TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "A"


Primera lectura: Isaías 8, 23b-9,3
Salmo responsorial: Salmo 26
Segunda lectura: 1 Corintios 1, 10-13. 17


EVANGELIO
Mateo 4, 12-22

 12Al enterarse de que habían detenido a Juan, Jesús se retiró a Galilea. 13Dejó Nazaret y se estableció en Cafar­naún, junto al mar, en territorio de Zabulón y Neftalí. 14Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías:

15¡País de Zabulón y país de Neftalí,

camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los paganos!

16E1 pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande;

a los que habitaban en tierra y sombra de muerte

una luz les brilló (Is 8,2-9,1).

17Desde entonces empezó Jesús a proclamar:

- Enmendaos, que está cerca el reinado de Dios.

18Caminando junto al mar de Galilea, vio a dos her­manos: a Simón, el llamado Pedro, y a Andrés, su her­mano, que estaban echando una red de mano en el mar, pues eran pescadores. 19Les dijo:

-Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.

20lnmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

21Pasando adelante vio a otros dos hermanos: a San­tiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en la barca poniendo a punto las redes, con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó. 22lnmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.




COMENTARIOS

I

 UNA LIBERACIÓN SOLIDARIA

No es difícil que una persona aislada consiga salir de una situación de pobreza y encaramarse en los puestos más eleva­dos de la sociedad: eso favorece al sistema vigente, entre otras cosas porque así se puede «probar» que el que tiene capacidad progresa y triunfa sin cuestionar la validez del sistema. Más difícil resulta que todo un pueblo se libere y salga de la mise­ria. Y es que, en los sistemas capitalistas capitalismo liberal o de Estado, no importa cuál, es necesario que existan per­dedores para que haya triunfadores.

 

YA LLEGA EL REINO DE DIOS

Jesús recoge el mensaje de Juan Bautista y asume la tarea de continuar su proclamación: «Enmendaos, que está cerca el reinado de Dios». Dios llega para reinar sobre los hombres.

El significado de este reinado de Dios se irá desvelando a lo largo de la actividad de Jesús e irá sorprendiendo a quienes tenían una idea preconcebida del mismo; ya desde el principio se ponen de manifiesto algunas de sus características: el reinado de Dios no será un asunto individual ni reducido a un único pueblo, sino que será comunitario y universal. Y sin privile­gios para nadie.

 

NO AL EXCLUSIVISMO

El pueblo de Israel había sufrido en repetidas ocasiones, a lo largo de su historia, la opresión de los imperios extranjeros. Y repetidas veces había conseguido liberarse de ellos. En el gozo de la liberación aquel pueblo había sentido la acción del Señor de Israel. Pero esa experiencia de gozo estaba siempre mezclada con un componente de rencor, de deseos de una venganza cuya realización se la adjudicaban también a Dios {véanse, p. ej., Sal 3,8-9: «Levántate, Señor; sálvame, Dios mío; tú abofeteaste a mis enemigos, rompiste los dientes de los malvados. De ti, Señor, viene la salvación y la bendición para tu pueblo»; Sal 137,8-9: «¡Capital de Babilonia, crimi­nal! ¡Quién pudiera pagarte los males que nos has hecho! ¡ Quién pudiera agarrar y estrellar tus niños contra las pie­dras!»).

En el momento en que Jesús empieza su predicación, Is­rael estaba dominado por el Imperio romano. Había en toda Palestina, pero especialmente en Galilea, la región en la que Jesús pasó la mayoría de sus años, movimientos de resistencia a los invasores, y se extendía la esperanza en una nueva inter­vención liberadora de Dios. Como era natural, según la men­talidad israelí, aquella liberación beneficiaría exclusivamente a Israel, quedarían excluidos todos los pueblos paganos y cons­tituiría un severo castigo para los romanos...

El escenario que elige Jesús para iniciar su anuncio -« ¡ País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos!»- indica que el reino que Jesús anuncia, el reino de Dios, no se limita a las fronteras del reino de David, sino que constituye una invitación para toda la humanidad, superando así una de las causas de la opre­sión de unos pueblos sobre otros: si Dios es aceptado Como único Señor de todos los pueblos, ninguno de ellos podrá pre­tender convertirse en señor de los demás. Esto no quiere decir que Dios sea «neutral» ante la injusticia, ante la dominación de unos pueblos sobre otros; no, él está de parte de los que sufren; pero la propuesta que hace a través de Jesús va dirigi­da no a vengar, sino a superar la injusticia y la opresión.

 

LOS ACHAQUES DEL PUEBLO

Por otra parte, según la predicación farisea, que tenía mu­cha aceptación en los tiempos de Jesús, todo era cuestión de que cada uno, individualmente, se comportase de acuerdo con la voluntad de Dios tal y como ellos la entendían; eso haría, según ellos, acelerar la intervención y la presencia de Dios en medio de su pueblo. La presentación que hace el evangelio de Mateo de los primeros pasos de la actividad de Jesús contra­dice esta idea: en un primer momento, él se dedica a sanar «todo achaque y enfermedad del pueblo». Sin duda que su acción curativa y vivificadora afecta a los individuos personal­mente; pero sus padecimientos personales están causados por la falta de salud de la colectividad, por el pecado del mundo del que hablábamos el domingo pasado; por eso es al pueblo a quien se dirige primero la atención de Jesús.

 
LA HISTORIA SE REPITE

De diez o quince años hacia acá se ha podido apreciar en aquellos lugares en los que se iba afianzando el sentimiento de solidaridad colectiva (p. ej.: en Centroamérica, como tam­bién en otros lugares de Europa) un resurgir de las sectas reli­giosas que predican el individualismo religioso: las relaciones del hombre con Dios, su salvación personal -dicen- son una cuestión puramente individual; el compromiso social, la soli­daridad con los demás ciudadanos en la solución de los problemas colectivos son algo ajeno a la religión; lo único real­mente importante para cada hombre es asegurar su salvación eterna...

Pronto se supo que muchas de estas sectas estaban finan­ciadas por importantes grupos económicos de los Estados Uni­dos de Norteamérica. ¿ A qué se podía deber este interés reli­gioso del capital norteamericano (del capital, que, a la postre, no tiene patria)? La razón de este interés era ésta: los cristia­nos habían tomado conciencia de que era una exigencia de su fe preocuparse por buscar cura a todo achaque y enfermedad del pueblo. Y eso podía arruinar los negocios y acabar con los privilegios de unos pocos.

 


 

II

 vv. 12-16. La actividad de Juan ha encontrado fuerte oposición. Hay quienes lo han denunciado a las autoridades y ha sido dete­nido. Se apaga así una voz, la de Juan, que culmina y cierra el AT (cf. 11,11.13); empieza una voz nueva, la de Jesús, que es la de Dios mismo (cf. 1,23). Jesús se retira a Galilea, de donde había llegado para su bautismo (3,13). Abandona, sin embargo, Nazaret para trasladarse a Cafarnaún, la capital judía de Galilea. (Tiberíades era la residencia del rey, pero por sus costumbres paganas era evita­da por los judíos. Se la consideraba, además, impura, por estar edificada sobre un antiguo cementerio.) Cafarnaún era cruce de caravanas y punto de encuentro de muchos pueblos. Su situación a la orilla del lago o mar de Galilea le abría la puerta a los países paganos de la orilla opuesta. Mt señala la situación de Cafarnaún en relación con el antiguo reparto de la tierra (Zabulón y Neftalí) para preparar la cita de Isaías que sigue. En ella, el profeta pro metía la liberación a dos tribus sometidas al yugo extranjero. La perícopa de Isaías anuncia el fin de la opresión y de la guerra por el nacimiento de un niño que ocupará el trono de David (Is 8,23b-9,6). «El camino del mar» era el que unía Egipto con Mesopotamia. Galilea «de los paganos» es el país de población mezclada. «La ti­niebla» es símbolo del caos e imagen de la muerte; «la luz», símbolo de vida. En la tierra y sombra de muerte surge repentinamente una luz, como en una nueva creación. Así interpreta Mt la presen­cia de Jesús en Cafarnaún: es el liberador que se prepara a la acción. No se precisa aún cuál es el poder opresor del que vendrá a librar.

 

v. 17.   La proclamación de Jesús recoge la del Bautista: pone la misma condición, la enmienda; hace la misma afirmación, la cer­canía del reinado de Dios. El que lo proclama en Galilea es «el más fuerte» (3,11); por eso su presencia es ya promesa de libera­ción efectiva. A diferencia de Juan, Jesús no asocia su proclama­ción a un bautismo en agua ni a rito alguno, ni tampoco anuncia en ella un juicio contra los que no la acepten. Este pregón inau­gura la primera fase de la actividad de Jesús, destinada al pueblo; la segunda, centrada en los discípulos, comienza con una frase se­mejante: «Desde entonces empezó Jesús a manifestar a sus discí­pulos» (16,21).

 

v. 18: Caminando junto al mar de Galilea, vio a dos her­manos: a Simón, el llamado Pedro, y a Andrés, su her­mano, que estaban echando una red de mano en el mar, pues eran pescadores.

La llamada de estas dos parejas de hermanos será el pa­radigma de toda llamada en Mt. Jesús camina junto al lago/mar de Galilea, en la frontera marítima con los pueblos paganos. Esta localización ilumina la escena: los hombres que habrá que pescar serán lo mismo judíos que paganos. Ve a dos hermanos, y Mt in­siste en este vínculo de hermandad. Se tiene aquí una alusión a Ez 47,13s, donde se anuncia el futuro reparto de la tierra a partes iguales; la expresión original para indicar la igualdad está muy próxima de la usada por Mt: «cada uno como su hermano». La insistencia, pues, en el vínculo de hermandad (más acusado aún que en Mc 1,16-21a) indica que la nueva tierra prometida, «el reina­do de Dios» anunciado por Jesús inmediatamente antes (4,17), será herencia o patrimonio común de todos sus seguidores, sin privile­gio alguno. Los hermanos son designados por sus nombres, Simón y Andrés, pero el primero lleva ya una adición: «al que llaman 'Pie­dra' (Pedro)». No se indica que haya sido Jesús quien le ha dado tal sobrenombre (cf. 16,18).

 

vv. 19-20: Les dijo:

-Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.

20lnmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

 La invitación de Jesús a los dos hermanos se expresa con la frase «Veníos detrás de mí» (cf. Mc 1,17.20); la expresión se encuentra en boca de Eliseo en 2 Re 6,19; por otra parte, la fórmula «irse» o «seguir tras él» aparece repetidamente en la escena de la llamada de Eliseo por el profeta Elías (1 Re 19,19-21). Jesús se pre­senta, por tanto, como profeta y su llamada promete la comunica­ción a sus seguidores del Espíritu profético. Por otra parte, el oficio de los hermanos (pescadores) y la metáfora de Jesús «pes­cadores de hombres» aluden a Ez 47,10, donde se utiliza también la metáfora de los pescadores que recogerán una pesca abundante. El texto griego de los LXX pone a este pasaje en relación con Galilea (Ez 47,8). La mención anterior del mar/lago, la del oficio de pescadores y la metáfora usada por Jesús esclarecen el signifi­cado de la frase: Jesús llama a una misión profética, que preten­derá atraer a los hombres, tanto judíos como paganos (el mar como frontera), y cuyo éxito está asegurado. La respuesta de los dos hermanos es inmediata. Aparece por primera vez el verbo «seguir», que, referido a discípulos, indicará la adhesión a la persona de Jesús y la colaboración en su misión. A los que lo siguen, Jesús no pide «la enmienda» (4,17); la adhesión a su persona y programa supera con mucho las exigencias de aquélla; comporta una ruptura con la vida anterior, un cambio radical, para entregarse a procurar el bien del hombre.

 

vv. 21-22: Pasando adelante vio a otros dos hermanos: a San­tiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en la barca poniendo a punto las redes, con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó. 22lnmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

La segunda escena se describe más escuetamente que la primera, pero tiene el mismo significado. Estos dos hermanos es­tán unidos no sólo por su vínculo de hermandad, sino también por la presencia de un padre común. En el evangelio, «el padre» representa la autoridad que transmite una tradición. Jesús no ha tenido padre humano, no está condicionado por una tradición an­terior; sus discípulos abandonan al padre humano; en lo sucesivo, como Jesús mismo, no deberán reconocer más que al Padre del cielo (23,9).

 


 

III

 Es sabido que la liturgia católica está pendiente de una reforma sustancial, y la necesidad de reordenar la elección de los textos conforme a criterios nuevos y sobre todo explícitos no es la menor de ellas. La incorporación de la segunda lectura a la temática unitaria (en vez de que campe siempre por sus fueros propios), y la posibilidad de que sean varios los ordenamientos litúrgicos de los textos, según objetivos y necesidades distintas, a escoger según variables diversas, serían otras tantas posibilidades. Mientras, es bueno saber que la liturgia no «es» así, sino que la tenemos así a la espera de que llegue un momento más propicio para reactivar las tantas cosas que en la Iglesia católica están detenidas o en hibernación, a la espera de otra coyuntura.

La primera lectura parece haber sido escogido estrictamente por coincidir con la tercera lectura en una alusión geográfica a la zona de Zabulón y Neftalí, zona limítrofe de Israel en la que Jesús se vino a establecer. La segunda -como hemos dicho que sucede casi siempre- va por sus caminos propios, siendo puramente aleatorio que alguna vez encaje con el mensaje de las otras dos. Diríamos que el evangelio de hoy -dada la altura a la que estamos en el año litúrgico- se adecua bien a la altura que correspondería dentro de la vida de Jesús siguiendo un criterio simplemente cronológico: el inicio de su actividad pública, el comienzo del despliegue de lo que será el Jesús predicador del Reino en su plenitud.

Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.

-Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con indiferencia «pase lo que pase».

-Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos exegetas (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino de Jesús... No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.

-El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o, más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio... Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignoraban todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico... O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta... sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente...

-No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar... Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.

-Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado... Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha... sin unilateralismos.

-El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás... para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías...

-En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido.

Muchos detalles, muchos temas, en un evangelio sencillo pero enjundioso.




Para la revisión de vida

Decía Jesús: Está cerca el Reino de Dios… ¿Lo veo, lo siento, lo percibo, lo intuyo? ¿Miro las cosas desde esa perspectiva única y mayor? ¿Qué Reino soy capaz de ver? ¿Vivo en situación de Buena Noticia? ¿Vivo con optimismo, con la exultante convicción de que el Reino sigue su marcha ascendente y convergente en la historia?

 

Para la reunión de grupo

El pueblo que vivía en tinieblas… ¿Cómo vive hoy el pueblo-pueblo, en la luz o en las tinieblas? ¿En qué fundamentamos nuestra afirmación? Centinela, ¿qué hay de la noche?

Está cerca el Reino de Dios… Eso sería una noticia muy buena para un pueblo que vive en tinieblas… ¿Cómo podemos traducir la Buena Noticia de Jesús hoy para nuestro pueblo?

Está cerca el Reino de Dios… El Reino de Dios es la Causa de Jesús, y es la Causa por la que el partidario de Jesús (el cristiano) debe “vivir y luchar”.

Dialogar sobre el tema de la “práctica teórica”. Existe un cierto anti-intelectualismo en el ambiente, como si todo lo que no sea práctica pura y dura, sería despreciable, idealismo, huída de la realidad, abstracción sin raíces...

 

Para la oración de los fieles

Por nuestra comunidad cristiana, para que crezca la unidad entre todos sus miembros y comunidades, roguemos al Señor

Por las personas que se sienten en tinieblas, sin sentido, sin luz… para que encuentren esa luz en la vida y en las prácticas de los hombres y mujeres religiosos que les rodean…

Para que redescubramos con ojos nuevos y corazón nuevo lo que significa hoy la buena noticia del evangelio en este mundo cansado y posmoderno del fin de milenio…

Para que también nosotros, como Jesús, no despreciemos a nadie, y tengamos nuestro “centro de gravedad” no en “el centro”, sino en la periferia, en la tendencia a acompañar y atender a los marginados y excluidos…

Para que nuestra vida entera sea un mensaje positivo, no una descalificación de los demás, sino un apoyo, un “sí”, una dosis de coraje y de esperanza para todos los que de ello tienen necesidad…

 

Oración comunitaria

Dios Padre universal: aviva nuestra fe, nuestro amor, nuestra esperanza, y danos creatividad e intuición, para que sepamos acoger hoy, con ojos nuevos y corazón abierto, tanto el Evangelio de Jesús como todas las otras “buenas noticias” que nos deparas a lo largo y ancho del mundo en todos los hombres y mujeres de cualquier religión, desde cuyas vidas nos sigues hablando y estimulando. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo, hermano nuestro. Amén.

 El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Habitaban tierra de sombras, y tu luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; nos gozamos en tu presencia, como se goza al segar, como se disfruta al cosechar. Envía tu Luz también sobre nosotros, para que nuestra vida y nuestra Tierra queden inundadas de gozo y felicidad por tu presencia recuperada. Amén.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org