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DARLE ESPERANZA A EUROPA

Declaración del Movimiento Internacional Somos Iglesia
y de la Red Europea Iglesia en Libertad con ocasión
del Sínodo de Obispos para Europa en Octubre de 1999

- INTRODUCCIÓN

Provenientes de 11 países europeos y con la ayuda de hermanas y hermanos de países latinoamericanos y de los Estados Unidos, nos encontramos en un Foro Europeo de Católicas y Católicos (FEC) en Santa Severa, Roma (7-10 de Octubre de 1999) para discutir la situación actual de nuestra Iglesia Católica Romana frente a los desafíos nuevos en su misión de evangelización así como para entregarle nuestra contribución al Sínodo de Obispos Europeos que se celebra en el Vaticano (1-23 de Octubre de 1999).

Confiamos en que nuestra voz, unida a las voces de todas las partes de la Iglesia, será oída con atención. Así oramos al Espíritu Santo para que nos otorgue a nosotras y nosotros, la Iglesia, la valentía de hablar libremente, la valentía de encarar los problemas complejos e ineluctables a que se ve confrontada cualquier persona que quiera anunciar las experiencias del evangelio en la Europa de hoy.

Todas estas reflexiones sólo tienen por objeto de ayudarle a nuestra Iglesia y a todas las Iglesias a ser fieles a la Palabra de Dios, y a estar dispuestas a darle vida a la justicia, a la paz y a la salvaguarda de la creación.
 

1. ANTICIPANDO ALGO NUEVO

1.1. ”Las voces de anticipación de algo nuevo que se está preparando crecen cada día más en las calles de Europa”. Estas palabras del Cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga, nos cautivan. Los vientos del cambio soplan a través de catedrales y fábricas, escuelas y palacios. En sus alas llevan una llamada a la unidad y la paz, a la libertad y la autodeterminación, a la responsabilidad, la solidaridad y la tolerancia.

1.2. Desde el alba de su historia Europa ha sido un continente de contrastes bruscos, fuente de atrocidades sangrientas y de evoluciones liberadoras. Cristianos como no cristianos tomaron parte en ambas.  Hoy como siempre, Europa se caracteriza por una gran diversidad intelectual y espiritual, y los cristianos comprometidos se ven reducidos a una minoría.

1.3. Algunos representantes oficiales de la Iglesia responden a este desafío con lamentaciones sobre el ”mundo malo” reclamando el derecho exclusivo a una certeza doctrinal no realista. En tiempos de cambio espectacular la Iglesia se ve a sí misma como fortaleza – una fortaleza que no es, que no puede ser y que no debe ser. Nosotras y nosotros, la Iglesia Católica, también necesitamos una nueva evangelización.

1.4. Nosotras y nosotros, la Iglesia, demostramos firmemente nuestra determinación a aceptar la diversidad espiritual de Europa como una oportunidad para formular nuestro don único de la fe. Queremos aceptar los desafíos de la ciencia moderna. Jesucristo nos ha mostrado el camino de la salvación, pero no sólo cristianos lo caminan. Promover la unión y la paz significa respetar la alteridad y reconciliar la diversidad obrando en comunión para establecer una civilización que no suprima los conflictos sino que canalice su poder en formas no violentas – una cultura del diálogo.

El Jubileo del año 2000, instituido por el Papa sin consideración con las sensibilidades de otras Iglesias Cristianas, no debería consistir en una  celebración triunfalista, sino ser una fuente de reflexión y de arrepentimiento humilde por los pecados históricos de nuestra Iglesia en el pasado y en este siglo.
 

2. AYUDAR A ESTABLECER LA PAZ A TRAVÉS DE LA JUSTICIA

2.1. Desde que han existido cristianos en Europa ellos también le han pagado tributo a la violencia bruta. Se enfrentaban mutuamente en guerras como líderes militares y simples combatientes – racionalizando con demasiada frecuencia la agresión refiriéndose a supuestos mandatos ”sagrados” del ”Señor de la Historia”. Expediciones de conversión y colonización, cruzadas y ”guerras santas” devastaban almas y tierras. Millares de mujeres y hombres murieron en las cámaras de tortura y como víctimas de autos da fe ”en nombre de la Verdad”. Aún la feliz liberación de la Declaración de los Derechos Humanos de 1789 fracasó en sus inicios.

2.2. Sin embargo en ese mismo continente, en el cual la Iglesia y el Estado se unieron en tantas alianzas no santas en búsqueda del poder, tentativas teológicas por domar la guerra siguieron ganando terreno. En la antigua Atenas resultó exitoso el primer experimento de solución de conflictos sociales a través de la ley. Pensadores políticos católicos del siglo XVI, teólogos calvinistas, y maestros inconformistas de la ley natural araron el terreno sobre el cual florecerían el derecho internacional y la democracia.

1. 2.3. Nosotras y nosotros, la Iglesia Católica, en comunión con todas las personas de buena voluntad, debemos contribuir a la fundación espiritual de un orden social y económico justo que haga de Europa un continente que promueva una cultura de la paz. Aún más, debería acordársele seria consideración al derecho de intervención internacional. La justicia y la paz deben ser contagiosas.

2. Debemos estar conscientes, en particular, de la radical subdivisión de este mundo entre el rico Norte y el Sur desaventajado, para actuar en forma eficiente con el fin de superar este dramático abismo. Si bien la Iglesia Católica no tiene responsabilidad directa por la deuda externa, la gestión financiera del Jubileo 2000 (indulgencias y peregrinaciones) se presta a colusiones con mecanismos económicos que son fuente de la misma deuda.
 

3. ASEGURAR LOS DERECHOS HUMANOS

3.1. Desde su comienzo, la comprensión judeo-cristiana de la realidad ha estado arraigada en la convicción de que cada persona es creada a imagen y semejanza de Dios (Gen 1:27) y provista de la misma dignidad que cualquier otra persona. Con gran vergüenza debemos confesar, sin embargo, que se requirieron muchos siglos para que tomáramos conciencia de lo que esto implica. Con fuego y espada persiguieron católicos a mujeres y a hombres tanto de otras denominaciones religiosas como de su propia fe.

3.2. Conquistadores europeos sojuzgaron otros continentes y expoliaron a las poblaciones nativas de su dignidad y de su tierra. Cuando fue formulado por primera vez el concepto de los Derechos Humanos en el siglo XVIII, algunos miembros de la jerarquía se distinguieron por su oposición a estos. Durante un período de tiempo demasiado largo, muchos de ellos combatieron encarnizadamente la idea de igualdad de derechos para todas y todos. Hoy debemos estar nosotras y nosotros, como Iglesia Católica en la vanguardia de los esfuerzos para implementar los derechos humanos en todas las esferas sociales, incluyendo, evidentemente, nuestra propia comunidad eclesial!

3.3. Entre los tesoros esenciales de los derechos humanos se encuentra el derecho de las mujeres a la plena igualdad en la sociedad y en la Iglesia. Para toda persona bautizada en nombre de Jesús ”no hay diferencia entre judíos y gentiles, entre esclavos y libres, entre mujeres y hombres” (Gal 3:28). No hay pasaje en las Escrituras que declare a las mujeres indignas para los ministerios eclesiales ordenados. No puede haber pues tal posición en la doctrina de la Iglesia. Las estructuras de la Iglesia deben comprender la plena participación de las mujeres y de los hombres. La causa de las mujeres es la causa de la humanidad.

3.4. La ley canónica vigente aún contiene preceptos que están en plena contradicción con los derechos humanos. Como miembros del laicado, las mujeres sufren doble discriminación (canon 230). No hay separación de poderes (canon 391). Padres y madres que permiten que sus hijos sean bautizados o educados como no católicos y personas que rechazan obedecer ciegamente a su obispo o al papa son amenazados con penas (canon 1366). La continencia sexual, descrita como un ”carisma divino especial”, se instituye como obligación ”permanente” para todos los miembros del clero ordenados en el rito occidental.

3.5. Nosotros y nosotras, la Iglesia Católica, creemos que llegó la hora para que la Santa Sede revise su rechazo ingrato de firmar la Convención Europea de Derechos Humanos. Debe demostrar su entero e inequívoco apoyo de la igualdad total de derechos de la mujer dentro de la Iglesia – no sólo con palabras sino con actos.

También nos sentimos obligados a obrar a favor de la abolición de la pena de muerte en todos los países del mundo.

Dentro de la Iglesia Católica no deberían seguir siendo reprimidos ni atacados quienes buscan nuevos caminos para difundir el Evangelio y entablar el diálogo con otras religiones y con el mundo, y quienes apoyan una reforma extensiva de la Iglesia Católica Romana. Solicitamos en el espíritu del Segundo Concilio Vaticano que se inaugure una temporada de diálogo creativo, sin exclusiones y excomuniones.

El año 2000 es la ocasión de iniciar cambios audaces en las estructuras eclesiales y en algunas decisiones papales que han causado tanto sufrimiento a tantos cristianos (por ejemplo el no permitirle a quienes pertenecen a una diócesis elegir a sus pastores; prohibir la contracepción; rechazarle la Eucaristía a divorciados que se han vuelto a casar; obligar a los sacerdotes al celibato; rechazar la plena igualdad de las mujeres y de los hombres en los ministerios ordenados; desatender los derechos de los homosexuales y las lesbianas; prohibir la Eucaristía interconfesional de hermanos y hermanas de diferentes Iglesias Cristianas; rechazar la reintegración de sacerdotes casados).
 

4. CUIDAR LA CREACIÓN

4.1. Dios creó el universo y ”lo encontró muy bueno!” (Gen 1:31). Hoy consideran muchos católicos, ordenados o no, el mundo como dominio del mal. Sin una afirmación alegre y sincera de la creación, nadie creerá que queremos hacer del nuestro un mundo mejor, ecológicamente más equilibrado. Esto es, sin embargo, precisamente nuestra misión.

4.2. Comprendimos equivocadamente el mandato de ”cultivar y cuidar” el Jardín de Edén  (Gen 2:15), como autorización divina para la explotación. Una vez más nos encontramos frente a una Europa de contrastes extremos: en este continente se desarrolló el Estado moderno constitucional que propicia las bases políticas y económicas para una vida de al menos cierta prosperidad modesta para todos los grupos y clases. Sin embargo al mismo tiempo en este continente es donde la codicia humana, en particular en décadas recientes ha destruido deliberadamente las condiciones mismas de la supervivencia en una forma sin precedentes, y ha permitido que los excesos de una expansión económica desenfrenada despojen a muchas personas de trabajo con sentido y de esperanza. Ambos patrones destructivos deben encontrar un término.

4.3. Nosotros y nosotras, la Iglesia, tenemos la responsabilidad de enseñar y de proclamar la bondad de la creación de Dios y de sanar los danos y la destrucción del medio ambiente.
 

5. COMPARTIR PODER

5.1. El mundo do puede cambiar sin política. Política tiene que ver con poder. Los cristianos deben ser ejemplos para los demás del buen uso del poder – cuidando de la dignidad de todas y de todos. El principio de la repartición del poder (subsidiaridad) preconizado primero que todo por la doctrina social de la Iglesia y convertido recientemente en parte esencial del sistema legal de la Unión Europea, responde a este desafío. Ya en el año 1946 anunció el papa Pío XII al Colegio de Cardenales reunido que también debía aplicarse a ”la vida de la Iglesia”.

5.2. La separación de poderes dentro de la Iglesia Católica, otorgándole mayor peso a las iglesias locales, revigorizaría a las parroquias y las diócesis y por consiguiente a la Iglesia en su totalidad. Facilitaría la experimentación (por ejemplo en materia de viri probati, de ordenación de mujeres, de administración de parroquias por laicos) antes de introducir estas reformas a escala mundial. Esto también promovería formas litúrgicas creativas, estéticas y proféticas que alcanzarían el corazón de la gente. Nombrar obispos contra la voluntad del pueblo o humillar conferencias episcopales nacionales con directivas vaticanas – como ocurrió recientemente en el caso de los servicios de consejo para embarazadas en Alemania – son violaciones serias del principio de la subsidiaridad.

5.3. La Iglesia caminante ha desarrollado sus estructuras administrativas a lo largo de la historia. Durante siglos usó las insignias externas del poder seglar bajo la forma de vestimentas oficiales, títulos y documentos. Muchos de estos signos han sido descartados, pero la jerarquía sigue aceptándolos, aún a sabiendas de que Jesús dijo refiriéndose a los poderoso seglares: ”Pero entre vosotros que no sea así” (Mc 10:43).

5.4. Nosotras y nosotros, la Iglesia Católica, apelamos por la instalación de un concilio representativo para dotar a la Iglesia de un gobierno estatutario. Estos estatutos deben estipular:
- la participación de todas y todos los concernidos en la toma de decisión, en particular en materia de nombramiento de obispos y de formulación de la fe común del Pueblo de Dios (Sensus Fidelium);
- la separación de poderes y responsabilidades:
- un juicio equitativo;
- la subsidiaridad en todas las áreas y a todos los niveles;
La libertad debe ser garantizada en cada caso.

El Sínodo de Obispos debería ser transformado radicalmente para llegar a ser una estructura regular y permanente con poder deliberativo, con el objetivo de gobernar la Iglesia Católica en su integridad. El Sínodo debería estar abierto a la plena participación y debería ser representativo de todo el Pueblo de Dios.
 

6. AFIRMAR LA COMUNIÓN DE LAS IGLESIAS CRISTIANAS

6.1. Conforme al documento de clausura de la Segunda Asamblea Ecuménica de Graz en Junio 1997 ”Le presentamos al mundo el triste espectáculo  de una cristiandad dividida”. Pero reconocemos signos de esperanza: la inminente firma de la ”Declaración de Católicos y Luteranos sobre la Doctrina de la Justificación”, el progreso en las amplias conversaciones entre teólogos católicos y anglicanos y la revigorización del diálogo con obispos y patriarcas ortodoxos.

6.2. A pesar de ello, no debemos ignorar los signos de estancamiento general en el ecumenismo. Esta tendencia es tanto más lamentable que las tentativas laboriosas de reconciliación pudieran haber sido evitadas si la Iglesia Católica le hubiera acordado mayor atención a las propuestas de reforma hechas por individuos en siglos precedentes condenados y eliminados con frecuencia como ”apóstatas” y ”heréticos”. Esta lección de la historia exige que la Iglesia Católica se encuentre en la vanguardia de los esfuerzos ecuménicos del futuro. El temor frente a la ”pureza de la doctrina” (a pesar de que la Biblia exhorte en cincuenta y siete ocasiones contra el temor) es en el mejor de los casos un síntoma de desconfianza, pero puede ser en el pero de los casos la arrogancia del poder y del privilegio.

6.3. La gran mayoría de Europeos y de Europeas comulgan en su deseo de compartir la mesa eucarística. Si el Vaticano sigue insistiendo en la necesidad de una mayor clarificación de los ministerios ordenados como prerrequisito para la intercomunión, entonces nos corresponde a nosotras y a nosotros, la Iglesia Católica, lanzar con valentía y sentido de la perspectiva nuevas iniciativas. En su encíclica Ut unum sint, el papa Juan Pablo II animó a un ”diálogo fraternal, paciente” respecto al ejercicio del ministerio petrino. Esta invitación no debe ser olvidada.

6.4. La Iglesia cristiana en su integridad está necesitando signos de afirmación y de confirmación. Uno de estos gestos simbólicos podría constituir para Cristianos católicos, protestantes y ortodoxos el acuerdo de celebrar la Pascua en la misma fecha.

6.5. Nosotras y nosotros, la Iglesia Católica, debemos continuar el diálogo ecuménico. Discusiones teológicas no deben seguir impidiendo la celebración de la intercomunión. Apelamos a la Comunidad Cristiana en su totalidad a reconocer los ministerios y sacramentos de cada Iglesia, para que así seamos un ejemplo de unidad en la diversidad para el mundo.

Los cristianos deben seguir tomando la iniciativa de celebrar Eucaristías en comunión, para preparar así un gesto significativo con el que soñamos: ver al Obispo de Roma participando en la celebración Eucarística en comunión con otras Iglesias Cristianas.

Nuestra Iglesia Católica Romana – en conjunto con otras Iglesias Cristianas – debería aprovechar la oportunidad que le ofrece el nuevo milenio para iniciar un proceso que desemboque en un Concilio realmente Universal de todas las Iglesias, que permita la reconciliación de todos los discípulos y las discípulas de Jesús.

La Iglesia Católica Romana debería aceptar de ser copatrocinadora del Foro de Iglesias y Organizaciones Cristianas en 2001, propuesto por el VIII Encuentro Ecuménico en Harare, Zimbabwe, en Diciembre de 1998.
 

7. PARENTESCO CON EL JUDAÍSMO Y EL ISLAM

7.1. Como cristianos europeos tenemos que expiar siglos de culpa respecto a nuestras hermanas y hermanos judíos, una historia vergonzosa que culminó en el apocalipsis del Holocausto.  Hasta que no recuperemos la confianza de los judíos que representan una parte rica de la cultura europea de muchos siglos, el río de nuestra propia fe seguirá contaminado desde su misma fuente.

7.2. La raíz común de Abrahán también nos vincula a los seguidores del Islam que ayudaron igualmente a darle forma a la cultura medieval de Europa y que hoy han llegado a ser parte integral de la población de la mayor parte de los países europeos. El diálogo con nuestros hermanos y hermanas musulmanes es otra obligación para los cristianos, poco importa la diferencia de los puntos de partida y lo inevitable de los posibles reveses. El tener la fe de Abrahán significa que, confiando en la promesa de Dios, estamos haciendo conjuntamente camino sin tener certeza ni del sendero ni de la meta.

7.3. Nosotros y nosotras, la Iglesia Católica, creemos que además de la reconciliación entre Cristianos Católicos, Protestantes y Ortodoxos, Europa necesita el diálogo interreligioso con otras tradiciones de fe y con ideologías importantes. El diálogo con las tres religiones abrahámicas –el judaísmo, el cristianismo y el islam– necesita especial atención, sensibilidad y gestos concretos.

Nosotros y nosotras, la Iglesia Católica, debemos apoyar el proyecto de una ética global mundial.
 

8. NARRAR HISTORIAS ALEGRES DE DIOS

8.1. Conforme a las Escrituras, Dios es un amigo de los seres humanos, es sabio y paciente generoso y justo. Pero nos damos cuenta que todo nuestro hablar de Dios implica hablar en imágenes incompletas y tartamudear en un lenguaje limitado por una red de definiciones. ”Le queda la tarea a la fe cristiana de ir comprendiendo su [de la revelación] entero significado en el transcurso de los siglos” (Catecismo de la Iglesia Católica 66).

8.2. La imagen de los discípulos de Emaús, que no reconocieron a Jesús, ofrece el escenario para el Instrumentum Laboris del Sínodo para Europa. Es esencial para nosotros que guardemos en la mente que es Jesús quien nos abre los ojos y siempre vuelve a abrírnoslos, y que todos nosotros y nosotras, incluyendo los más altos dignatarios de la Iglesia, siempre seguiremos siendo buscadores y no poseedores de la verdad.

8.3. Nosotras y nosotros, la Iglesia Católica, le pedimos a los obispos participantes en el Sínodo para Europa, que le muestren al mundo una Iglesia que practica lo que proclama, promoviendo la paz y la unidad en la diversidad; compartiendo auténticamente las alegrías y las tristezas de la gente; ayudando a hombres y a mujeres  a desarrollar una comprensión más profunda del sentido de la vida.

Nosotros y nosotras, la Iglesia Católica, debemos proclamar la Buena Nueva en lenguajes que lleguen a los corazones y a las mentes de las personas.

La Iglesia es la Asamblea del Pueblo de Dios.

Es nuestra misión común de dar testimonio del Amor de Dios.
 


Ofrecemos nuestra declaración al Espíritu Santo,
al Sínodo de Obispos y a la totalidad de la comunidad cristiana.

Con esta declaración demostramos nuestro deseo de dialogar en el seno de nuestra Iglesia.

10 de Octubre de 1999 en Santa Severa, Roma, Italia
Movimiento Internacional Somos Iglesia / Red Europea  - Iglesia en Libertad
 

10 de Octubre de 1999
Santa Severa, Roma, Italia
Movimiento Internacional Somos Iglesia / Red Europea – Iglesia en Libertad
Foro Europeo de Católicas y Católicos

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