TEXTO
Página anterior
   - Respuesta de las comunidades cristianas populares de Euskadi
- Respuesta del consejo de redacción de la revista Herria 2000 Eliza

CARTA ABIERTA

A comunidades cristianas populares de Euskadi

-
Escribimos fraternalmente a comunidades cristianas populares del País Vasco, coordinadas con el movimiento de comunidades y próximas a la revista Herria 2000 Eliza, con las que nos une la fe en el evangelio de Jesús y la comunión en la Iglesia de base.

Durante años hemos tratado de ser comprensivos y pacientes con vosotros, cuando observamos actitudes que no siempre acabamos de entender, sobre todo en lo referente a determinadas opciones políticas radicales que soléis expresar.

No es que nos parezca reprochable el radicalismo como tal, en la vida y en las ideas, cuando es compatible con el amor al prójimo y sus exigencias. Lo que no entendemos bien es una radicalización que conduce sistemáticamente a polarizar toda la problemática en la cuestión del «conflicto» vasco y que desemboca en promover prioritariamente ideas y estrategias coincidentes con las de Herri Batasuna/Euskal Herritarrok y ETA. Así se observa y documenta, a lo largo de los años, en publicaciones como la revista Herria 2000 Eliza, y en libros como, por ejemplo, Creer en Euskal Herria. Nos parece muy grave constatar que, en no pocas ocasiones, se lleva a cabo una legitimación directa o indirecta de la violencia, es decir, de los atentados terroristas.

Esto último no lo podemos compartir en absoluto. Tampoco nos resultan convincentes ciertos esquemas ideológicos y teológicos que se traslucen en ese discurso legitimador.

En el trasfondo, se advierte una apropiación de la idea veterotestamentaria de «pueblo elegido», que viene a ser identificado simbólicamente con una entidad étnico-nacionalista, como sector privilegiado, en contraposición con el resto de la población que compone el conjunto plural de la sociedad y la ciudadanía. Una interpretación así contribuye menos a la reconciliación que a plantar un germen de enfrentamiento civil. Además, se suele proyectar la imagen bíblica del «pueblo oprimido», con la que se refuerza una idea de «liberación» convertida en causa sagrada a la que uno ha de entregarse generosamente.

Nuestra pregunta, después de leer a los analistas más imparciales y de pensarlo detenidamente, es hasta qué punto, en Euskadi, esa supuesta opresión no pasa de ser imaginaria. Pues parece innegable que se han producido hechos positivos relevantes, entre 1997 y 2000: desde la amnistía general al concierto económico que deja en manos del Gobierno vasco la totalidad de la Hacienda, y todos los pasos dados que han permitido consolidar en Euskadi un autogobierno con competencias superiores a las de cualquier Estado federado de los que existen en el mundo. Más aún, en un contexto donde hay establecido un sistema de libertades propio de un Estado de derecho y donde se da un continuado autogobierno nacionalista, desde hace más de veinte años, se diría sin faltar a la verdad que la única opresión constatable actualmente es la que impide la libertad de expresión a los no nacionalistas: la de las amenazas y extorsiones, la de las agresiones callejeras a personas y propiedades y, sobre todo, la de los asesinatos.

No podemos seguir callando más. Creemos nuestro deber llamar la atención a las comunidades cristianas de Euskadi y sentirnos libres para expresaros lo que pensamos, si es que se puede hablar con libertad entre nosotros: Cada cual es muy libre de adoptar la orientación que le parezca, pero ningún grupo cristiano consciente debería prestar su apoyo a proyectos políticos que legitimen el terror, o que tiendan a coartar los derechos de aquella parte de la sociedad que piensa de otro modo. Es más propio del compromiso de los cristianos el promover el diálogo y la tolerancia, el respeto al pluralismo político, a los derechos humanos de todos y a las vías democráticas y pacíficas. Y por eso mismo, estar en contra de toda discriminación en el seno de la sociedad por motivos étnicos o ideológicos.

A veces nos preguntamos qué clase de formación es la que se imparte, cuando sus efectos llevan a «creer» tan entregadamente en una mitología de la identidad, hasta el extremo de manifestarse dispuestos a sacrificar la posible convivencia actual, la basada en la aceptación de la pluralidad sociocultural real de la población vasca. ¿No sería preferible educar en un modelo cultural que prevenga la violencia y que desarme en los espíritus el racismo, la xenofobia y el odio al adversario político? La historia reciente, en varios lugares del mundo, nos enseña cómo el exclusivismo étnico destruye a personas, barrios, ciudades y sociedades enteras.

Por último, opinamos que, evangélicamente hablando, no es lícito trasladar la categoría simbólica de «pueblo de Dios» a ningún sector social particular ni a ninguna población étnicamente definida, propendiendo así a un mesianismo zelota y no cristiano. Por el contrario, debe reservarse sólo para la nueva humanidad, cada ser humano y la sociedad humana global, llamados por Cristo a la salvación, sin exclusiones. Darle otro giro significa la distorsión y el fracaso de la teología de la liberación que nos ha inspirado y debería seguir inspirándonos, frente a ciertas filosofías de la diferencia, que en el fondo vienen a disolver el universalismo cristiano y a entorpecer la construcción de un mundo que armonice la unidad y la diversidad.

Sólo hemos tratado de ser sinceros con vosotros, como muestra de nuestra voluntad de diálogo, al que estamos abiertos fraternalmente.

                                               Granada, 3 de junio de 2000

                                               Comunidades Cristianas Populares, de Granada


Esta carta se hizo pública, primero, por correo ordinario y electrónico a varias direcciones de las comunidades vascas. Posteriormente se distribuyó a comunidades y medios de la Iglesia de base, y de forma masiva.

Luego la carta se presentó en la coordinadora Comunidades Cristianas Populares de Andalucía, celebrada el 24 de junio 2000. Después de la lectura y el análisis del documento, dicha coordinadora acordó: Asumir el texto de la carta como propio y por lo tanto como firmante del mismo. Enviarla a la revista Utopía para hacerla pública como comunicación de Andalucía. Y hacerla llegar a la coordinadora estatal para que conociera, además de su contenido, el apoyo de la coordinadora andaluza al texto, y para que, si llegaba el caso, adoptara su propia decisión al respecto.



Página principal