DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "A"


Primera lectura: 1 Reyes 3, 5. 7-12
Salmo responsorial: Salmo 118
Segunda lectura: Romanos 8, 28-30


EVANGELIO
Mateo 13, 44-52

 44Se parece el reino de Dios a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquél.

45Se parece también el reino de Dios a un comerciante que buscaba perlas finas; 46al encontrar una perla de gran valor fue a vender todo lo que tenía y la compró.

47Se parece también el reino de Dios a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: 48cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, reúnen los buenos en cestos y tiran los malos. 49Lo mismo sucederá al fin de esta edad: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51-¿Habéis entendido todo esto?

Contestaron ellos:

-Sí.

52Él les dijo:

-De modo que todo letrado instruido en el reino de Dios se parece al dueño de casa que saca de su arcón cosas nuevas y antiguas.




COMENTARIOS

 I

 NADAR Y GUARDAR LA ROPA

El refranero encierra una sabiduría de siglos. Un simple refrán como "nadar y guardar la ropa" sirve para dibujar un modo muy habitual de comportamiento poco humano. Cinco palabras. Así de breve, pero qué profundo.

Nadar es sostenerse flotando en un líquido, moverse en el agua o sumergirse en ella sin tocar fondo. El agua representa la inseguridad, lo inestable y movedizo. Para nadar y flotar es conveniente no tener ataduras ni peso añadido al del propio cuerpo. Hay que despojarse de ropa y abandonar la orilla firme, adentrándose en esa masa líquida que envuelve y amenaza. Nadar significa arriesgarse.

Guardar la ropa representa el polo opuesto: la seguridad. Guardar es sinónimo de custodiar, vigilar, conservar en seguro, no arriesgar, retener. La ropa es el símbolo de nuestra imagen exterior, de nuestra posición o situación en la vida ante los demás.

Nadar y guardar la ropa son los dos extremos de una situación vital: inseguridad, desnudez y riesgo frente a seguridad, vestido, tranquilidad. Este refrán une lo imposible en la práctica. Cada día, por desgracia, es mayor el numero de gente que hace de él su pauta de vida. Gente que pasa por la vida, interviniendo con astucia para beneficiarse del provecho que pueda producir cada ocasión, sin arriesgarse. Gente de poco fiar, que tira la piedra y esconde la mano.

Freud decía que la vida humana se debate entre dos polos: seguridad y libertad. A más seguridad, menos libertad; a más libertad, menos seguridad. El hombre se mide por su praxis de libertad, por su capacidad de riesgo. Es más quien más arriesga; quien no arriesga, no gana, dice el proverbio.

Y así está el mundo. Por no perder la seguridad, por salvar las apariencias, pocos se adentran de verdad en el agua del riesgo y de la libertad, de la claridad y de la transparencia. Los empresarios no invierten, dedicados a guardar la ropa-capital. Los políticos se han acostumbrado a decir "sí, pero..." La Iglesia, al menos un sector de ella, se ha tirado para el centro, si no para la derecha, para arriba más que para abajo. Mientras tanto, el pueblo, obligado a nadar, cada vez más desnudo y solo, se ahoga con el peso que todos le echamos encima.

Poco humana y menos cristiana es esta actitud tan corriente. Jesús de Nazaret no quería a su lado gente que practicase este refrán. En su reino no caben actitudes medias, ni personas no definidas. Es reino de riesgo, libertad y verdad. Para entrar en él hay que quedarse desnudos, pobres -sin ropa ni seguridad- hay que ser transparentes y cristalinos, tirarse al agua de la vida, mojarse, romper amarras.

"El Reino de Dios -decía Jesús- se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de Dios se parece a un comerciante de perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra".

Jesús exige al cristiano una renuncia radical: venderlo todo, romper amarras, arriesgarse, definirse para entrar en el Reino de Dios, un Reino donde está prohibido "nadar y guardar la ropa".

 


 
II

 ¿RENUNCIAR? ¿A CAMBIO DE QUÉ?

La vida cristiana se ha presentado muchas veces como un constante ejercicio de renuncia: renunciar al dinero, renunciar a los placeres de la vida, renunciar a las comodidades, renun­ciar a la ambición, renunciar, renunciar, renunciar... Pero ¿para qué?, ¿a cambio de qué?

 

CAMINO DE PERFECCIÓN

Sin que esto suponga que criticamos a aquellos que buscan sinceramente la perfección, hay que afirmar que el cristianis­mo no debe confundirse con lo que se llama un camino de per­fección, un método para llegar a ser santos. El objetivo de Jesús no era enseñar al hombre a ser más santo, a ser más per­fecto; el suyo no era un proyecto dirigido únicamente al indi­viduo, sino orientado a la transformación de la manera de vivir de toda la humanidad.

Cuando Jesús presenta las bienaventuranzas, que constitu­yen el núcleo de su programa, no dice a quienes le escuchan que serán más santos si hacen todo aquello, sino que serán felices.

Es la felicidad de los hombres, de todos los hombres y de cada uno de ellos en particular, lo que preocupa a Jesús, porque ésa es la principal preocupación del Padre.

Por eso no se puede considerar la perfección como un ideal propiamente cristiano. Éste era el ideal de los fariseos y lo fue también de ciertas escuelas filosóficas de la antigüedad (los estoicos, por ejemplo). El ideal cristiano es la felici­dad. Y, en consecuencia, la felicidad es la razón por la que un cristiano actúa: un cristiano se comporta cristianamente por­que tal comportamiento es causa de alegría para él y para sus semejantes. O, si se quiere formular la cuestión de otra ma­nera: debe juzgarse que una acción es buena si produce felici­dad en quien la realiza y contribuye a la felicidad de los demás.

 

UN TESORO, UNA PERLA

Ésta es la idea central de las dos primeras parábolas que se leen este domingo: el reino de Dios es como un tesoro es­condido, como una perla de incalculable valor. Si alguien en­cuentra el tesoro o la perla y descubre el valor tan inmenso que tienen, hace todo lo necesario para conseguirlos. Reunirá todo el dinero que pueda, aunque tenga que vender todas sus posesiones, todo lo que tiene, y correrá a comprar la perla o el campo donde sabe que está escondido el tesoro.

La parábola no necesita demasiadas explicaciones. Jesús ha dicho desde el principio que hay ciertas cosas que son in­compatibles con el evangelio; y resulta que esas cosas son las que más se valoran entre la mayor parte de los hombres: el poder, la riqueza, los honores... ¿Por qué hay que renunciar a todo eso? ¿Para qué? ¿Es que la renuncia tiene valor en sí misma? Estas preguntas quedan respondidas con las parábolas que comentamos.

En primer lugar, el proyecto de Jesús, el reino de Dios, es un tesoro para el hombre, el mayor tesoro. Vivir de acuerdo con el evangelio vale más, tiene más valor que cualquier otro modo de vida. Más que todo el dinero del mundo, más que todos los honores, más que todo el poder.

Y, en segundo lugar, la elección debe llenar de alegría a quien la realiza. El dolor que pudiera causar la renuncia a algo que se ha querido hasta ese momento debe quedar anulado por la felicidad que produce lo que se ha elegido: «Se parece el reino de Dios a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquel».

 
LO QUE DE VERDAD IMPORTA

No quiere esto decir que no cueste ningún esfuerzo renun­ciar a todo lo que es incompatible con el evangelio. Lo que quiere decir es que la razón por la que se hace tal esfuerzo no es otra que la seguridad de que el resultado final será una feli­cidad mucho mayor. Y no sólo en la otra vida: ya, desde ahora, desde el momento en que se descubre el valor de lo que se ha elegido.

En conclusión: lo realmente importante no es la renuncia, sino la elección; lo que realmente nos hace mejores no es lo que dejamos, sino lo que elegimos. Y la elección es consecuen­cia no tanto de que queremos ser mejores, más santos, más perfectos, sino más bien de que hemos descubierto que adop­tando el modelo de vida que propone el evangelio, siendo cris­tianos, podremos tener y ofrecer a los demás, de la manera más excelente, la experiencia del amor compartido, que es la felicidad.

 


 
III

 vv. 44-46: Se parece el reino de Dios a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquél.

45Se parece también el reino de Dios a un comerciante que buscaba perlas finas; 46al encontrar una perla de gran valor fue a vender todo lo que tenía y la compró.

. Las parábolas del tesoro y de la perla contienen una misma enseñanza: que el compromiso total que exige el reino no se hace por un esfuerzo de voluntad, sino llevados por la alegría de haber descubierto un valor insospechado e incomparable. La renuncia a todo lo que se posee no es, por tanto, un acto ascético, sino espontáneo. El mensaje y la experiencia del reino relativizan todo valor hasta entonces conocido. Ambas parábolas se inspiran en el lenguaje sapiencial (cf. Prov 2,4; 3,14s; 8,18s; Job 28,18; Is 33,6).

El reinado de Dios está escondido en el mensaje y la actividad de Jesús; en ellos anuncia su cercanía; quien los comprende en­trega a ese mensaje su entera existencia, porque descubre en él el tesoro que puede enriquecer toda su vida.

Estas dos parábolas proponen de nuevo la opción por la po­breza expresada en 5,3, como lo muestra ]a frase repetida «va a vender todo lo que tiene» (vv. 44.46; cf. 19,21); el tesoro y la perla son la experiencia del amor de Dios (5,3: «ésos tienen a Dios por rey»; cf. 6,20; 19,21), que causa una profunda alegría.

 vv. 47-48: Se parece también el reino de Dios a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: 48cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, reúnen los buenos en cestos y tiran los malos.

La última parábola lleva también su explicación. El con­tenido coincide con la del trigo y la cizaña. La oposición de «bue­nos» y «malos» corresponde a la de los árboles buenos y malos de 7,15-19 (cf. 12,33); los malos son los falsos profetas, los lobos con piel de oveja, los que siguen a Jesús sólo en la apariencia, pero persiguen objetivos inconfesables.

En la ex­plicación son llamados «los malos/malvados», siempre en rela­ción con «el Malo».

vv. 49-50: Lo mismo sucederá al fin de esta edad: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

El destino de los malos es también el fuego destructor (50; cf. 13,42). La frustración definitiva del hombre («llanto y rechinar de dientes») es perder la vida para siempre.

La parábola propone a los discípulos la suerte final, para orientarlos en la decisión pre­sente. Los únicos que llegan a la vida son los que producen fruto.

vv. 51-52: -¿Habéis entendido todo esto? Contestaron ellos: -Sí. 52Él les dijo: -De modo que todo letrado instruido en el reino de Dios se parece al dueño de casa que saca de su arcón cosas nuevas y antiguas.

Termina la instrucción a los discípulos en privado. Vuel­ve el tema del «entender» que ha dado el tono de todo el capítulo (13,13.14.15.19.23.51). Recibido el conocimiento, han de exponerlo a los demás.

Mt establece una oposición entre los «letrados» cris­tianos y los de Israel. Estos tenían detrás una inmensa tradición interpretativa que pretendía no salirse de los límites de lo antiguo. El letrado que ha comprendido el secreto del reino ya no depende de su antigua tradición, sino que en él «lo nuevo» tiene el primer lugar; «lo antiguo» está subordinado a lo nuevo. No se basa en primer lugar en lo que han dicho o hecho Moisés o los Profetas, sino que comienza con el mensaje de Jesús. Este es la clave de lectura de todo el AT.

El modelo de este letrado es el mismo evan­gelista.

 


 
IV

 La palabra de Dios siempre nos va a proponer motivos y razones para acrecentar nuestra inseguridad frente a la vida y frente al seguimiento, de una causa que creemos muy importante para los que nos llamamos cristianos: el Reino, la Utopía.

Las lecturas de hoy son un llamado al cambio de actitudes relativas de nuestras prácticas, muchas veces tan egoístas, a los valores profundos y absolutos que propone Jesús desde la propuesta del proyecto del Reino.

Hay que tener muy claro que la presentación de Salomón, que hace el primer libro de los Reyes, pretende mostrar (románticamente) lo que para el escritor sagrado representaba y significaba este “maravilloso” rey en la teoría, pero que en la práctica y por lo que consiguió en la historia del pueblo, no pasó a ser sino un rey más que se aprovechó de su poder para explotar, esclavizar y manipular la conciencia débil del pueblo, y construir su reinado de gloria en la magnificencia literaria que se construyó en torno a su figura y su reinado.

Hay que saber diferenciar entre la estructura del reino que representa Salomón (la de la monarquía con sus estructuras económicas, políticas, militares y religiosas que se establecen para manejar los hilos del poder) a la propuesta del Reino que presenta y enseña Jesús con sus palabras, pero sobre todo con su práctica de justicia y de igualdad.

Descubrir el mensaje que se revela por Jesús y su reinado, abre los horizontes hacia una nueva humanidad. Una vez que se ha descubierto el valor absoluto que tiene el Reino, es necesario tomar una posición, y frente a este descubrimiento ningún precio es demasiado alto, pues el Reino se convierte en el único valor absoluto para quien lo descubre.

El proyecto del «Reino de los cielos», según la expresión de Mateo, se convierte para muchas personas en una alegre pero exigente sorpresa, que en el caminar normal de la vida se produjo por medio de un encuentro afortunado que impregnó de una gran riqueza la existencia. Ese Reino trajo una exigencia, que genera al mismo tiempo inseguridad, pues se descubre necesario venderlo todo, despojarse de muchos «bienes» que atan, e ir al encuentro de su absoluta posesión, como su mayor riqueza. Afortunado quien ha descubierto desde su práctica concreta en la vida, los valores del Reino...encontró su mejor tesoro, la mejor perla que podía estar buscando perdidamente en otros rincones.

Las dos parábolas iniciales (del tesoro escondido y de la perla de gran valor) parece que se contrapusieran a la llamada e invitación de Jesús a dejar bienes y riquezas para poder seguirlo. Sin embargo nos enseñan las parábolas, que el Reino es la mayor riqueza para el seguidor de Jesús: Luego de sentir la llamada de Jesús y de descubrir el Reino, el camino se debe seguir con alegría, porque se ha encontrado todo.

El Reino, en estas dos parábolas, es la realidad que supera a nuestro egoísmo. Dejar las certezas inseguras del hoy, por la certeza mayor, hace que los caminos abiertos para que el reinado de Dios sea el mayor absoluto, que busca en todos los sentidos la transformación de tantas y tantas estructuras injustas.

Para el seguidor de Jesús es necesario romper los esquemas de muchas estructuras que deshumanizan. Personas que esperan un cambio sin ponerse en búsqueda, ateniéndose muchas veces a su herencia legalista, que no les permite salir a encontrar nuevas posibilidades para su existencia o para la existencia de los demás, se enfrentan en estas parábolas a las personas que han encontrado un sentido que creían perdido para sus vidas y se arriesgan al cambio y a la novedad, poniéndose en marcha en la construcción de proyectos alternativos que construyan hermandad solidaria entre los seres humanos y se comprometen en afianzar, desde la práctica concreta, los valores de vida y justicia que han encontrado.

Jesús concluye esta enseñanza preguntando si han entendido todo lo dicho por medio de la palabra, que había estado escondida, pero que ahora no deja de salir a la luz. Aquí se presenta el modelo ideal del discípulo que es capaz de entender el mensaje del Reino y saca oportunamente lo viejo y lo nuevo del mensaje que ha recibido. La novedad del Reino viene por medio de la palabra, acumulada en la historia del propio pueblo por medio de sus valores, la cultura, el proyecto original en torno al cual se dio origen a Israel como pueblo, sus luchas y procesos en búsqueda de la justicia y su interpretación de la historia desde un Dios liberador y a la opción de este Dios por los más pobres y oprimidos de la sociedad. Esta oferta del Reino que propone Jesús, es una realidad que quiere hombres y mujeres capaces de incorporar los propios valores de la historia y la cultura a las nuevas realidades, siempre impregnadas de justicia, que Jesús puso en marcha a partir del anuncio y la práctica del Reino.

 



Para la revisión de vida

Somos muchos los bautizados, pero ¿somos muchos los cristianos, los que vivimos de acuerdo con nuestra fe, los que vivimos convencidos de que el Reino de Dios es el mayor tesoro de nuestra vida? Y yo ¿qué soy: bautizado o discípulo de Jesús?

 ¿He descubierto verdaderamente el Reino de Dios en mi vida? ¿Siento mi vida llena de gozo y alegría por ese hallazgo? ¿Soy capaz de venderlo todo por ese tesoro, por esa perla?

 

Para la reunión de grupo

Aunque las dos primeras parábolas están construidas sobre el esquema de vender y comprar, su mensaje central es, precisamente, que en la vida hay cosas que pueden valer mucho más que todo eso que se compra y se vende... El dinero solo no hace la felicidad. Para un rey sabio (Salomón) es más importante el don de saber gobernar que las riquezas... Y para todo ser humano hay algo que es “más importante que todo lo demás”... ¿Será ése el sentido de estas dos parábolas? Comentar.

¿Qué es eso que es «más importante que todo lo demás»? ¿La gracia de Dios? ¿El perdon de Dios? ¿La pertenencia a la Iglesia? ¿Cristo? ¿La felicidad? ¿Qué felicidad? ¿El amor? ¿La salvación? ¿Qué salvación? La pregunta por «lo más importante» es en todo caso muy importante, también en la sociedad actual.

La tercera parábola está construida sobre el esquema “esta vida/la otra”. A este respecto: CIRES, en 1991, publicó en España una encuesta según la cual, en la católica España, “4 de cada 10 españoles no creen ni en la resurrección ni el infierno”. En ese mismo país, la revista Misión Abierta publicaba otra encuesta en la que descubría que “en la resurrección no cree el 48% de los ciudadanos españoles. Pero, en cambio, hemos dado un viraje hacia Oriente porque un 25% acepta la reencarnación”. En este contexto, ¿cómo repetir la parábola hoy para que sea significativa para todos? ¿Podemos en la reunión de grupo (sin autocensuras doctrinales) arriesgar una reinterpretación?

 

Para la oración de los fieles

Por la Iglesia, para que no sea sólo una asociación de bautizados sino el rostro visible en el mundo del amor de Dios Padre. Roguemos al Señor.

Por todas las personas, para que tengamos la sabiduría y el discernimiento suficientes para distinguir el bien de las gentes y trabajemos por él. Roguemos...

Por todos los que trabajan por el Reino de Dios, Reino de justicia, de amor y de paz, para que vean recompensados sus trabajos con un mundo mejor. Roguemos...


Oración comunitaria

 Dios, Padre nuestro, concédenos sabiduría para descubrir el significado y la importancia del Reino que tu Hijo anunció e inauguró entre nosotros; que lo acojamos en nuestra existencia como el tesoro más precioso, y que dediquemos a él toda nuestra vida. Por Jesucristo.


Los comentarios que se adjuntan se toman de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org