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 INFORMACIÓN Y OPINIÓN
 
En busca de Pablo

John D. Crossan y Jonathan L. Reed, En busca de Pablo. El imperio de Roma y el imperio de Dios frente a frente. Estella, Verbo Divino, 2006.

JUAN JOSÉ TAMAYO
 

El choque entre el cristianismo de Pablo de Tarso -primero judío ferviente, después perseguidor de los cristianos, más tarde apóstol de Jesucristo- y el Imperio romano -quizá la mayor civilización preindustrial de entonces- es el tema de este sugerente libro, escrito por Jonathan L. Reed, una de las mayores autoridades en arqueología palestinense del siglo I, y John D. Crossan, prestigioso investigador sobre el Jesús histórico y el nacimiento del cristianismo.

 Los autores muestran que el punto de fricción entre el Imperio romano y Pablo de Tarso radicaba en la distinta forma de entender la paz. El principio por el que se regía el primero era "paz mediante la victoria y el sometimiento"; el principio de la cosmovisión paulina era "paz mediante la justicia" o, mejor, alianza, no violencia, paz y justicia. La oposición de Pablo al Imperio se basaba en su negativa a reconocer al César como Dios, Hijo de Dios, Salvador y Redentor del Mundo. La teología del apóstol Pablo se encuentra en las antípodas de la teología del Imperio, que era "el núcleo ideológico del poder imperial" y "el corazón teológico del dominio universal romano" (página 25). Pablo se comporta como un iconoclasta del César, y ello en su calidad de cristiano y de ciudadano del Imperio. Lo que resulta provocador, subversivo, revolucionario.

 Revolucionaria era también para su tiempo, subrayan Reed y Crossan, la idea paulina de igualdad de todos los creyentes dentro de la comunidad cristiana, independientemente de su cultura, de su sexo, de su estatus social: "Todos sois uno en Cristo -dice Pablo en la carta a los Gálatas-. Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer". (Gál 3,26). Sin embargo, en otras cartas se encuentran textos patriarcales. Por ejemplo, la primera Carta a los Corintios (14,33-36) ordena a las mujeres que se callen en la asamblea cristiana, que se muestren sumisas y, si quieren alguna explicación, que pregunten a sus maridos en casa. La primera Carta a Timoteo (2,8-15) prohíbe a las mujeres enseñar e imponerse a los hombres y les asigna la función de la maternidad como condición necesaria para salvarse. ¿Cómo se explica esta dualidad? En el primer caso se trata de una interpolación de un seguidor de Pablo. En el segundo estamos ante una obra que no es de autoría paulina. Se elimina así muy pronto la autoridad de las mujeres y se sustituye la igualdad paulina por la desigualdad antipaulina.

En medio de la proliferación de estudios sobre Pablo de Tarso en los últimos años, la originalidad de este libro radica en la capacidad de integrar dos disciplinas no siempre armonizadas, la arqueología y la exégesis, y de relacionar los tres mundos en los que se movió el apóstol de los gentiles: el Imperio romano, del que era ciudadano; el judaísmo, religión en la que se formó, y el cristianismo, al que se convirtió siendo adulto.

 Como reconocen los propios autores, ambos norteamericanos, la cuestión que puede leerse entre líneas (y a veces en el propio texto) es si, conforme a la teología de Pablo, Estados Unidos, la mayor civilización posindustrial del mundo, puede ser cristiano.
 

EL PAÍS - BABELIA - 21-10-2006 
 
 
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