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¿Qué está pasando en la Iglesia?

JOSÉ MARÍA CASTILLO


El día 28 de Junio de 2001 el teólogo José María Castillo dio una charla en el Centro Cultural de la Diputación de Málaga. Fue anunciada a todos con el siguiente texto cogido del libro La Iglesia que quiso el Concilio del mismo autor, publicado en PPC:

"El Concilio Vaticano II,. se sigue citando en documentos eclesiásticos, en libros de teología, en determinadas charlas o conferencias, en alguna que otra homilía... pero el que se cite un texto del Concilio o se haga alguna alusión a él no significa que el Concilio esté presente y actuante hoy en la Iglesia como tendría que estar. Aquella explosión de entusiasmo, de libertad, de esperanza e ilusiones que desencadenó este acontecimiento, el más importante desde el punto de vista eclesiástico que ha acontecido en todo el siglo XX, en buena medida ha quedado para unos desconocido, para otros incomprendido y, para una mayoría, algo que pertenece al recuerdo, porque la Iglesia sigue siendo sustancialmente lo que era antes del Concilio. Han cambiado algunas cosas ... pero hay cuestiones muy vitales en las que tenemos no la sospecha sino la convicción de que estamos peor que antes del Concilio. ¿Qué ha pasado para que el Concilio haya quedado abortado de raíz? ¿Qué está pasando en la Iglesia?
 

PRESENTACIÓN DEL TEMA

Está claro que todos cuantos estamos aquí reunidos no estamos conformes con muchas cosas de nuestra Iglesia, creemos que hay cosas en ella de vital importancia de las que no está siendo sacramento, presencia de él, en el mundo hoy. Pero no por ello queremos dejarla. Porque la queremos, porque es algo que ocupa un lugar importante en nuestra vida, estamos hoy aquí reunidos. Quiero centrarme en el problema fundamental que hace que hoy se nos presente en cosas muy importantes como antisigno del Evangelio de Jesús, por parte de los que la gobiernan y dirigen y por parte de cada uno de nosotros. Es lo que tenemos que tener claro si queremos de verdad una transformación en profundidad de la misma. Lo demás es secundario. 

El problema está, como veremos a continuación, por un lado en la forma como los que han sido elegidos como dirigentes de la misma han ejercido y están ejerciendo el poder. Un poder y una autoridad que no tiene, porque nadie tiene poder para imponer nada que, en cosas que dice y en actuaciones concretas, esté en contra del Evangelio. La autoridad la tiene el mensaje de Jesús. Ninguna autoridad puede situarse por encima de este mensaje 

Está también, y es lo más serio y lo más grave, en el sometimiento con que aceptamos ese poder, esa autoridad. Un poder y una autoridad que, por una sutil manipulación, aceptamos de forma voluntaria y libre y como algo incuestionable. Nos consideramos mejores o peores personas en tanto en cuanto aceptamos, seguimos y endiosamos a personas constituidas en autoridad en la Iglesia.

Otro problema es cuando esperamos que la Iglesia cambie, exigiendo esos cambios a los que están constituidos en poder dentro de ella. Y eso es algo imposible. Los que están en el poder no pueden, aunque quisieran, cambiar esta situación que han asumido plenamente. El cambio tiene que realizarse en los de abajo, desde los de abajo, desde lo laicos. Son los laico lo que con menos trabas pueden actuar hoy en la Iglesia con la libertad de lo hijos de Dios que el Concilio pidió para todos los cristianos. Cuando los de abajo no obedecen, los de arriba se quedan sin poder. Son los grupos pequeños los que pueden hacer que se produzcan cambios estructurales en la Iglesia .La historia nos demuestra que es éste el modo cómo se han producido en la Iglesia los grandes cambios. Es más, cuando eso grandes cambios se han querido hacer desde arriba, siempre han quedado descafeinados.

Para abordar con seriedad estas preguntas es importante distinguir entre la estructura o apostolocidad de la Iglesia y la forma como históricamente se ha ido organizando y está hoy organizada esa estructura.
 

LA APOTOLICIDAD ELEMENTO DIVINO E INMUTABLE

El que haya en la Iglesia una estructura, una jerarquía, un papa y unos obispos, es un componente esencial de la apostolicidad. Es algo divino e inmutable. Siempre en la Iglesia ha habido alguien que ha representado a la comunidad en forma de presidencia, coordinación, animación..., "según los carismas de cada uno, puestos gratuitamente al servicio de la comunidad." Y de hecho el carisma del episcopado es el que desde un principio se impuso y es el que identifica nuestra iglesia de hoy con la Iglesia que nació en Pentecostés y que "en Jesús tuvo su inicios". Es algo divino e inmutable. Es lo que hace que coincida sustancialmente con la Iglesia de que nació en los Apóstoles. No podemos pensar en una Iglesia sin esta estructura piramidal. Una estructura formada por papas y obispos, sucesores de los primeros apóstoles, que reciben su autoridad no del pueblo cristiano, sino del Espíritu. Autoridad, que no poder, porque la palabra poder y, sobre todo las actitudes que esta palabra conlleva, es algo antievangélico, que no debería estar operante bajo ningún concepto en alguien que ha sido ordenado para dirigir la comunidad cristiana. 

Y en esta estructura es más importante que la apostolicidad de ministerios (la sucesión ininterrumpida) es la apostolicidad de vida y de doctrina. (que los sucesores reproduzcan lo que fue a vida y las enseñanzas de los apóstoles) Cuando un Obispo no reproduce lo que fue la vida y las enseñanzas de los apóstoles, deja de ser obispo, aunque haya sido consagrado como tal. Cuando un obispo actúa en contra del mensaje evangélico pierde toda su autoridad, no podemos si debemos considerarlo un sucesor de los apóstoles.. Hay que obedecer antes a Jesús que a los hombres, aunque estos digan que están mandando en nombre suyo. San Agustín decía: "los obispos no son malos, porque si son malos, ya no son obispos".
 

ORGANIZACIÓN DE LA ESTRUCTURA

Dedicó Castillo más de media hora para explicar este punto de su charla, analizando las formas como esta estructura se ha ido organizando a través de la historia. Es un tema, dijo, del que no solo podemos hablar sino que tenemos que hablar, si de verdad queremos llegar a lo que fundamentalmente está haciendo a la Iglesia institución se nos presente en nuestros días sustancialmente infiel al menaje de Jesús. Distinguió en su exposición cinco períodos en los que esta organización ha sido sustancialmente distinta.

Régimen democrático En los orígenes y en los tres primeros siglos, fue un estructura de carácter fundamentalmente democrático. Democracia no en el sentido de hoy en el que pueblo, sujeto del poder, delega mediante unas elecciones en unos dirigentes. El poder que tienen los Obispos viene de arriba. La estructura era fundamentalmente democrática en la forma de ejercer el poder. Para designarse lo primeros cristianos cambiaron el nombre primero de Secta de los Nazarenos por el de ECCLESÍA:. Una palabra profana que significaba " la asamblea de los ciudadanos libres que democráticamente ejercían su cuota de responsabilidad en el gobierno de la ciudad". Y así funcionó. Decidían entre todos. Tenemos multitud de ejemplos que lo demuestran. Se elegían a los Obispos "votando a mano alzada". La Iglesia se concebía cómo una gran comunidad formada por pequeñas comunidades, cada una con su autonomía propia.

Régimen sinodal. A partir del Siglo IV. Comienza un régimen sinodal. Eran los Sínodos locales los que decidían. En los Sínodos se discutían los problemas, se elegían a los Obispos y, con frecuencia, se deponían si no eran considerado verdaderos apóstoles. El Obispo de Roma tenía la misión de unión de toda la Iglesia e intervenir en los conflictos que no se podían resolver en los sínodos. Los Sínodos tenían poder para rechazar cuestiones que venían del Obispo de Roma. En cuestiones más importantes se reunían varios Sínodos.. El Concilio se le consideraba por encima de todos los Sínodos y del Obispo de Roma 

San Cipriano en uno de su Sínodos decía: "el pueblo tiene poder por derechos divino para elegir a sus obispos, el pueblo tiene poder por derecho divino para deponer a sus obispos si no son considerados dignos y, en el caso concreto, el pueblo ha decidido que no vale la decisión tomada por nuestro "colega" Esteban (Obispo de Roma) porque cree que ha actuado mal informado". San Gregorio, Obispo de Roma, recibió una carta de un colega obispo en la que le llama papa universal. Y le contesta con esto términos: "le ruego a su dulcísima beatitud que no me vuelva a llamar papa universal, porque eso es un título de vanidad y yo no quiero estar por encima de los demás ni en títulos, ni en privilegios, sino que quiero estar al servicio incondicional de todos mis hermanos obispos.

Régimen dictatorial. En Siglo XI. se produce el gran cambio, el giro decisivo. Gregorio VII se autodefine Vicario de Cristo y en sus 27 proposiciones del Dictatus Papae presenta una régimen dictatorial en todos los poderes y de forma plena ( poder legislativo, judicial y punitivo) y universal (para todos los hombres) se centran en la Iglesia en un solo hombre, el Papa. Lo hizo con la buena voluntad de liberar a la Iglesia de la situación en que había llegado por la que eran los señores feudales, auténticos rufianes la gran mayoría de ellos, quienes en la práctica elegían a los obispos.

Con Inocencio III esta organización llegó hasta el extremo de considerar al Papa con la suprema potestad, la autoridad máxima del mundo. De forma que se podía y, de hecho, elegían y deponían emperadores, se facilitaba bulas papales que legitimaban a los reyes europeos para la conquista y el saqueo de África y América, para hacer esclavos a millones de personas, para fundar la Inquisición etc. etc. Son impresionantes y aterradoras las bulas papales que se dieron entre otros Nicolás V, Alejandro VI, León X, Pablo III. En este período se vivió en la Iglesia los acontecimientos más traumáticos y vergonzantes de su Historia.

De entonces acá las cosas han ido cambiando en esta forma de utilizar los papa su poder, pero sustancialmente la organización no ha variado. La estructura eclesial sigue hoy organizada en dos grupos: el Papa, Obispos y presbíteros, y por otro el pueblo, al que se le ha llamado laicos. 

Estos dos grupos los definió el Papa San Pío X en su encíclica Vehementer Noster con estas palabras: "En la sola jerarquía (el clero: Papa, Obispos y presbíteros) residen el derecho y la autoridad necesarias para promover y dirigir a todos los miembros hacia el bien común. En cuanto a la multitud (los laicos) no tienen otro derecho que el de dejarse conducir dócilmente y seguir a sus pastores". 

Hoy no se dice esto de forma tan descarada, pero se sigue practicando. La Iglesia sigue estando formada por dos grupos de personas: una minoría, que ostentan el poder, y los otros, los mas, que si quieren estar en la Iglesia, se tienen que someter a los que tienen el poder. Los Consejos Pastorales, Presbiterios, Conferencias y Sínodos Episcopales . La Conferencia Episcopal, La CONFER de los religiosos ... todos tienen un valor meramente consultivo. La última palabra la tendrá siempre en cada grupo el párroco, el obispo, el superior religioso, el Papa. Y en esta pirámide la autoridad plena y universal, de la que depende todo en la Iglesia está centrada en un solo hombre: el Papa. Y, lo más grave de todo es que en esta estructura el Papa actúa y ejerce su autoridad a atreves de La Curia Romana. Este hombre y este ente creado alrededor de él va a marcar en cada momento histórico las creencias, el modo de relacionarse con Dios, con los demás hombres, con la naturaleza, con el mundo, de los millones de cristianos esparcidos por el mundo entero.
 

EL PODER DEL PAPA HOY

Como se ha dicho, lo más grave es que en esta estructura hoy el poder sigue centrado de forma plena y absoluta en un solo hombre.

En el Código de Derecho Canónico vigente se afirma que el Papa tiene una potestad 

"plena, (legislativa, judicial y punitiva) inmediata y universal" que además 
"puede ejercer siempre libremente" ante la que 
"no cabe apelación ni recurso alguno" cuyas decisiones 
"no pueden ser juzgadas por nadie", sin que 
"haya autoridad alguna a la que tenga que someterse, ni ante la cual tenga que dar cuenta" y ante la 
"si alguien recurre debe ser castigado con una censura o un entredicho o una suspensión a divinis"... 

Esta forma de organizar el poder hace que en la Iglesia 

todos sin excepción tengan que ir por donde va el Papa. Y
nadie pueda tener en ella derechos adquiridos.

Y la cosa se complica mucho más cuando sabemos que quien de hecho, en nombre del Papa, ejerce la suprema potestad en la Iglesia es La Curia Romana. Un ente compuesto por cardenales, obispos, funcionarios...que nadie conoce cual es su organigrama, cómo funciona, cómo entenderse con ella.. 

Los monitum, avisos, advertencias que diariamente emanan de ella están a la orden del día. Ello está creando en muchos sentirse controlados y amenazados, crispación y miedo en muchos obispos, superiores de ordenes religiosas, teólogos, profesores etc. Está siendo motivo de mucho dolor, indefensión, mucha soledad, sufrida en silencio por amor a la Iglesia, por no escandalizar, porque de todas formas no se va a poder conseguir nada. Todos cuantos en los último años, incluyendo el Papa actual, han intentado un reforma de la misma se han estrellado.
 

EL CONCILIO NO TOCÓ LA ORGANIZACIÓN DEL PODER

El gran problema, que ha hecho inoperante al Concilio y que mina de raíz cualquier intento de renovación eclesial, consiste en que el Concilio introdujo cambios profundos en cuestiones muy determinantes de la teología de la Iglesia, abrió caminos y esperanzas, pero dejo prácticamente intacta la organización eclesiástica y la forma cómo ésta ejercer el poder que tiene. Y, nos guste o no, la Iglesia a partir del Concilio ha estado y sigue estando obsesionada con el problema de su propio poder y de su propio prestigio. Y es, en como se visualiza ese poder y ese prestigio, donde pone la clave del éxito o fracaso del Evangelio en el mundo. Más que místicos y profetas lo que le interesa es organizar acontecimientos donde se haga ver su grandeza y su prestigio y sobre todo tener teólogos, obispos, sacerdotes y cristianos sumisos

Es demencial el que la Iglesia se haya organizado de tal forma que la Buena Noticia de Jesús esté totalmente condicionada para todos los cristianos del mundo por la mentalidad, las preferencias y hasta la salud de un solo hombre. Un hombre que se constituye en punto de encuentro y de coincidencia de gentes, mentalidades y tradiciones tan diversas y, a veces contrapuestas, como se dan en el mundo entero, que se propone ir por la vida con la pretensión de ser el centro en el que coincidan todos, de manera que, quienes no coincidan, deben considerarse así mismos malas personas, es pretender algo imposible en nuestra cultura de la posmodernidad. En nuestros días se siente aversión a todos los dictadores Por ello la del papado es vista hoy, independientemente de su bondad, santidad, de su gran talla como persona, de sus indiscutibles carismas... por una gran mayoría como anacrónica, algo de tiempos pasados, e insostenible y produce necesariamente la atracción de unos, el rechazo de otros y la indiferencia de los más

Cualquier persona que, por una parte lee desapasionadamente los evangelios y por otra, ve como está organizada y la forma como se ejerce el poder en la Iglesia, enseguida advierte una distancia y, en determinadas cosas, una contradicción que resulta alarmante. 

La institución eclesiástica, tal como de hecho está organizada y tal como se comporta , es uno de los impedimentos más serios con que tropieza la gente (sobre todo la mayor de los jóvenes) cuando se trata de buscar y encontrar sentido último de la vida y, en definitiva, al Dios de vida

La razón de ser del papado en la Iglesia es mantener la unidad en la fe y en la comunión. Unidad y comunión de toda la multitud de pequeñas comunidades de creyentes esparcidas por el mundo. Pero esa unidad y comunión no se puede conseguir dando decretos, imponiendo normas, prohibiendo cosas y fijando sus poderes para obligar a sus súbditos a someterse a la fe y a la comunión. Por este camino se podrá conseguir un alto nivel de sometimiento externo e incluso de notable uniformidad en ciertos comportamientos más o menos externos, pero no se podrá conseguir una unión en la fe y menos todavía la comunión de vida, porque eso es algo que no brota de lo jurídico sino que son acontecimientos y experiencias de carácter estrictamente personal y teológico. Es necesario que cada comunidad cristiana tenga su propia autonomía con la participación real de los que la componen. Si algo está claro en el gran relato de los evangelios es que Jesús "puso el comienzo de la Iglesia" predicando la Buena Noticia, es decir el Reino de Dios, pero no dando decretos ni imponiendo normas y prohibiciones. 

El Papa se nos presenta hoy como un hombre de Dios, un santo, su nombre se recordará en la historia por el mucho bien que ha hecho en este largo periodo de la historia que le ha tocado vivir, en pero al mismo tiempo se le ve situado en el mundo como un Jefe de Estado más, y se le brindan por donde quiera que va los honores de un jefe de estado. Un estado gobernado en régimen dictatorial, haciendo uso de un poder que les sitúa por encima y con frecuencia abiertamente en contra de lo que en el mensaje de Jesús es nuclear. . Y creemos que en nuestros días está ejerciendo el poder que tiene diciendo cosas y sobre todo teniendo actuaciones concretas que están abiertamente en contra de ese Evangelio. Las más graves, las que más la están desacreditando, las que la está convirtiendo en antisigno del evangelio son: los silencios, las legitimaciones y las colaboraciones, que ha hecho y sigue hoy haciendo ante poderes políticos que han agredido y siguen agrediendo demasiado la vida de muchos seres humanos, responsables de muchos sufrimientos, de acontecimientos mortales, que han ido acompañado de mucho derramamiento de sangre en grandes colectivos.

Es curioso observar que, precisamente cuando en nuestros días, observamos como la figura del Papa ha alcanzado culmen de la popularidad, de la estima en grandes sectores de la opinión pública y, sobre todo, cuando el control que ejerce el Papa sobre la Iglesia, a través de la Curia Romana es más fuerte que nunca en la historia, cuando se ha conseguido la mayor uniformidad de todos los cristianos... es cuando la fe se ve más cuestionada que nunca, la Iglesia pierde credibilidad, el pensamiento teológico es cada vez más marginal en la cultura dominante, la unión de los cristianos no se consigue, y las crisis en el interior de la misma Iglesia se acentúan, como es el caso de las vocaciones sacerdotales y religiosas, el abandono creciente de católicos que dejan la iglesia, la impopularidad de la institución entre las generaciones jóvenes, la pérdida de los valores éticos en la sociedad y un largo etcétera de cosas demasiado tristes que están sucediendo, sin que se advierta una preocupación sería por buscar remedios eficaces a tal situación.
 

ESTA ORGANIZACIÓN SE NOS PRESENTA COMO ANACRÓNICA, ANTIEVANGÉLICA Y ANTITEOLÓGICA.

Organización anacrónica

El Concilio quiso una Iglesia que se entiende, antes que ninguna otra cosa, a partir de la igualdad fundamental de todos los cristianos y no desde a consideración de superioridad de quienes ostentan el poder. Esta organización es vista hoy en el mundo entero como algo anacrónico, de tiempos pasados, superado ideológicamente por todos e insostenible en la práctica. Hoy se queda uno perplejo cuando el Estado del Vaticano en su reciente constitución del 22 de Febrero del 2000 en el primer artículo dice que el Romano Pontífice es el supremo gobernante del Estado Vaticano que posee plenamente el poder legislativo, judicial y punitivo." La misma persona puede dar una ley y juzgar y condenar al que no la cumple, sin que nadie tenga la posibilidad de defenderse o exigir derecho alguno. Es la última monarquía absoluta que queda en el mundo. Lo cual es aun más grave porque actúa en nombre de Dios y su poder llega hasta la conciencia de cada persona.

Organización antievangélica

Es importante ver como se presenta este tema del poder y la autoridad en el Evangelio. Sobre este tema se nos dicen cuatro cosas importantes, que pertenecen a lo esencial del mensaje de Jesús. 

Primera: El Dios de Jesús se nos ha revelado en un hombre laico, del pueblo, pobre, débil, un hombre que fue calumniado, mal visto por todos los que estaban en el poder, un hombre que se codeaba y se presentaba como amigo de enfermos, pecadores, de las mujeres, de los niños ..., de todas las gentes más marginadas. Este tipo de gente eran los que le entendían y los que le seguían. Los que estaban en el poder lo calificaron como un hombre amigo de pecadores, que pertenecía al grupo de los que no conocían la ley , que estaba maldito y que había que eliminar, porque ponían en entredicho su poder 

Segunda: No quiso el poder. Huyó del poder. En el evangelio aparece repetidamente como Jesús venció la gran tentación de predicar y hacer presente El Reino desde el poder... Sabemos, además, que se enfrentó con todos los que tenían poder en su tiempo, hasta morir como un maldito por esta causa, yo diría que sólo por esta causa. 

Tercera: El gran problema que tuvo con sus apóstoles fue precisamente a causa del poder. Les dijo que era imprescindible para ser alguien en su comunidad hacerlo con ausencia total de poder. Que había que hacerse como niños, como condición absolutamente indispensable para ser un apóstol suyo. Y los niños, en aquella cultura, se singularizaban precisamente por eso: porque eran seres sin derechos, sin poder, sin valor social. Jesús fue tolerante en todo con sus discípulos e intransigente tan sólo en este punto. La palabra poder , y sobre todo las actitudes de los que tienen poder, no pueden casar de ningún modo con lo Jesús quiso en sus discípulos.

Cuarta. Son muchos los que tienen el convencimiento de que la salvación depende del sometimiento y de la obediencia debida a los que están constituidos en poder en la Iglesia: Papa, Obispos y párrocos, superiores de órdenes religiosas etc. .Y Jesús no asoció en ningún momento la salvación al poder de nadie, ni al cumplir normas y precepto impuestos por nadie. La asoció al amor, a la misericordia, al perdón, a la bondad, a la solidaridad con los que sufren, pero nunca al sometimiento de unas personas sobre otras. Nadie, según el evangelio, tiene poder para hablar en nombre de Dios, para establecer obligaciones en nombre de Dios y mucho menos para imponer penitencias o castigos en nombre de Dios.

Organización antiteológica

Hasta el siglo XI la frase "Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" se aplicaba siempre al Colegio episcopal y a cada uno de los obispos, nunca en exclusividad al Obispo de Roma. Es por lo que este texto se leía siempre en la consagración de todos los obispos.
 

CONSECUENCIAS QUE SE DERIVAN DE ESTA SITUACIÓN

Se margina al Pueblo de Dios. El Consejo de Pastoral en la parroquia, el Presbiterio en la Diócesis, la Conferencia Episcopal en el estado son figuras consultivas. Los Obispos serán cómo quiera el papa de turno, los curas como deseen los Obispos y las parroquias tendrá el talante del párroco. Se anula una auténtica participación y correponsabilidad del Pueblo de Dios a todos los niveles. El voto de cada uno de los cristianos, de la comunidad cristiana, no cuenta, o tendrá el valor que quiera darle el jefe inmediato de turno. Es algo que se tendrá más o menos en cuenta dependiendo del talante del jefe de turno inmediato. 

Se anulan los derechos humanos en la Iglesia. En la Iglesia nadie tiene derechos adquiridos. Te pueden quitar de párroco, de profesor, de obispo... con un simple escrito, con una llamada telefónica, de palabra. Y no tendrás a quien recurrir, ni contra quien protestar, porque generalmente la orden te vendrá dada por alguien que nadie tiene que ver en el asunto, que es un mandado de otro. Es más, te considerarás mala persona por el solo hecho de no aceptar en conciencia el monitum recibido. Y esto, por desgracia, está siendo el pan nuestro de cada día. ( nota: puso ejemplo de actualidad escalofriantes)

Se necesitan de cristianos sumisos. Para que funcione este sistema organizativo es necesario elegir para obispos, para curas, seminaristas ... hombres esencialmente sumisos. Persones que acepten sin rechistar, que se sepa que no se van a quejar, que no van a revelarse pase lo que pase, porque amor a la Iglesia, por la obediencia debida al superior, por miedo a ser marginado o excluido etc.

Es la condición sine qua non para ser ordenado sacerdote y más para ser elegido obispo. No es posible ser sacerdote sin haber pasado uno años por el seminario y haber demostrado fehacientemente esta disponibilidad. A cambio se le ofrece las cosas que precisamente negó Jesús a los suyos. Hoy no es raro encontrar jóvenes clérigos que les gusta volver a la dignidad, distinción y rango que es propio de hombres sagrados y consagrados. Que les gusta vestirse de manera distinta a como se viste el común de los mortales (Mc 12,38) a ser venerados en público (Lc 20,46) a ponerse en los primero puestos (Mc 12.39) a ser tratados como personas respetable (Mt 23-7) a dejarse llevar de interese económicos (Lc.16.14) a cargar con fardos pesados las espaldas de lo demás ( Mt.23-4)

Se actúa por miedo. Quizás sea lo más grave de todo. Se actúa más por miedo que por otras motivaciones. Si quieres conservar tu puesto, (párroco, obispo, cardenal, superior) tus clases, tus pequeños logros conseguidos, tienes que pensar muy mucho lo que dices. Y si lo que quieres, aunque sea con la mejor buena voluntad, es ascender, lo mejor es la adulación y la sumisión incondicional. El mayor enemigo hoy para una posible renovación de la Iglesia es el miedo. El miedo nos paraliza, nos bloquea. 

El éxodo masivo de católicos que abandonan la Iglesia. No hay estadísticas, ni puede haberlas. Las grande concentraciones, los grandes eventos religiosos-folklóricos todos sabemos hasta donde son puros espejismos de esta realidad. No se discute, no se polemiza, sencillamente se prescinde de ella como de algo que no interesa.

Se prostituye el mensaje evangélico. Hoy sabemos que el poder, todo poder, y de un modo especia el poder religioso, crea necesariamente, muchas veces incluso de forma inconsciente, intereses que se convierten en rectores del pensamiento y que hacen que se vea la realidad desde otra óptica. Y si ese poder se concentra en un solo hombre y en una institución, La Curia, con un poder como el que e ha descrito, se comprenderá el peligro de que ese mensaje de Jesús nos llegue manipulados por intereses y preferencias no necesariamente evangélicas. Jesús debió tener esta intuición. Por eso dijo que desde los que están constituidos en poder, desde los que están arriba ejerciendo un poder sobre los de abajo, no es posible acceder al conocimiento y al encuentro del Dios de Jesús. Consecuentemente todo el conocimiento de Dios que nos transmiten en su Teología, su Dogma, su ética, sus encíclicas... no pueden reflejar el Dios de Jesús. A todo lo que venga firmado por los poderosos hay que ponerles interrogantes, porque siempre nos va a llegar necesariamente deformado, manipulado, por los intereses de los que están en el poder. Para acceder al conocimiento y al encuentro del Dios de Jesús tenemos que situarnos en solidaridad con los "nepiois": los pobres, los que no tienen derechos, los que no valen, no cuentan, los que lo están pasando mal.

Necesita para legitimarse de un Dios que no puede ser el Dios de Jesús. Se necesita de un Dios omnipotente y justiciero que castiga a los malos y a los buenos también si se descuidan. Un Dios que manda y prohíbe. Un Dios que al que hay que ver como lo presentan sus ministros y que hay que obedecer en lo que mandan sus ministros. Un Dios con el que no te puedes relacionar si no es a través de sus intermediarios. Un Dios que te exige obediencia, sumisión, amor y sumisión incondicional a sus ministros, que se han constituidos en representantes suyos, los que dicen ser su voz, con poder para dirigir la vida de muchos y los únicos puentes, la medida de tu fe, se medirá por el respeto, amor, sumisión incondicional a los que ostentan el poder y sobre todo al que ostenta el poder supremo.
 

¿QUÉ HACER?

El Concilio quiso una Iglesia, comunidad de comunidades, en la que todos son y se sienten responsables, porque pueden participar y de hecho participan en su pequeña comunidad en lo que se piensa , se dice y se decide. Una Iglesia que todos por igual sienten y viven como propio, como algo que les concierne vivamente y en lo que se sienten comprometidos. Una Iglesia en la que el clero no acapara y menos monopoliza el poder de pensar, de decir y de decidir

No se puede decir que la Iglesia va bien porque en ella haya un Papa ejemplar y clarividente que arrastra con su ejemplo, su poder de convocatoria, la excelencia de su doctrina o el vigor con que impone sus decisiones. Ni tampoco es más bella porque los Obispos que se nombran son hombres de gran calidad espiritual, teológica y humana. Y menos depende de la bondad de sus sacerdotes y religiosos. Todos ellos son necesarios pero la Iglesia irá bien en la medida en que haya más y mejores cristianos creyentes. Hombres libres, que aman y trabajar por hacer presente el Reino.

En una comunidad que se llame cristiana no puede haber unos por encima de otros, unos que mandan y otros que obedecen. Todos somos por igual sacerdotes, profetas y reyes Tendrá que haber siempre, como en todo grupo humano, quien oriente, guíe, coordine, presida... pero siempre desde una actitud de servicio a la comunidad, nunca jamás, bajo ningún concepto, como el que ordena y manda, como el amo del cortijo.

La obediencia y el consiguiente sometimiento, no ya sólo a Dios, sino además a un ser humano al que hay que aceptar como «voz de Dios", mande lo que mande (con tal de que lo que mande no sea pecado), es lo más opuesto al sentido de la libertad y responsabilidad inalienable que hoy tiene el común de los mortales.

En la Iglesia habrá más libertad, no en la medida no que los la dirigen y gobiernen nos la vayan concediendo en asuntos concretos, sino en cuanto los cristianos seamos capaces de vivir en la libertad de los hijos de Dios y obrar en consecuencia No hemos entendido lo más nuclear del Concilio cuando aceptamos sin más, que los que entienden y saben de Dios y los que tienen capacidad de tomar decisiones en cuestiones de Iglesia son los Obispos y los sacerdotes, y que los laicos lo que tienen que hacer es aprender, aceptar, obedecer y cumplir.

Somos muchos los creyentes que dan más importancia a la observación de la leyes, a la fidelidad a unos superiores, a lo que dice el cura, el obispo... que a la fidelidad a la propia conciencia y al cariño entre las personas y crean así a su alrededor ambientes, no de vida, sino de muerte..

En la Iglesia todo poder que pretenda utilizarse para cosas que vayan en contra del Evangelio, que no sirve para asegurar el respeto a las personas, los derechos humanos de las personas , la dignidad de cualquier persona, no puede ser un poder que viene de Dios y no podemos sentirnos obligados a aceptar sus exigencias. 

El Concilio dijo que nos unifica a todos por igual en la Iglesia es la libertad. Pero no una libertad cualquiera sino "la libertad de los hijos de Dios", es decir, de la libertad "que rechaza todas las esclavitudes y respeta santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisión". Es una libertad que "se enfrenta a las incontables esclavitudes que oprimen a las personas en la Iglesia y en el mundo contemporáneo" "No es una libertad que se nos da, sino más bien una libertad que conquistamos, que brota desde dentro de uno mismo, de la propia conciencia". No es una libertad para "hacer lo que nos da la gana" sino para "luchar contra todas las formas de esclavitud que oprimen a los seres de este mundo" Libertad que brota de la "dignidad de la conciencia y de su decisión libre" no de preceptos y obligaciones impuestos por otras personas.

Y estamos favoreciendo el clericalismo cuando nos preocupa el denunciar al Papa, a los obispos, al párroco. Cuando nos quejamos y les culpabilizamos, porque creemos que son ellos quienes tienen que ir cambiando las cosas. Con ello lo que conseguimos es hacerlos el centro, lo más importante en la Iglesia, les damos una importancia que el Concilio no quiso que tuvieran en el Pueblo de Dios. .

Favorecemos igualmente una Iglesia clerical cuando luchamos porque las mujeres sean sacerdotes o los curas casados vuelvan al rol y al puesto que dejaron, pues con ello lo que se consigue es potenciar el sistema clerical existente. Más que más clérigos, se necesitan hombres y mujeres capaces de crear, presidir, animar, formar, coordinar... pequeñas comunidades de creyentes..

El poder religioso pertenece a ese tipo de poderes, de autoridad, que aceptamos de forma voluntaria y libre, porque es algo que le queremos dar a personas concretas por motivaciones generalmente religiosas. El que tiene poder religioso lo tiene para las personas que por motivaciones religiosas o por otras motivaciones le dan ese poder. Y no tiene poder ni autoridad para el que no es religioso o tiene otras motivaciones personales que le quitan ese poder. Por ello a todo lo que nos llegue desde el poder hay que ponerle interrogantes, porque es muy posible que los intereses del poder estén deformando el mensaje

El cristiano tiene en este tema un principio incuestionable: ninguna autoridad tiene poder ni autoridad para mandar cosa alguna, que esté en contra del mensaje de Jesús. Nadie tiene en la Iglesia poder ni autoridad para mandar o disponer nada que esté en contra del Evangelio. Consecuentemente cuando estoy obedeciendo, aceptando, siguiendo lo que en un momento determinado me dice una autoridad religiosa que creo que está en contra del Evangelio le estoy concediendo un poder que no tiene. Cuando estoy colaborando en movidas de Iglesia que están en contra de lo que nuclear e indiscutible en el Evangelio soy tan culpable como ellos en que esa situación se mantenga.

Lo decisivo hoy es que, efectivamente, haya personas en la .Iglesia que vivan de tal manera que, por su misma forma de vivir, representen una interpelación, una llamada y un estímulo para el común de la gente. Ése fue el papel que cumplieron los mártires y las vírgenes en la Iglesia primitiva. A partir del siglo IV, fueron los monjes del desierto y más tarde las grandes órdenes religiosas en sus diversas formas y según el carisma de cada grupo. En este sentido, se puede y se debe decir que la vida religiosa es ahora más necesaria que nunca. 

Cuando los grandes ideales, las grandes palabras, los grandes relatos y las utopías se hunden, arrasados por el huracán de la globalización y por la posmodernidad, se hace más apremiante que nunca la presencia, en la sociedad y en la Iglesia, de personas que digan algo distinto, radicalmente distinto, de las consignas que nos dicta a todas horas el «pensamiento único», esa forma de ver la vida que lo ha reducido todo a mercancía, bienestar y satisfacción plena, sin otro horizonte que la garantía de estar siempre como estamos. o mejor de lo que estamos, con tal de no salirse de lo establecido, resignadamente acomodados al sistema que se nos ha impuesto. Desde este punto de vista, la vida religiosa, con los tres votos de castidad, pobreza y obediencia y o sin ellos, tendrían que constituirse por grupos de personas libres, con la libertad de los hijos de Dios, que se quieren y quieren de verdad, y que hacen de su vida un grito de protesta - en la Iglesia y en la sociedad -, contra las incontables formas de agresión contra la vida y la esperanza que se cometen a diario por todas partes. 


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