TRIGESIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "A"


Primera lectura: Sabiduría 6, 12-16
Salmo responsorial: Salmo 62
Segunda lectura: 1 Tesalonicenses 4, 13-18


EVANGELIO
Mateo 25, 1-13

 25 1Entonces se parecerá el reino de Dios a diez mucha­chas que cogieron sus candiles y salieron a recibir al no­vio. 2Cinco eran necias y cinco sensatas. 3Las necias, al co­ger los candiles, se dejaron el aceite; 4las sensatas, en cam­bio, llevaron alcuzas de aceite además de los candiles.

5Como el novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. 6A medianoche se oyó gritar:

-¡Que llega el novio, salid a recibirlo!

7Se despertaron todas y se pusieron a despabilar los candiles. 8Las necias dijeron a las sensatas:

-Dadnos de vuestro aceite, que los candiles se nos apagan.

9Pero las sensatas contestaron:

-Por si acaso no hay bastante para todas, mejor es que vayáis a la tienda a comprarlo.

10Mientras iban a comprarlo llegó el novio: las que es­taban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. 11Cuando por fin llegaron las otras mu­chachas, se pusieron a llamar:

-Señor, señor, ábrenos.

12Pero él respondió:

-Os aseguro que no sé quiénes sois.

13Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis el día ni la hora.




COMENTARIOS

 I

  ACEITE-AMOR

El aceite de oliva era símbolo de riqueza y bendición de Dios en la antigüedad bíblica. Maravillosa fuente de recursos: ayuda para preparar comidas, medicamento, cosmético tonificante y abrillantador de la piel, combustible de lámparas, componente de los más variados perfumes, artículo importante de exportación al mercado común del Antiguo Oriente; en las excavaciones del palacio real de Samaria (S.IX a.C.) se encontraron óstraca  -fragmentos de vasos de arcilla- con la inscripción “shemen rahus", aceite purificado, refinado, podríamos traducir.

 Una parábola del Evangelio de Mateo gira en torno al tema del aceite como combustible para lámparas o candiles: "Diez muchachas, cinco sensatas y cinco necias, cogieron sus candiles y salieron a recibir al novio...”

 La celebración del matrimonio en Israel era un asunto puramente civil que no culminaba en ningún acto religioso. Civil, pero sumamente festivo. La ceremonia principal consistía en la entrada de la novia en casa del esposo. El novio, con la cabeza adornada por una diadema y acompañado de sus amigos, se dirigía a casa de la novia. Esta lo esperaba ricamente vestida y adornada de alhajas, pero cubierta con un velo que no se quitaba hasta entrar en la cámara nupcial, a la que era conducida acompañada de sus amigas y el cortejo del novio entre panderetas y cantos. El asunto del velo dio motivo, en una ocasión al menos,  para meter gato por liebre: recuérdese el caso de Labán que sustituyó bajo el velo a su hija Raquel, la hermana mayor y pretendida de Jacob, por Lía, la menor. Jacob se dio cuenta del cambio a la mañana siguiente, tras dormir con ella... (Gn 29,15-30).

 Aquella noche, el novio de la parábola se retrasó más de lo debido, y las muchachas, amigas de la novia, se durmieron esperando. "A media noche se oyó gritar: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Se despertaron todas y se pusieron a despabilar los candiles. Las necias dijeron a las sensatas: Dadnos de vuestro aceite, que los candiles se nos apagan. Pero las sensatas -aparentemente poco amigables y caritativas- contestaron: "Por si acaso no hay bastante para todas, mejor es que vayáis a la tienda a comprarlo". Mientras iban, llegó el novio; las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta". Las necias no pudieron entrar.

 La boda de la parábola simboliza la instauración del Reino de Dios en el mundo. Nada se dice en ella del simbolismo del aceite, pero todo hace suponer -por el resto del capítulo del Evangelio donde se encuentra esta narración- que el aceite que permite mantener encendida la lámpara de la vida cristiana es el amor a los que no cuentan en la sociedad, a los de abajo, a los marginados, haciendo producir en bien de ellos los talentos que Dios nos da. Quien tenga esta actitud entrará en el Reino de Dios: "Venid, benditos de mi padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogístesis; estuve en la cárcel y fuisteis a verme...

 La provisión de aceite-amor nos asegura la entrada en el Reino de Dios. Este aceite no es posible recibirlo de otros ni prestarlo a nadie. Es algo personal e intransferible. Cada uno debe disponer de él para alimentar la lámpara de su propia vida, vida que, sin él, se apaga por instantes.

 


 
II

 SENSATEZ Y NECEDAD

Durante mucho tiempo se ha considerado que lo impor­tante, lo sensato para un cristiano era prepararse a bien morir; se nos ha dicho que lo que al final contaba era alcanzar la vida eterna. Y quizá pensando en la otra vida hemos cometido la necedad de olvidarnos de la vida presente.

 
FIESTA DE BODAS

En los tiempos de Jesús, después de que la pareja llevara un año de noviazgo oficial, se celebraba la boda. La ceremonia, en sus rasgos más generales, se desarrollaba así: el novio, con sus amigos, que lo acompañaban cantando y tocando instru­mentos, se dirigía a la casa de la novia, donde era recibido por las amigas de ésta, que llevaban lámparas encendidas. Después de recoger a la novia, se dirigían juntos, entre cánticos y dan­zas, al lugar en el que se celebraba el banquete nupcial, con el que se iniciaba la fiesta de bodas, que podía durar varios días.

Desde otro punto de vista, la boda, el banquete o la fies­ta de bodas se usa muchas veces en la Biblia para referirse a quienes, antes o después de su muerte, viven junto a Dios. Es un modo de describir la cercanía de Dios como una situación en la que reinan el amor y la alegría.

En la parábola que comentamos hoy, la llegada del novio representa el momento del encuentro definitivo de los creyen­tes con el Padre.

 NECIAS Y SENSATAS

En la parábola del evangelio, entre las muchachas que es­peraban al novio, se presentan dos tipos, cada uno de los cuales describe un modo distinto de prepararse para ese definitivo encuentro con Dios: uno lo constituyen las muchachas necias, el otro las sensatas.

En el evangelio de Mateo se considera sensata aquella per­sona que escucha el mensaje de Jesús y lo pone por obra; ne­cia, la que conoce el mensaje de Jesús, pero no lo practica:

«Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato... Y todo aquel que escucha estas palabras mías y no las pone por obra, se parece al ne­cio. . . » (Mt 7,24-27). El aceite que las necias habían olvidado no es sino la práctica del mensaje de Jesús.

Las muchachas necias podrían representar a todos aquellos que tienen una cierta fe y una cierta esperanza: creen, en teo­ría, que Jesús de Nazaret es el Mesías, enviado de Dios, sal­vador de la humanidad; creen sinceramente que Dios es Padre y que todos los hombres somos hermanos; creen en la Iglesia y en su doctrina, creen lo que dicen el credo y los artículos de la fe... Y esperan; quizá sobre todo esperan, como las muchachas, el encuentro con el Señor; y su esperanza, quizá muy fuerte y muy firme, no tiene otra perspectiva que el más allá, la otra vida, el otro mundo...

Pero, a pesar de que conocen, creen y esperan, no aman. Y eso es lo que caracteriza a la práctica cristiana: el amor.

Las sensatas, no hace falta explicarlo demasiado, simboli­zan a quienes viven aquello que creen, a quienes hacen lo po­sible por anticipar la felicidad que esperan, a quienes procu­ran que su fe en un Dios que es Padre se manifieste en la práctica del amor a los hermanos...

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No se trata de egoísmo: es que resulta impo­sible amar en nombre de otra persona o considerar propias las acciones que otro ha realizado.

 


 
III

 Con esta parábola insiste Jesús en que la muerte del discípulo es el fruto de su vida. La muerte en sí misma no tiene nada de terrible ni de decisivo; corona la vida que se ha llevado (13: «Estad en vela»).

La figura del novio o esposo designa a Jesús mismo (cf. 9,15).

El uso de los términos «necias, sensatas» pone a esta parábola en estrecha relación con la de las dos casas (7,24-27). Las muchachas necias son las que han escuchado el mensaje, pero no lo han lle­vado a la práctica; las sensatas son las que lo han traducido en su vida. No se puede improvisar esto en el último momento ni se puede prestar o transferir de uno a otro.

La llegada del esposo es, como antes, el momento de la persecución y de la muerte, presen­tado en su aspecto de salvación, de entrada en el reino de Dios definitivo, figurado por el banquete de boda. La frase de rechazo: «No sé quiénes sois» (12), recuerda la de 7,23: «Nunca os he conocido», dirigida también a quienes han pertenecido a la comuni­dad cristiana.

 


 
IV

 En estos domingos «finales» del año litúrgico, los textos nos dirigen una invitación a reflexionar sobre el «fin» de toda existencia. Éste fin es considerado no sólo como la meta en que la vida adquiere realización o acabamiento, sino también como la meta del caminar histórico colectivo del ser humano y de la realidad toda. Semanas para contemplar este aspecto ineludible de nuestras vidas.

La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, es un himno que canta los maravillas de la Sabiduría. Ésta sale al encuentro de quienes la buscan, de quienes la aman, y ella misma se muestra. La sabiduría es una cualidad, una manera en que Dios se manifiesta a quienes realmente le buscan. La única condición para que este encuentro se llegue a dar, es estar abierto a la sabiduría, buscarla; como se busca a Dios. (Importante darse cuenta de que la Sabiduría es presentada en este libro como «personificada», pero no «hipostasiada»: la personificación es simplemente una figura literaria, una forma de hablar).

Por su parte Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, intenta responder las dudas de algunos hermanos que han ingresado hace poco a la comunidad. Estos hermanos consideran desfavorecidos a los difuntos porque iban a estar ausentes de la cercana venida del Señor. Pablo reafirma la enseñanza que él recibió. Los que murieron en Jesús estarán presentes con él en el último día. Ellos resucitarán en primer lugar y los que quedemos seremos llevados al Señor. Por que si creemos que Jesús murió y resucitó, Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús, pues para Pablo en el bautismo, expresión de conversión, nos sumergimos en la muerte del Señor para resucitar con él; así mismo quienes murieron con Cristo resucitan con él porque han participado del camino, del seguimiento, y la alegría por continuar anunciando la Utopía de Dios, que llamamos Reino. Terreno difícil para distinguir lo que es sustancia de nuestra fe –o de nuestra esperanza- sin confundirla con una cosmología o mitología del tiempo y de la cultura helenista que no era la de Jesús... teniendo en cuenta que la cosmología o representación de la vida y la muerte en la cultura de la sociedad en que vivió Jesús tampoco son para nosotros «Palabra de Dios»...

El evangelio del día de hoy nos trae la parábola de las diez vírgenes, prudentes y necias, que estaban esperando al novio. No dice a sus novios o a los novios. «El novio» designa a Jesús mismo (Mateo 9, 15). Y recordemos que el reino de Dios también es simbolizado con un banquete de bodas...

La parábola nos enseña que el final de cada persona depende del camino que se escoja, que de alguna manera, la muerte es consecuencia de la vida –prudente o necia- que se ha llevado. Muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús pero no lo han llevado a la práctica. Muchachas prudentes son las que lo han traducido en su vida, por eso entran al banquete del Reino. De esta manera, la lectura del evangelio se enmarca en la preocupación de los cristianos recién convertidos de la comunidad de Tesalónica, Grecia, (los Tesalonicenses), la preocupación por el final de los tiempos.

La parábola es una seria llamada de atención para nosotros. "ustedes velen, porque no saben el día ni la hora". No dejen que en ningún momento se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. Estén atentos, porque la fiesta de la vida está teniendo lugar ya, ahora mismo. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, con el aceite de la fraternidad, de la caridad mutua. Nuestros corazones llenos así de luz nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora. Los demás, los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados, conocerán también el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas.

Ciertamente tenemos que aprovechar el momento presente, pero para construir fraternidad, no para buscar de manera egoísta nuestro propio bienestar. Las vírgenes necias pusieron otro aceite en sus lámparas: el que sólo sirve para alumbrar egoístamente nuestro camino. No pudieron entrar en la fiesta de la boda. Y si hubiesen entrado no hubiesen entendido absolutamente nada. En la fiesta de la hermandad los que sólo miran por su propio interés se aburren.

Sería bueno preguntarnos de qué tipo es el aceite que alimenta nuestras lámparas. Sería bueno examinar cómo trabajamos día a día para aumentar la intensidad de nuestro fuego, y de nuestras reservas. ¿O acaso desperdiciamos las ocasiones de crear fraternidad, de amar y servir a los hermanos?

 



Para la revisión de vida

Mi vida: ¿es una vida de futuro, de esperanza...? ¿Pienso en el futuro decisivo? ¿Me lo planteo suficientemente, a pesar de su misteriosidad?

  ¿Está nuestra vida demasiado absorbida por los detalles pequeños y diarios, sin previsión de futuro, sin la prudencia de poner en el centro la búsqueda de la Utopía del Reino?

 

Para la reunión de grupo

Estos domingos últimos los temas de los evangelios son la esperanza, el futuro, el final... y sus evangelios están tomados del capítulo 25 de Mateo. Repasemos las características de la parte apocalíptica que está al final de los evangelios sinópticos...

Sabiduría no es erudición, sino saber entender y vivir la vida, saber analizar las cosas, las situaciones y experiencias... con los ojos de Dios. Digamos qué es la sabiduría con palabras y referencias de hoy. ¿Dónde está la sabiduría en nuestra civilización actual?

La carta a los tesalonicenses dice: «No queremos que vivan ustedes como personas que no tienen esperanza»... Preguntémonos: la esperanza... ¿es sólo de los cristianos? ¿Pueden tener esperanza los ateos? ¿Se puede tener esperanza si no se cree en la resurrección?

Comentar, si se recuerda, aquella imagen del «mártir ateo», de Ernst Bloch. O la expresión de Enrique Tierno Galván: ser agnóstico implica «saberse establecer cómodamente en la finitud»...

El llamado a la «vigilancia» es un mensaje recurrente en el evangelio. En la parábola de hoy es claro. En un contexto cultural en el que el «gran relato» religioso establecía que esta vida era sólo una «prueba» que Dios nos pone para enviarnos tras la muerte a la «vida definitiva del cielo o del infierno» la «vigilancia» tenía un sentido obvio y capital, central incluso. ¿Mantiene hoy el mismo sentido? ¿Por qué? ¿Cómo expresaríamos hoy el «megarrelato» religioso? ¿Qué sentido puede tener hoy la invitación a la «vigilancia»?

 

Para la oración de los fieles

Por la Iglesia, para que renueve su esperanza y sepa ofrecerla con humildad a la humanidad. Oremos.

Por todos aquellos que buscan conocer la vida en profundidad, para que se encuentren con el Dios Padre que cuida de todos nosotros y nos llama a vivir como hermanos. Oremos.

Por todas las personas, para que encuentren en su vida la luz que les lleve a discernir y dejar los ídolos que alienan y no salvan. Oremos.

Por todos aquellos que viven afligidos al ver la muerte como un callejón sin salida, para que la Buena Noticia los abra a la esperanza y dé sentido a sus vidas. Oremos.

Por todos los que viven instalados en lo superfluo de la vida, para que descubran la hermosa tarea que tenemos todos de transformar el mundo en una sociedad solidaria. Oremos.

Por todos los difuntos, para que gocen ya de a deseada plenitud de la vida, junto al Padre. Oremos.

 

Oración comunitaria

  Dios, Padre nuestro, ayúdanos para que sepamos vivir con toda responsabilidad y esperanza, como nos enseñó Jesús, de manera que se alejen de nosotros el desánimo, la tristeza y la desesperanza y podamos trabajar libremente en la construcción de tu Reino. Por Jesucristo.

 Dios Padre de toda la Humanidad, que nos invitas a vivir con intensidad nuestra corta vida, cuidando siempre de que el aceite arda en las lámparas de nuestros corazones: ayúdanos a amar a fondo a todo lo que vive y existe, y a ser dadores de vida y de esperanza. Esto nosotros te lo pedimos apoyados en Jesús, tu hijo, hermano nuestro. Amén.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org