SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
CICLO "A"


Primera lectura: Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a
Salmo responsorial: Salmo 147
Segunda lectura: 1 Corintios 10, 16-17

 
EVANGELIO
Juan 6, 51-58  

       51Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que come pan de éste vivirá para siempre. Pero, además, el pan que yo voy á dar es mi carne, para que el mundo viva.

      52Los judíos aquellos discutían acaloradamente unos con otros diciendo:

      -¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53Les dijo Jesús:

      -Pues sí, os lo aseguro: Si no coméis la carne del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54Quien come mi carne y bebe mi ,sangre tiene vida definitiva y yo lo resucitaré el último día, 55porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. 56Quien come mi carne y bebe mi sangre sigue conmigo y yo con él; 57 como a mi me envió el Padre que vive y, así, yo vivo por el Padre, también aquel que me come vivirá por mi. 58Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres y murieron; quien come pan de éste vivirá para siempre.



COMENTARIOS

 I

       ¿Qué significa para nosotros la Eucaristía? ¿ Una rutina? ¿ Una costumbre? ¿Un tranquilizante para la conciencia? ¿Quizá una devoción seria, pero individual, ajena a los problemas de la vida, del trabajo o la sociedad? ¿Realizamos así el sentido que quiso Jesús para la Eucaristía?

¿PAN O CARNE?

Los judíos aquellos discutían acaloradamente unos con otros, diciendo: -¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

      Jesús, usando los símbolos del antiguo éxodo, cambia el del maná/pan por el del cordero/carne. Es el final del evangelio del domingo pasado y el comienzo del de hoy: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo..., el pan que yo voy a dar es mi carne, para que el mundo viva.»

      Los judíos que lo escuchaban, aun sin aceptar sus palabras, creían estar entendiéndolo. En efecto: el Antiguo Testamento, y otros libros de la literatura judía, dan el nombre de «pan» a la sabiduría (Prov 9,5; Eclo 15,3) y a la ley; ligada, como el maná, a la experiencia del éxodo. Los que escuchan a Jesús lo consideran maestro, pues así lo llamaron cuando lo volvieron a encontrar después del reparto de los panes y los peces Un 6,25). Por eso podemos deducir que mientras lo oían llamarse a sí mismo «pan del cielo», quizá pensaban en un profeta que propone una nueva doctrina; los que eran partidarios del régimen religioso judío no aceptaban que el origen de Jesús o el de su doctrina estuviera en Dios, pero creían saber de lo que hablaba. Ahora bien, cuando empieza a hablar de carne y de sangre se pierden y, desconcertados, empiezan a discutir entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»


UN NUEVO CORDERO PASCUAL

Pues si os lo aseguro: si no coméis la carne del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida definitiva y yo in resucitaré en el último día.

        El primer cordero pascual lo comieron los israelitas la noche antes de salir de la tierra de la esclavitud; su sangre les salvó la vida y su carne fue el alimento que les dio fuerza para dar los primeros pasos por el camino de la libertad (Ex 12,1-14). Como ya había hecho con el pan, ahora contrapone Jesús su propia carne y sangre a aquel cordero para reafirmar la preeminencia de su proyecto de liberación sobre el del primer éxodo: la carne y la sangre de aquel cordero proporcionaron una vida y una libertad pasajeras que sólo duraron hasta que llegó la muerte física; Jesús se presenta como el nuevo cordero que va a dar como alimento su propia carne y su propia sangre para que los hombres puedan gozar de una vida totalmente lograda. No se trata simplemente de la promesa de una vida futura para el otro mundo, se trata de dar vida, ya y ahora, a los hombres de este mundo que coman y beban el cuerpo y la sangre del cordero de la nueva liberación. Las palabras que el evangelista pone en boca de Jesús están en presente («quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida definitiva»): se refiere a una vida que ya se puede disfrutar aquí, antes de la muerte y antes de la resurrección prometida, ésa sí, para el futuro. Una vida que, por otro lado, sólo se puede alcanzar mediante este alimento que, con gran sorpresa para ellos, Jesús les está ofreciendo.

 

CELEBRAR LA EUCARISTÍA

Quien come mi carne y bebe mi sangre sigue conmigo y yo con él; como a mí me envió el Padre, que vive, y así yo vivo por el Padre, también aquel que me come vivirá por mi.

      La comunidad para la que escribe Juan sabe que estas palabras se refieren a la eucaristía. No se trata de un rito de antropofagia; tampoco de una ceremonia mágica en la que basta con pronunciar unas palabras prodigiosas para que todo funcione mecánicamente; al celebrar la eucaristía los miembros de esta comunidad sentían que la vida de Jesús se fundía realmente con la vida de cada uno de ellos, experimentaban a Jesús como don en una entrega constantemente renovada; sentían que el Espíritu de Jesús los inundaba y percibían esa nueva calidad de vida que sólo es posible sentir en un ambiente de amor en el que todos comparten la misma vida porque se sienten hermanos, hijos de un mismo Padre: «Nosotros sabemos que ya hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos» (1 Jn 3,14).

      En un contexto también eucarístico, Jesús explicará en qué consiste seguir o permanecer con él: «Manteneos en ese amor mío. Si cumplís mis mandamientos, os mantendréis en mi amor, como yo vengo cumpliendo los mandamientos de mi Padre y me mantengo en su amor... Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros igual que yo os he amado» Un 15,9-11). Seguir con él es mantenerse en su amor, mantenerse en su amor significa cumplir sus mandamientos y sus mandamientos consisten en poner en práctica, en cualquier ocasión, el mandamiento del amor fraterno.

      Celebrar la eucaristía supone haber llegado al final de nuestro camino de liberación personal en medio, por supuesto, de una comunidad de hermanos. Pero, al mismo tiempo, compromete a luchar por la vida y la libertad de quienes todavía no han podido acceder a ellas.

      La de Jesús es carne de nuestra carne y, si al darla comunicó vida al mundo, también la nuestra podrá servir para el mismo fin. Aquella carne, es cierto, estaba llena del Espíritu de Dios; pero también la nuestra puede llenarse de ese Espíritu y convertirse, con su fuerza, en pan que, compartiendo también el pan de cada día, se reparte para la vida del mundo. Eso es celebrar la eucaristía.

 



II

52-55 Los judíos aquellos discutían acaloradamente unos con otros diciendo: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Les dijo Jesús: «Pues sí, os lo aseguro: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida definitiva y yo lo resucitaré el último día, porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.

      Las palabras anteriores de Jesús no provocan ahora sólo una crítica, sino una discordia entre sus adversarios. La mención de "su carne" los ha desorientado y les ha quitado la seguridad. Mientras Jesús se mantuvo en la metáfora del pan, creían comprender; podían aún interpretar que se presentaba como un maestro de sabiduría enviado por Dios. Pero Jesús ha precisado que ese pan es su misma realidad humana (su carne), no una doctrina. Ya no entienden qué puede significar "comer su carne".

      Jesús hace una nueva declaración, que explica la anterior: comer y beber significan asimilarse a él, aceptar y hacer propio el amor expresado en su vida (su carne) y en su muerte (su sangre). En el éxodo de Egipto, la carne del cordero fue alimento para la salida de la esclavitud, y su sangre liberó a los israelitas de la muerte por mano del exterminador (Éx 12,1-14). En el nuevo éxodo, la carne de Jesús es alimento permanente, y su sangre no libera momentáneamente de la muerte, sino, como su carne, da vida definitiva, que la supera.

      La doble fórmula "comer la carne" y "beber la sangre" distingue entre la realidad histórica de Jesús (carne = hombre mortal) y su entrega hasta el fin (sangre = don de su vida). Se subraya así el doble aspecto de la adhesión: significa en primer lugar la identificación del discípulo con Jesús, el Hombre pleno, y la aspiración a alcanzar la plenitud mediante una actividad como la suya en favor de los hombres. En segundo lugar, y como expresión de la identificación interior, no cesar en esa labor, no retroceder ni siquiera ante la prueba extrema.

      La frase de Jesús: no tenéis vida en vosotros, es decisiva; no hay realización del hombresi no es por la asimilación a Jesús, obra del Espíritu que de él se recibe y que lleva a una entrega y a una calidad humana como la suya.

      Es evidente la alusión a la eucaristía, que queda así puesta bajo el signo del Hijo del hombre. El pan y el vino eucarísticos son así símbolo de Jesús en cuanto es el modelo de Hombre, de su ser y actividad y de su entrega hasta el fin. El compromiso cristiano renovado en la eucaristía consiste, por tanto, en la mayor asimilación a este modelo.

      Se expone al mismo tiempo el doble aspecto de la eucaristía: es el nuevo maná, el alimento, vehículo del Espíritu, que da fuerza y vida, y la nueva norma de vida, no por un código externo (la Ley), sino por la identificación con Jesús, que lleva a una entrega como la suya (cf. 1,16: un amor que responde a su amor). Jesús no es un modelo exterior que imitar, sino una realidad interiorizada. Esta comunión íntima cambia interiormente al discípulo.

      El éxito está asegurado: el que se asimila al modelo de Hombre tiene vida definitiva, pues posee el Espíritu de Dios. Inmediatamente expone Jesús con otras palabras el don de la vida definitiva: él va a resucitarlo "el último día", el de su muerte, cuando comunicará su Espíritu (cf. 6,39).

      Cuando afirma Jesús que "su carne es verdadera comida" y "su sangre verdadera bebida" quiere decir que la asimilación a su estilo de vida y a su entrega, el desarrollo y plenitud expresados por la denominación "el Hijo del hombre", son realmente posibles. Cada uno puede hacer suyo este ideal, seguro de que no es irrealizable.

      56-58 Quien come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él; como a mí me envió el Padre que vive y, así, yo vivo por el Padre, también aquel que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres y murieron; quien come pan de éste vivirá para siempre».

      Asimilar la carne y la sangre de Jesús, es decir, hacer propio el ideal de Hombre que él propone, con una actividad y entrega como la suya, implica una compenetración con él que hace compartir su misma vida. En Jesús, el Padre adquiere rostro humano y presencia en el tiempo, mientras Jesús, en comunión con el Padre, adquiere rostro divino. El que se adhiere a Jesús reproduce en sí mismo ese proceso, entrando en la unidad del Padre y del Hijo. Es el núcleo del mensaje de Juan (17,20-26).

      La vida que Jesús posee procede del Padre (cf. 1,32: el Espíritu que bajaba como paloma desde el cielo y se quedó sobre él) y él vive en total dedicación al designio de Dios de dar vida al mundo (4,34; 6,39-40.51). Jesús comunica esa vida a los suyos: la actitud de éstos ha de ser dedicarse a cumplir el mismo designio.

      Se cierra el tema del maná, comenzado en la perícopa anterior (6,31) y recogido en la primera parte de ésta (6,41.49.51). El maná no consiguió completar el antiguo éxodo; el éxodo de Jesús, en cambio, llega a su fin: quien come pan de éste vivirá para siempre. Ese pan ha bajado del cielo. Jesús se refiere ahora a sí mismo como dador del Espíritu (cf. 6,33.34), disponible para los hombres.

      Se refiere Jesús en esta perícopa a la nueva comunidad humana, que, a diferencia de la que se constituyó en el Sinaí, que murió en el desierto, llegará a la tierra prometida, a la vida definitiva. Sin embargo, cada vez que hace alusión al seguimiento (comer / beber), Jesús se refiere al individuo, no a la comunidad como tal. Para él, su comunidad no es "gente" ni "multitud" (6,5), sino "hombres adultos" (6,10), donde cada uno hace su opción personal y libre y tiene su propia responsabilidad en el seguimiento y en la asimilación a él.

      59 Esto lo dijo enseñando en una sinagoga, en Cafarnaún.

      Termina la perícopa indicando la ocasión y el lugar.

 



III

      ¿Qué significa para nosotros la Eucaristía? ¿ Una rutina? ¿ Una costumbre? ¿Un tranquilizante para la conciencia? ¿Quizá una devoción seria, pero individual, ajena a los problemas de la vida, del trabajo o la sociedad? ¿Realizamos así el sentido que quiso Jesús para la Eucaristía?

      ¿Qué significa para nosotros la Eucaristía? ¿ Una rutina? ¿ Una costumbre? ¿Un tranquilizante para la conciencia? ¿Quizá una devoción seria, pero individual, ajena a los problemas de la vida, del trabajo o la sociedad? ¿Realizamos así el sentido que quiso Jesús para la Eucaristía?

 El Deuteronomio pone en boca de Moisés tres grandes y solemnes discursos ante el pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. Algunos han catalogado el Deuteronomio como el "testamento de Moisés", refiriéndose a sus últimas palabras, llenas de unción y de una honda espiritualidad. Moisés hace memoria del pasado, para dar sentido al hoy de cada generación. La primera palabra de nuestro texto es "recuerda". Recordar, hacer memoria, conectar con el pasado glorioso, es parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios no sólo ha irrumpido en un momento dado en la historia de este pueblo, sino que ha estado presente en todos los momentos alegres y tristes. Nunca le ha abandonado. Más aún las pruebas sufridas en el desierto, fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir exclusivamente de Yahvé, sin apoyos humanos. El desierto es símbolo de la fe pura. El hambre, necesidad básica y urgente se convirtió en prueba para medir la fe-confianza en el Dios que sacia plenamente. Más tarde en una sociedad próspera y consumista el pueblo se olvidó de Yahveh. Fue entonces cuando estos discursos de Moisés adquirieron plena actualidad. Se les recuerda que: "no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios". Desde esta perspectiva el ayuno adquiere su sentido profundo. Recuérdese que Mateo retomará este verso para enfrentar las tentaciones de Jesús. En la fiesta de hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, ante las hambres de nuestros desiertos. El es el verdadero maná que Dios da a la humanidad. Todos los demás panes (el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder...) no logran saciar plenamente las ansias de hambre del corazón humano, más aún dejan un hambre mayor... Viene entonces Jesús con su palabra y sus gestos, con su propuesta de Reino y Alianza y hace posible un mundo lleno de posibilidades en donde todo se comparte y nadie pasa necesidad.

Pablo orienta a una comunidad de los peligros de división. Aprovecha el contexto comunitario de la Eucaristía para hacer algunas aplicaciones prácticas a este respecto. La palabra clave es: el Cáliz, el Pan... ¿no nos "une" a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo?. El tema es: La unión de todos en el cuerpo y la sangre de Cristo. De este modo revela el grave compromiso de unidad (común - unión) entre todos. Beber el Cáliz, comer el Pan...expresan el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos en Cristo. Si esto no está claro, nuestras Eucaristías están vacías de sentido, o son un mero rito religioso intimista, muy lejos de lo que lo que Pablo quiso inculcar a su comunidad. Acto seguido el Apóstol de los gentiles remacha el tema con la comparación "el Pan es uno... nosotros somos muchos"... para concluir que al comulgar "formamos un solo cuerpo". La unidad en la universalidad, es un tema de gran actualidad. Pero también "el cuerpo" expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas visibiliza al Cristo total.

 El capítulo 6 del evangelio según San Juan está consagrado al llamado "discurso eucarístico". Los versos del 51-59 revelan una unidad en la expresión: "vivirá para siempre", con la que comienza y termina nuestro texto. Jesús mediante una fórmula de auto revelación se declara: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo". Los judíos no entendían. Sucede lo mismo en nuestros días. Sin fe es imposible entender este gran misterio. Aunque lo explique el mismo Jesús, sin fe es imposible captar el sentido que encierran estas palabras y su alcance en la vida. Partiendo entonces de la fe, podemos afirmar con propiedad que Jesús es el Pan de Vida. Es decir, es aquel que ha venido, no de este mundo limitado e insaciable, sino de arriba, de Dios, para saciar definitivamente las hambrunas enraizadas en el corazón humano. Las profundas insatisfacciones, que son muchas, el cansancio de la vida, el sin sentido, los anhelos del corazón... encuentran en este Pan de vida un remedio saludable. La terrible soledad se transforma en habitación de comunión de vida. El creyente ya no vive para sí, es un consagrado, un poseído por una presencia transformadora que le eterniza y da pleno sentido a su existencia. Un dato interesante de este Evangelio es la relación que hace de esta comida (única y sin precedentes), con el sacrificio de Jesús: se trata de comer su cuerpo, beber su sangre. Al comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo el creyente no solo recibe, se identifica, se une a... sino que es capacitado para dar, ofrecer, entregar una vida digna... a semejanza de aquel a quien comulga.

 Mi cuerpo es comida

 Mis manos, esas manos y Tus manos

hacemos este Gesto, compartida

la mesa y el destino, como hermanos.

Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

 Unidos en el pan los muchos granos,

iremos aprendiendo a ser la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida,

 El vino de sus venas nos provoca.

El pan que ellos no tienen nos convoca

a ser Contigo el pan de cada día.

 Llamados por la luz de Tu memoria,

marchamos hacia el Reino haciendo Historia,

fraterna y subversiva Eucaristía.

 (Pedro Casaldáliga)

 


 

Para la revisión de vida

¿Digo yo también, por dentro, al participar en la eucaristía, desde mi más honda opción: "tomad y comed, éste es mi cuerpo...", poniéndome en disposición de dejarme comer por el servicio a mis hermanos?

 ¿Es mi vida realmente un "compartir"?

 ¿Estoy sentado, participo en alguno de los "grupos de cincuenta" para reflexionar qué hacer frente al hambre del pueblo?

 

Para la reunión de grupo

La doctrina y la teología clásica (de los últimos siglos sólo, al fin y al cabo) sobre la Eucaristía ha estado centrada en el concepto de «transubstanciación». Compartir en el grupo sobre lo que este concepto filosófico, escolástico, aristotélico en el fondo, comporta.

¿Es necesario aceptar la filosofía escolástica para estar en la verdad de la Iglesia sobre la Eucaristía? Explicitar las relaciones entre la fe en la eucaristía y las opiniones filosóficas involucradas en los conceptos con que se expresan las formulaciones oficiales de la fe.

 

Para la oración de los fieles

Por los 200 millones de niños menores de cinco años que están desnutridos; por los 11 millones de niños que mueren al año por desnutrición...

Por nuestras "eu-caristías", para que sean realmente una acción de gracias, una fiesta, una auténtica celebración...

Para que la liturgia de nuestra Iglesia se despoje de todo hermetismo hierático, acoja los símbolos de los pueblos, se inculture, asuma nuestras vidas, con sus problemas, sus esperanzas y todas sus riquezas culturales y espirituales...

Por todos los niños y niñas que en este día, en muchas iglesias locales, celebran su "primera comunión", su primera participación formal en la eucaristía: para que esa "primera" comunión no sea la última, ni sea demasiado distanciada su participación en la comunidad...

 

Oración comunitaria

 Señor Jesús, que partiste y repartiste tu pan, tu vino, tu cuerpo y tu sangre, durante toda tu vida, y en la víspera de tu muerte lo hiciste también simbólicamente; te pedimos que cada vez que nosotros lo hagamos también "en memoria tuya" renovemos nuestra decisión de seguir partiendo y repartiendo, como tú, en la vida diaria, nuestro pan y nuestro vino, nuestro cuerpo y nuestra sangre, todo lo que somos y poseemos. Te lo pedimos a ti, que nos diste ejemplo para que nosotros hagamos lo mismo.


Los comentarios que se adjuntan se toman de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org