VIGESIMONOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "A"


Primera lectura: Isaías 45, 1. 4-6
Salmo responsorial: Salmo 95
Segunda lectura: 1 Tesalonicenses 1, 1-5b

EVANGELIO
Mateo 22, 15-21

 155e retiraron entonces los fariseos a elaborar un plan para cazar a Jesús con una pregunta. 16Le enviaron a sus discípulos con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

-Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importa de na­die, porque tú no miras lo que la gente sea. 17Por eso, dinos qué opinas: ¿está permitido pagar tributo al César o no?

18Calando Jesús su mala intención, les dijo:

-¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19Enseñadme la mo­neda del tributo.

Ellos le ofrecieron un denario 20y él les preguntó:

-¿De quién son esta efigie y esta leyenda?

21Le respondieron:

-Del César.

Entonces les replicó:

-Pues lo que es del César devolvédselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.




COMENTARIOS

 I

 LOS DOS PODERES

"Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios". Lo dijo Jesús -se decía- y se interpretaba: que la Iglesia no se meta en política, ni los políticos en religión; dos poderes, religioso y civil, al mando de dos mundos paralelos. El uno mira al espíritu, al alma y al más allá; el otro, a lo material, al mundo y al más acá. Uno, lo espiritual con su gama de valores; otro, lo social y político con su conflictividad cotidiana. Los dos, poderes soberanos e independientes. Dios y el César, dos mundos separados por voluntad divina, formulada por Jesús, cada uno con sus propias competencias.

 Nada más contrario a la mentalidad del Maestro nazareno que esta interpretación burguesa de sus palabras, producto típico de una clase eclesiástica que se beneficiaba de los privilegios del poder político, a cambio de no inmiscuirse en su campo de acción. Jesús no fundamentó semejante barbaridad. Este Jesús al que, unas veces, se presenta como tremendamente revolucionario y radical, aparece aquí, según esta interpretación, de lo más conservador y centrista:

Dios, por un lado, y el César, por otro: a cada uno, lo suyo. Sacada de contexto, e incluso mal traducida, esta frase de Jesús ha servido de fundamentación religiosa a la teoría de los dos poderes.

 Todo comienza por una pregunta, inteligente y capciosa: "¿Es licito pagar tributo al César, sí o no?". Si Jesús responde afirmativamente, queda mal con la gente y los zelotas, que consideraban insulto y agravio tener que pagar el impuesto al César; si dice no, proporciona a sus enemigos demandantes un argumento para acusarlo de subversión política ante los romanos, alentando a no pagar el tributo apetecido. Magnífica trampa.

 "Enseñadme la moneda del tributo". Esta llevaba la imagen del César y una inscripción: Tiberio Emperador, hijo de Augusto (=Excelso él mismo). "De quién son esta efigie y esta inscripción?" pregunta Jesús. "Del César" -le responden. (En el sistema judío estaba prohibido hacer imágenes de Dios o del hombre (Dt 5,8); quien las hacia o mandaba hacer iba en contra de Dios y su ley).

 A la vista de esto, Jesús responde: "Devolved al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios". (El verbo griego "apodídômi" ha sido mal traducido por "dar"; significa más bien "devolver"). Esta imagen, con esa inscripción, no es de Dios ni de Israel que no tiene imágenes. Es símbolo del colonialismo romano y signo evidente de un emperador que, con su comportamiento -haciendo imprimir su imagen y llamándose Augusto (=Excelso), título divino- mancha el país de Dios, viola su ley y usurpa su puesto. Con esta autoridad hay que romper. Hay que acabar, según Jesús, con ese estado de cosas, situación de verdadera opresión y dominación.

 Pero no basta con eso. Hay que devolver también a Dios lo que es de Dios. La viña de Israel -propiedad exclusiva de Dios- estaba en manos de los jefes religiosos que defendían de palabra al pueblo, pero de hecho se aprovechaban de él, colaborando con la potencia ocupante o, al menos, no rebelándose abiertamente contra ella. Aceptando a Jesús, verdadero liberador, Dios será de nuevo rey de su pueblo y se acabará la opresión de cualquier tipo: religiosa o política. La única autoridad que Jesús acepta es la de Dios y la de quien, como Dios, libera al pueblo. Ni la del César ni la de los fariseos y herodianos entra dentro de esta categoría. Deben rechazarse, por tanto.

 Jesús no es neutral. Ha tomado partido, una vez más, por el pueblo y su liberación. "Los enviados, sorprendidos al oír aquello, lo dejaron allí y se marcharon". Desconcertante Maestro...

 


 
II

 EL PODER NO VIENE DE DIOS

Prácticamente, todas las culturas han intentado justificar el poder en nombre de Dios. Y, dentro de la historia del mun­do cristiano, esta justificación ha buscado apoyo en diversos textos del evangelio, entre ellos el que hoy leemos en la euca­ristía; pero ni este ni ningún otro texto evangélico respaldan la afirmación de que el poder procede de Dios.

 
FARISEOS Y HERODIANOS

Extraña alianza. Más extraña que las que vemos realizarse a veces entre los políticos actuales.

Resulta que los fariseos eran furibundos enemigos de los romanos y de sus partidarios; y los herodianos eran los parti­darios de Herodes y de sus sucesores, los cuales debían su co­rona a los romanos, con los que, por tanto, colaboraban. Los fariseos y los herodianos eran enemigos, pero por una vez...

En la escena que nos relata el evangelio de hoy aparecen unidos contra un enemigo común: Jesús les caía muy mal a los dos grupos. A los fariseos les había dirigido acusaciones gra­vísimas (podemos echarle un vistazo al capítulo 23 de Mateo; los primeros versículos los comentamos en el domingo trigé­simo primero); de Herodes, Jesús había dicho que era un ser insignificante, un Don Nadie, que diríamos nosotros. Peto pa­rece que decidieron hacer una tregua entre ellos para ponerle juntos una trampa a Jesús.

 
UN SOLO SEÑOR

«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importa de nadie, porque tú no miras lo que la gente sea. Por eso, dinos qué opinas: ¿está permitido pagar el tributo al César o no?»

 La pregunta era una espada de doble filo. Si Jesús decía que no se debía pagar el tributo al emperador de Roma, los romanos se encargarían de él; si, por el contrario, decía que sí debían pagar los impuestos a los invasores, Jesús perdería toda la simpatía con que contaba entre el pueblo; en cualquier caso, a ellos, a fariseos y herodianos, les sería mucho más fácil qui­társelo de en medio.

Esta era su intención; pero no se presentan a cara descu­bierta, sino que quieren aparentar que son unos israelitas pia­dosos que tienen un escrúpulo de conciencia y buscan ayuda para salir de la duda. Para muchos israelitas de entonces pagar el tributo al César era reconocer que el emperador de Roma era señor de Palestina; y eso iba en contra del primero de los mandamientos: «Yo soy el Señor y no hay otro», como recuer­da el profeta Isaías (45,5; véase Dt 6,4). La pregunta la po­drían haber hecho de este modo: «Si pagamos el impuesto al señor de Roma, ¿ ofendemos al Señor del cielo, al Señor de Israel, al único Señor?»

En realidad ellos no tenían otro señor que su propio egoís­mo, su soberbia y sus ansias de poder. Y Jesús los puso en evidencia.

 
... DEVOLVÉDSELO AL CÉSAR

«Pues lo que es del César, devolvédselo al César, y lo que es de Dios, a Dios».

 La respuesta de Jesús se ha interpretado erróneamente du­rante mucho tiempo. Sus palabras se traducían de esta mane­ra: «dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», y se explicaban diciendo que los hombres tenían que observar dos clases de obligaciones: las que les imponía la autoridad civil, cualquiera que ésta fuera, y las de tipo reli­gioso. Pero eso no es lo que dice Jesús. Vayamos por partes.

Jesús, después de haber dejado claro que ha comprendido cuáles son sus intenciones, pregunta a fariseos y herodianos que con qué moneda hay que pagar el impuesto a Roma; y, ¡ qué casualidad!, tenían monedas romanas en la bolsa. Odia­ban a los romanos y, por supuesto que con razón, deseaban con todas sus fuerzas que se marcharan de su país, pero... al dinero no le habían hecho ascos: rechazan al César en lo que les conviene, pero se someten libremente a su sistema cuando éste los beneficia. Y a esta actitud se refiere la respuesta de Jesús: «Pues lo que es del César devolvédselo al César». Lo que significa: Romped de verdad con el sistema opresor del Imperio, pero del todo; rechazad su dominio sobre vosotros y sobre vuestro pueblo, pero no os sometáis gustosos a la escla­vitud de su dinero, no dejéis que vuestra ambición anule vues­tros principios. Devolvédselo al César, como cuando se rompe una relación de amor o de amistad y se devuelven los regalos o los recuerdos...

 
...Y LO QUE ES DE DIOS, A DIOS

No. Tampoco se habla del cumplimiento de deberes reli­giosos, en el sentido tradicional de la expresión. Aquí se trata de devolver a Dios algo que le habían robado: el pueblo, su pueblo. Recordemos de nuevo la parábola de los viñadores perversos. Aquellos labradores decidieron matar a los criados y al hijo del dueño para quedarse con la viña (el pueblo de Dios). Al final de la parábola, el evangelista hace este comen­tario: «Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fari­seos se dieron cuenta de que iban por ellos». Ellos, que acu­saban a los romanos de ser unos opresores, también explotaban al pueblo, y además lo hacían en nombre de Dios, usurpando el lugar de Dios.

Y si en lugar de «denario» leyéramos «dólar», ¿ qué con­secuencias se deducirían?

 


 
III

 vv. 15-16. Los fariseos, conocidos observantes de la Ley, buscan entonces desacreditar a Jesús ante el pueblo o hacerlo prender por las tropas romanas, haciendo que Jesús pronuncie una decla­ración comprometedora. La delegación que envían, además de sus propios discípulos, comprende a los herodianos, judíos partidarios de la monarquía de Herodes, simpatizantes del poder romano. Se dirigen a Jesús cortésmente («Maestro») y preparan el terreno ala­bando su enseñanza y su valentía, que no se deja impresionar por la posición social de los hombres.

 v. 17. La pregunta es neta y pide a Jesús una opinión autorizada como maestro. Se presentan como israelitas piadosos que tienen un escrúpulo de conciencia. Había sido precisamente la introduc­ción del tributo al César la que había provocado la rebelión de Judas en el templo el año 6 d. C. Los zelotas sostenían que reco­nocer el señorío del emperador mediante el pago del tributo se oponía directamente al primer mandamiento, que manda reconocer a Dios por solo Señor (Dt 6,5).

 v. 18. Jesús no se deja engañar y denuncia su hipocresía: el es­crúpulo de que alardean es falso; su única intención es ponerlo en una situación difícil. Si responde que está permitido pagar el tributo, se enajena al pueblo y pierde su crédito ante él; las auto­ridades encontrarían el camino despejado para poder prenderlo. Si, por el contrario, sostiene que no estaba permitido, inmediatamente sería detenido como sedicioso por la autoridad romana. La pregunta renueva implícitamente la tercera tentación del desierto («¿Por qué me tentáis») (cf. 4,8-10). Esperan en rea­lidad que Jesús se declare como un Mesías nacionalista que pre­tende conquistar el poder en rebeldía contra Roma. La presencia de los herodianos aseguraría la denuncia.

Jesús pide una moneda del emperador (un denario), que lle­vaba su efigie y en la que estaba inscrito su nombre.

 v. 21. Para comprender la respuesta de Jesús hay que tener pre­sente la diferencia entre el verbo utilizado por sus adversarios: «pagar/dar tributo al César», y el que usa Jesús: «Devolved al César lo que es del César.» La imagen y leyenda de la moneda muestran quién es su propietario. La idea de ellos es un robo; proponen no pagar el tributo, pero quedándose con el dinero del César. No basta negarse a pagar el tributo, hay que salir de la dependencia económica, rechazando el dinero del César («devol­ved»); así no se le reconocerá por Señor ni habrá que pagarle tributo. Cuando ellos sean capaces de renunciar a ese dinero y a la riqueza que les procura, podrán ser fieles a Dios, a quien deben devolver el pueblo que le han robado. Respecto al César, deben renunciar a su dinero, que los mantiene sometidos a él; respecto a Dios, al dominio del pueblo, al que tienen sometido con la ex­plotación económica en nombre de Dios (cf. 21,13.38). Es la ambi­ción de los dirigentes, su amor al dinero, la que da pie al dominio romano y crea la injusticia en Israel.

 


 
IV

 Nos encontramos con un texto que se encuentra ubicado en lo que se llama el «Segundo Isaías» o «libro de la consolación» de pueblo de Israel. Este dato aparentemente simple, nos permite entrar al texto desde una clave de interpretación especial. Isaías, el profeta del juicio y el castigo, siempre tiene al final una palabra de ánimo, de esperanza, de consolación, sobre todo en estos tiempos en los que las propuestas alternativas son buscadas por el sistema globalizante para eliminarlas.

Yahvé habla a Ciro –persona que no conoce a Dios, insiste el texto- y le habla, para encomendarle una misión. Es decir: el no conocer a Dios no es una limitación para ser llamados a anunciar sus palabras de consuelo. El monopolio de la elección de Dios por parte de sólo un pueblo entre todos los pueblos de la humanidad, se desdibuja ante este relato del profeta. Constatamos que un «no judío» puede servir también de mediación adecuada para la actuación de Dios.

En Pablo, la realidad que Isaías presenta como alianza es elección en comunidad (tenemos presente la obra de su fe, los trabajos y sobre todo la tenacidad de su esperanza), Son las palabras de Pablo y compañía a la comunidad que se reúne en Tesalónica, quienes viven bajo la acción del Espíritu Santo...

El evangelio de Mateo -el más comentado en la historia de la iglesia y a la vez el evangelio del cual se ha hecho la interpretación más dogmática y espiritualista- es el marco de un texto polémico en un contexto social en el que se divinizaba al Emperador. El evangelio de Mateo es la primera síntesis de la tradición judía y cristiana después de la destrucción del templo de Jerusalén en la guerra de los años 66-74 d.C. El texto que hoy leemos forma parte de una serie de controversias entre Jesús y los fariseos (y otros grupos) sobre temas como el tributo, la resurrección de los muertos, el mandamiento principal, el hijo de David... Todas estas controversias tienen como telón de fondo la confrontación de Jesús con la ley romana.

Bajo el tema del tributo, una realidad que sufrían las comunidades cristianas (en las que se escribió el evangelio) bajo el dominio del imperio romano, el pueblo de Israel -que siglos antes había soñado una sociedad como confederación de tribus, en  la que el único Señor fuese Dios, el Dios de la liberación-, vive ahora las consecuencias de una monarquía que exprime al pobre para sostener su estructura. Los más pobres son los más afectados por la política fiscal, pues la tasación recaía más directamente sobre los que trabajaban la tierra, campesinos o inquilinos.

Pero yendo un poco más allá del tributo, fijémonos en la figura del Emperador. Roma cargaba sobre sí la influencia del mundo religioso de Egipto y Grecia. La relación de los romanos con estos dioses forma parte de la estructura ordinaria y cotidiana de la vida social: se entendía al Emperador como un dios, Roma era una teocracia.

Las comunidades cristianas que habían optado por otra forma de entender la relación con Dios, con el Dios de Jesús, con el Abba, no podían entender cómo el emperador se presentaba como Dios, y se enfrentan a la religión oficial optando por lo alternativo, que en este caso es la propuesta de vida en pequeñas comunidades de hermanos y hermanas.

Ante esta realidad, la comunidad cristiana busca en la experiencia vivida con el maestro y nos trae al escenario esta frase que ha conseguido ser aceptada como adagio popular: «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Por tanto ya en los albores de la reflexión de la comunidad está la conciencia de que el emperador no es Dios y nunca lo será, porque Dios es amor, justicia, amor, igualdad... valores ausentes en cualquier imperio, de cualquier época.

Con el correr del tiempo lo que es alternativo se transforma en oficial, y se hace necesario reemprender el camino de la creatividad, de la renovación, de lo alternativo.

En la actualidad no hay emperadores que se presenten como Dios, pero sí nos encontramos con ciertas estructuras religiosas monárquicas e imperiales que lejos de reflejar la vivencia de la comunión entre los hermanos y hermanos, pretenden imponer la explotación de los pobres al mejor estilo del imperio Por eso, al leer este texto desde el hoy, tenemos que decir con voz profética: «a la estructura oficial religiosa lo que es de ella» y «a Dios lo que es de Dios», o sea, «a Dios Padre y a su Reino toda nuestra entrega y fidelidad».

El evangelio de Mateo con su fuerza eclesiológica renovadora, nos impulsa a trabajar incansablemente por una iglesia más cercana a la propuesta de Jesús, más centrada en las personas, en las relaciones entre los hermanos, y menos pendiente de la norma y estructura, que cuya atención no puede ponerse por encima de la Justicia y de la defensa de los pequeños, los predilectos de Dios.

 



Para la revisión de vida

 Dios nos habla (y guarda silencio) a través de la historia, en los acontecimientos grandes... y en los pequeños, en los cotidianos... ¿Dónde pretendo yo escuchar a Dios, dónde lo busco, en un cielo lejano, abstracto, teórico... o en los sucesos de la vida de cada día y en las personas que están a mi alrededor?

 

Para la reunión de grupo

La Biblia hebrea (de la que está tomada nuestro Antiguo Testamento) está llena de pasajes -como el de Isaías que hoy leemos- en los que para afirmar la fe en Dios, se utiliza el recurso de la negación «de los demás dioses»: nuestro Dios es el único, no hay otro Dios fuera de él, no tiene igual, «nada existe fuera de mí». Para nuestra sensibilidad actual de diálogo religioso, es, sin duda, una forma de hablar inadecuada. ¿Es que sólo podemos afirmar (nuestra visión de) Dios a base de a base de negar todo otro Dios, o sea, a base de descalificar la experiencia religiosa de otros pueblos?

Bien considerado, el pasaje evangélico de hoy tal vez nos trae simplemente una “boutade” de Jesús, una forma ingeniosa de «salir del paso con un juego de palabras», evadiendo la respuesta comprometedora que le quieren obligar a dar. De ahí, de comprender esta «salida» de Jesús, a montar sobre esas palabras («den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios») toda una construcción teológica o moral sobre las relaciones entre lo religioso y lo político, va un abismo. ¿Se puede justificar en esas palabras una teoría de la separación entre la religión y la política? ¿Jesús fue un hombre religioso que «no se metió en política»? ¿Se puede pensar que una vez dichas esas palabras por Jesús, ya está ahí encerrado de una vez para siempre el fundamento de la comprensión de las relaciones entre lo político y lo religioso que la Iglesia de todos los tiempos ha de hacer suya? ¿O la cosa es más compleja? ¿Por qué? ¿En qué sentido?

Respondamos nosotros sin subterfugios a la pregunta que le hicieron a Jesús: ¿era lícito pagar el impuesto? ¿Sí o no? Justifiquemos las razones en pro y en contra.

Ciro fue un rey pagano que, sorprendentemente, significó una liberación para el pueblo deportado de Israel. La Biblia hebrea no tiene reparo en reconocer en él la mano de Dios, su presencia bienhchora... ¿Podemos ve ahí un anticipo de la visión actualmente más explícita, de que Dios es, efectivamente, muy libre de cualquier constricción que lo limite a actuar por medio de «los nuestros», los de nuestra religión...?

 

Para la oración de los fieles

Por toda la comunidad eclesial, para que viva el Evangelio no como escuela diplomática sino como un lenguaje claro de «sí» o «no». Oremos.

Por todos los que aún sufren el problema del paro, para que, con la solidaridad y generosidad de todos, encuentren trabajos dignos y bien remunerados. Oremos.

- Por todas las comunidades cristianas, para que vivan su fe con profunda convicción, no sólo de palabra, y la traduzcan en obras. Oremos.

Por todos los pueblos que viven situaciones de opresión y dictadura, para que encuentren el camino que les lleve a una vida social en paz y solidaridad. Oremos.

Por todos los educadores: padres, maestros, catequistas..., para que formen a quienes están bajo su tutela en criterios de solidaridad y servicio a las personas. Oremos.

Por todos y cada uno de nosotros, para que vivamos cada día con más alegría nuestra condición de cristianos, de modo que llevemos a todos gozo, paz y esperanza. Oremos.

 

Oración comunitaria

 Oh Dios que hiciste que el pueblo de Israel reconociera tu presencia bienhechora en el rey Ciro, más allá de los estrechos límites de su propia etnia y religión. Danos una mirada también amplia y abierta, para reconocer los muchos Ciros –de otras religiones o hasta no religiosos- en los que también hoy podemos descubrir tu oculta presencia bondadosa.

  O bien:

 Oh Dios, Padre nuestro: ayúdanos a entregarnos a ti de todo corazón y a servirte con fidelidad en el prójimo, de modo que vivamos como verdaderos hijos tuyos y como hermanos de todas las personas. Por Jesucristo.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org