PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
CICLO "A"


Primera lectura: Isaías 2, 1-5
Salmo responsorial: Salmo 121
Segunda lectura: Romanos 13, 11-14


EVANGELIO
Mateo 24, 37-44

 37Ahora bien, lo que pasó en tiempos de Noé pasará en la llegada del Hijo del hombre; 38es decir, lo mismo que en los días antes del diluvio la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca 39y, estando ellos desprevenidos, llegó el diluvio y arrambló con todos, así sucederá también en la llegada del Hijo del hombre. 40Entonces, dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; 41dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. 42Por tanto, manteneos des­piertos, pues no sabéis qué día va a llegar vuestro Señor.

43Ya comprendéis que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se quedaría en vela y no lo dejaría abrir un boquete en su casa. 44Pues estad también vosotros preparados, que cuando menos lo pen­séis llegará el Hijo del hombre.

 


 

COMENTARIOS

I

¡ATENTOS! ¡DESPABILAD!

Nos dicen que todo va bien.

¿El paro? La mayor parte es un fraude. ¡Hay tanto parado que trabaja, tanta economía sumergida!

¿La subida de los precios? Es cierto, hay precios que su­ben, ¡pero también suben [algunos] sueldos!

¿La acción política? Tranquilos, que todo está en buenas manos... Vamos a salir adelante, todo va por buen camino...

¿Para qué preocuparse? Lo mejor es sentarse delante de la TV a ver cómo se divierten los dueños de las grandes em­presas petroleras del imperio o los magníficos (!) vinateros de California.

¿Para qué preocuparse tanto? Lo mejor es portarse bien, estarse quietecito y, si es posible, buscarse un carnet con fu­turo...

 

UN ANTIGUO IDEAL

Varios siglos antes de que Jesús de Nazaret predicara su mensaje, Isaías, un profeta del antiguo Israel, formuló un ideal que sigue siendo, todavía hoy, sólo un deseo, un proyecto aun muy lejano: «De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adies­trarán para la guerra» (Is 2,4).

No. No hay paz. Nos dijeron que la había y nos quedamos dormidos en los laureles. Pero no. No está en paz el parado (ni siquiera el que trabaja clandestinamente). No está en paz la mujer de pueblo que ve cómo sube la vida, aunque vea tam­bién que los lujos le saldrían más baratos... si se los pudiera costear. No está en paz un país que financia la guerra o que comercia con ella...

Ciertamente: el ideal de Isaías, tan viejo, y aún sin es­trenar.

 

EL IDEAL DE JESÚS

La propuesta de Isaías fue ampliamente superada por Je­sús de Nazaret. Y no sólo porque puso la meta mucho más lejos, sino porque trazó con claridad y recorrió hasta el final el camino que nos puede llevar a conseguir ese objetivo: cambiar este mundo y convertirlo en un mundo de buenos hermanos. El se mantuvo despierto hasta el final, sin dejarse adormecer por los distintos cantos de sirena que le entonaron durante toda su vida [p. ej.: las tentaciones (Mt 4,1-11); véase el co­mentario en el domingo primero de Cuaresma] y sin permitir que lo asustaran las amenazas que, al final, lo llevaron a la muerte.

Ese proyecto, el reino de Dios lo llaman los evangelios, se realizará en dos etapas: una primera, en la que se va constru­yendo la fraternidad en este mundo, en medio de luchas y per­secuciones; otra etapa, definitiva, más allá de esta historia. En el evangelio de hoy, y respondiendo a sus preguntas, Jesús advierte a sus discípulos que en el período histórico acecha un peligro: el dormirse en los laureles, el sentarse a esperar la ale­gría futura, olvidándose de construir y conquistar para todos Ja felicidad presente: «Por tanto, manteneos despiertos, pues no sabéis qué día va a llegar vuestro Señor... Pues estad tam­bién vosotros preparados, que cuando menos lo penséis, llegará el Hombre» Y es que el presente y el futuro están indiso­lublemente unidos en él, el Hombre, que vino no a enseñarnos el camino del cielo, sino a dar su vida para traer el cielo a la tierra.

 

MANTENEOS DESPIERTOS

En aquella hora trágica del huerto de Getsemaní (Mt 26, 36-46; Mc 14,32-42; Lc 22,39-46), con el sabor amargo de la traición y el fracaso en el paladar, pero con la seguridad de sa­ber que el amor es más fuerte que la muerte, Jesús pidió a los tres discípulos que tenía más cerca que se mantuviesen des­piertos («Me muero de tristeza. Quedaos aquí y manteneos despiertos conmigo»: Mt 26,38); esto es: los invita a que lo sigan y lo acompañen hasta la muerte, hasta dar ia vida, si ello era preciso, para que en el mundo los hombres puedan vivir como hermanos.

Estar despiertos significa, por tanto, acompañar a Jesús de Nazaret en su duro camino hacia Jerusalén, hacia la cruz. No dejarlo solo ante su muerte, punto culminante de su lucha con­tra el orden injusto -el desorden establecido- de esta so­ciedad.

Estar despiertos, estar despabilados comporta el no dor­mirse en los laureles cuando nos dicen y se empeñan en hacer­nos creer que todo va bien.

Estar despiertos equivale a no poner límite al amor; a no dejar que nos distraigan de nuestro objetivo como cristianos, a estar siempre atentos para descubrir y luchar contra lo que impide la fraternidad y apoyar con todas nuestras fuerzas lo que la favorece.

Estar despiertos es jugarse el tipo por cualquier cosa que pueda contribuir a la felicidad de los hombres, especialmente de aquellos que viven más lejos de la alegría.

Estar despiertos, estar despabilados, es moverse, mante­nerse ocupados en realizar el bien común, aunque, por mover­nos, no salgamos en la foto.

Estar despiertos es ponerse a trabajar sin descanso para que el viejo ideal de Isaías, englobado dentro de la propuesta de Jesús, se vaya haciendo realidad...

 


 

II

 vv. 37-44. En cambio, hay otro acontecimiento cuyo momento no puede ser precisado. Sólo el Padre puede determinarlo. Este es el momento del «fin» individual y del «fin» de la historia, que depen­den de la maduración del individuo y de la humanidad. Este fin supone para el individuo una entrega como la de Jesús, que lo constituye en hijo de Dios; por eso sólo el Padre, que es el término de esta relación, puede apreciar cuándo el hombre ha llegado a su pleno desarrollo como hijo.

Pasa Jesús a precisar el carácter de su «llegada», descrita antes de forma figurada en vv. 30s, y cuyo día y hora son desconocidos. Esta será inesperada para la inmensa mayoría. Como en tiempos de Noé, la humanidad, distraída en sus asuntos, no verá acercarse la ruina. Los discípulos, en cambio, que saben que ese día se acer­ca, deben estar vigilantes.

La clave de interpretación se encuentra en el verbo «estad en vela» (42), que aparece también en el episodio de Getsemaní (26, 38.40.41). Indica la solidaridad e identificación con la muerte de Jesús, cuya angustia experimenta en el huerto. Los discípulos han de estar siempre preparados a afrontarla (v. 44). Se ve que la lle­gada del Hombre se identifica con la hora de la persecución a muerte contra los suyos. Su llegada es salvación, pues viene a reunir a sus elegidos (v. 31). La actitud en la hora de la prueba depende de la que se haya tenido en la vida, y decidirá la suerte de cada uno, según lo dicho en v. 13: «el que resista hasta el fin, ése se salvará». La llegada del Hombre es la ruina de un sistema opresor: ésa es su victoria; al mismo tiempo, es la salvación para los suyos que han dado la vida en la persecución y cuya actividad, proclamando el mensaje y dando su vida, ha provocado esa caída. Ellos no pueden participar de la inconsciencia general.

 


 

III

 Hoy comienza el «año litúrgico», que no coincide con el año civil, ni con el curso lectivo, ni tal vez con el «ejercicio económico anual» de tal ramo de empresas... El año litúrgico es una periodización propia de la Iglesia católica.

Comienza con el tiempo de «adiviento», uno de los varios que lo componen... «Ad-viento», apócope de «ad-venimiento», significa venida, llegada, y alude a «la venida de Cristo», que, bíblicamente hablando, son dos: la venida que ya tuvo lugar, que celebraremos en Navidad, y la futura, la llamada «segunda venida» de Jesús, «en poder y majestad», que, en la visión clásica tradicional, pondrá fin al mundo, inaugurará el «juicio  final» o «juicio de las naciones», y abrirá la era definitiva, el «nuevo eón», la «vida eterna» beatífica para los salvados, y el sufrimiento eterno en el infierno para los «condenados». Todo ello, dicho en el lenguaje clásico tradicional religioso cristiano. Pero, ¿qué creemos hoy, realmente, de todo ello? ¿Cuánto de todo ello lo creemos sólo «simbólicamente», con un contenido de significado muy diferente del literal?

Los dos últimos capítulos del evangelio de Mateo forman el llamado «discurso escatológico» de Jesús. El evangelista pone en su boca y agrupa en estos capítulos los dichos «escato-lógicos», o sea, los que se refieren al final (del mundo). Ya sabemos hermenéutica bíblica y no vamos a entrar en el tema de la historicidad de esos dichos en cuanto efectivamente dichos por Jesús. Bien pudiera ser que Jesús expresara estas u otras ideas semejantes, porque Jesús estuvo inmerso en la mentalidad religiosa y cultural de su época -igual que dijo que Dios «hace salir el sol» sobre justos y pecadores, porque participaba de la visión cosmológica precopernicana-. Pero la pregunta importante es: ¿debemos creer nosotros hoy en esa «descripción del final» propia de esa visión apocalíptica? ¿Creemos efectivamente que Jesús «vendrá de nuevo», tal vez «pronto», «como el ladrón», y con semejantes consecuencias?

Richard Dawkins, que se ha hecho muy popular con su combate crítico a creencias religiosas sobrepasadas (que él cree que representan todavía la forma de creer de los cristianos inteligentes y actualizados), confiesa que queda «abatido alconstatar que el 50% de los estadounidenses cree que el mundo tiene apenas 6 mil años», y añade: «La única superpotencia mundial actual está a punto de ser dominada por electores que creen que el universo entero comenzó después de la domesticación del perro. Creen también que serán personalmente ‘arrebatados’ a las alturas celestrianes todavía en el tiempo de su vida, hecho que será seguido por un Armagedón muy bienvenido como heraldo de la segunda venida de Cristo». Sam Harris por su parte (Letter to a Christian Nation), aduciendo encuestas del Instituto Gallup, sustiene que «nada menos que el 44% de la población estadounidense está convencida de que Jesús va a volver para juzgar a los vivos y a los muertos, en algún momento de los próximos cincuenta años». «Imagine usted  las consecuencias, si algún miembro significativo del gobierno estadounidense realmente creyese que el mundo está pronto a acabar de esta manera... El hecho de que casi la mitad de la población de EEUU crea en eso, en base simplemente a un dogma religioso, debe ser considerado una emergencia moral e intelectual». Dawkins, que prologa el libro de Harris, añade que hablar de una «emergencia moral e intelectual» tal vez es muy moderado.

Efectivamente, aunque hayamos olvidado historias pasadas de los muchos movimientos milenaristas de siglos pasados, hoy sabemos bien de consecuencias terribles que están teniendo en la actualidad las creencias religiosas que derivan en violencia y terrorismo por motivaciones religiosas verdaderamente apocalípticas, tanto de un signo como de otro. Las creencias religiosas, sobre todo su interpretación, no son un mero «asunto privado» de cada quien. Qué crean los norteamericanos electores del gobierno de la mayor potencia militar del mundo, para mí no es simplemente un «asunto privado» de ellos. Qué crean y piensen sobre el final del mundo y sobre la intervención y el dominio que Dios tiene sobre nuestro modo de gestionar este mundo, no es un asunto religioso privado del que la sociedad no deba preocuparse, porque, en determinadas circunstancias, puede llegar a ser verdaderamente «una emergencia moral e intelectual». Pensemos también en la cantidad de creyentes de pequeñas «iglesias libres» que se multiplican entre masas de población que viven en sectores de pobreza o miseria, y en las creencias fundamentalistas que difunden... ¿No son realidades de interés público, tal vez de salud pública, o incluso de «emergencia moral e intelectual»?

Casi con toda seguridad, los lectores de este comentario bíblico no están en esas penosas situaciones religiosas a las que acabamos de aludir. Pero es bien probable que no sepan bien qué decir ante el evangelio de hoy: ¿seguimos creyendo en una «segunda venida de Cristo»? Probablemente no creen en su inminencia, ni en su carácter «apocalíptico», ni en Armagedón y sus amenazas... pero no han decidido si seguir creyendo o no en «la segunda venida de Cristo». Mientras no lo decidan críticamente -o sea, mientras no personalicen su fe, en ese sentido- seguirán creyendo con la creencia tradicional (confiarán una parte importante de su vida a esa creencia), de que lo más profundo de la realidad es que es el plan de un Dios que quiso crearnos y ponernos una prueba, y que esa «segunda venida» será el paso a una vida eterna de premio o castigo por nuestra conducta moral en este mundo. Todo eso es lo que está implicado en la «segunda venida».

Ocasiones como ésta, del domingo que inaugura el Adviento, que pone ante nuestros ojos meditativos esa segunda venida, son, deberían ser, una ocasión para «agarrar el toro por los cuernos» y abordar estos temas, sin contentarse con darles en la homilía simplemente varios «pases» litúrgicos que lo utilizan simbólicamente, sin tener el coraje de responder a ninguna de las preguntas que pasan por la mente de los oyentes.

La esperanza ha sido considerada clásicamente como la virtud típica del Adviento, la dimensión de nuestra vida que cultivar especialmente en estas cuatro semanas. Como el pueblo de Israel y tantos otros pueblos, que vivieron la historia como un caminar iluminado por la esperanza del encuentro con Dios, el adviento nos invita a considerar nuestra vida como un caminar que no podemos sobrellevar sino con la fuerza de la esperanza. ¿Cuál es el peso de la esperanza en nuestra vida?

Tal vez, en el ambiente de nuestra ciudad o de los medios de comunicación... ya se ha instalado la publicidad navideña. Para el comercio, adviento significa bombardeo publicitario prenavideño, una navidad que, para ellos, no sería exitosa sin un aumento del consumo en todos los campos. Un cristianismo coherente no puede caer en en la trampa de tanto mensaje publicitario aparentemente religioso, que lo que pretende es solamente hacernos consumir.

La primera lectura, de Isaías, una de cuyas frases -la de la conversión de las lanzas en podaderas- figura en el vestíbulo del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, expresa bien la dimensión terrena de la utopía de esperanza que animaba a los profetas: un mundo reconciliado, en la paz de la convivencia y el trabajo, superadas las guerras y las preparaciones para las guerras -los arsenales de armas y las maniobras militares-. Por ser parte del Primer Testamento, a Isaías le falta la visión universalista: ni el «final» ni mucho menos el «fin» son que la Humanidad camine hacia el monte de Sión, sino simplemente hacia la Utopía de Dios, sea cual sea el monte sagrado de su religión.

Este primer domingo de Adviento, esta inauguración del nuevo ciclo litúrgico, con este planteamiento inicial del tema de la esperanza y de la imagen –un tanto chocante a nuestra sensibilidad– del fin del mundo y de la segunda venida de Jesucristo, pueden hacernos pensar. Así como el tema de la muerte personal (sus circunstancias, su acercamiento, su conveniente previsión) es un tema un tanto tabú en la sociedad occidental, también entre los cristianos de la actualidad resulta un tanto tabú estos temas que los textos litúrgicos del adviento nos plantean; no porque sean tabús, sino porque no sabemos bien qué decir. La expresión clásica y tradicional depende de un lenguaje mítico y precientífico hoy día casi inaceptable, y es necesaria una urgente actualización. Buena tarea para para este tiempo de Adviento, o incluso para todo el año litúrgico que hoy iniciamos.



 

 Para la revisión de vida

  Hago un examen personal sobre las implicaciones de la espera y de la esperanza, y hago aplicaciones concretas a mi vida.

 

Para la reunión de grupo

Leer algún comentario al «discurso apocalíptico» de Jesús (caps. 24-25) del evangelio de Mateo. En las «notas» de las Biblias suele encontrarse buenos comentarios, o en algún libro especializado.

¿«Segunda venida»? ¿Qué significa concretamente? ¿Qué creemos realmente sobre ella.

¿Qué pensar de la interpretación fundamentalista literal, y sobre todo de la creencia en su inminencia, y en sus amenazas (Armagedón)...?

¿Qué pensamos de ese carácter de «emergencia moral e intelectual» que Dawkins y Harris atribuyen a la creencia popular tan extendida tanto en Estados Unidos como en sectores religiosos pobres y fundamentalistas acerca de la amenaza inminente de la «segunda venida»? ¿Se podría considerar asunto de «salud pública»?

¿Podemos desentendernos pensando que los temas religiosos son «asunto privado»?

La «Agenda Latinoamericana’2011», aborda el tema de la religión y propone materiales interesantes y hasta «provocativos» para abordar el tema de la renovación religiosa tanto en la educación popular como en la propia comunidad cristiana. Se puede recoger en latinoamericana.org/digital

Para estudiar el tema de la escatología recomendamos un libro popular, de Leonardo Boff, Hablemos de la otra vida, Sal Terrae, Santander 1980 (que va ya por más de su décima edición), también publicado por Indoamerican Press de Bogotá. Edición original: Vida para além da morte, Vozes, Petrópolis 1978.

También, aunque todavía está a punto de aparecer en castellano por la colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org), quienes puedan leerlo en inglés se alegrarán de poder disponer de este libro de John Shelby SPONG: Eternal Life: A New Vision. Beyond religion, beyond theism, beyond heaven and hell. HarperCollins 2009.

 

Para la oración de los fieles

Para que las comunidades cristianas vivan intensamente el adviento como preparación a la navidad y como tiempo dedicado más intensamente a alimentar la esperanza del mundo y la propia nuestra, roguemos al Señor....

Por todos los que lloran y se desesperan ante la muerte, para que encuentren sus vidas el coraje de la esperanza...

Por todas las personas que por edad, enfermedad o cualquier otra circunstancia sienten la proximidad de su final; para que comprendan esa situación como una gracia, un don, una oportunidad para alcanzar la plenitud de sus vidas...

Por todas las otras personas, especialmente jóvenes, que viven de espaldas a la realidad de la muerte y de la finitud de nuestras vidas; para que abandonen toda enajenación y vivan todos los días conscientes de las dimensiones reales de la vida humana...

Por la esperanza de los pobres, los dos tercios del mundo, los mil millones de personas que viven con un dólar diario, los 2.600 millones de personas (el 40% de la humanidad) sin empleo [Informe del PNUD 2007-2008, cap. 1]; el 20% más pobre de la población mundial, que recibe el 1'4% del producto mundial; para que por nuestro compromiso decidido por la transformación del mundo seamos «adviento», esperanza, buena noticia para estos hermanos y hermanas nuestros…

Para que los teólogos cristianos reelaboren y reformulen las «verdades eternas» y la fe en el más allá de la muerte con un lenguaje más adecuado al hombre y la mujer de hoy…

 

Oración comunitaria

 Padre de bondad y de amor, tú nos has prometido una vida llena de felicidad. Aumenta en nosotros la fe y haz que animados por la esperanza de recibir lo prometido, sepamos mantenernos siempre activos y dispuestos a trabajar contigo en el cumplimiento de tus promesas. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo, nuestro hermano y maestro.

 Oh Dios, Madre y Padre, Fuerza y Origen, Fundamento misterioso del Ser, que llamas a la existencia y siembras los impulsos y los brotes, y llamas a la Esperanza. Al comenzar este nuevo Adviento acoge nuestras limitaciones y temores, y libera toda tu energía en nosotros, para que renazcamos a una esperanza nueva. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos. Amén.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org