DOCUMENTO Página anterior

El purgatorio, una idea humana

ÁNGEL RIVAS VARGAS
 

  El purgatorio es una idea aceptada y defendida en la Iglesia Católica actual (aunque en otro tiempo no), a la mayoría de los creyentes imagino que les resultará una idea "cuchara" (que ni pincha ni corta), a otros una doctrina necesaria y por lo tanto importante, y para algunos como yo una creencia que plantea serios problemas con el Evangelio. Primeramente he de remarcar que no pretendo en este artículo meterme en meditaciones abstrusas filosóficoteológicas, sobre la muerte y la necesidad o no del denominado purgatorio, sino dar una opinión breve, esquematizada, a la luz del evangelio y con la confianza en el Espíritu de la verdad, sobre el hecho de la existencia o no de ese lugar, y sus consecuencias. Para ello expondré la versión oficial sobre el asunto, sus argumentos, y un breve resumen histórico; el resto del artículo está dedicado a valorar dichos argumentos, y a razonar otros. 
 

Introducción

Es una idea compartida dentro del catolicismo que la "gloria de Dios" se manifestó en una muerte (Jn 13, 31), sin embargo ésta no casa con la idea común entre los cristianos de la muerte como tragedia. Humanamente, ¿qué voy a decir sobre lo duramente emotivo que es para cada hombre el fallecimiento de un ser querido?, pero esa emoción, sólo puede ser por sentirse conmovido ante el ser humano; débil y mortal, emoción que Jesús mismo sintió (Jn 11, 35). Nadie que se tenga por seguidor fiel de Jesucristo debe cambiar ese sentimiento por la tristeza reflejada en el llanto desesperanzado símbolo de un dolor extremo (1 Tes 4, 13). Ese dolor no lo sintió el Señor por Lázaro (¿de qué otra forma es posible teniendo intención de resucitarlo?). En vez de quedarse consolando con buenas palabras, como los judíos que fueron a visitar a Marta y a María (Jn 11, 19), devolvió a Lázaro a la vida, para que todos los de allí creyeran que su mensaje de amor supera a la muerte (Jn 11, 4.25.41-42). 

La muerte expresada como vida no debe ser más que motivo de alegría, como unos padres sienten alegría por un hijo cuando se casa, pero a la vez se conmueven debido a la nostalgia de los tiempos vividos en familia que han acabado. De este modo debe ser nuestra actitud ante la muerte física, que no es más que un cambio de vida hacia la vida plena y eternamente gozosa con la que nos quiere recibir nuestro Padre en su reino. 

A mí me llama la atención la existencia del purgatorio ante esta propuesta de Jesús. Vayamos por partes: 

- ¿Qué es el purgatorio? La Iglesia católica enseña en su catecismo (nn. 1130-1131), que "Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final" 

- ¿Hay alguna referencia evangélica directa sobre la necesidad del purgatorio? Referencia directa no hay ninguna, las referencias bíblicas que clásicamente expone la Iglesia para argumentar la necesidad de existencia del purgatorio son las de: 2 Mac 12, 43-46; Mt 12, 32; 1 Co 3, 10-15, y conjuntamente 1 Jn 5,16 y Ap 21, 27. 

- ¿Cuándo surge entonces la idea del purgatorio en la Iglesia? La referencia directa más antigua que he encontrado acerca del purgatorio se remonta hacia el año 600, cuando el papa Gregorio Magno se plantea la posibilidad de la existencia de este "tercer" estado de vida después de morir. Posteriormente se asentó la doctrina del purgatorio en los concilios de Florencia (año 1439, cf. DS 1304) y de Trento (años de 1545 hasta 1563, cf. DS 1820; 1580) principalmente. 

No obstante, hay que decir que ya los origenistas, habían sustituido la idea del infierno eterno, por otra idea (muy parecida a la del purgatorio) en la cual afirmaban que el infierno era sólo temporal, hasta que los castigados enmendaran su culpa; doctrina que condenó San Agustín en su obra A Orosio, contra los priscilianistas y origenistas, en el año 415. También en la Grecia antigua hay un par de alusiones a lugares del estilo al purgatorio, Virgilio en el sexto libro de la Eneida habla de un lugar donde se purgan las almas: "Se ven esos espíritus puros agitarse en los aires a la merced del viento, o ahogados en las aguas o quemados en las llamas: de este modo las almas se limpian y se purgan", Platón expresa una idea parecida en un fragmento de su obra La República, y hay alguna que otra referencia por el estilo en la escuela Estoica. Posteriormente Santa Catalina de Génova a finales del siglo XV escribe un tratado sobre el purgatorio, en él se plantea la necesidad de una purificación en vida, y ante la ausencia de tiempo en ésta, la continuidad en la otra; sobre las purificaciones en vida habla también de un modo parecido San Juan de la Cruz en el siglo XVI, y también se muestra fiel seguidor de la idea del purgatorio San Francisco de Sales (1567-1622), por citar sólo a unos pocos. 
 

Análisis de los textos bíblicos

A continuación paso a analizar, con toda la sinceridad que puedo y reconociendo mis limitaciones de formación, cada uno de los textos mencionados anteriormente, los cuales se utilizan para argumentar la creencia en el purgatorio. Las fuentes pueden consultarse en la bibliografía. 
 

Mateo 12, 32:

"Es decir, al que hable en contra del Hombre se le podrá perdonar, pero el que hable en contra del Espíritu Santo no tendrá perdón ni en esta edad ni en la futura." 

La Iglesia católica utiliza la última parte de esta frase para argumentar que en una edad futura se perdonarán pecados, refiriéndose a después de la muerte. Ante este hecho hay dos caminos; primeramente está claro que la palabra clave es edad, en griego a„èni, también traducible por siglo, o por tiempo. El primer camino es tomarse la frase del Señor como una expresión por oposición de contrarios, de modo que vendría a expresar la imposibilidad de Dios de perdonar al que habla en contra del Espíritu Santo ante la negativa de éste a recibir el perdón (por cerrarse al Espíritu Santo); en este sentido sería similar si sustituimos la frase de "ni en esta edad ni en la futura" por la frase nuestra más común "ni ahora ni nunca", sin querer expresar con ello un perdón en otra era, sino simplemente que nunca podrá perdonar Dios a alguien mientras éste se niegue. Expresar la totalidad por la oposición de contrarios es común en las lenguas semitas y el mismo Jesús la usa en el pasaje con la samaritana en el pozo: "Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén" (Jn 4, 21). El segundo camino es aceptar la frase del Señor literalmente, en tal caso es razonable aceptar que se perdonarán pecados en una edad futura (otra vida), el problema es que si traducimos literalmente, traducimos mal, así el paralelo de San Marcos (Mc 3, 29) no deja lugar a esta traducción literal. Pero de todas maneras, lo que no dice el texto es cómo se perdonarían pecados en otra vida, sin embargo ya San Mateo venía contando como perdonaba el Señor (Mt 9, 2). 
 

1 Corintios 3, 10-15:

"Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, pero otro levanta el edificio. Ahora que atención cada cual a como construye; porque un cimiento diferente del ya puesto, que es Jesús Mesías, nadie puede ponerlo, pero encima de ese cimiento puede uno edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja. Y la obra de cada uno se verá por lo que es, pues el día aquel la pondrá de manifiesto; porque ese día amanecerá con fuego y el fuego pondrá a prueba la calidad de cada obra: si la obra de uno resiste, recibirá su recompensa; si se quema, la perderá, él sí saldrá con vida, pero como quien escapa de un incendio." 

De aquí toma la Iglesia la idea del fuego purificador, la última parte de este trocito de la primera carta a los corintios habla de un fuego que purificará, para ser más exactos la palabra griega es dokimásei, que se debe traducir por probar, examinar o juzgar, qué es muy distinto de purificar, la obra de cada hombre, pero que no acabará con el hombre, simplemente le reportará o una recompensa o un "quemazón". 

Es extraño que San Pablo se esté refiriendo al juicio final con esta frase, en primer lugar porque está muy alejada de las alusiones al juicio final que hizo el mismo Señor, por ejemplo la de Mt 25, 31-46, Él hablaba de dos estados: la vida eterna y el suplicio eterno (v. 46), y San Pablo habla de una recompensa (presumiblemente la vida eterna) y un "quemazón" que pasará, que no es eterno. Por otro lado si con este "quemazón" San Pablo se está refiriendo al purgatorio, si está hablando del juicio final, ¿dónde se ha dejado el infierno? ¿Es que no contemplaba la posibilidad de una pena eterna? (como los discípulos de Orígenes citados anteriormente). Por ello tiendo a pensar que se está refiriendo a otra cosa. 

Es importante darse cuenta del contexto y del símil del edificio que está poniendo, así el fuego sólo puede estar dentro del símil, es decir, se somete al edificio a una prueba (que no purificación), y esa prueba se simboliza incendiando el edificio. Sinceramente, a mí me parece claro que San Pablo está hablando únicamente del apostolado; era a lo que venía refiriéndose (vv. 49). Es decir: él es el arquitecto que en este caso pone el cimiento, que es Jesús Mesías, y cada uno edificamos sobre Jesús Mesías nuestro apostolado. Atención que nadie quiera apostolar sobre un cimiento distinto al de Jesús Mesías. Ahora, sobre él podemos apostolar de muchas maneras; bien o mal, y nuestra obra de apostolado se verá por lo que es, pues un día se pondrá a prueba, pero a prueba humana. Por ejemplo, si la comunidad obra de nuestro apostolado es tan inquebrantable que ningún fuego humano (persecuciones, desprecios, insultos, condenaciones, ejecuciones, etc.) puede acabar con ella, recibiremos una recompensa. Sin embargo si la obra de alguien cede ante el fuego humano, no morirá él, pero su sensación será de vacío, como quien escapa de un incendio; es decir, dejando atrás un edificio derruido, una obra hecha escombros. El mismo San Pablo en el v. 8 dice que su recompensa por el apostolado, se medirá dependiendo de lo que haya trabajado. 

Para los que sean fieles de la lingüística les diré que los términos griegos que utilizan los evangelistas y el mismo San Pablo para referirse al juicio divino son: kríno como verbo y el sustantivo correspondiente como krima; véase: Mt 19, 28; Jn 12,47-48; Rm 2, 16. Sin embargo el ya mencionado verbo que usa aquí San Pablo, dokimaso y el sustantivo correspondiente dokimasía refiriéndose poner a prueba, lo he encontrado en los demás casos que se traduce por probar o juzgar en las cartas de San Pablo, refiriéndose claramente a juicios o pruebas humanas, véase: 2 Co 8, 8; Gal 6, 4; 1 Tim 3, 10. Es decir, San Pablo al utilizar aquí dokimásei pienso que se refiere a las consecuencias de cuan fuerte la comunidad, resultado de nuestro apostolado, está adherida a Jesús Mesías ante las pruebas/dificultades que nos pone la misma vida. En cualquier caso, ni es lógico que se refiera al juicio de los hombres por parte de Dios, ni mucho menos alusión ninguna al purgatorio. 
 

1 Juan 5,16 y Apocalipsis 21, 27:

En el epílogo de su primera carta, San Juan dice lo siguiente: 

"Si uno se da cuenta de que su hermano peca en algo que no acarrea la muerte, pida por él y le dará vida. Digo los que comenten pecados que no acarrean la muerte. Hay un pecado que acarrea la muerte; no me refiero a ése cuando digo que se rece. Toda injusticia es pecado, pero hay pecados que no acarrean la muerte." 

De aquí se infiere que hay dos clases de pecados: unos que acarrean la muerte y otros que son simplemente injusticias. Por otro lado San Juan también casi al final de libro de Apocalipsis, contempla "la Nueva Jerusalén", y explica lo que pasa en ella: 

"Se pasearán las naciones bañadas en su luz, los reyes de la tierra llevarán a ella su esplendor y sus puertas no se cerrarán de día, pues allí no habrá noche. Llevarán a ella el esplendor y la riqueza de las naciones, pero nunca entrará en ella nada impuro, ni idólatras ni impostores, sólo entrarán los inscritos en el registro de los vivos que tiene el Cordero." 

Puesto que dice San Juan que en el reino de Dios no entrará nada impuro, se opina que aquél que lleve pecados que no acarrean la muerte, puesto que no acarrean la muerte, no irían al castigo eterno, pero deben de sufrir un proceso de purificación antes de entrar en el reino de Dios, el purgatorio. 

El texto de la carta es bastante misterioso, en primer lugar cabría preguntarse cuál es el pecado que acarrea la muerte, dos opiniones he encontrado al respecto: una es que San Juan se refiera al pecado en contra del Espíritu Santo del que ya he hablado, y otra es que se refiera al pecado de actuar por sistema en contra del amor, no amar, sino odiar, este pecado, dice San Juan un poco antes (3, 14-15), lleva a la muerte. Pienso yo también que hay un parecido curioso entre este texto y una parte de la oración del Señor en el evangelio de Juan, Jn 17, 9ss,; Jesús no ora por el mundo (por el orden injusto que representa el mundo), sino por los que el Padre le ha entregado. Me di cuenta del hecho de que siempre que en Juan se habla de no orar por algo (por el mundo, por quien que peca de pecado que acarrea la muerte) el evangelista usa erotáo (rogar o pedir), mientras que usa además de éste otros verbos para los demás casos; he intentado buscar la clave del asunto en el uso de este verbo, pero ante la falta de ocasiones en las que aparece en los escritos de Juan (ignorando la posibilidad de que el autor de la carta no sea Juan evangelista) no puedo asegurar nada, probablemente será una mera coincidencia. Como no hay referencia explicita en el texto de la carta, no queda claro qué es lo que explícitamente pide Juan, opino, al no expresar la negación en imperativo, al hacerse él responsable de la misma (no me refiero), y al venir precedido de un caso particular (a ese cuando digo que rece) que sólo está intentando puntualizar la frase anterior, lo que no quiere decir que por hombres con esos pecados no se deba rezar, sino que él no se refiere esta vez a ésos, pero como he dicho, es simplemente mi opinión. En cualquier caso lo que sí queda claro es la frase del Señor: "orad por vuestros enemigos" (Mt 6, 44, Lc 6, 28). En cuanto al apunte final "Toda injusticia es pecado, pero hay pecados que no acarrean la muerte" significa que las incoherencias del cristiano no siempre suponen un rechazo al mensaje de Jesús, sino simplemente errores inducidos por la debilidad humana. 

Del texto del Apocalipsis quiero resaltar la última frase; "sólo entrarán los inscritos en el registro de los vivos que tiene el Cordero.", es decir, sólo entrarán en el reino de Dios los que Jesús reconoce como suyos, los que dan su adhesión a Él obrando su mensaje de amor (Jn 15, 12-14 y 17, 9-11). Ahora me pregunto, ¿es qué los apóstoles no cometieron incoherencias con su mensaje? -De ningún modo: la negación de Pedro (Mt 26, 69-75; Mc 14, 66-72; Lc 22, 55-62; Jn 18, 15-18.25-27), el abandono de Jesús a su pasión (Mt 26, 56; Mc 14, 50), la incoherencia por miedo de Pedro respecto a lo acordado en el concilio de Jerusalén (Ga 2,11ss), y otras muchas que debieron tener. Y sin embargo el Señor no tuvo dudas al afirmar que todos ellos estaban limpios, esto es, puros (Jn 13 ,10), salvo Judas. Es decir, la pureza a la que se refiere el Señor, la pureza esencial, no las "impurezas particulares" (Mt 15, 18-19), es la limpieza que proporciona salir de la tiniebla y adherirse a Jesús Mesías, reconociendo en él al enviado de Dios y su mensaje como el que lleva a la plenitud al hombre; por el contrario la impureza, el oponerse a Jesús, a sus valores y a la actitud de servicio al hombre, tiene como consecuencia hacer de las "impurezas particulares" una norma de vida. De aquí se deduce que Judas fuera el único que no estuviera "limpio". 

No son por tanto estos dos textos motivo para suponer una purificación después de la muerte, pues todos los discípulos cometieron incoherencias, como débiles hombres que eran todos, y sin embargo para Cristo estaban todos limpios. 
 

2 Macabeos 12, 43-46:

"Después recogió dos mil dracmas de plata en una colecta y las envió a Jerusalén para que ofreciesen un sacrificio de expiación. Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección. Si no hubiera esperado la resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos." 

He dejado para el final el texto del segundo libro de los Macabeos, por considerarse fundamento no sólo del purgatorio, sino de otras muchas cuestiones escatológicas, como son rezar por los difuntos, etc. Sin embargo, pasa como con todo el Antiguo Testamento, no se puede entender el libro como una narración histórica sino como la narración de hechos reales en forma de parábola o símbolo desarrollado, y hay que tener mucho cuidado con lo que se afirma basándose en el Antiguo Testamento pues Cristo denunció muchas prácticas en él descritas (el repudio, el precepto del sábado, los ritos de purificación, la pena de lapidación, etc.) e incluso llegó a desmarcarse de él tomándolo en algún caso como ley de otros (Jn 8, 17. 10, 34 y 15, 25). El Antiguo Testamento sólo es enteramente válido como señal profética (Mt 5,17-18), nunca pueden extraerse doctrinas de él si no están refrendadas por palabras y obras de Jesús. Y lo cierto es que la actitud de Judas Macabeo de mandar los dos mil dracmas de plata a Jerusalén, para que se ofreciese un sacrificio expiatorio por el pecado de los soldados muertos bajo el designio de Dios por causa de su idolatría, suena, después de la llegada del Mesías, terriblemente material; el mismo Señor tiene una actitud bien definida ante ese materialismo religioso (Mt 21, 12-13; Mc 11, 15-17; Lc 19, 45-46; Jn 2, 13-17). Por otro lado el texto de los Macabeos subraya que Judas actuó con gran rectitud y nobleza pensando en la resurrección. Él mismo había celebrado el sábado y había purificado según el rito acostumbrado (vv. 38-39), preceptos judíos únicamente, lejos del mensaje de Jesús, así como los sacrificios expiatorios (Heb 10, 11-18). Nada literal es justificable para tenerlo en cuenta como mensaje pleno de Dios, de aquí no se puede argumentar que haya purgatorio. Pero el sentido profético es claro: la fe en la resurrección, que no será un hecho para todos hasta que Cristo sea levantado (Jn 3,14-15; Jn 5, 28). Lo demás es parábola, un hecho particular de un judío, hecho, que si se descarta a Cristo es erróneo (pues no hay resurrección), y si no se le descarta pierde su significado literal para pasar a profético. No merece la pena dedicarle más tiempo a este pasaje, perteneciente a un código de vida caduco (2 Cor 3, 14), basta con Jesús pues él vino a llevar verdadera plenitud a la ley (Mt 5, 17ss y Jn 1, 16-18). 
 

Corolario

No se desprende de ninguna referencia bíblica por tanto la necesidad de existencia de un lugar donde las almas sufren un proceso de purificación, ningún texto es clarificador y, a mi modo de ver, la interpretación más abstrusa de éstos es la que se usa en relación al purgatorio, aún así, toda la exégesis que se quiera hacer sobre los textos señalados o sobre otros en busca de tal necesidad tendrá que responder ante la de los textos como el de la adúltera (Jn 8, 1), el paralítico (Mt 9, 18; Mc 2, 1-13; Lc 5, 17-26) o la pecadora arrepentida (Lc 7, 36-50), en ningún caso nadie tuvo que sufrir por alcanzar el perdón de sus faltas, de hecho, en ninguno de los casos (salvo quizá el de la pecadora) queda patente que desearan el perdón de sus pecados; la adúltera desearía no ser lapidada, el paralítico que el Señor le pusiera en pie; la confianza les bastó a los dos últimos, y en cuanto a la adúltera ni siquiera la confianza hizo falta, así demostró el Señor que no vino a condenar sino a salvar (vv. 10-11). 

Por otro lado, si pudiéramos alcanzar el cielo por méritos propios (sufriendo), ¿para qué sufrió Cristo en la cruz?, no, Él sufrió para que nosotros ya no sufriéramos, fue él la única expiación válida (Rom 3, 25, 1 Jn 4, 10), y nuestro sufrimiento es inútil (Mt 19, 25-26; Lc 18, 26-27), así nos redimió para siempre, y no tenemos que pagar castigo alguno para estar en paz con el Padre (Rom 5, 9-11). 
 

La parábola del hijo pródigo

Teniendo presente el texto de la parábola (Lc 15, 11), invito a leer lo siguiente: 

El purgatorio se parece a aquella situación en la que un hombre que tenía dos hijos dio su herencia a uno de ellos a su petición, éste se marcho a un país lejano, despilfarró toda la herencia dándose a la mala vida hasta que se quedó sin dinero. Entonces vino un hambre terrible por aquél país y empezó a pasar necesidad, recapacitando pensó: cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra mientras yo aquí me muero de hambre, voy a volver a casa de mi padre y le diré: "Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros". Y así fue. El padre al oír aquellas palabras se conmovió y le dijo: hijo, te perdono, pero hagamos una pacto; trabajarás como uno de mis jornaleros trabajando sin cesar hasta que me pagues lo que era fruto de toda mi vida y tu despilfarraste, entonces mataremos el ternero cebado y montaremos una fiesta para celebrarlo. 

Creo que no he podido ser más claro: el perdón de Dios no es algo razonable, así es como piensan el Hijo menor "trátame como a uno de tus jornaleros" (v. 19) y el hijo mayor (vv. 29-30). Y he aquí que para el Padre no somos jornaleros, ni tenemos que pagar por todo lo mal hecho, hasta que una vez pagado, celebremos el banquete. El padre ni siquiera le deja terminar la frase que tenía preparada el hijo menor (vv. 21-22), lo que al Padre le basta es vernos venir, allá a lo lejos, pero venir, entonces él se conmoverá, vendrá a nuestro encuentro, se nos echará al cuello y nos cubrirá de besos (v. 20). He aquí el paso crucial: ¡venir!, venir tras de Jesús, con nuestras pobres imperfecciones, pero ir tras de él, siguiéndole hasta que nos "vea venir" el Padre. El no seguir a Jesús es no llegar al Padre (Jn 14, 6), y esa es la actitud de Judas, por eso teniendo "impurezas" como los demás, él era el único que no estaba limpio (Jn 13, 10-11).
 

Conclusión

No hay fundamento alguno para creer en un proceso de purificación postmortem necesario para entrar en el reino de Dios, es más, defender que esta purificación se consigue sufriendo es claramente antievangélico se mire por donde se mire. No he encontrado ni un sólo documento eclesial verdaderamente objetivo y coherente, ningún texto bíblico valida esta creencia, es una idea originada en la Iglesia medieval no existente en los primeros cristianos, no está en la Iglesia ortodoxa (eso ratifica que la idea sea al menos de la época del cisma), ni por supuesto en el protestantismo, y quizá tenga su origen en ideas paganas (Grecia clásica), aunque probablemente detrás de ella se encuentre el influjo de la justicia humana, no comparable con la de Dios. 

¿Qué pasa entonces con aquéllos que mueren con faltas leves? ahí está el evangelio, que saque cada uno sus propias conclusiones, lo que está claro es que no sufren por sus pecados para llegar a Dios. Mi conclusión es que el Sembrador limpiará el campo de cizaña antes de la siega (Mt 13, 30). Lo relacionado con la justicia divina es algo incomprensible para el ser humano, cada uno se preocupe de ganar su salario prometido al trabajador que cuida la viña (Mt 20, 1), y no hay que entrar en discusiones teológicas sobre el caso (2 Tim, 2,23) pues cualquier solución propuesta no deja de ser humana. Por ello, invito al lector de este breve estudio, a reflexionar sobre lo expuesto, y si alguno vislumbra algún aspecto nuevo, no deje de declararlo. 



 

Bibliografía 

J. Mateos/L. Alonso Schökel. Nuevo testamento con comentarios y notas exegéticas. Ediciones Cristiandad. Madrid. 1987.

E. Nácar/A. Colunga. Nuevo testamento. BAC. Madrid. 1991. 

Biblia de Jerusalén. Desclee de Brouwer. Varios autores. Bilbao.1976. 

J. Mateos/L. Alonso Schökel. Nueva Biblia Española. Ediciones Cristiandad. Madrid. 1975. 

Gran Enciclopedia Larousse. Editorial Planeta. Barcelona. 1997. 

J. Lortz. Historia de la Iglesia. Ediciones Guadarrama. Madrid. 1962. 

H. Denzinger/A.Shönmetzer. Enchiridion symbolorum. Herder. Barcelona. 1965. 

A. Merk. Novum Testamentum Graece et Latine. Sumptibus Pontificii Instituti Biblici. Roma. 1957. 

M. Balagué. Diccionario griego-español. Compañía Bibliográfica Española. Madrid. 1960. 
 

Internet 

Catecismo de la Iglesia Católica
http://www.vatican.va/archive/ccc/index_sp.htm

Santa Catalina de Génova. Tratado sobre el purgatorio
http://www.encuentra.com

Juan Pablo II. Sobre la existencia y naturaleza del purgatorio. 4 de agosto de 1999. 
http://www.geocities.com/iglesia_catolica/santosydifuntos/purgatorio1.html

Cura de Ars. Sermón sobre el purgatorio
http://www.geocities.com/iglesia_catolica/santosydifuntos/purgatorio3.html

Concilio de Trento.
http://www.multimedios.org/docs/d000436/

Voltaire. Diccionario filosófico
http://www.filosofia.org/enc/vol/vol.htm