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- Diez tesis sobre Euskadi
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CONTESTACIÓN A 'DIEZ TESIS SOBRE EUSKADI'

A los amigos de Cristianismo y Justicia

POPE GODOY
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Os dije en otra ocasión que quizá me animara a expresar mi punto de vista sobre alguna de vuestras publicaciones. Espero hacerlo sobre algunos temas que me han suscitado reflexiones y sugerencias. Pero voy a empezar por el último, porque es más actual: Diez tesis sobre Euskadi.

A la primera lectura me gustó. Me pareció una reflexión sosegada y ecuánime. La cita de Antonio Machado es un broche provocativo y magnífico. Sin embargo, al terminar de leer experimenté un cierto sentimiento de malestar y de incomodidad. Volví a leerlo y lo dejé. Al cabo de unos días he vuelto a leerlo. Es posible que hayan aflorado ahora las razones de aquel malestar difuso cuando terminé la primera lectura. Os digo las reflexiones que me ha provocado.

1. No escapo a la sensación de que en más de un párrafo aparecen casi al mismo nivel las víctimas y los verdugos: "las dos fuerzas enfrentadas" (nº 2), "se produce una doble radicalización"(nº 3). ¿Me queréis decir qué significa "atreverse a mirar al otro a los ojos" (nº 7) cuando hay una pistola por medio? ¿Qué mirada puede haber entre quien apunta y quien se sabe apuntado? Por supuesto que desde una actitud cristiana puede haber perdón absoluto para quien me dispara. Pero, dejando aparte las actitudes estrictamente personales, aquí se pretende realizar un análisis político y unos comportamientos colectivos que ayuden a superar la crisis.

2. Vuestro escrito reduce y concentra la "polémica", por decirlo así, entre ETA y el gobierno español de forma exclusiva. Ni una sola vez mencionáis el gobierno vasco. ¿Es que el gobierno autónomo no tiene nada que decir? ¿Ni nada que hacer? El silencio resulta mucho más sorprendente porque, por otro lado, habláis de "la negativa a la plena aplicación del Estatuto y el cumplimiento de todas las transferencias previstas en él" (nº 8). Por cierto, sería bueno que alguien relatara esa cuarentena de transferencias no realizadas para poder calibrar en qué medida afectan a la marcha política, económica y social de Euskadi. Hasta ahora nadie me las ha dicho. 

3. Habláis (nº 8) de "una serie de ofensas inferidas a Euskadi por el gobierno español". Ya la palabra "ofensa" resulta cuando menos chocante. Pero, de todos modos, sería conveniente poner también la otra cara de la moneda. En concreto que Euskadi goza del mayor nivel de autonomía entre las CC.AA. Que ya quisiera la propia Cataluña alcanzar ese nivel. Que Euskadi se benefició de un apoyo descarado por parte del gobierno español para colocarse en primera fila del crecimiento económico ¿Por qué se calla ese otro aspecto? Pero hay más: ¿Nos ponemos todos a recordar "las ofensas inferidas"? ¿Recordamos que Andalucía perdió más de un millón de habitantes durante la década de los sesenta? Por cierto, que 50.000 de ellos emigraron a Euskadi. ¿Recordamos que las divisas aportadas por la emigración andaluza en el extranjero fueron obligatoriamente trasladadas hacia las áreas preferentes de los Planes de Desarrollo: Madrid, Cataluña y Euskadi? ¡Por favor! Este complejo de agravio y ofensa resulta enfermizo. Y algo mucho más importante: cualquier alusión a cualquier posible agravio significa un apoyo objetivo, aunque indirecto, a ETA. Significa una confirmación de lo justificadísimo de sus razonamientos.

4. Hay un párrafo absolutamente sorprendente (nº 7): "Si se tomara la decisión de 'aprovechar' la criminalidad de ETA como peldaño para que una fuerza no nacionalista se encaramara al poder, sería una decisión moralmente rechazable". ¡No entiendo nada! Vamos a ver: si un partido nacionalista utiliza la misma estrategia, ¿sería moralmente rechazable? Porque ese partido nacionalista puede argumentar perfectamente que la criminalidad de ETA sólo puede ser combatida o superada desde el nacionalismo "civilizado", por decirlo así. Pero ¿es que otro partido no puede argumentar que después de tantos años de gobiernos nacionalistas no ha sido posible acabar con ETA y que, precisamente por eso, se impone la necesidad de una alternancia en el gobierno? Este planteamiento ¿es moralmente rechazable? Creedme, no entiendo nada.

5. Habláis de diálogo sobre todo en el nº 7 y, por otra parte, decís que "ETA no quiere dialogar" (nº 9). De nuevo percibo aquí una especie de paridad entre víctimas y verdugos. Pero hay algo más profundo: en mi opinión, cualquier apelación indeterminada al diálogo, en las actuales circunstancias, significa un apoyo objetivo a ETA. Significa crear la expectativa de que su violencia y sus asesinatos van a conseguir objetivos políticos. Es decir, el asesinato tiene sentido y tiene justificación. Si en vuestro planteamiento de diálogo subyace la ambigüedad de que hay que realizar concesiones políticas para que cese la violencia, entiendo que es una postura inaceptable tanto desde un punto de vista ético como político. 

5.1. A estas alturas de la historia, con esta democracia que tenemos (todo lo insuficiente que queramos, pero también todo lo real) y con la creciente sensibilidad hacia los derechos humanos, no puede aceptarse en modo alguno que la violencia sea un instrumento para conseguir objetivos políticos. Significaría una perversión ética y un envilecimiento de toda la sociedad.

5.2. Las eventuales concesiones entregadas a cambio del cese de la violencia no ofrecen ninguna garantía de que vayan a ser respetadas. Seguiremos con la amenaza latente y la violencia actuaría como gendarme y garante de la nueva situación. Vamos, un auténtico suicidio político. 

6. Habláis de que la actuación contra ETA no puede reducirse a mera acción policial. ¡¡Por supuesto!! Pero justamente en este tema tan crucial no avanzáis más. Os limitáis a vuestra apelación al diálogo. Pienso que habría que "mojarse" más. En concreto, tengo la osadía de presentar algunas otras medidas: 

6.1. Hay que apostar por el aislamiento político y social de la violencia. Un cambio social necesario es que el sector violento de la sociedad vasca llegue a encontrase como acorralado, avergonzado y humillado, en lugar de ir, como ahora, con la cabeza levantada y amenazante. ¡Esta es una tarea política y social que es necesario emprender! La sociedad vasca debe recuperar su propia dignidad personal y colectiva frente a la violencia.

6.2. Hay que cambiar muchos contenidos de la enseñanza y de la educación. Es necesario superar el victimismo y la falsificación histórica. Aquí sí que es indispensable el diálogo para superar los estereotipos, los odios y los radicalismos, apostando por esa sociedad plural que es Euskadi y que necesita convivir pacíficamente con todas las tensiones que lleva inherentes.

6.3. Otro tema, a pesar de la crispación actual y de lo "improcedente" de la propuesta. Es muy conveniente que la sociedad española, y muy especialmente la vasca, se vaya preparando con grandes dosis de generosidad y de magnanimidad para incorporar a las personas, actualmente verdugos, pero que deberían gozar de amplios indultos en el caso de que abandonen sincera y definitivamente la violencia. Tema peliagudo que es necesario ir abordando desde ahora, con delicadez y discreción, precisamente para transmitir a la sociedad la doble conciencia de que podemos acabar con la violencia y de que la generosidad es una garantía de estabilidad y cohesión para el futuro.

6.4. Del otro lado, también es importante transmitir a los sectores violentos que no hay absolutamente ninguna salida mediante la violencia: ni salida política, ni salida social, ni un futuro para su gente encarcelada. Al contrario, el abandono definitivo e incondicional de la violencia puede facilitar una salida medianamente airosa para todas las personas encarceladas. El doble juego de magnanimidad y firmeza es una tarea que depende de todos los sectores políticos y sociales.

7. No me alargo más. Me identifico con vuestra condena de ETA "sin paliativos ni excusas" (nº 1). Pero echo de menos un paso más, que sería absolutamente exigible desde una perspectiva cristiana. Ya sabemos que el fin no justifica los medios. En eso os quedáis: el fin es una "causa legítima" (nº 1), pero los medios son inaceptables. Pienso que deberíamos ir más allá. No son separables el fin y los medios, sino que marchan indisolublemente unidos. Es decir, la utilización del asesinato, la extorsión y la violencia corrompe radicalmente cualquier proyecto político hasta su más profunda degradación intrínseca. Asumo como planteamiento ético y político la certera formulación de Gandhi: el fin está en los medios como el fruto en la semilla. Echo de menos esta voz profética en vuestro escrito. Porque, al final, 

NO HAY CAMINOS PARA LA PAZ, LA PAZ ES EL CAMINO

Andújar, 23 marzo 2001


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