comunidades. Mes con mes ustedes reúnen a sus líderes, a los catequistas, que son los que llevan la pastoral en las Comunidades, y a través de cursos los preparan y así llevan adelante el movimiento. Les proponemos que nosotros cooperemos con ustedes. Después de que presenten todo el movimiento pastoral, nosotros entramos con los líderes y los preparamos para su formación política". Esa era su proposición.

Después de su exposición nos quedamos a considerar, el Obispo y su Consejo, para discernir qué era lo que convenía hacer. Nos pareció que no se valía entrar a este compromiso sin consultar antes con los mismos líderes nuestros qué les parecía el plan. ¿A qué nos comprometíamos? ¿Cuál sería la ideología? ¿Cómo sería la manera de presentarla? ¿A dónde nos llevaría esta formación política que se nos proponía? Todo era como un arreglo entre cúpulas, por lo que nos pareció que no era legítimo hacerlo. Por lo tanto se le dijo a Adolfo Oribe que la Diócesis no podía entrar a ese compromiso de trabajar con "los de Torreón", como decíamos entonces. Ellos podían entrar a las Comunidades - nosotros no éramos dueños de ellaspero no en un trabajo coordinado con nosotros. Tampoco entraríamos en oposición abierta, ni mucho menos, pero no nos tocaba entregar a nuestros líderes sin más. De esta manera la Diócesis se comprometió a no participar con los de Torreón, si es que llegaban a entrar. Ese fue el compromiso. Por lo tanto tendríamos que seguir batallando en el Congreso Indígena iniciado en San Cristóbal en 1974 buscando nuestros propios caminos y aprendiendo en la lucha en el diario bregar sin tratar de comer etapas. 

Con este compromiso, no se acudió en toda la región tseltal de Bachajón, a estos asesores que comenzaron a llegar de Torreón para implementar este proceso de reflexión y de formación política. Sin embargo en la Parroquia de Ocosingo decidieron - al margen y en contra del acuerdo diocesano- entrar a trabajar con ellos. De aquí se originó una fuerte división interna entre los agentes de pastoral. Esto se hizo a nivel de los colaboradores de Don Samuel. Él no dio el espaldarazo sin más a esta situación inicial. Siguiendo su manera de proceder - de sumo respeto y seguimiento a lo que sus colaboradores íbamos realizando -, en la Parroquia de Ocosingo iniciaron esta colaboración entre "los de Torreón" y el movimiento pastoral. 

Se tenían así en las reuniones de catequistas en Ocosingo, el trabajo de formación pastoral, de análisis de las necesidades sociales que iban surgiendo, y al final tenían la formación política y de organización que les daban los asesores que venían de Torreón. Cubrieron gran parte de la selva de las cañadas de Ocosingo, como está reseñado que se venían ocupando desde los años 60. Toda la región atendida por la Parroquia de Bachajón quedó al margen de este movimiento.

La situación de Don Samuel, tan compleja, tan difícil, tan cargada de trabajo con todos sus compromisos, con situaciones tan disímiles que tenía dentro de la Diócesis, además de sus compromisos a nivel Latinoamericano, hicieron que él confiara plenamente en sus colaboradores, y estuviera observando por dónde se desarrollaban las situaciones. Todo el proceso social que se desarrolló en la Parroquia de Ocosingo creció como espuma. Comenzaron a organizar en grande a las Cañadas en la parte política, económica y social. Es cuando viene la fundación de las grandes Uniones Ejidales, que corría en paralelo con el movimiento eclesial. Era como para apantallar a cualquiera. 

El desarrollo del proceso del Congreso Indígena en Bachajón iba caminando con lentitud partiendo de la base de las Comunidades y buscando caminos para ir solucionando los problemas y formando a la gente. Se entabló una división interna de los agentes de pastoral tanto de Bachajón como de Ocosingo. Unos optaban por el esquema adoptado en la Parroquia de Ocosingo, y otros por el compromiso de no entregar el movimiento a "los de Torreón". Como consecuencia de estos desacuerdos se vino la matanza de Wolonchan a manos del Ejército.

Fueron años difíciles de tensiones muy grandes entre los agentes de pastoral. Don Samuel apoyaba irrestrictamente el proceso eclesial en Bachajón que fue organizando el movimiento de Iglesia Autóctona; pero también estaba muy al pendiente del proceso social que se estaba elaborando en la Parroquia de Ocosingo. Era una situación realmente difícil, pero era más complicado aún juzgar de lo acertado o no acertado de su actitud. Ciertamente buscaba y ha buscado siempre caminos de liberación, de solución ante una opresión tan fuerte. 

Es difícil imaginar el cambio tan profundo en el interior del territorio abarcado por la Parroquia de Ocosingo con la enorme migración de tseltales, ch´oles y tojolabales a las cañadas. En pocos años la población había aumentado excesivamente, que junto con la acción destructiva del Gobierno de acabar con la selva y de ir preparando el terreno para la explotación petrolera, hacía que se entrara en un verdadero caos de organizaciones, un verdadero caos entre el Gobierno y sus políticas agrarias, entre el interés del sistema que viene a preparar todo para la explotación y el bien de las Comunidades. Era difícil encontrar un camino de juicio para saber qué era lo que tenía que hacerse y cómo había que hacerlo. El territorio de Bachajón optó por el Congreso Indígena de San Cristóbal y por el camino de la Iglesia Autóctona y ahí fincó todas sus fuerzas; pero tenía la presión de la Parroquia de Ocosingo que deseaba controlar el movimiento; ante lo notable de los resultados de la acción de tanta gente, parecía que la opción de Bachajón no era la mejor.

Hay un capítulo delicado, difícil de presentar, con respecto a lo que fue surgiendo en el territorio de Ocosingo como un mecanismo político de defensa, que en un principio llamaban "la guerra de defensa", donde proponían que habría que armar a los indígenas para que se defendieran de la acción de los opresores. Se percibía desde un principio que una lucha frontal con el Gobierno era imposible; pero que era necesario que las Comunidades tuvieran defensas propias. Estábamos entonces en el ambiente creado por la guerrilla de Nicaragua en los años 70, donde se veía que era el camino de liberación. Evidentemente no se trataba de copiar sin más, pero sí de tener preparada a la gente para una defensa armada. En las reuniones de los líderes de formación mensual en el territorio de Ocosingo, se tenía la preparación pastoral, la problemática social de salud, de educación, y al final venía la cuestión de lo político. Al tratamiento de la defensa armada se le llamaba"el cuarto punto".

Bachajón quedó al margen de este movimiento, aunque no había en todos acuerdo en seguir - como veníamos haciéndolo - con el camino del Congreso Indígena, que no repuntaba a juicio de un grupo. Había quienes veían con claridad que este camino no era el adecuado. La táctica de Torreón era del "Poder Popular" inspirado en el Maoísmo. Así se desarrolló entre los agentes de pastoral que seguían esta táctica un movimiento de ideologización para realizar las prácticas que había que seguir. Fueron años difíciles de largas discusiones entre los agentes de pastoral colaboradores de Don Samuel.

Don Samuel respetaba las diversas opiniones, veía ventajas y desventajas. Nunca dejó de apuntalar con energía el camino de la Iglesia Autóctona, pero tampoco dio su palabra de rechazo - ni mucho menos - al movimiento de la Parroquia de Ocosingo. Así se fue formando en la grande selva de Ocosingo, en sus siete cañadas, Comunidades muy fuertes y muy mentalizadas en esta línea del "Poder Popular" con las tácticas maoístas. Se fue presentando toda la lucha que se tuvo con el Estado, quien comenzó a controlar la posesión de la Selva Lacandona en la década de los 70. Trataba de controlar a los Ejidos que se habían formado sin una planeación adecuada de parte del Estado, y que en un momento dado comenzaban a estorbar a todo el plan de explotación y destrucción de la selva, que consistía en la explotación maderera por un lado, y por otro en la preparación de la explotación petrolera.

El Estado formó dos grandes centros en la Selva Lacandona: el centro Ch´ol que llamó Echeverría - Corozal -, y el centro tseltal que llamó Velasco Suárez - Palestina - donde se obligó de una manera impositiva y cruel que los Ejidos que estaban lejísimos unos de otros, a veces 3 o 4 días de camino, se concentraran en un poblado con graves inconvenientes. Se impuso a sangre y fuego. En esta lucha fue donde se fraguó el movimiento del "Poder Popular", porque para que haya una organización fuerte se necesita de una lucha frontal contra una injusticia. Y no había una injusticia más palmaria que ésta. Hasta la fecha hay tensiones para señalar lo que el Presidente Echeverría quiso hacer al entregar a 300 Lacandones 600 mil hectáreas ya ocupadas por tseltales y ch´oles, que están dentro de la llamada zona Lacandona. Lo que ha pretendido el Gobierno es controlar toda esa selva y seguirla explotando a capricho del sistema.

Y así fueron pasando los años en estas luchas y dificultades, en estos enfrentamientos tanto con el Estado como internamente en los equipos de trabajo de los agentes de pastoral, cada cual con su táctica propia Bachajón - Ocosingo. Fue pasando el tiempo hasta que llegó Marcos en 1983. Nosotros ya llevábamos un historial largo y rico en experiencias, en luchas, en enfrentamientos y motivaciones. En eso llega Marcos con su proyecto de lucha guerrillera, no de defensa, sino revolucionaria que arrastrara a todo el país. 

Marcos es un marxista convencido, hombre sumamente listo, capaz, dúctil. Cuando llegó a Chiapas con su pequeño grupo, chocó con la mentalidad indígena que no aceptaba los principios marxistas tal como los venía a imponer Marcos. Pero con gran sentido común supo encontrar caminos para entender la motivación indígena, sus dificultades para admitir esa mentalidad marxista, y supo adaptar sus principios revolucionarios a las necesidades, anhelos y búsquedas de los indígenas. Retomó todo el proceso de los años 60, 70 y 80, y lo englobó con su habilidad característica como un comunicador notable. Supo presentarlo como una obra propia. De esta manera comenzó a trabajar con las Comunidades en 1983. Se fue apoderando del lugar del "Poder Popular" entrando en su mecánica y apoderándose de los líderes que primariamente fueron de la Iglesia y que habían pasado paulatinamente al "Poder Popular". Ahora al llegar Marcos con su mentalidad y nuevo proyecto, se entabló una relación, no digo ni mucho menos de amistad o de cooperación, pero sí de simpatía y de búsqueda con el movimiento de la Parroquia de Ocosingo.

De 1983 a 1993 se fue preparando la declaración de guerra al Ejército Mexicano del 1° de enero de 1994. Debemos notar que cuando viene el levantamiento la región de Bachajón no participó, porque llevaba otra dinámica. Durante diez años Marcos estuvo formando sus cuadros preparándolos militarmente. Hubo fuertes tensiones, por supuesto, entre "Poder Popular" y el nuevo movimiento que iniciaba Marcos, quien se llevó la mejor parte. Marcos nunca entró al territorio de la Parroquia de Bachajón. En esos años no tuvo relación alguna con aquellos que trataban de buscar soluciones de lucha civil a raíz del Congreso Indígena de San Cristóbal a través de la organización social y la búsqueda de una Iglesia Autóctona. En la parte pastoral, la Parroquia de Ocosingo en un principio participó del proyecto de Iglesia Autóctona, pero de pronto se separó por la influencia de la ideología maoista promovida por "Poder Popular" de Torreón. Expresamente Bachajón rechazó siempre la solución armada tanto la de "defensa propia" como la revolucionaria. La problemática de opresión es la misma, estamos fincados en la misma conflictividad social, estamos participando en la lucha social y muchas tácticas son las mismas, aunque la diferencia radical está en la no violencia.

Una observación acerca de los Acuerdos de San Andrés Sacalch´em de los Pobres (Larrainzar). Marcos tuvo el acierto, a las dos semanas de lucha y de batallas sangrientas en el Pueblo de Ocosingo y en otras partes, ante el terror de las Comunidades por la represión tan salvaje del Estado, de escuchar el clamor nacional en búsqueda del Diálogo. Dejó de lado su proyecto de lucha armada para entrar al proyecto civil del Diálogo, sin dejar por eso de quitar el dedo del gatillo. Este Diálogo, que fracasó primero en la Catedral de San Cristóbal con Camacho, representante de Salinas, que había llevado un diálogo estilo PRI, en donde "te doy pero te calmas", como reza el principio de una concertación. Ese diálogo fracasó porque no respondía ni a la problemática ni a la realidad de las Comunidades. Ante ese fracaso y la espera de las nuevas elecciones en donde llegó Zedillo, se volvió a implementar en 1975 un nuevo diálogo que se denominó Diálogo de San Andrés, en donde participaron no solamente los Zapatistas. Ambos Diálogos - el de San Cristobal y el de San Andrés - contaron con la entusiasta participación de toda la sociedad civil indígena en los cinturones de paz. Lo que llama mucho la atención es que en la realización del Diálogo de San Andrés no era solamente Marcos y su equipo el que llevó el Diálogo, sino que una vez más su genialidad lo hizo convocar a todas las etnias de la República. Se mandaron representantes del movimiento civil quienes participaron efectivamente con lo mejor de lo mejor que tenían los zapatistas, quienes se asesoraron con lo mejor de la intelectualidad mexicana.

El Gobierno quedó arrinconado. Se llegó a una formulación muy notable, en donde la participación sobre todo de los indígenas de Oaxaca fue decisiva. No solamente vinieron de otras etnias, también vinieron otros peritos y estudiosos antropólogos, sociólogos y juristas que dieron su aporte importantísimo. Ciertamente el apoyo al Diálogo no fue solamente de las Comunidades Zapatistas de las Cañadas de la selva de Ocosingo y de los tojolabales, sino que fue de todas las etnias de Chiapas, de los grupos de lucha civil que estaban buscando este Diálogo y que participaban de la motivación del levantamiento. Todos apoyaron para hacer posible el Diálogo de San Andrés. La nación entera fue testigo de cómo se desarrolló el Diálogo.

Los resultados fueron extraordinarios. Sobre todo se obtuvieron unos acuerdos notables donde el Estado firmó de acuerdo juntamente con los Zapatistas. Se conocieron como "los Acuerdos de San Andrés" para todos los indígenas de la República y no sólo para el grupito de Marcos. Pero estos Acuerdos de San Andrés no van en la lógica del sistema imperial de explotación y dominio total, sino que van en la búsqueda de los derechos constitucionales y reales de los indígenas del país, que siempre se les ha negado. Esta es la tragedia actual. No es posible aceptar que nuestros legisladores le hayan dado "carpetazo". Es una infamia que vamos a pagar muy caro, porque el imperio cada vez se enorgullece más, viene con toda su prepotencia a apoderarse de todo. Ya el Itsmo de Tehuantepec está entregado. Han construido grandes carreteras perfectamente bien planeadas que van hacia el Pacífico para sacar los productos que Estados Unidos necesita poner en los Puertos de México. Continúa así la destrucción. Nuestro brillante Presidente se pone de rodillas ante el imperio, lo apoya en todo, no ha habido ningún cambio, se han ido quitado algunos de los problemas en los que se había metido el sistema corrupto, pero la situación de fondo sigue igual. 
 

CONCLUSIÓN

Estas reflexiones que he venido haciendo nos pueden dar una idea de lo que significa y es la realidad actual de Chiapas. Mucha tinta se ha escrito, mucho se ha dicho sin tener en cuenta esta historia, estos antecedentes y estas reflexiones que ayudan a entender lo complejo que es Chiapas y su situación social. El sistema imperial lleva inflexible su línea de explotación y ha implementado una guerra de baja intensidad que ya ha causado multitud de muertes - botón de muestra es la matanza de Ac´te´al - con tácticas de dividir a las Comunidades, manipulando una confusa información a nivel nacional para que no se entienda la problemática indígena.

La línea estratégica del Estado es clara. Se trata de sacar para el imperio toda la riqueza del subsuelo, la riqueza que supone la cantidad de agua que hay y que produce la energía eléctrica, y toda la riqueza ecológica de la región. Las políticas del Gobierno de destrucción de la selva, de "ganaderización", de implementación de programas agrícolas que han introducido el cáncer y la destrucción de las tierras por el uso inadecuado de químicos. Todo lleva a un dominio total.

Es muy compleja la situación, pero las Comunidades resisten y luchan desde el fondo de su alma, como dicen ellas "desde el corazón", para resistir una vez más a esta invasión inmisericorde. Son diversas las situaciones de los Altos de Chiapas, de las tierras intermedias, de las tierras bajas. Son diversas las situaciones de la región norte de los ch´oles que llega hasta Palenque, y diversas también las de los tseltales que están en toda la selva hacia el noreste, hacia el este, que tiene como límites el Usumacinta por un lado y por la parte de las cañadas que suben hasta la región de los tojolabales y Guatemala en el sur. Diversos problemas donde está injertada la guerrilla y donde están luchando las comunidades por una autoctonía que quieren vivir como son y como quieren seguir viviendo.

Espero que estas reflexiones ayuden a tener una idea de la complejidad chiapaneca y a la vez de la claridad del proyecto imperial: América para los americanos, que nos explica perfectamente las políticas actuales del Plan Puebla Panamá, con la entrega tan burda y tan fuerte del gobierno liberal que ahora preside Fox, quien no da garantías de un cambio profundo ni mucho menos.

Espero también que estas reflexiones nos ayuden a no caer en las redes del inmediatismo por seguir tácticas, no de un análisis estructural, sino de un análisis coyuntural, creyendo que ciertas ventajas que aparecen debieran de aprovecharse sin más. No es tan sencillo ni tan simple. Debemos buscar los caminos de resistencia de las Comunidades, su organicidad y lucha frontal.

18 de junio de 2002

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