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    - Respuesta del consejo de redacción de la revista Herria 2000 Eliza

RÉPLICA 
Al consejo de redacción de Herria 2000 Eliza

POPE GODOY

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He leído vuestra carta a las Comunidades Cristianas Populares de Granada. No entro en un tema que desconozco, pero al final de vuestro escrito proponéis un posible tema de reflexión y de debate: "¿Euskal Herria es o no es un pueblo con su derecho a decidir su futuro sin injerencias?". Y varias preguntas más relacionadas con el tema. Sin menospreciar la cuestión planteada, entiendo que existen unas preguntas previas de hondo calado ético, político y social, que exigen nuestra reflexión como punto de partida y como punto de llegada hasta aterrizar en las cuestiones que presentáis.

En concreto, las cuestiones que pongo sobre la mesa como motivo de reflexión y debate son las siguientes:

- ¿Se puede defender un proyecto político mediante la violencia y el asesinato? No me refiero a un planteamiento teórico abstracto, sino en el contexto de nuestra realidad democrática actual, por muy imperfecta que nos parezca.

- ¿Están justificadas la bomba lapa, el tiro en la nuca o el coche bomba como instrumentos adecuados, convenientes o incluso necesarios para obtener un fin político?

- ¿Se puede establecer diferencia entre los fines y los medios? Los propios fines ¿no quedan condicionados, engrandecidos o envilecidos por los medios empleados?

- ¿Compartimos la afirmación de Gandhi de que los fines están contenidos en los medios lo mismo que la semilla contiene el fruto?

- Por tanto, el proyecto político final, ¿no se pervierte y se degrada intrínsecamente al ser defendido por medios violentos y degradantes?

- Desde la perspectiva nacionalista, ¿no es de vital importancia distanciarse de la violencia, con posturas nítidas, radicales, continuadas e inconfundibles precisamente para que la violencia no deslegitime ni envilezca el proyecto político nacionalista?

Estas y otras muchas preguntas en torno a la cuestión que planteáis son las que yo me vengo haciendo desde hace tiempo. No debo alargarme más. Aquí vemos las cosas desde fuera, es cierto. Pero echamos de menos y lamentamos muy profundamente que no nos lleguen posicionamientos diáfanos y enérgicos contra la violencia por parte de grupos cristianos. Quizá los haya, pero el sentimiento general es que existe más bien un silencio que si no es cómplice, es al menos pasivo.

Desde nuestra perspectiva cristiana, todas y todos tenemos la responsabilidad de establecer un cerco implacable a la violencia, hasta conseguir su aislamiento absoluto en todas las fronteras: la ética, la política, la social y la nacionalista. Después podremos discutir de todos los demás temas.

Andújar, 25 marzo 2001


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