QUINTO DOMINGO DE PASCUA
CICLO "A"


Primera lectura: Hechos de los apóstoles 6, 1-7
Salmo responsorial: Salmo 32
Segunda lectura: 1 Pedro 2, 4-9
 

EVANGELIO
Juan 14, 1-12

 14        1No estéis intranquilos; mantened vuestra adhesión a Dios manteniéndola a mí. 2En el hogar de mi Padre hay vivienda para muchos; si no, os lo habría dicho. Voy a prepararos sitio. 3Cuando vaya y os lo prepare, vendré de nuevo y os acogeré conmigo; así, donde estoy yo estaréis también vosotros. 4y para ir adonde yo voy , ya sabéis el camino.

5Tomás le dijo:

-Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos sa­ber el camino?

6Respondió Jesús:

-Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie se acerca al Padre sino por mí.

6Respondió Jesús:

-Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie se acerca al Padre sino por mí. 7Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre; aunque ya ahora lo conocéis y lo estáis viendo presente.

8Felipe le dijo:

-Señor, haz que veamos al Padre, y nos basta.

9Jesús le contestó:

-Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has lle­gado a conocerme, Felipe? Quien me ve a mí está viendo al Padre; ¿cómo dices tú: «Haz que veamos al Padre»? 10¿No crees que yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo? Las exigencias que yo propongo no las propongo como cosa mía: es el Padre, quien, viviendo en mí, realiza sus obras. 11Creedme: yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo; y si no, creedlo por las obras mismas.

12Sí, os lo aseguro: Quien me presta adhesión, hará obras como las mías y aun mayores; porque yo me voy con el Padre.




COMENTARIOS

I

 EL DIOS VERDADERO

Decimos que creemos en el mismo Dios. Pero si nos pidie­sen a cada cristiano que explicáramos cómo entendemos cada uno de nosotros a Dios... Por poner un ejemplo concreto:

¿habría muchos puntos en común entre el modo de entender a Dios que pueda tener alguno de los dictadores que dicen re­zar al Dios de los cristianos y el de los miembros de las comu­nidades cristianas de base de América Latina? ¿Habría muchas semejanzas entre la idea que sobre Dios tenía Oscar Romero y la que tenían los cristianos responsables de su muerte?

 

MUÉSTRATE AL PADRE

En el núcleo, en el mismo centro de la misión de Jesús se encuentra la revelación de quién es Dios, la explicación de quién es su Padre. Desde el principio de su evangelio, Juan ha dejado claro que Jesús va a mostrarnos de manera defini­tiva cuál es el verdadero rostro de Dios: «A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único que es Dios y está al lado del Pa­dre, él ha sido la explicación» (1,18). Y ésta será una de las novedades más importantes de la revelación de Jesús: por el contenido de esa revelación y por el modo de llevarla a cabo. Tan nueva será, que Felipe, uno de los que habían acom­pañado a Jesús desde el principio, cuando la misión de Jesús está ya llegando al final, aún no se ha dado cuenta de cómo se puede conocer al Padre: «Señor, haz que veamos al Padre y nos basta». Felipe sigue encadenado a las ideas de su antigua religión y no es capaz de descubrir la novedad de la fe de Jesús.

 

CONOCER AL PADRE

El pueblo de Israel había conocido a Dios gracias a sus actuaciones liberadoras de las que había sido beneficiario; pero a los teólogos oficiales esto sólo les servía para excitar el orgu­llo nacional de los pobres al tiempo que, de puertas adentro, presentaban otros aspectos que, sin negar que estuvieran pre­sentes en los libros del Antiguo Testamento, hacían al pueblo más dócil y manejable: a Dios se le podía conocer en las altu­ras, en lo glorioso o en lo terrible; y la reacción del hombre ante este Dios no podía ser otra que el abajamiento, la humi­llación, el sometimiento, el temor...

Por eso no es de extrañar que Felipe no se hubiera dado cuenta de que en la actuación de Jesús, en sus obras, en su amor hasta la exageración, se estaba revelando el mismo Dios, el verdadero rostro del Padre (del único Padre: Mt 23,9). Pero, para él, el tener que ver a Dios en el Hombre era algo realmente inconcebible.

Hace justo un mes que recordábamos la muerte de Jesús. Allí, en aquella situación de derrota a los ojos humanos, se manifestaba en toda su plenitud el ser de Dios, el ser del Pa­dre: amor hasta el extremo y, por eso, capacidad de llenar de vida al hombre para que el hombre, aceptando esa vida y ese amor, fuese capaz de cambiar radicalmente este mundo y con­vertirlo en un mundo de hermanos. Pero amor también que, por serlo, no se impone por la fuerza a nadie, sólo se ofrece; y, por tanto, toda su potencia se convierte en debilidad si el hombre no lo acepta, todo su poder -ése es el poder de Dios- se hace ineficaz si el hombre lo rechaza. Esa imagen de Dios, vendido totalmente a la voluntad del hombre, no la acaban de aceptar los discípulos de Jesús.

 

LLEGAR HASTA EL PADRE

Esto es lo que muestra la pregunta de Tomás: él, que ha­bía estado dispuesto a morir con Jesús, se negaba una y otra vez a aceptar que la muerte pudiera llevar a ningún sitio: «Se­ñor, no sabemos adónde te marchas, ¿ cómo podemos saber el camino?»

La respuesta de Jesús no deja lugar a dudas; su meta, y la meta de sus seguidores, es el Padre: «Nadie se acerca al Padre sino por mí». Ahí es adonde conduce la muerte cuando ésta es consecuencia de un compromiso de amor con la humanidad. Y sólo hay un modo de realizar este compromiso: la identifica­ción con Jesús, «el camino, la verdad y la vida».

El camino, que, para sus seguidores, ha quedado explicado en el mandamiento nuevo: la entrega de la propia vida, por amor, en favor de la felicidad de los hombres, como hizo él.

La verdad, la Palabra hecha carne, el proyecto de hombre que, de parte de Dios, Jesús nos comunica y que se realiza en él en toda su plenitud: un hombre que es hijo y, por tanto, hermano.

La vida, la que Jesús poseía en plenitud y que él ofrece a quienes estén dispuestos a recibirla: el Espíritu de amor que nos hace capaces de llegar a ser hijos viviendo como hermanos.

Este es el verdadero Dios de los cristianos. Este el único modo de conocerlo y de llegar a él: Jesús, su modo de ser Hombre, aceptado como modelo. Todo lo demás serán aproxi­maciones que necesariamente se quedarán pequeñas; pero se­rán aproximaciones válidas sólo si no se apartan de este cami­no, si no deforman esta verdad y si no arruinan esta forma de vida.

 


 
II

 vv. 1-4: 1No estéis intranquilos; mantened vuestra adhesión a Dios manteniéndola a mí. 2En el hogar de mi Padre hay vivienda para muchos; si no, os lo habría dicho. Voy a prepararos sitio. 3Cuando vaya y os lo prepare, vendré de nuevo y os acogeré conmigo; así, donde estoy yo estaréis también vosotros. 4y para ir adonde yo voy , ya sabéis el camino.

5Tomás le dijo:

-Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos sa­ber el camino?

6Respondió Jesús:

-Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie se acerca al Padre sino por mí.

 

 vv. 1-4: 1No estéis intranquilos; mantened vuestra adhesión a Dios manteniéndola a mí. 2En el hogar de mi Padre hay vivienda para muchos; si no, os lo habría dicho. Voy a prepararos sitio. 3Cuando vaya y os lo prepare, vendré de nuevo y os acogeré conmigo; así, donde estoy yo estaréis también vosotros. 4y para ir adonde yo voy , ya sabéis el camino.

Jesús tranquiliza a los discípulos, inquietos por su marcha. La adhesión a Dios se hace en la persona de Jesús y se instaura, de este modo, la nueva rela­ción de la nueva comunidad con el Padre y con Jesús: los discípulos serán miembros de la familia del Padre. Jesús va a prepararles sitio; él es el Hijo, pero los que lo siguen serán también hijos, hermanos de Jesús (20,17).

Con la frase Donde estoy yo (cf. 7,34.36; 12,26; 17,24) Jesús se sitúa en la esfera de Dios y del Espíritu. En ese ámbito nos acogerá, gracias al nuevo nacimiento (3,6s).

El camino hacia el Padre (v. 4) es la práctica del amor leal.

vv. 5-7: 5Tomás le dijo: -Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos sa­ber el camino? 6Respondió Jesús: -Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie se acerca al Padre sino por mí.

Para Tomás (cf. 11,16), la muerte no es un tránsito, sino un final; aun después de la resurrección le costará comprender (20,24 ss). El camino (v. 6) supone una meta; la verdad, un contenido, que es la vida (1,4). Jesús es la vida porque es el único que la posee en plenitud y puede comunicarla (5,26). Por ser la vida plena es la verdad total, es decir, puede conocerse y for­mularse como la plena realidad del hombre y de Dios. Es el único ca­mino, porque sólo su vida y su muerte muestran al hombre el itinerario que lo lleva a realizarse.

Para el discípulo, Jesús es la vida, porque de él la recibe; esta nueva vida experimentada y consciente es la verdad.

El camino, la asimilación progresiva a Jesús, da un carácter dinámico de crecimiento a su vida y verdad. El Padre no está materialmente lejano, el acercamiento a él es el de la semejanza.

 

v. 6-7: Respondió Jesús: -Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie se acerca al Padre sino por mí. El camino supone una meta; la verdad, un contenido, que es la vida (1,4). Jesús es la vida porque es el único que la posee en plenitud y puede comunicarla (5,26). Por ser la vida plena es la verdad total, es decir, puede conocerse y for­mularse como la plena realidad del hombre y de Dios. Es el único ca­mino, porque sólo su vida y su muerte muestran al hombre el itinerario que lo lleva a realizarse.

Para el discípulo, Jesús es la vida, porque de él la recibe. Esta nueva vida experimentada y consciente es la verdad; esta verdad entendida como camino supone una asimilación progresiva a Jesús y da un carácter dinámico de crecimiento a la  vida y a la verdad. El Padre no está materialmente lejano, el acercamiento a él es el de la semejanza.

 

v. 7-8: Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre; aunque ya ahora lo conocéis y lo estáis viendo presente. Felipe le dijo: -Señor, haz que veamos al Padre, y nos basta.

 El Padre está presente en Jesús. La petición de Felipe (v. 8) denota su falta de comprensión. Había visto en Jesús al Mesías que podía de­ducirse de la Ley y los Profetas (1,43-45), pero no había comprendido que Jesús no es la realización de la Ley, sino del amor y la lealtad de Dios (1,14.17). En el episodio de los panes (6,5-7) Felipe no  comprendía la alterna­tiva de Jesús, por eso a la pregunta de éste: ¿con qué podríamos comprar pan para que coman estos? Felipe contestó: Doscientos denarios de plata no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo. Para Felipe no había alternativa, seguía en las categorías de la antigua alianza. Felipe ahora ve en Jesús al enviado de Dios, pero no la presencia de Dios en el mundo.

 

vv. 9-11: Jesús le contestó: -Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has lle­gado a conocerme, Felipe? Quien me ve a mí está viendo al Padre; ¿cómo dices tú: «Haz que veamos al Padre»? ¿No crees que yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo? Las exigencias que yo propongo no las propongo como cosa mía: es el Padre, quien, viviendo en mí, realiza sus obras. Creedme: yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo; y si no, creedlo por las obras mismas.

Jesús le contesta con una queja: "Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has llegado a conocerme? (v. 9). La convivencia con él, ya pro­longada, no ha ampliado su horizonte.

Felipe no sabe que la presencia del Padre en Jesús es dinámica ("quien me ve a mí está viendo al Padre", v.10); a través de Jesús, el padre ejerce su actividad.

Las exigencias de Jesús reflejan las múltiples facetas del amor, lo concretan y lo acrecientan; por eso comunican Espíritu y vida y hacen presente a Dios mismo, que es Espíritu,  formulan la acción del Padre en Jesús y, por su medio con los hombres Entre Jesús y el Padre hay una total sintonía (v. 11). El último criterio para detectar esta sintonía son las obras

 

vv. 12-14: Sí, os lo aseguro: Quien me presta adhesión, hará obras como las mías y aun mayores; porque yo me voy con el Padre, y cualquier cosa que pidáis en unión con­migo, la haré; así la gloria del Padre se manifestará en el Hijo. Lo que pidáis unidos a mí (= invocando mi nombre), yo lo haré.

 La obra de Jesús ha sido solo un comienzo; el futuro reserva una labor más extensa: "Quien me presta adhesión, hará obras como las mías y aun mayores" (v.12) Las señales hechas por Jesús no son pues irrepe­tibles por lo extraordinarias, son obras que liberan al hombre ofreciéndole vida. Con este dicho da ánimos a los suyos para el futuro trabajo;  la liberación ha de ir adelante. Jesús cambia el rumbo de la historia; toca a los suyos continuar en la dirección marcada por él.  Los discípulos no están solos en su trabajo ni en su camino Jesús seguirá actuando con ellos. A través de Jesús el amor del Padre (su gloria) seguirá manifestándose en la ayuda a los discípulos para su misión (v. 13). La oración de la comunidad expresa su vinculación a Jesús (v. 14); se hace desde la realidad de la unión con él y a través de él, pidiendo ayuda para realizar su obra.

 


 
III

 En la comunidad lucana descrita en la primera lectura, los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.

Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta... es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.

El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.

Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.

Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.

Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.

Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»... pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.

En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»... Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, sus caminos, que no son nuestros caminos, y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de nuevos caminos de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial).

 



Para la revisión de vida

 Caminos de Dios hay muchos, no uno solo. No es bueno considerarse poseedor del único camino y despreciar los otros caminos. Lo que Dios quiere es que amemos nuestro camino, el que Él ha puesto a nuestra disposición, y que lo sigamos convencidamente. ¿Es mi caso? ¿Amo mi camino? ¿Minusvaloro los demás caminos?

 

Para la reunión de grupo

La iglesia naciente sabe hacer frente a las dificultades con que se encuentra con auténtica creatividad; ¿colaboramos para que la iglesia encuentre soluciones nuevas a los nuevos problemas con los que se encuentra en el mundo con actual?; ¿aceptamos que la iglesia es capaz de innovar o pensamos que siempre ha de estar mirando al pasado para encontrar en él las soluciones a sus problemas actuales?

Juan elabora su evangelio cargado de teología y de proclamación de fe. Hasta hace unos 70 años el cristianismo católico consideró las palabras puestas por Juan en boca de Jesús como literalmente históricas, y pronunciadas además por una persona que tenía plena y absoluta conciencia de sí misma como hijo de Dios. Hoy día, ningún biblista piensa así. ¿Dialogar en el grupo –con ayuda de algún experto- sobre «la conciencia de Jesús».

Cuando Jesús dice que es el Camino… no está queriendo decir que no haya en absoluto ningún otro camino… Él mismo valorizó la fe de otras personas creyentes que no formaban parte del Pueblo escogido de Israel. ¿«Todos los caminos llevan a Dios»… aun sin pasar por Roma?

 

Para la oración de los fieles

Para que toda la Iglesia siga siendo en medio del mundo el Camino, la Verdad y la Vida que fue y es Jesús para todos nosotros. Oremos.

Para que sepamos orientar a las personas, especialmente a los jóvenes, que buscan su camino en la vida. Oremos.

Para que seamos, con nuestro ejemplo de solidaridad con los pobres y necesitados, luz orientadora de los que buscan la verdad. Oremos.

Para que seamos fomentadores y transmisores de vida entre quienes andan en sombras de muerte. Oremos.

Para que con creatividad y solidaridad, construyamos el templo de piedras vivas que es la comunidad. Oremos.

Para que corroboremos siempre nuestras palabras con el testimonio vivo de nuestra propia vida. Oremos.

 

Oración comunitaria

Oh Dios, misterio incomprensible, presencia inasible, amor inefable. Ayúdanos a comprender que la Verdad está más allá de nuestras formulaciones, que la Vida eres Tú mismo, y que los Caminos que conducen a Ti son infinitos. Nosotros concretamente te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.


Los comentarios que se adjuntan se toman de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org