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Sin fidelidad al evangelio no hay autoridad

JOSÉ M. CASTILLO
- La tesis que voy a defender es que en la Iglesia Jerárquica no hay poder ni autoridad para comportarse como se está comportando ni para hacer ni actuar de la manera en que está haciendo y actuando.

¿Por qué no existe este poder ni autoridad? Porque en la Iglesia no puede haber poder para mandar nada que esté contra del Evangelio, y de hecho la Iglesia jerárquica está actuando, mandando y comportándose de maneras que están en oposición al Evangelio de Jesús y por último si todo lo anterior es así, cada uno debe preguntarse por qué cada uno debe someterse a un poder que no existe.

En octubre, en Barcelona, una serie de colectivos convocaron un encuentro para hablar de la Iglesia en el siglo XXI, entre los colectivos convocantes estaba la corriente Somos Iglesia, cuando los obispos, no todos, se enteraron de este encuentro lo prohibieron y entonces ocurrió el fenómeno siguiente, se esperaban unas cuatrocientas personas, pero entraron mil quinientas aunque se habían matriculado ochocientas más. Esto quiere decir que estos obispos andan perdidos, de forma que le estoy dando vueltas a la idea, para mi uso personal, no a la parábola de la oveja perdida, sino a la del pastor perdido, porque los que andan perdidos, da la impresión, son los pastores, las ovejas van por su camino, ellos por el suyo... en fin si alguno tiene imaginación y buena pluma que se anime a escribir esta parábola, nos haría bien. Además estos señores son inasequibles al desaliento porque les pasan fracasos de estos pero siguen y siguen y no hay manera. En fin esto es en broma, pero se trata de algo muy grave, aunque no se puede generalizar, porque hay obispos que están en su papel perfectamente, pero sí hay un aire de familia en este colectivo de personas que andan perdidas, repitiendo la cantinela de siempre y con tortícolis de mirar para el Vaticano y no mirar a su rebaño que es al que tienen que mirar.

Está claro que los que nos solidarizamos, que los que nos identificamos con Somos Iglesia no estamos de acuerdo con muchas de las cosas que hoy se hacen en la Iglesia, ahí están los talleres a los que vamos a asistir: las deudas de la Iglesia con la mujer, con la sexualidad, con los pobres y excluidos, con las diferentes culturas y religiones, con los silenciados en su mismo seno, y con otras muchas cosas no estamos de acuerdo, pero también está claro que quienes estamos aquí no queremos abandonar esta Iglesia, no queremos irnos de ella; ¡ qué más querrían algunos, no nos vamos, que nos echen, pero no nos vamos!. Yo no me voy porque a la Iglesia le debemos que el Evangelio haya llegado hasta nosotros. Hoy leemos este libro no porque se ha conservado en bibliotecas sino que ha sido vivido por mujeres y hombres desde Jesús hasta este momento y eso no se ha diluido con el paso de los siglos gracias a la Iglesia, esto es así. Además no nos vamos porque pensamos que si la Iglesia es fiel al Evangelio y subrayo esto, es una fuerza de cambio y transformación enorme, quizá de las pocas que van quedando. Aun teniendo en cuenta las agresiones de las religiones contra la vida de las personas y a veces somos víctimas de estas agresiones, nosotros queremos seguir aquí.

El problema está en la fidelidad de la Iglesia al Evangelio.

El fondo del problema, la raíz, es la infidelidad de la Iglesia al Evangelio, la infidelidad de la Iglesia institucional, jerárquica al Evangelio, en la forma de ejercer el poder tal como de hecho lo ejerce.
 

Estructura y organización. La apostolicidad

Para comprender lo que quiero decir hay que comenzar por hacer una distinción fundamental: en la Iglesia una cosa es la estructura y otra la organización de esa estructura. Las dos palabras clave son la palabra estructura y la palabra organización.

La estructura es como en un edificio los cimientos y los pilares que lo sostienen, esa estructura luego se puede revestir, organizarse de muchas maneras. Esta imagen nos puede ser útil.

La estructura jerárquica de la Iglesia es componente esencial de la apostolicidad de la Iglesia. Las notas de la Iglesia son una, santa, católica y apostólica. La apostolicidad es pues una nota de identidad de la Iglesia auténtica, la Iglesia es auténtica cuando es apostólica. Ahora bien la apostolicidad no está solo en la jerarquía como dicen algunos libros de teología, sino que está en toda la Iglesia. Una Iglesia es apostólica cuando la Iglesia es fiel y coherente con la Iglesia que surgió de los apóstoles. Fijáos bien que no digo la Iglesia que surgió de Jesús, porque Jesús no fundó la Iglesia ni pensó seguramente en semejante cosa, Jesús anunció el Reino de Dios; la Iglesia empezó a existir después de pentecostés, después de la venida del Espíritu, sólo a partir del capítulo quinto de los Hechos de los Apóstoles comienza a salir la palabra Iglesia. Pero aquella Iglesia que empezó a funcionar después de la venida del Espíritu tenía conciencia de provenir de Jesús, del Jesús que anuncio el Reino de Dios, y aquella Iglesia, por tanto, surgió de la comunidad apostólica, surgió a partir de los apóstoles y las Iglesias de los siglos segundo y tercero tenían conciencia de que eran la autentica Iglesia porque venían de la Iglesia que surgió de los apóstoles.

Entonces, la apostolicidad es la cualidad en virtud de la cual la Iglesia de cada momento y de cada sitio es fiel y coherente con la Iglesia que surgió a partir de los apóstoles. Esta apostolicidad está en la comunidad toda entera. No porque el obispo es sucesor de los apóstoles. Es porque toda la comunidad es fiel a la fe trasmitida por los apóstoles y a su forma de vivir, y en esa Iglesia, que es apostólica toda, hay una estructura en la que el obispo realiza históricamente la sucesión apostólica. La sucesión en el cargo que ahora ocupan los obispos se podía haber dado de otra manera, porque en el NT hay multiplicidad de ministerios, de hecho por un proceso largo de explicar terminó imponiéndose la autoridad de los obispos y ellos son un elemento constitutivo de la apostolicidad.

Quiero decir que una institución que quiera perpetuarse necesita un mínimo de estructuración sino, la sociología nos enseña que, eso se diluye a la segunda o tercera generación. Esta es una razón sociológica, pero teológicamente hay otra: en las comunidades cristianas siempre había al frente de la comunidad alguien que de maneras distintas y heterogéneas tenían una cierta responsabilidad o un carácter de animación o de dirección. Esto existía en la Iglesia antes de la venida del Espíritu (Matías) y después hubo diversos cargos o funciones que se fueron depurando quedando el episcopal como prevalente. Os recomiendo el libro de Juan A. Estrada, de Verbo Divino Para comprender cómo surgió la Iglesia es un libro espléndido.

Digo todo esto para no ser infiel a mí mismo y para ser fiel a la historia desde el NT.

La apostolicidad es una cualidad de la Iglesia auténtica, se da en la comunidad toda entera. No es que la comunidad de Málaga sea apostólica porque el obispo es sucesor de los apóstoles, sino porque la comunidad toda es fiel a la Iglesia que surgió de los apóstoles, y porque la comunidad es apostólica, el obispo que la preside es sucesor de los apóstoles.

Esto es la estructura esencial, todo lo demás es organizativo y por lo tanto cambiable. Por ejemplo la distinción entre obispos y presbíteros, el que estos sean hombres o mujeres, esto es organizativo. En la organización hay una serie de cosas con las que no estamos de acuerdo, y es porque la estructura funciona de tal manera de forma que su organización desobedece al Evangelio de Jesús.

A mí me parece que la raíz del problema está en que la estructura se ha organizado de forma que en la Iglesia hay dos grupos de personas, un grupo reducido que detenta todo el poder y un grupo numerosísimo que no tiene poder sino obligaciones. Naturalmente el grupo que detenta el poder es la jerarquía: el papa, los obispos y presbíteros, el clero. 

En estas condiciones sigue siendo verdad lo que en el año 1906 escribió Pío X en la encíclica Vehementer nos, en la que dice textualmente: en la sola jerarquía residen el derecho y la autoridad necesarias para promover y dirigir a todos lo miembros hacia el fin de la sociedad, en cuanto a la multitud no tiene otro derecho que el de dejarse conducir dócilmente y seguir a sus pastores". Hoy no se dice esto de esta forma tan descarada pero se sigue practicando. Cuando se nombra a un párroco, cuando nombran a un obispo... Esto quiere decir que en la Iglesia hay dos grupos, uno que acapara el poder y otro que si quiere permanecer en la Iglesia se tienen que someter al poder, así están las cosas.

Estas cosas se pueden decir en las sacristías, en voz baja, que se dice; o en lugares marginales como este.

Si queremos que esto cambie lo primero que hay que cambiar son los fundamentos que justifican y legitiman estos hechos, y eso es el monopolio del poder de la jerarquía y el sometimiento por parte de los fieles.

El monopolio del poder pertenece a la organización, no es esencial a la estructura jerárquica. Que quede esto claro. No ataco la estructura, sino a la forma en que esa estructura se ha organizado y ataco también aquellas aptitudes de sometimiento a esa forma de poder.

Que si la Iglesia quiere ser auténtica y quiere ser ella misma, tiene que ser fiel al Reino de Dios que anunció Jesús. Con esto no digo que la Iglesia sea el Reino de Dios, no, el Reino de Dios es mucho más amplio que la Iglesia, pero la Iglesia tiene que ser fiel al Reino de Dios.
 

Silencio. Legitimación. Colaboración

Esta estructura funciona de tal manera que hace tres cosas que son totalmente inadmisibles: los silencios, en segundo lugar la legitimación y por último la colaboración. Silencio, legitimación, colaboración.

Silencio es callarse, callarse en determinados momentos. Esta estructura que predica y proclama tanto su poder, en determinados momentos y ante determinadas actuaciones se calla. No voy a referirme a tiempos pasados, esos silencios han sido mortales en el sentido más estricto de la palabra, por ser responsables de demasiado sufrimiento y derramamiento de sangre. Pensad en el silencio de la jerarquía católica ante Franco No solo se callaron sino que dijeron que aquello era una cruzada y Franco el salvador. El silencio de la Iglesia ante el genocidio de Hitler. Se acaba de publicar en Londres un libro que he conocido por un jesuita compañero, el padre Michael Campbell que fue provincial de los jesuitas de Inglaterra y posteriormente se fue al salvador de párroco en San Antonio Abad en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Él me contó que se ha publicado un libro de un escritor inglés, más bien tradicional, que quería hacer una biografía de Pío XII. Se fue a Roma y habló con el padre Gumpbell que es un jesuita que lleva la causa de beatificación de Pío XII y tiene el archivo personal de este Papa, como conocía al escritor y sabía que escribiría una biografía elogiosa lo autorizó para el libre acceso de estos documentos privados. Entre aquellos mil documentos encontró 600 que fotocopió y se quedó aterrado, con ellos se volvió a Londres y escribió el libro, llamado "Hitler’s Pope" En aquella documentación personal podían encontrarse dos cosas terribles, primero, que el Papa era un antisemita profundo y, segundo, que era pronazi. La jerarquía ha protestado pero no ha dado una sola razón en contra de la publicación.

Silencios.

El silencio ante sucesos en América Latina. Hay silencios más elocuentes que mil discursos, porque cuando en una situación determinada alguien tiene que decir algo y se calla se hace responsable de lo que está pasando.

Segundo. Legitimación. La Iglesia no solo calla, sino que está legitimando. Las religiones en este siglo han legitimado y legitiman a poderes que agreden demasiado la vida de los seres humanos. Cuando vemos cada cuatro años jurar al presidente de los Estados Unidos su cargo ante un representante religioso, qué es lo que la gente ve, pues que dios dice que este señor tiene un poder que concedo y estoy de acuerdo con ese poder y con cómo lo ejerce. Se puede legitimar también cuando se da la comunión al general Galtieri o al general Pinochet y no solo eso sino que en el cincuenta aniversario de su matrimonio le envió una carta autógrafa a este genocida. En el proceso contra Pinochet el cardenal secretario de estado intercede...

Estos gestos tienen una significación profunda: legitimar ante la opinión pública mundial a este tipo de personas. Esto sí que es ir directamente contra el Evangelio.

Y tercero, la colaboración. No entraremos en cuestiones teóricas, cómo va a decir la Iglesia en una encíclica que colabora... El Salvador con seis millones de personas es el país más violento del mundo. 12 años de guerra civil, 75000 muertos, pues ahora hay un 36% mas de muertes violentas cada día que durante la guerra. En la zona de Aguilares de donde fue párroco Rutilio Grande, quien provocó la conversión de Oscar Romero, el párroco actual es un sobrino de Rutilio. Este hombre, harto de asesinatos de niños, ventas de niñas para cadenas de prostitución, etc. ... ha protestado de mil formas y ni caso, así que convocó al pueblo y salieron en marcha a la capital a 44 Km de San Salvador unas dos mil personas de las que llegaron mil con sus pancartas a la plaza de la catedral a pedir respeto por su vida. A la semana el párroco estaba destituido. Esto es colaborar directamente con los asesinos. 

¿Qué poder tiene el arzobispo de San Salvador, quién le dio ese poder?

Estos hechos son las manifestaciones de la cuestión de fondo: Jesús predicó el Reino de Dios, y como dice el Concilio puso el comienzo de la Iglesia, el punto de partida. El anuncio del Reino de Dios es el punto de partida de la Iglesia, por tanto si la Iglesia quiere ser auténtica tiene que ser fiel al Reino de Dios.
 

El Reino del Dios de Jesús

Y ¿qué es el Reino de Dios? El Reino de Dios es una expresión semita que utilizó Jesús, que estaba en la cultura de aquel tiempo, para expresar una cosa muy sencilla, que formulada de la forma más simple sería donde y como encuentra cada ser humano a Dios, al Dios de Jesús, porque Dios es una palabra que los lingüistas llaman polisémica, es decir que tiene muchos significados. Cuando en las guerras de religión los dos bandos iban con los estandartes en nombre de dios a enfrentarse entre sí, evidentemente no podía tratarse del mismo dios, cada uno creía en un dios distinto, del mismo modo que en la guerra del golfo Sadan invocaba a dios para alentar a sus tropas y el presidente Bush alentaba a los marines en nombre de dios, no podía ser el mismo dios, por tanto decir yo creo en dios... en qué dios crees tú... El Dios de Jesús, el que él nos anunció, se encuentra allí donde se realiza el Reino de Dios y el Reino de Dios es el respeto a la Vida de los seres humanos, es la defensa de la vida, la dignidad de la vida, el gozo y el disfrute de la vida. Por esto Jesús anunciaba el Reino de Dios curando enfermos, ¿qué es eso? Dar vida; perdonado pecadores, ¿qué es eso? Dignificar la vida; acogiendo a marginados, ¿qué es eso? Respetar la vida de aquellos a los que no se les respetaba, y hasta el Reino de Dios se realiza en el banquete de bodas que organizó el rey, qué es: el goce y el disfrute de la vida.

Ahora bien, dice Jesús: para entrar en el Reino de Dios la condición absolutamente indispensable es hacerse como niños, y ¿sabéis una cosa? En los Evangelios el tema de los niños sale siempre con relación a los discípulos y apóstoles, ¿porque? Porque los discípulos y apóstoles tenían pretensiones de poder, discutían entre ellos cuál sería el primero, quién el más importante, quién se sentaba delante. Este tema está presente siempre, y Jesús, que fue tan tolerante, en este punto es el único en que se muestra intransigente, porque sabía que aquí se jugaba el ser o no ser del Dios que él manifestaba y por eso tenéis los textos Mt. 18, 1 " os lo digo de verdad", "amen, amen digo vobis" que decíamos los curas viejos en los latinajos aquellos de antaño, "de verdad..." Sería lo que dicen los gitanos: "te lo digo por la salud de mis niñas", en fin..., "te lo digo de verdad, como no cambiéis" y aquí utiliza el Evangelio el verbo epistrefe que es lo que se hace con un calcetín cuando se vuelve: cambiarse totalmente. "Como no cambiéis y no os hagáis como niños no podréis entrar en el Reino", es decir: ¿qué es hacerse como niños? En nuestra cultura el niño es símbolo de una serie de valores: la inocencia, la bondad, la libertad, la sencillez... el niño es un encanto mientras no se caga... pero en fin... aún así... En las culturas mediterráneas del siglo primero el niño no era símbolo de ningún valor, el problema no era de valores sino problema de derechos y el niño era el ser sin derecho alguno, tan es así que se tiraban a la basura a niños en algunas culturas cuando no interesaban. En el judaísmo no se hacía esto, si era niña, hasta los doce años y medio el padre podía incluso venderla como esclava, si era varón no podía venderlo, pero no tenía ningún derecho ni representaba nada.

Hace días leíamos en el Evangelio cuando después de la multiplicación de los panes dice Juan que Jesús "obligó" a los discípulos a montarse en la barca y pasar al otro lado del lago, ¿porqué los obligó? Si los obligó era porque no querían, y ¿porqué no querían? Por que la gente quería proclamarlo rey, y a continuación sigue el relato de la tormenta y cuando lo ven venir lo confunden con un fantasma y se asustan... Y es que cuando hay apetencias de poder, y mucho más cuando hay apetencias de monopolizar el poder, Jesús se convierte en un fantasma y nos da miedo, no lo conocemos. Yo tengo la convicción de que es esto lo que pasa a gran parte de la Jerarquía. Jesús es un fantasma, les da miedo aunque estén todo el rato hablando de Jesús.
 

El contraste

¿Ven? Por tanto este es problema de fondo, pero el problema de fondo se aclara más cuando uno ve el contraste. Mirad, por una parte están Jesús y los apóstoles con los que él tuvo problemas; bueno, a Pedro le llegó a llamar Satanás en el primer anuncio de la pasión, cuando a Pedro le dicen que el Mesías va a terminar colgado como un delincuente... dice que "increpó" a Jesús, arremetió contra él, no les cabía esto en la cabeza: lo de la debilidad, el fracaso, el último lugar... ¡que no!. Por eso tuvo líos constantes.

Sin embargo el contraste con esto está en que hay un gran colectivo en los Evangelios con los que Jesús jamás tiene ni el más mínimo roce, al contrario, fue el colectivo que enseguida, no solo aceptó el Reino, sino que se entusiasmó con el Reino y entró de lleno en el Reino, y es el pueblo. 

La palabra pueblo en griego se dice con cuatro palabras: demos, de aquí viene democracia, demagogia, es el "pueblo "vulgar y corriente" por contraposición a los gobernantes. Está la palabra etnes, que es el pueblo como nación, por eso en el NT en plural se habla de etnes cuando se habla de las naciones paganas. Está en tercer lugar la palabra laos, es una palabra de origen militar que se utiliza mucho sobre todo en la traducción de los Setenta para referirse al "Pueblo de Dios". Pero hay una cuarta palabra que es la palabra ojlos que indica "multitud", muchedumbre, gente. Pero no sólo indica cantidad, sino qué clase de gente, y es la gente de más baja condición. Cuando esta palabra no está determinada por otra que la complemente, sólo quiere decir gente de la más ínfima clase social, teniendo en cuenta una cosa, en el tiempo de Jesús esta gente no era un colectivo marginal como ocurre ahora, porque en aquella sociedad no había clase media, sólo en Jerusalén, en Galilea estaba la oligarquía terrateniente y la gran masa, el noventa y cinco por ciento de la población eran ojlos. Mirad qué se pensaba de esta gente. Quien mejor lo formula es Jn. 7, 49 que es cuando los dirigentes judíos mandan a la policía del templo a apresar a Jesús y vuelven sin él, los policías responden que no habían oído hablar a nadie como a él, los dirigentes les responden: ¿también vosotros vais a dejaros engañar? ¿Es que algún sacerdote ha creído en él? Sin embargo ese ojlos que no conoce la ley y que está maldito... La gente ignorante y maldita porque eran de la más baja condición económica, social cultural y religiosa. Pues este gran colectivo, siempre que en los Evangelios leáis, sale unas 170 veces, lo sorprendente de esta palabra que es tan frecuente en los Evangelios y alguna en los Hechos, es que en el resto del NT no vuelve a aparecer nunca. Siempre que leáis que las multitudes se acercaban a Jesús, las que lo seguían sin comer, las que entran en Jerusalén con él,... siempre son, sólo Lc. utiliza en algunos textos la palabra laos.

¿Qué quiero decir con esto? Que el colectivo que enseguida comprendió, enseguida aceptó y se entusiasmó con el Reino de Dios fue la gente de más baja condición, aquellos que eran tenidos por los dirigentes religiosos como ignorantes y malditos. Si insisto en esto es para que se vea mejor el contraste, en el fondo ¿qué quiere decir esto? En el fondo esto dice que la Vida se ve desde abajo y se respeta desde abajo, y a Dios se le conoce desde abajo, no desde arriba. No desde arriba.

¿Y porqué desde abajo, es que los de abajo son más buenos que los de arriba? Yo no soy tan tonto para decir eso, porque en la gente de abajo también hay mucha degradación, mucho egoísmo, mucha corrupción, a veces mucha maldad. No es cuestión de ética, no es cuestión de buenos y malos, es un problema distinto.

Mirad hay un libro que se titula "Conocimiento e interés" es un estudio muy serio sobre teoría del conocimiento, y la tesis es que los intereses rectores del conocimiento determinan radical y esencialmente el conocimiento: cómo conoce uno, lo que conoce, cómo lo ve, cómo lo valora, etc. Pensad: el que está arriba tiene unos intereses, al margen del porqué está arriba. Yo también tengo intereses... que determinan el cómo comprendo la vida y conozco a Dios, mientras que el que está abajo lo que tiene es Necesidad, no es cuestión de ética. Por esto Jesús dijo: Bendito seas Padre, Señor del cielo y la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y lo has dado a conocer a la gente sencilla, la expresión es netbioi, otra vez... perdonad que saque tantas palabrejas, no es para lucirme, no..., yo creo que no... me parece a mí...?, seguramente sí es para lucirme..., pero... ¿yo qué se? ¡Que Dios tenga misericordia! Bueno... es una palabra que no tiene traducción castellana, es otra palabra que no tiene traducción, literalmente es "el que no habla". No se refiere a los mudos, evidentemente. Una vez un trapense con el que estuve y era cuando tenían aquellas reglas de silencio, le dije están ustedes librados de los pecados de la lengua y me contestó ¡Uuh!, ¡usted no sabe lo que se puede decir por gestos!... Cuando Jesús dice que los que conocen al Dios que él anuncia y se refiere a ellos como los netbioi se refiere a aquellos que no tienen nada que decir en esta vida, aquellos a quienes nadie hace caso, aquellos a quienes nadie invita.

Creo que ha quedado clara la tesis que quería defender: primero que en la Iglesia hay una estructura que es la estructura jerárquica con la que yo no tengo derecho, ni nadie que quiera estar en la Iglesia puede meterse, pero esta estructura está organizada y funciona de forma que de hecho entra en contradicción y conflicto con la naturaleza del Evangelio, porque la raíz de fondo no es por las tres cosas que dije, sino una más importante: que se han situado los primeros, se han situado por encima, arriba. O sea, han hecho lo diametralmente opuesto a la condición indispensable para entrar en el Reino, que es lo que dice Jesús. 
 

La naturaleza del poder

Un segundo capítulo es el tema de que esto no depende solo de cómo se ejerce el poder en la Iglesia, o sea la organización eclesiástica, dividida en jerarquía y laicado que no es evangélico, sino que además tiene su correlato en la aceptación, obediencia y sometimiento de los cristianos, me explico: 

Quiero decir algo sobre la naturaleza del poder, es lo siguiente: en la sociedad hay poderes que se imponen por su misma naturaleza, por la misma naturaleza de la estructuración de la sociedad: el poder de gobernantes, jueces o policía, a estos tienen que someterse los ciudadanos sean cuales sean sus creencias o sus opiniones personales. Si te pasas un semáforo, tu puedes decir que no crees en los semáforos ni en la policía, pero te ponen la multa y tienes que pagarla. Pero en la vida, hay poderes que nosotros aceptamos libremente, y los aceptamos por las convicciones que cada cual tiene, por ejemplo, si una persona de treinta años se somete a su madre incondicionalmente eso se debe a que esa persona le concede a su madre un poder porque quiere concederlo. Se trata de un poder, el concedido a una madre, un padre, una esposa, esposo, otras veces a una Institución a la que uno se apuntó porque quiso, se trata de un poder que no depende de la estructura social sino de la decisión libre del sujeto. Aquí se sitúa el poder religioso, todo poder religioso, y por tanto también la obediencia religiosa.

Si estoy en la Iglesia es porque libremente quiero estar, desde este momento le estoy concediendo a la autoridad religiosa un poder sobre mi. 

Se dice que a la autoridad religiosa le viene el poder de Dios y eso yo creo que en cierto sentido es verdad aunque necesitaríamos un congreso entero para discutirlo, pero concedámoslo. Ahora, eso es verdad pero para quien acepta libremente esto, o sea para el creyente; para el ateo no tiene sentido. Cuando Anguita tuvo el problema con el obispo Infantes Florido y el obispo protestó diciendo que el alcalde pertenecía a la diócesis, Anguita le respondió: yo soy el alcalde y usted no es mi obispo. Por tanto cuando un cristiano se irrita porque la autoridad religiosa manda cosas que están en contra del Evangelio o hacen cosas que están en contra del Evangelio, ese cristiano tendrá que preguntarse por qué se irrita y por qué le concede a la autoridad religiosa un poder que en realidad no tiene. Es que el obispo..., el papa ha dicho... ¿Por qué te irritas? ¿Qué poder concedes a eso? Puesto que en la Iglesia no puede haber poder para mandar cosas contrarias al Evangelio, por tanto cuando se manda o se hace algo en la Iglesia que esté contra el Evangelio yo comprendo las irritaciones por las repercusiones y por el sufrimiento que llevan a muchas personas, pero personalmente si te sientes concernido y obligado pregúntate por qué.

 

Transcripción de la ponencia de José Mª Castillo, teólogo (Granada), pronunciada en el Encuentro Nacional de "Somos Iglesia", 20 noviembre 1999.

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