DOCUMENTO Página anterior
  Presentación del libro
Nuevo paradigma teológico 
Autor: Juan José Tamayo Acosta
Intervienen: José María Castillo. Teólogo
                     Álvaro Pombo.  Académico de la Real Academia de la Lengua Española - LUGAR. Salón de Actos de Comisiones Obreras. c/ Lope de Vega, 40. Madrid (España)- DÍA: 18 de febrero de 2003 - HORA: 19.30  Extracto de la Introducción del libro "Nuevo Paradigma Teológico" de J. J. Tamayo Acosta (Madrid, Trotta, 2003, 213 páginas) 
En el actual panorama teológico internacional hay una especie de consenso tácito entre los teólogos y las teólogas -con frecuencia transgredido, es verdad- que establece un reparto de tareas, temas y horizontes atendiendo a las áreas geoculturales y socioeconómicas de procedencia. En este reparto, a las teólogas y los teólogos del Primer Mundo les correspondería preferentemente dar respuesta a los desafíos que proceden de la cultura moderna, intentando dar razón de -y hacer creíble- la fe cristiana en una sociedad caracterizada por la increencia en sus diferentes manifestaciones: ateísmo filosófico y científico, agnosticismo, indiferencia religiosa, etc.  El camino seguido por esta teología ya no es -como fuera otrora- el anatema, ni siquiera el enfrentamiento entre cosmovisiones ideológicas opuestas, sino el diálogo exigente y comprensivo, riguroso y fecundo, entre religión y cultura, cristianismo y secularización, fe, ciencia y razón, evangelio y modernidad, experiencia religiosa y existencia en el mundo, religión cristiana y otras religiones. Ello no significa que la teología moderna sea ajena al fenómeno de la pobreza, del que se ocupa en su vertiente moral, pero no constituye su principal desafío ni lo aborda como problema teológico. De ahí que pase por él como por brasas, sin apenas detenerse por considerar que no le afecta directamente. Una de los principales referentes del reciente magisterio eclesiástico que guía la reflexión teológica es la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, del concilio Vaticano II. Las principales disciplinas que le sirven de interlocutoras son, entre otras, la filosofía y la antropología. Los encargados de hacer este tipo de reflexión son generalmente profesores y profesoras de disciplinas eclesiásticas en las facultades de teología y seminarios diocesanos o religiosos.  Según la susodicha distribución de tareas, las teólogas y los teólogos del Tercer Mundo deberían centrarse en responder a los desafíos procedentes del mundo de la pobreza y de la injusticia, testimoniar la fe cristiana y dar razón de ella entre las mayorías populares empobrecidas, que presentan múltiples y a cuál más demacrados rostros: niños y niñas de la calle, prostitución infantil, campesinos sin tierra, mujeres doble o triplemente oprimidas, indígenas excluidos, negros marginados, personas desempleadas, etc. Una descripción certera de tal situación extrema nos la ofrecen la III Conferencia del episcopado latinoamericano celebrada en Puebla (México) en 1979 y la IV celebrada en Santo Domingo (República Dominicana) en 1992. Un porcentaje muy alto de esas mayorías empobrecidas es cristiano y vive su religiosidad a través de múltiples manifestaciones.  ¿Qué cometidos se les asigna a los teólogos y las teólogas del Tercer Mundo en la división de temas y tareas previamente fijada? No necesitan ocuparse de los desafíos que proceden del mundo de la increencia, porque ni afecta a sus sociedades, ni tienen medios para estudiarlos, ni son de su competencia. Deben dar por buenos los resultados y las conclusiones de la reflexión teológica del Primer Mundo. A ellos les corresponde, más bien, preguntarse cómo ser cristianos y cristianas en un mundo marcado por la exclusión social, étnica, cultural y religiosa, que afecta a las mayorías populares del Tercer Mundo, y qué función han de jugar las iglesias y los movimientos cristianos proféticos en una situación así.  En ese contexto, a las teólogas y los teólogos se les pide que reflexionen sobre la relación intrínseca entre cristianismo y liberación, fe y lucha por la justicia, colonialismo y dependencia, derechos humanos y derechos de los pobres, esperanza teologal y utopías históricas, salvación en Cristo y transformación social, amor y solidaridad, comunidad cristiana y fraternidad-sororidad. Los temas bíblicos más recurrentes que se les asigna en el trabajo exegético son, entre otros: el éxodo, la denuncia profética, el cielo nuevo y la tierra nueva, el reino de Dios, la práctica de Jesús, la muerte de Jesús, la resurrección como utopía. La principal mediación son las ciencias humanas y sociales. Los sujetos de esta teología, se dice, no tienen porqué ser teólogos profesionales, sino comunidades eclesiales de base, movimientos cristianos de solidaridad, grupos de lectura bíblica y de oración, etc. El magisterio que les sirve de referencia son los documentos de las Conferencias del episcopado latinoamericano celebradas en Medellín, Colombia (1968), Puebla de los Ángeles, México (1979) y Santo Domingo, República Dominicana (1992).  En los entornos culturales y cristianos del Primer Mundo se tiende a considerar a la teología de la liberación realizada en el Tercer Mundo como teología menor, rayando con la catequesis. Sus cultivadores, al decir de un influyente obispo español –antes teólogo- no son teólogos de raza, ya que no se ocupan de los grandes temas del cristianismo: Dios, Trinidad, Espíritu Santo, la gracia, etc. Si se conoce a fondo los contenidos de dicha teología, enseguida podrá comprobarse que esos grandes temas son centrales en la teología de la liberación. Lo que pasa es que la orientación difiere de la seguida por buena parte de la teología académica y de la jerarquía eclesiástica del Primer Mundo.  Es verdad que los contextos religiosos, culturales, sociopolíticos y económicos de unas y otras teologías son diferentes, pero no hasta justificar la división de planos y horizontes indicada, ya que supone parcializar la teología y dividirla en compartimentos estancos sin comunicación entre sí. Tal división corre el peligro de recluir a cada teología en su campo de reflexión, haciéndola insensible a los planteamientos de las otras. La parcelación desembocaría en atomización, pérdida de la globalidad e insolidaridad. Por tanto, no puede darse por válida. Las siguientes reflexiones tiene como objetivo la búsqueda de horizontes comunes desde los que puedan reflexionar y en los que puedan encontrarse las diferentes teologías del Primero y del Tercer Mundo, sobre todo aquellas que caminan o desean caminar por la senda de la liberación, manteniendo tanto el rigor metodológico de todo discurso religioso y su pathos profético, como la creatividad hermenéutica propia de cada teología conforme al contexto en que se lleva a cabo. En ese sentido, amén de universal, la teología es contextual.  Los horizontes que voy a exponer en esta obra son los siguientes: el intercultural e interreligioso, que va más allá de la inculturación y busca un diálogo entre culturas como base para una teología ecuménica de las religiones; el hermenéutico, clave de bóveda de toda teología, que intenta liberar al discurso religioso de todo resto de fundamentalismo; el feminista, que cuestiona el carácter patriarcal de las creencias y teorías religiosas y elabora una reflexión en perspectiva de género, si bien articulada con otras categorías; el ecológico, que pretende superar el antropocentrismo y escuchar el grito de la Tierra en busca de su liberación junto con la del ser humano oprimido; el ético-práxico, que considera la ética como teología primera, y no como aplicación de los principios generales, y a la praxis como acto primero de toda reflexión; el utópico, que, partiendo del principio-esperanza y de la enciclopedia de utopías que es la Biblia, reformula la teología como spes quaerens intellectum; el anamnético, que recupera la herencia apocalíptica, se centra en el recuerdo subversivo de las víctimas en busca de su rehabilitación y considera la obediencia a los que sufren elemento constitutivo de la conciencia moral; el simbólico, que cuestiona el lenguaje dogmático en que suelen desembocar los discursos religiosos y recupera el símbolo como el lenguaje propio de las religiones y de la teología.  La originalidad de este estudio radica en el nuevo paradigma teológico que resulta de la articulación de dichos horizontes, y que dice adiós al paradigma dogmático. La obra se completa con una reflexión sobre el futuro de Dios, que sitúo más allá del teísmo, entre la mística y la liberación. La razón de este final es por mi doble convicción de que el futuro de la teología depende en buena medida del futuro de Dios.