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     - Respuesta de las comunidades cristianas populares de Euskadi

RÉPLICA A LA RESPUESTA DE LAS COMUNIDADES CRISTIANAS POPULARES DE EUSKADI
A LA CARTA ENVIADA POR LAS COMUNIDADES DE GRANADA

Pluralismo cristiano

POPE GODOY
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He leído con sumo interés la carta abierta que envían las Comunidades Cristianas Populares de Euskal Herria (Alandar, nº 172), en respuesta a la enviada por Comunidades Cristianas Populares de Granada (Alandar, nº 170). Reconozco que he ido disfrutando de su lectura cuando afirman que en ellas "hay personas militantes en opciones políticas diversas" y cuando formulan claramente su apuesta por la no violencia "como el mejor método para superar toda violencia". No estoy en condiciones de saber en qué medida se les puede asignar a estas Comunidades lo del "abertzalismo radical" de que algunos autores las acusan y del que ellas se defienden.

Confieso, sin embargo, que me ha desconcertado el punto 4º de la carta. Si entiendo bien lo que allí se dice, las CCP vascas apuestan claramente por el ámbito vasco de decisión y por el derecho de autodeterminación "para que este pueblo decida libremente lo que quiere ser políticamente". Esta opción política nacionalista es absolutamente legítima y merecedora de todo respeto democrático. Sin embargo, el motivo de confusión es que se vincule esta opción nacionalista a una opción cristiana. El hecho mismo de llamarse "Comunidades Cristianas Populares de Euskal Herria" (al principio no caí en la cuenta de este detalle) significa la delimitación de un territorio desde una perspectiva partidista claramente definida. Legítima, insisto, pero no exclusiva. 

Lo que yo he sacado en claro, como resumen, es que estas comunidades podían llamarse "Comunidades Cristianas Populares Nacionalistas de Euskal Herria". Se trataría de un error tan garrafal, desde el punto de vista cristiano, como si surgieran otras CCP que pudieran llamarse "Comunidades Cristianas Populares No Nacionalistas del País Vasco". Es decir, vincular una opción partidista a una opción cristiana significa una peligrosa instrumentalización de la fe, al servicio de intereses partidistas. La historia está llena de estas perversiones y cada colectivo y hasta cada persona sufrimos la tentación permanente de identificar nuestras propias ideas y nuestras opciones personales y/o colectivas con opciones evangélicas.

No dudo de que en esas Comunidades Cristianas Populares haya "personas militantes en opciones políticas diversas", pero lo que está claro es que todas se mueven dentro de planteamientos nacionalistas. Esta característica conlleva un penoso componente de exclusivismo. Para mí, como cristiano, me resultaría terriblemente dramático que no pudieran convivir en una misma comunidad cristiana personas con opciones políticas nacionalistas junto con otras no nacionalistas. Porque la línea divisoria cristiana no es ni remotamente ésa. Muy al contrario, la experiencia de convivencia y de mutua interpelación desde la fe sería una magnífica referencia de diálogo, aparentemente imposible, y una apuesta por respetar posiciones confrontadas políticamente. Puede no llegarse a posiciones comunes, pero lo que está claro es que ninguna opción puede pretender invocar o poner el Evangelio de su parte.

Andújar, 3 diciembre 2000.


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