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¿Cuáles son nuestras utopías?
Pope Godoy
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1. Parto de la definición de utopía en el diccionario de la lengua española: Del griego ou (no) y tópos (lugar): lugar que no existe. Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento. La utopía ha sido y sigue siendo el gran motor de la historia, es decir, hacer realidad los sueños y las aspiraciones tanto personales como colectivas. Vivimos porque tenemos utopías.

Una de las fronteras genéticas entre la cultura simia o animal y la humana es, sin duda, la capacidad de rebelión del homo utópicus: un animal que quiere crear una sociedad distinta utópica -del no lugar- (ABC, 23 octubre 1999).

Se me quedó grabada una frase en la Expo 92 de Sevilla, pabellón de la navegación, donde en uno de los últimos paneles se leía: "Constructores de inútiles utopías, ¡gracias por mover el mundo!".

Rindo un apresurado homenaje a Rafael Alberti, recién fallecido, quien como utópico incombustible escribía en La arboleda perdida (2ª parte): "Poco a poco me voy adentrando, esta vez definitiva e irremediablemente, en ese golfo de sombras que entonces anuncié, con la ilusionada y tal vez vana esperanza de que el paso del tiempo no borre mis huellas de tantos caminos recorridos" (tomado de un editorial de El País, 29 octubre 1999). Y aquellos su versos: "Galopa, caballo,/ jinete del pueblo,/ que la tierra es tuya./ ¡A galopar, a galopar,/ hasta enterrarlos en el mar!"

2. El segundo punto de partida, como no puede ser de otra manera, es la utopía anunciada por Jesús de Nazaret: "Está cerca el reinado de Dios" (Marcos 1,15). "Enmendaos, que está cerca el reinado de Dios" (Mateo 4,17).

3. Según Juan Mateos, la expresión "está cerca el reinado de Dios" puede ser traducida en un lenguaje secular con este formulación: Es posible una sociedad alternativa.

4. La utopía que Jesús propone abarca una doble vertiente: Es posible la hermandad porque todas y todos sois hijas e hijos de un mismo Padre. Se trata, por tanto, de una utopía sobre Dios (un nuevo rostro de Dios) y, en consecuencia, una utopía sobre el ser humano y sobre la sociedad en su conjunto: una sociedad alternativa sin privilegios y sin exclusiones.

5. En este contexto, la parábola del sembrador adquiere una nueva dimensión. La semilla que Jesús lanza a los cuatro vientos es la fe en la utopía. Significa una llamada a la ilusión, al inconformismo, a la rebeldía, a la movilización y a la esperanza.

6. Sería interesante releer la parábola del sembrador desde esta perspectiva. Jesús hace un análisis sociológico para explicar por qué naufraga la utopía en el corazón de cada ser humano y/o por qué fructifica. Llama la atención que ésta es la única parábola que Jesús explica y, además, en los tres sinópticos (Marcos 4,1-20; Mateo 13,1-23, Lucas 8,4-18).

7. Con este telón de fondo, podemos abordar las diversas utopías movilizadoras que dan sentido a nuestra vida como personas y como creyentes en Jesús. Me permito formularlas a tres niveles: utopías a corto plazo, utopías a medio plazo y utopías a largo plazo (por desgracia).
 

1. Utopías a corto plazo

Intento desglosar en este apartado realidades que se encuentran muy interdependientes, pero que no viene mal enumerarlas por separado.

Para que nuestra vida tenga sentido, necesitamos hacer realidad, como el pan de cada día, la utopía diaria de la ternura y el cariño. (Entre paréntesis, podemos profundizar en el sentido de que la caricia es el sacramento del amor. Es decir, expresa y al mismo tiempo enriquece y acrecienta el amor).

La experiencia del cariño y la ternura permite hacer realidad una segunda utopía: la utopía de la gratuidad. Nos vamos haciendo personas adultas en la medida en que somos capaces de dar sin exigir nada a cambio y también de recibir sin sentirnos obligados a dar nada a cambio.

No es necesario recordar que la gratuidad sólo es posible desde la utopía de la libertad. En la medida en que nos consideramos con derechos sobre alguien en esa medida estamos matando de una sola tacada tanto la gratuidad como la libertad en las relaciones humanas.

Y una tercera utopía: la igualdad. La historia humana se debate siempre entre la libertad y la igualdad como utopías totalizadoras. Es decir, como el horizonte utópico referencial de las relaciones humanas y de la organización social. Podemos apelar a nuestra propia historia personal: la experiencia más radical del ser humano que es el amor y la amistad en cuanto comunicación profunda se hace tanto más posible y tanto más plena cuanto más dosis mantiene de igualdad y de libertad.

Toda esta densa, compleja y a la vez sencilla y diaria experiencia humana (gratuidad, libertad, igualdad) constituye el punto de partida y al mismo tiempo el punto de llegada para la gran utopía de la solidaridad.
 

2. Utopías a medio plazo

Las llamo así porque trascienden las relaciones personales diarias, por decirlo de algún modo, aunque pertenecen también al mundo que tocamos de forma habitual.

Por más paradójico que parezca, la democracia es una fascinante y totalizadora utopía humana. La democracia formal que conocemos se formula como cada persona un voto. Significa dos pasos importantes en la línea de la utopía: a) participan todas las personas, sin exclusiones; b) el voto de cada persona tiene el mismo valor.

Ahora bien, la democracia política, formulada en su horizonte utópico, se define como el máximo de participación en las decisiones colectivas con el mínimo de coacción sobre la libertad individual.

Para caminar en la línea de esa utopía, existen tareas y retos en los que podemos implicarnos de muy variadas formas que me limito a enunciar:

Favorecer la información pública de la realidad, problemas, aspiraciones, alternativas, etc. Ya decía Kant que la publicidad es consustancial a la democracia. Es la forma de crear movimientos de opinión y de presionar a los poderes públicos.

Apostar radicalmente por la participación ciudadana en la política, desde y a través de los movimientos ciudadanos, sociales, sindicales y organizaciones políticas. Una sociedad dinámica es una sociedad participativa. La contradicción del sistema es que quiere la participación, pero sólo a la hora de votar.

Ser muy conscientes de que la democracia política es irrealizable con un mínimo de credibilidad y de verificación mientras no se vaya caminando paralelamente hacia la democracia económica (la máxima participación en los bienes económicos y sociales con el mínimo de coacción a la iniciativa privada) y la democracia cultural (la máxima distribución de los instrumentos culturales con el máximo de autonomía para las decisiones personales).

Esta triple democracia como horizonte dinamizador y concreto incluye cinco objetivos innegociables y universales: sanidad, educación, vivienda, trabajo y pensión de jubilación (enfermedad o accidente). Todos ellos siempre mejorables, pero con unos niveles suficientes para toda la ciudadanía.
 

3. Utopías a largo plazo

El gran mensaje utópico es ir creando un movimiento de opinión de que es posible una sociedad alternativa a nivel mundial. Para hacer posible la rebeldía, la movilización y la esperanza es necesario tomar conciencia de que vivimos y formamos parte de una sociedad radicalmente injusta (mientras el 20% más pobre de la población mundial sólo consigue el 1,2% de la riqueza mundial, el 20% más rico acapara hasta el 83%).

Son necesarios mecanismos de redistribución de la renta a nivel mundial. Actualmente no existe ninguno, sino sólo "recomendaciones" de la ONU respecto al porcentaje de 0,7% en ayuda al desarrollo, que sólo es cumplido por muy pocos países (España no llega al 0,3%) y "concedido" a determinados países en función de intereses económicos del país donante, incluso con venta de armas.

Es urgente la desaparición de todos los ejércitos y, en consecuencia, de todo el comercio de armas que lleva consigo. Como alternativa, una policía mundial con armamento ligero para solucionar los casos de conflictos agudos en determinados territorios. Inmensa cantidad de recursos serían transferidos desde los gastos militares hacia infraestructuras y gastos sociales.

Estas grandes utopías exigen la creación de un Gobierno mundial, que pueda tener carácter coercitivo respecto a todos los países. La experiencia de la Unión Europea, con todas sus ambigüedades, tiene el magnífico precedente de haberse realizado como adhesión libre y como recorte voluntario de las competencias de cada estado para trasladarlas a un ámbito superior. Los países limítrofes cuanto más pobres más deseosos están de entrar en este club de la opulencia porque salen beneficiados. Este mecanismo de agregación voluntaria es el instrumento más eficaz para evitar definitivamente las guerras. Por más conflictos que haya de intereses contrapuestos, siempre será más eficaz resolverlos con el diálogo que con la fuerza bruta.

Ya se abre camino la experiencia de un Tribunal mundial sobre derechos humanos. Son pasos hacia la utopía de una sociedad alternativa.
 

Reflexión final

Nuestra tarea humana es realizar los esfuerzos a nuestro alcance para que no sólo se realice la declaración formal de los derechos humanos (que ya es un gran paso), sino su efectivo reconocimiento y su verificación real a todos los niveles y en todos los países.

Pero es necesario subrayar que siempre queda un espacio que nunca se podrá llenar ni por las leyes ni por la organización social: la utopía de la gratuidad y de la solidaridad. La 1ª carta de San Juan formula una realidad que es al mismo tiempo experiencia humana radical y experiencia cristiana básica: "Podemos amar nosotros porque él (Dios) nos amó primero" (l Juan 4,19).

Formulado en lenguaje secular: Podemos amar nosotros porque alguien o muchas personas nos amaron primero.
 

Encuentro de Comunidades Cristianas Populares.
Cádiz, octubre 1999.  Mesa redonda.