NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
CICLO "A"


Primera lectura: Ezequiel 34, 11-12. 15-17
Salmo responsorial: Salmo 22
Segunda lectura: 1 Corintios 15, 20-26. 28


EVANGELIO
Mateo 25, 31-46

 31Cuando el Hijo del hombre llegue en su gloria acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono real 32y reuni­rán ante él a todas las naciones. El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras, 33y pondrá a las ovejas a su derecha y a las cabras a su iz­quierda. 34Entonces dirá el rey a los de su derecha:

-Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino prepa­rado para vosotros desde la creación del mundo. 35Porque, tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recogisteis, 36estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cár­cel y fuisteis a verme.

37Entonces los justos replicarán:

-Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer o con sed y te dimos de beber? 38¿Cuándo llegaste como forastero y te recogimos o desnudo y te vestimos? 39¿Cuándo estuviste enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?

40Y el rey les contestará:

-Os lo aseguro: Cada vez que lo hicisteis con uno de esos hermanos míos tan insignificantes, lo hicisteis con­migo.

41Después dirá a los de su izquierda:

-Apartaos de mí, malditos, id al fuego perenne prepa­rado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, 43fui forastero y no me recogisteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

44Entonces también éstos replicarán:

-Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asis­timos?

45Y él les contestara:

-Os lo aseguro: Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de ésos tan insignificantes dejasteis de hacerlo con­migo.

46Éstos irán al castigo definitivo y los justos a la vida definitiva.

 


 

COMENTARIOS

I

 EXAMEN DE AMOR

Hay párrafos del Evangelio que adquieren hoy una gran actualidad. Son una verdadera canción de denuncia para nuestro insolidario mundo, invitación a un cambio que todavía es posible, si ponemos mano a la obra. Uno de éstos versa sobre el juicio de las naciones y trata de remediar la situación caótica de una humanidad formada por clases enfrentadas.

 "Cuando este Hombre venga con su esplendor, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono real y reunirá ante él a todas las naciones" (se refiere a los paganos, a los que no pertenecen al pueblo de Israel y, por tanto, no han conocido la voluntad de Dios expresada en la Ley y los profetas).

 Como juez, Jesús separará a unos de otros, distinguiendo los buenos de los malos. Como pastor sabrá discernir entre ovejas y cabras, colocando a cada una en su lugar correspondiente: las ovejas, a la derecha; las cabras, a la izquierda.

"Ovejas y cabras". La distinción entre éstas puede que se deba a su color, blanco o negro, colores cargados de simbolismo antagónico en todas las culturas. La oveja, por lo demás, es un modelo depurado de virtud para los antiguos: afectuosa, no agresiva, relativamente indefensa, sumisa, tiene constante necesidad de cuidado. La relación entre pastor y oveja aparece en el Antiguo Testamento como modelo de relación entre Dios y el pueblo. La cabra, por el contrario, es hosca, desconfiada, brusca, agresiva, desobediente..

"Derecha e izquierda" son dos conceptos desprovistos de sentido político para el mundo bíblico. La derecha indica el lado favorable de la vida, siendo la izquierda lugar de desdichas. Con la derecha se indica el lado más noble del cuerpo. Con la mano derecha se saluda, se bendice o se jura; con la izquierda se mata a traición (2 Sam 20,9-10). Sentarse a la derecha del rey, equivale a ser primer ministro. Jesús está sentado a la derecha de Dios; los buenos, a su derecha. (El concepto de derecha e izquierda, aplicado a la política, fue, en sus inicios, espacial. La derecha política designaba el grupo de asambleístas situado a la derecha del presidente, y constituido por los miembros de los partidos más conservadores, contrarios a las reformas revolucionarias y preocupados, sobre todo, del mantenimiento del orden. La izquierda era el polo contrario).

 Pues bien, Jesús distingue dos grupos entre los paganos que durante su vida no han tenido ocasión de conocer la palabra de Dios, manifestada en la Biblia. De estos, en el último día, unos heredarán el reino de Dios, otros irán al castigo eterno. Curiosamente la razón de uno u otro destino es la relación mantenida con el prójimo, con quien Jesús se identifica: "Señor, le dirán los de la izquierda, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o extranjero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistimos?" Y él les contestará: "Os lo aseguro: Cada vez que dejásteis de hacerlo con uno de esos más humildes, dejásteis de hacerlo conmigo".

 Se enumeran aquí necesidades que el prójimo sufre y que pertenecen a la vida real: tener hambre o sed, ser extranjero sin derechos, estar desnudo, enfermo o encarcelado, situaciones todas que hacen inhumana la vida. Jesús pastor- se identifica con cada uno de estos pacientes. Quien actúa favorablemente con ellos, lo hace con él.

 En una palabra, el premio o castigo eternos no dependen de cumplir o no un código de leyes, estar afiliado o no a una religión, saber de teología o Iglesia; depende más bien del amor que se practique hacia cada uno de estos seres que sufren en la encrucijada de la vida. Quien ama, está salvado, aunque no confiese expresamente a Jesús ni lo haga por él.

Y es que, al final, será el amor quien decida nuestra suerte definitiva.

 


 

 II

 EL JUICIO DE LAS NACIONES

El que se ha conocido siempre como «el juicio universal» no nos afectará a los cristianos, pues es, precisamente, el juicio de los no cristianos, «el juicio de las naciones». Pero el texto del evangelio en el que se nos habla de ese juicio está juzgan­do, ya ahora, si nuestro comportamiento es fiel a la Buena No­ticia de Jesús.


 EL JUICIO

El evangelio de este domingo se ha conocido siempre como «El juicio universal», y casi todos los comentaristas consideran que se trata de un trance por el que hemos de pasar todos los seres humanos. Sin embargo, esta interpretación no se ajusta con exactitud a lo que dice el evangelio.

Los párrafos inmediatamente anteriores del evangelio de Mateo han estado dedicados a explicar a los seguidores de Je­sús cómo será el encuentro definitivo de ellos con Jesús y con el Padre, cómo deben prepararse para el mismo y cuáles son las condiciones pata que sea un encuentro feliz (parábola de las muchachas sensatas y necias y parábola de los millones).

En el evangelio de hoy, por su parte, de lo que se habla es del encuentro con Jesús de quienes no lo han conocido an­tes, de todos aquellos que, por las razones que fueren, nunca se habían encontrado con él. Mateo se refiere a ellos según el modo de hablar de los judíos de entonces: «todas las naciones» son los hombres y mujeres de las naciones paganas, los que proceden de los pueblos que no son el pueblo de Dios. Por eso, en lugar de «el juicio universal» debemos llamar a este relato «el juicio de las naciones».

 
¿CON EL HOMBRE O CONTRA EL HOMBRE?

¿Qué sucederá en ese encuentro? Si, como veíamos el do­mingo pasado, Jesús va a preguntar a sus seguidores cuál ha sido el fruto que han producido, ¿ qué les preguntará a quienes no sabían qué fruto era el que debían producir?

La respuesta que da el evangelio a esta cuestión es la si­guiente: Jesús preguntará a los que no lo conocen que cómo han tratado a sus hermanos. Los aceptará o rechazará según los hayan tratado bien o mal, según se hayan preocupado o no de aliviar sus sufrimientos. Y como un pastor separa las ovejas de las cabras, así separará Jesús a los que hayan mostrado soli­daridad con sus hermanos de los que hayan sido insolidarios con ellos: «Venid, benditos de mi Padre... Porque tuve ham­bre y me disteis de comer... Cada vez que lo hicisteis con uno de estos hermanos míos tan pequeños, lo hicisteis conmigo... Apartaos de mí... Porque tuve hambre y no me disteis de comer... Os lo aseguro: Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de éstos tan pequeños, dejasteis de hacerlo conmigo».

Pero ¿quiénes son esos hermanos de Jesús?

 
LOS MÁS PEQUEÑOS

Los hermanos de Jesús son sus seguidores, los que, des­pués de él y siguiendo sus pasos, se juegan día a día la vida para hacer posible que este mundo se convierta en un mundo de hermanos. Los hermanos de Jesús son también todos los que sufren, de manera especial los que soportan las consecuen­cias de un mundo injusto.

Jesús sabe que los que se pongan de su parte en su enfren­tamiento con los poderes de este mundo soportarán las con­secuencias de ese conflicto: van a sufrir hambre y desnudez, serán perseguidos, encarcelados, enfermarán... Ante esas si­tuaciones, los hombres tendrán que tomar una actitud, en favor o en contra -ante un proceso de liberación la neutralidad es imposible-; y Jesús preguntará a los que se vayan encontran­do con él que de qué parte estuvieron: si con los partidarios o con los enemigos del Hombre.

Lo que Jesús va a preguntar a los que no lo conocen es, por tanto, cuál ha sido su actitud ante el proyecto de libera­ción del hombre, cuya realización habrán promovido los suyos; Jesús preguntará a cualquier hombre que llegue hasta él cuál ha sido su comportamiento ante el sufrimiento del ser huma­no. Y no les podrá servir de disculpa el decir que no conocían el proyecto de Jesús, o que no sabían que lo que hacían los seguidores de Jesús era la voluntad de Dios; ni siquiera les valdrá decir que no habían tenido la oportunidad de conocer a Dios. No servirán esas disculpas. Ni tendrían sentido: por­que lo que Jesús preguntará a los hombres no será si se han puesto de la parte de Dios, sino si han estado del lado del hombre.

 
¿Y A NOSOTROS, QUÉ?

Porque -y esto nos concierne a los que nos llamamos cris­tianos- en la actividad de los seguidores de Jesús se debe poder precisar con claridad que el de Jesús y, por tanto, el nuestro es un proyecto liberador de los hombres y de los pue­blos, de todos los hombres y de cada hombre en particular; un proyecto que, si es acogido y realizado, logrará que los po­bres, los sometidos, los que lloran... alcancen la felicidad en un mundo del que irá desapareciendo la pobreza, la opresión, la injusticia, el hambre, la esclavitud, el sufrimiento...

Pero ¿y silos que nos llamamos cristianos no somos cohe­rentes con el proyecto de Jesús? ¿Y si nuestra actividad no es liberadora? ¿Y silos que aparecemos ante el mundo como los seguidores de Jesús no estamos de la parte de los pobres y oprimidos, sino que somos cómplices o aliados de los ricos, de los poderosos, de los opresores, y nos mostramos insensibles ante el sufrimiento de los hombres que padecen hambre y sed, falta de vestido o de techo, enfermedad o cárcel...?

Así es como el juicio de las naciones ya nos está juzgando a nosotros.

 


 

III

 Esta grandiosa escena es complementaria de la «venida» descri­ta en 24,30s. Allí se había presentado la venida del Hombre en el aspecto de salvación para los suyos; aquí, Mt afronta el problema de la suerte de los paganos. «Todas las tribus de la tierra» (24,30) corresponden a «todas las naciones» (25,32). En ambos casos es «el Hombre» el que llega, con gloria, y acompañado de sus ángeles o mensajeros. Se trata dé la época histórica después de la destruc­ción de Jerusalén, como se ha visto en 24,29. Por eso no es el jui­cio de los judíos, ya encomendado al Israel mesiánico en 19,28, sino únicamente de los paganos. La denominación «el rey» (34) corresponde a la época del reinado del Hombre (cf. 13,41), el rey de la historia, que se inaugura con la destrucción de Jerusalén (cf. 16,28) y dura hasta el fin de esta edad.

La suerte de los paganos depende de cuál haya sido su actitud ante «el Hombre»; si han estado de su parte, tendrán vida eterna (34-36), que equivale a la posesión del reino. La mención del Padre (34: «Benditos de mi Padre») indica que heredan el reino del Padre, la etapa poshistórica del reinado de Dios.

Ante la pregunta asombrada de los beneficiados (37-39), el Hom­bre-rey se identifica con «uno (cualquiera) de estos hermanos míos tan pequeños/mínimos» (40). Los hermanos de Jesús son los que cumplen el designio del Padre (12,50), es decir, sus seguidores; és­tos, que perpetúan la figura de Jesús en la historia, son los que deben representar los valores del Hombre, cuyo destino y vocación comparten.

Se trata aquí, en primer lugar, de la gran reivindicación de los discípulos perseguidos por la sociedad (cf. 16,27); en segundo lu­gar, dado que los discípulos perpetúan en el mundo los valores del Hombre, y toda su labor es el servicio al hombre (cf. 5,7.9), el principio enunciado por Jesús significa más en general que el cri­terio para obtener el reino definitivo, que equivale a la vida eter­na, es la actitud de ayuda al hombre y de solidaridad con los que necesitan ayuda. Es el mismo que había expresado al joven rico con ocasión de su pregunta (19,16-19).

Como aparece por el v. 42, en aquel tiempo no se pensaba que «el diablo» estuviese en el fuego eterno, sino que éste estaba pre­parado para él. «El diablo», la figura que bajo diversos nombres ha ido apareciendo en el evangelio («Diablo, Satanás, el Malo»), es siempre el símbolo del poder opresor.

«Sus ángeles/mensajeros» son sus agentes. La supresión de todo poder opresor será la obra del Hombre en la historia (cf. 24,29-31). La frase final (46) puede estar inspirada en Dn 12,2, donde se des­cribe la suerte final con una oposición semejante. Sin embargo, en todo este episodio Mt omite la mención de la resurrección, como corresponde a un juicio sucesivo en la historia y no a la descrip­ción de una escena final. La vida eterna es vida definitiva; su con­trario es castigo definitivo. El adjetivo gr. aionios no denota en primer plano la duración, sino la calidad. El castigo definitivo es la muerte para siempre.

 


 

IV

 Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos. Hay alguna problemática en torno a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de "Cristo Rey", el "reinado social del Corazón de Jesús"... incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son -en su mayor parte- en su forma clásica, sino en adaptaciones a la mentalidad actual (por ejemplo las monarquías "parlamentarias") que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que es un "reino".

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática... cada vez más se viene insistiendo en que la palabra "reino" no sería la más adecuada en esta altura de la historia en la que ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como "rey", y de su proyecto escatológico como un "reino". ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? ¿O en muchos aspectos la realización del reino de Dios exigiría la superación de mucho de lo que en la sociedad se parezca a una monarquía, a un “reino”? Una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión "democracia participativa del RD" para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es evidente que es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (la palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios... que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista e inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación vida del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos...».

c) Connotación de género en la palabra "Reino".

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God's Kingdom) a causa de su machismo larvado. En castellano no existe el problema, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

 

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a esta identidad verdadera de Jesús.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey... El mensaje fue sustituido por el mensajero. Es preciso volver a Jesús...

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia... es Paz... es Gracia... es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta -muy común por lo demás en el cristianismo en general- propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que dijo, no a lo que después dijimos que dijo. Importa pues pastoralmente discernir la correcta jerarquía de valores, que hoy más y más da en llamarse "reinocentrismo".

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el "juicio final"... El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales.

 



Para la revisión de vida

  El Reino de Dios fue el “leit motiv”, el estribillo de la vida de Jesús, el centro de su predicación, el motivo de sus milagros, la razón de ser de su fidelidad hasta la muerte, la corona de su resurrección. ¿Qué es para mí el Reino de Dios? ¿Está también en el centro de mi vida? ¿Es mi «Causa», como fue la de Jesús?

 

Para la reunión de grupo

Basándose en este texto del evangelio, se dice en la teología latinoamericana que, al fin y al cabo, los pobres (el amor efectivo hacia ellos, la opción por su causa) son el «único sacramento universal e imprescindible para la salvación». Todos los demás sacramentos, no son ni tan universales, ni tampoco imprescindibles. Comentar la frase y el tema.

Si Jesús no fue rey históricamente –y bien lejos que estuvo de serlo-, ni se llamó rey, ni dejó que le llamaran así, ni le hubiera gustado que le llamaran así, ¿tiene sentido que nosotros le aclamemos con ese título? ¿Por qué? ¿Podría un cristiano o una comunidad rechazar el dar ese título a Jesús, o ese título expresa un dogma? ¿Puede un cristiano ignorar o rechazar una advocación, una devoción, incluso una oficial? ¿Por qué?

La llamada “parábola del juicio final” nos cuenta claramente cuál es el criterio con el que se nos va a examinar: “tuve hambre y me diste de comer...” ¿Me doy cuenta de que Dios no nos está pidiendo que hagamos nada «religioso», sino, sencilla y llanamente, que nos preocupemos del prójimo y lo ayudemos en todo lo que podamos?

Contemplemos una imagen tradicional de “Cristo Rey”: corona, cetro, trono, ropaje... Hagamos un análisis simbólico de la imagen: ¿Qué evoca cada uno de estos elementos simbólicos en la mente o en la piedad de un cristiano/a sencillo/a? Hagamos a continuación un análisis teológico de lo expresado en la pregunta anterior. ¿Cómo calificar esas evocaciones? ¿Cuáles son evangélicas y cuáles antievangélicas? ¿En qué y por qué?

Utilizar el episodio nº 100 de la serie radiofónica "Un tal Jesús" –citado más arriba- para una reunión de trabajo en el grupo o la comunidad. Tanto el texto como el audio –así como un sugerente comentario bíblico teológico- pueden ser tomados de www.untaljesus.net

¿Qué podemos sugerir al sacerdote para la homilía de esta fiesta?

 

Para la oración de los fieles

Por la Iglesia de Jesús, para que siga siempre los pasos de aquél no vino a ser servido sino a servir, roguemos al Señor...

Por todos los que ejercen poder y autoridad en este mundo, para que, como quería Jesús, acepten el poder como la herramienta que permite un servicio más universal y más eficaz, roguemos al Señor...

Por las religiones que -como en otro tiempo el catolicismo- todavía hoy pretenden estados confesionales, santas cruzadas o repúblicas religiosas, en las que una religión impone a la sociedad la "realeza" de un Dios intolerante y uniformizador: para que comprendan que Dios es amor y pluralidad, y que está contra toda manipulación de su nombre, roguemos al Señor...

Para que Jesús, el que "pasó haciendo el bien" y "se humilló pasando por uno de tantos" sea nuestro modelo, nuestro guía y -en ese sentido, sí- nuestro rey y nuestra fuerza en la "militancia" por el Reino de Dios, roguemos al Señor...

Para que los cristianos, y especialmente los teólogos, entremos cada vez más en el nuevo paradigma del diálogo de las religiones, para que siempre sospechemos desconfiadamente de todo planteamiento cristocéntrico que venga a reducirse de hecho en un planteamiento eclesiocéntrico, roguemos al Señor...

 

Oración comunitaria

 Oh Dios que quisiste fundar todas las cosas en tu amor universal a todos los Pueblos, y en tu comunicación multiforme e inefable con todos ellos. Haz que toda la Creación y la Humanidad, unidas por el Cuidado mutuo y el Diálogo, logre la plenitud del Amor hacia el que siempre le has estado atrayendo. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y religiones desde siempre y para siempre. Amén.

 Dios, Padre nuestro, que quieres que en nuestra vida nos veamos libres de toda esclavitud y que luchemos para liberar a los oprimidos, haciendo así presente tu Reino entre nosotros, te pedimos que guíes nuestros pasos para que construyamos un mundo en el que todos vivamos como hermanos, como auténticos hijos tuyos, en paz, en justicia y en libertad. Por Jesucristo.

 Dios nuestro y de todos los Pueblos, Tú que, de un modo u otro, esperas a la Humanidad revestido de todos los nombres, por los caminos de todas las religiones; haznos comprender que Tú no quieres encomendarnos una evangelización que someta a los pueblos, ni que arranque culturas y religiosidades, sino un diálogo que promueva el Amor y la Justicia, la Verdad generosa y la Vida para todos y todas. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y religiones desde siempre y para siempre. Amén.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org