BAUTISMO DEL SEÑOR
CICLO "A"


Primera lectura: Isaías 42, 1-4. 6-7
Salmo responsorial: Salmo 28
Segunda lectura: Hechos 10, 34-38


EVANGELIO
Mateo 3, 13-17

 13Entonces llegó Jesús desde Galilea al Jordán y se pre­sentó a Juan para que lo bautizara. 14Juan intentaba disua­dirlo diciéndole:

- Soy yo quien necesita que tú me bautices, y ¿tú acudes a mi?

15Jesús le contestó:

- Déjame ya, que así es como nos toca a nosotros cumplir todo lo que Dios quiera.

Entonces Juan lo dejó.

16Jesús, una vez bautizado, salió en seguida del agua. De pronto quedó abierto el cielo y vio al Espíritu de Dios bajar como paloma y posarse sobre él. 17y una voz del cielo dijo:

-Este es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi favor.




COMENTARIOS

I


          UN PAÍS CRISTIANO

Vivimos en un país en el que la mayoría de la población está bautizada. Ese dato, que a muchos puede llenar de orgullo ¿qué representa a la hora de los hechos? Si la religión tiene algo que ver con la vida de los pueblos, ese dato debería no­tarse en algo más que en los resultados de las estadísticas. ¿En qué se nota?

 

UN PAÍS DE BAUTIZADOS

Un país de bautizados. Un país, el nuestro, en el que no estar bautizado se consideraba no hace tanto tiempo no sólo un pecado que ponía en peligro la salvación eterna del sujeto en cuestión, sino también un delito político que cerraba el paso al ejercicio de determinadas funciones en la sociedad.

Hace veinte siglos, en otro país ribereño del Mediterráneo en el que también se practicaba el rito del bautismo, un Hom­bre, entonces no se bautizaba a los niños, sino a las personas mayores) llenó de sentido ese gesto.

 

UN SIGNO DE MUERTE/VIDA

..... llegó Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara».

 El bautismo era un signo que simbolizaba la muerte y la nueva vida: los que se acercaban a recibirlo querían indicar con el gesto de sumergirse bajo el agua (se bautizaban en un río o en una piscina, que allí quedaba sepultada toda su vida de injusticia y de pecado; querían significar la muerte del es­tilo de vida que llevaban hasta ese momento y que estaban dispuestos a abandonar. Salir del agua significaba el compro­miso de un comportamiento nuevo basado en la justicia y la solidaridad.

Aquel Hombre, sin embargo, estaba totalmente limpio y no tenía nada de qué arrepentirse; así lo entendía Juan, el bautizador, que se resistía a dejar que Jesús se bautizara: «Soy yo quien necesita que tú me bautices, y ¿tú acudes a mí?» Pero el plan de Dios era otro (a propósito, ¿por qué el plan de Dios contradice tan a menudo los planes de los hombres?), y el hombre Jesús estaba dispuesto a cumplirlo fielmente hasta el final.

 

SOLIDARIDAD

 Por un lado, y al contrario que los buenos de aquel tiem­po, quiso mezclarse con los pecadores («Acudía en masa la gente... y él los bautizaba en el río Jordán, a medida que con­fesaban sus pecados», ponerse al lado de la gente de mal vivir. Su gesto solidario se repetirá en adelante, cada día, hasta su muerte: vivirá y morirá acompañado de ladrones, prostitu­tas, marginados..., que veían en su mensaje el camino para construir una sociedad en la que nadie tuviera que robar ni poner su cuerpo a la venta, en la que nadie fuera excluido de la convivencia. (Que no se asusten los buenos de nuestros días. No es que Jesús sea solidario del pecado, no. Su solidaridad es con la persona humana, en la que él cree porque sabe que todo ser humano está llamado a hacerse hijo de Dios. Véase, p. ej., Mt 9,9-12).

 
COMPROMISO

 Por otro lado, Jesús quiso también representar en aquel rito su muerte y su compromiso. Pero como él no tenía que morir a ninguna injusticia, su bautismo fue el anuncio de la muerte que estaba dispuesto a sufrir (véase Mc 10,38; Lc 12,50, en donde a morir se le llama «ser sumergido/bautiza­do») para que la esperanza de los desgraciados pudiera lo­grarse.

El bautismo de Jesús fue el momento en el que pública­mente Jesús se comprometió a jugarse la vida, y a perderla si era necesario, por amor a la humanidad, luchando para dar vista a los ciegos sacar a los cautivos de las prisiones... y cu­rar a todos los oprimidos por cualquier causa, dando a los hombres la posibilidad de organizarse como una familia e indi­cándoles el camino para llegar a transformar este mundo en un mundo de hermanos.

Por eso el bautismo de Jesús fue el momento en el que el Padre hizo público que aquél era el Hijo, el que nos iba a en­señar a ser hijos si estábamos dispuestos a escucharle: «Jesús, una vez bautizado, salió en seguida del agua. De pronto quedó abierto el cielo y vio al Espíritu de Dios bajar como paloma y posarse sobre él. Y una voz del cielo dijo: Este es mi hijo, el amado, en quien he puesto mi favor».

 

¿UN PAÍS DE BAUTIZADOS?

 Un país de bautizados. ¿Un país de personas dispuestas a jugarse el tipo para que nuestra sociedad sea más justa, más fraterna, en la que lo más fácil sea amar? ¿O un país pequeño-burgués en el que ya se han perdido todas las ilusiones, en el que la utopía se considera una ingenuidad?

Un país de bautizados. ¿Un país de personas que son cons­cientes de que todos los hombres estamos llamados a ser her­manos y que trabajan por que sea así? ¿O quizá un país que, cómplice de los poderosos, está empezando a consentir que se fabriquen y se vendan armas a cambio de que los mayores pue­dan contar con algunos juguetitos más?

Se supone que el bautismo de Jesús debía ser el modelo para el bautismo de sus seguidores (aunque éstos sí necesitarán morir a sus pecados, a su vida injusta). Según esto, ¿es nues­tro bautismo semejante al de Jesús? ¿Es el nuestro un país de bautizados?

 


 

II

 v. 13.   Jesús llega de Galilea con intención de ser bautizado por Juan. Este reconoce en Jesús al que había de llegar y se opone a su propósito. Le indica que el Mesías no debe pasar por su bautismo; es él quien debe recibir el bautismo del Mesías, anunciado an­tes (3,11).

 vv. 14-15.       Para Juan, la situación es desconcertante; no cuadra con la descripción del Mesías hecha antes por él. Jesús quiere cumplir un gesto que es símbolo de muerte, cosa incomprensible para Juan, mostrándose al mismo tiempo solidario de los pecadores que han renunciado a su injusticia; además, no se presenta como juez de los que persisten en ella. La respuesta de Jesús señala a Juan que es con su bautismo cómo uno y otro van a cumplir en todo aspecto la voluntad divina; ésta es la obra que Dios espera de ellos. El gesto que Jesús cumple es, como para la gente, un símbolo de muerte; sin embargo, al no reconocer sus pecados (cf. 3,6), mues­tra que no tiene que efectuar un cambio de vida. Con su bautis­mo, Jesús reconoce la misión de Juan y el deseo de enmienda manifestado por los que lo han recibido antes. No dará ninguna señal que confirme la inminencia del juicio anunciado por el Bau­tista.

El pueblo había confesado sus pecados (3,6); Jesús es el que viene a salvarlos de sus pecados (1,21). La salvación se hará por medio de su sangre derramada (26,28). Expresa con su bautismo la aceptación de su propia muerte. Esta entrega total por salvar al hombre condensa toda la voluntad de Dios: Juan debe aceptar a este Mesías.

Entre el bautismo de la gente y el de Jesús existe la relación siguiente: el bautismo de la gente simboliza la muerte al pasado; el de Jesús, su muerte en el futuro. El segundo complementa el primero. Para que sea realidad el reinado de Dios no basta re­nunciar a la injusticia (3,2: «enmendaos»); se necesita un paso más: entregarse a procurar el bien de los hombres, dispuestos a dar la vida como Jesús. El compromiso expresado en este bautis­mo recibe como respuesta el don del Espíritu (3,11: bautizar con Espíritu Santo).

 v. 16.   En cuanto se bautiza Jesús expresando esa aceptación, «los cielos», que figuran la morada de Dios, la esfera divina, «quedan abiertos», asegurando una comunicación ininterrumpida. El com­promiso de Jesús de morir por salvar a su pueblo establece para siempre la comunicación de Dios con los hombres. De la esfera divina ve Jesús baja reí Espíritu de Dios en forma de paloma. A diferencia de 3,11, el Espíritu no es llamado «Santo», es decir, no se pone en relación con la entrada del hombre en la esfera di­vina ni con la confirmación de su fidelidad. Jesús, exento de «pe­cados», no ha estado nunca separado de Dios ni su fidelidad a Dios necesita confirmación. La bajada del Espíritu tiene, por tanto, otro significado.          

La expresión «Espíritu de Dios» pone en relación con Gn 1,2; también alude a ese pasaje la forma de paloma, pues se concebía el Espíritu de Dios que se cernía sobre las aguas primordiales como un ave que vuela sobre su nido Es, por tanto, el Espíritu creador el que desciende sobre Jesús, indicando que en Jesús la creación alcanza su plenitud. En él culmina la creación del hombre, última obra de Dios en la primera creación. Jesús posee la plenitud humana, es el Hombre acabado (el Hijo del hombre) y, por eso, el Hijo de Dios (correspondencia entre «el Espíritu de Dios» y «el Hijo de Dios»). Ser el Hombre acabado y el Hijo de Dios significan la misma realidad vista, respectivamente, desde su origen humano y desde la comunicación divina que lo constituye Hijo.

 v. 17.   La bajada del Espíritu va acompañada de una voz, también «del cielo», que formula lo significado por ella: «Este es mi hijo» es referencia al rey Mesías (Sal 27) pero cambiando la indeter­minación del texto or1iginal «Hijo 'mío eres tú» por la determina­ción que expresa el carácter único de Jesús como Hijo. Esto en­laza con la frase siguiente, «a quien yo quiero», que alude a9n 22,2, pasaje en el que Dios pide a Abrahán el sacrificio de su hijo único. En esta frase se expresa la aceptación por parte de Dios de la muerte a la que Jesús se ha comprometido para llevar a cabo su misión.

 


 

III

 Hoy, como comunidad de creyentes, celebramos el bautismo de Jesús y, junto con él, nuestro bautismo. Así pues, las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos que identifican el verdadero bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, la tarea de todo bautizado es testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos sin excepción. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de pasar por la vida “haciendo el bien”; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiesta la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: El cielo se abre, desciende el Espíritu y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios. Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es el hecho fundamental del ser cristiano, pues evoca la vida, la muerte y la resurrección de Cristo y la participación de todo cristiano en este misterio. El bautismo viene a significar en síntesis, y teniendo en cuenta los elementos descritos anteriormente, la entrega generosa a Dios y a los hermanos a ejemplo del mismo Cristo.



 

Para la revisión de vida

 Hoy es el primer domingo del “tiempo ordinario”; se acabaron los “tiempos fuertes” de la liturgia, el adviento y la navidad; vuelve la vida ordinaria… Un adagio clásico de ascética decía: “in ordinariis, non ordinarius”, para expresar la meta de quien quiere ser santo (‘extraordinario’) en las cosas ordinarias, en la vida diaria… Al comenzar el “tiempo ordinario” debemos renovar nuestro deseo de vivir “extraordinariamente”.

 

Para la reunión de grupo

La misión del mesías puede leerse como “implantar el Derecho”. Reflexionemos: ¿Qué relación tiene el Derecho con la misión de todo un Mesías? ¿Qué relación puede tener el Derecho con la misión de todo un cristiano?

¿Cómo está nuestro mundo desde la óptica del Derecho? ¿Es el Derecho (Internacional, mundial) el que rige el “orden” del mundo? ¿Estamos avanzando hacia un ordenamiento jurídico mejor, o hemos retrocedido hacia la ley de la selva, la ley del más fuerte, la justicia (o venganza) por la mano propia…? ¿Puede ser la promoción del derecho y la exigencia de un nuevo Derecho Mundial uno de los grandes deberes de los cristianos, para hacer efectiva en nosotros la misión del Mesías en el mundo actual?

¿Guarda el bautismo de Jesús alguna relación con nuestro bautismo?

Jesús “se bautizó como adulto”; en no pocos lugares los “nuevos movimientos religiosos” y las sectas acusan a los católicos de que nuestro bautismo no es válido, por ser administrado a los niños… ¿Qué pensar? ¿Debería reformarse la pastoral bautismal?

 

Para la oración de los fieles

Para que todos los hombres y mujeres, sean de la religión que sean, acepten y fomenten el Amor, la Justicia y el Derecho, roguemos al Señor…

Por todos los seguidores de Jesús, para que se distingan siempre –como el Mesías en el que creen- por su amor a la paz, a la concordia, a la justicia y al derecho…

Para que aprendamos de todos los hombres y mujeres, de cualquier religión, que han descubierto el imperativo absoluto de los derechos humanos, que vienen a ser “derechos divinos”…

Para que todos renovemos nuestro bautismo: nuestra decisión de seguir a Jesús y comprometernos con su proyecto mesiánico de “implantar el Derecho en el mundo”…

Para que la Iglesia resuelva de la mejor manera posible la problemática inherente a la pastoral del bautismo de niños…

 

Oración comunitaria

Dios Padre nuestro, que en el bautismo de Jesús lo has proclamado como tu “Hijo muy amado, el predilecto”; te suplicamos nos cobijes bajo su nombre y nos concedas conformarnos cada día más cercanamente a su imagen, haciendo nuestra su Causa y prosiguiendo su misión de ser “luz de las naciones” y de “implantar el Derecho en la tierra”. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor…

Misterio Infinito, inexpresable, que queremos adorar en silencio, sin palabras... Reconocemos tu Presencia ubicuamente, en el corazón de la Materia y en las raíces de la Realidad, en lo mejor del ser humano, que nos conduce por eso a una convergencia incontenible con el Amor, con la Justicia y la Fraternidad. Ayúdanos a adorarte con el Corazón profundo de nuestro ser, y con la práctica de la justicia, «pasando por la vida haciendo el bien, y curando a nuestros hermanos y hermanas de toda opresión».


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org