PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
CICLO "B"


Primera lectura: Isaías 63, 16b-17; 64, 2b-7
Salmo responsorial: Salmo 79
Segunda lectura: 1 Corintios 1, 3-9


EVANGELIO
Marcos 13, 33-37

 33¡Andaos con cuidado, ahuyentad el sueño, que no sa­béis cuándo va ser el momento! Es como un hombre que se marchó de su país: dejó su casa, dio a los siervos su au­toridad -a cada uno su tarea- 34y en especial al portero le mandó mantenerse despierto.

35Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis cuándo va a llegar el señor de la casa -si al oscurecer o a media noche o al canto del gallo o de mañana-, 36no sea que, al llegar de improviso, os encuentre dormidos.

37y lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: mante­neos despiertos.

 


 

COMENTARIOS

I

 EN NUESTRAS MANOS

Por los años sesenta la Iglesia se miró a sí misma y se vio vieja y atrofiada. Juan XXIII -un santo, soñador como cualquier santo- convocó un Concilio Ecuménico. "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón... No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo...".

 Bellas palabras de los padres conciliares, más promesa que realidad, acelerador de una iglesia que se había vuelto conservadora e hibernaba en el letargo postridentino. Pero el Concilio dejó de ser noticia. Lejos queda ya su clausura aquel 8 de Diciembre de 1965. Al mirar hoy de nuevo a la Iglesia me pregunto: ¿Hemos vuelto a las andadas? Como niño que comienza a caminar, siente miedo y se cae, se empiezan a añorar de nuevo las antiguas seguridades. Miramos hacia atrás. A la Iglesia -especialmente a un amplio sector de sus dirigentes- le va más el freno que el acelerador, el recelo del hombre que la confianza en él, el poder que el servicio, su causa y estructura que la de los pobres sin estructura ni defensa.

 No a toda la Iglesia, gracias a Dios. Porque también hay un sector de ella que mira menos a la estructura que a Jesús, menos al poder que al pueblo, a los de arriba menos que a los de abajo. Es, sin duda, el fruto de aquel concilio que, entre unos y otros, podríamos apagar.

 La causa de esta Iglesia, recién nacida y débil, tan distinta de la causa de la Iglesia oficial, florece por doquier en pequeños grupos o comunidades, en la periferia de las grandes ciudades, en el pueblo, dentro y fuera de nuestros límites geográficos: es la causa de los pobres que anhelan la vuelta de su Señor Jesús para que tome posesión de su casa, ese Señor que "se fue al extranjero, dejó su casa se la encargó a sus criados señalándole a cada uno su tarea y al portero le mandó estar en vela". Y les recomendó: "Por eso estad en vela, que no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al anochecer, a medianoche, al canto del gallo o al amanecer".

 La casa-comunidad-Iglesia, dejada en manos de Pedro y los suyos, cuando Jesús se fue al extranjero (muerte y resurrección) no veló. En aquel primer rendimiento de cuentas, que fue la Pasión de Jesús, todos se durmieron: Judas lo entregó al atardecer; a media noche lo condenó el senado judío; Pedro lo negó al canto del gallo; al amanecer Pilato, senado y pueblo lo entregaron a muerte. Todos se durmieron al no reconocer en aquel Jesús pobre, desposeído, fracasado y humillado, al Hijo del Hombre que venía a pedir cuentas a sus empleados, exigiéndoles fidelidad.

Hoy se da otra oportunidad a la Iglesia. Al final de los tiempos volverá Jesús. En nuestras manos está su legado, su Evangelio, su casa. Esta Iglesia superará la prueba si reconoce a Jesús en los de abajo, la clase oprimida, el Cristo sufriente hoy, el del paro y de la marginación, de la droga y del alcoholismo, de los inadaptados sociales, de los minusválidos, del salario acabado antes de final de mes y las letras para la sobrevivencia.

 Tras el despertar conciliar tal vez nos hayamos dormido una vez más. "Lo que digo a vosotros -decía Jesús- lo digo a todos: Velad".

 


 

II

 QUÉ HACER MIENTRAS TANTO

Dejemos de pensar en el fin del mundo y en la muerte para empezar a responsabilizamos del mundo y de la vida presentes. Y lo que tenga que llegar cuando llegue llegará. La cuestión no es saber cuándo, sino qué hacer mientras tanto.

 
ADVIENTO

Con el Adviento comienza este domingo un nuevo año litúrgico. La palabra adviento significa «venida». Es éste, pues, el tiempo en el que nos preparamos para la venida del Señor, y esto en un doble sentido: un sentido más inmediato, más superficial (nos preparamos para la Navidad, para la fiesta en la que recordamos el nacimiento de Jesús de Nazaret), y un sentido más hondo, con una perspectiva más lejana (nos pre­paramos para otra venida que, cuando se produzca, significará nuestro encuentro definitivo con Jesús Mesías). Pero, y esto es importante destacarlo, en ambos casos se trata de una venida de Jesús y, por tanto, ninguno de ellos puede servir de pretexto para que huyamos de este mundo; en ningún caso nos podrá servir el Adviento para olvidarnos de los problemas de los hombres.

El evangelio de hoy nos habla de la venida de Jesús en ese sentido que decíamos más hondo.

 

«... EN LO REFERENTE AL DÍA AQUÉL O A LA HORA..

Marcos, el autor del evangelio de hoy, usa siempre la expresión «el día aquel» para referirse al día del triunfo de Jesús, consecuencia de su muerte, a la que se refiere con la expresión «la hora». Sin embargo, en el evangelio de hoy no se trata de «la hora» de Jesús, sino de la de sus seguidores. También a ellos les llegará su hora, es decir, el momento culminante y definitivo de su entrega al servicio de la causa de la liberación y de la felicidad de los hombres. Ese momento podrá ser, como le sucedió a Jesús, ocasión de persecución, de sufrimiento y de muerte; pero terminará del mismo modo que acabó la hora de Jesús: en un día de triunfo, de vida definitiva en plenitud. Ahora bien, «en lo referente al día aquel o a la hora, nadie entiende, ni siquiera los ángeles del cielo ni el Hijo; únicamente el Padre», esto es, no hay que vivir preocupados por esa hora y ese día: de ese asunto entien­de sólo el Padre, quien llegado el momento prestará a sus hijos la ayuda que sea menester. El peligro es dormirse mien­tras tanto en los laureles.

 
¡AHUYENTAD EL SUEÑO! ¡ MANTENEOS DESPIERTOS!

¡Andaos con cuidado ahuyentad el sueño, que no sabéis cuándo va a ser el momento!

Es éste un aviso para los que tenemos fe, para los que hemos puesto nuestra seguridad en Dios: sabemos que Dios es nuestro Padre y que nos quiere; sabemos que nuestra suerte está en sus manos; sabemos que Jesús, tras cuyos pasos vamos, ha vencido y que su triunfo anuncia y anticipa el nuestro... Podemos pensar que todo lo que nos queda que hacer es esperar que el encuentro definitivo se realice y centrar nuestra preocupación en el cuándo y en el cómo. Y dejarnos vencer por el sueño. Y que el día aquel y nos encuentre dormidos, sin hacer nada.

El evangelio pone una comparación para explicarnos cuál es nuestra situación presente: “es como un hombre que se  marchó de su país: dejó su casa, dio a los siervos su autoridad -a cada uno su tarea- y en especial al portero le mandó mantenerse despierto». Nosotros somos los siervos, -no siervos de Jesús, sino servidores de la humanidad; nosotros somos los que han elegido como su modo de vida el servicio a los hombres, servicio que se presta no a la fuerza, sino libremente y por amor- y se nos ha encomendado un trabajo que no debemos descuidar: continuar la tarea de Jesús.

 
ADVIENTO

 El Adviento lo vivimos casi siempre como la preparación de la Navidad. Como preparación de una de las fiestas más universales y más alegres de las que los hombres celebramos. Llegada la Nochebuena festejaremos con alegría el nacimiento del Hijo de Dios, nos sentiremos conmovidos al contemplar la figura de un recién nacido que no tiene más cuna que un pesebre, nos emocionará saber que fueron unos pobres marginados, los pastores, los que primero conocieron la noticia del nacimiento de aquel niño y nos llenará de esperanza saber que el mensaje que aquéllos recibieron de parte de Dios anunciaba para esta tierra la tan escasa paz.

Pero no podemos olvidar que la Navidad está tan llena de sentido porque aquel cuyo nacimiento celebramos dedicó su vida a luchar para que los hombres aprendiéramos a vivir como hermanos y, en su hora, entregó esa vida para demostrar que en este mundo es posible el amor hasta la muerte y que sólo mediante un amor de esa calidad es posible un mundo en el que cada recién nacido tenga, al nacer, una cuna y, durante toda su vida, paz. Y no podemos olvidar que aquel que con su entrega se reveló como el Hijo de Dios vive, desde el día aquel, esperando de nosotros una entrega como la suya.

 


 

III

 v. 33  «¡Andaos con cuidado, ahuyentad el sueño, que no sabéis cuándo va ser el momento! Es como un hombre que se marchó de su país: dejó su casa, dio a los siervos su autoridad -a cada uno su tarea-»

 En lo que toca a los discípulos empieza Jesús exhortándolos a evitar un peligro (Andaos con cuidado): no deben ceder al sueño, que equivale a renunciar a la actividad: el desconocimiento del momento de la prueba exige una continua vigilancia.

Jesús pone una analogía: un hombre que se marchó de su país, alusión a él mismo y a su muerte; su casa/hogar, representa la nueva comunidad, compuesta de los dos grupos de segui­dores, los discípulos, que proceden del judaísmo, y los otros, que no pro­ceden de él; Jesús se separa de los suyos y les deja la responsabilidad de la misión entre los paganos, que ha de conocer gran desarrollo en la época siguiente a la destrucción de Jerusalén; los siervos es una manera de indicar la misión de sus seguidores, que deben estar dispuestos a rescatar a todos los que sufren la opresión de los gobernantes paganos; les da su autoridad (2,10: la del Hijo del hombre), el Espíritu, capacitándolos para borrar el pasado (2,5) y comunicar vida a los hombres; a cada uno su tarea, el servicio es responsabilidad de cada uno y se realiza según su modo personal.

 

v. 34 «y en especial al portero le mandó mantenerse despierto».

El portero, está presentado como una figura individual, pero la reco­mendación que se le hace, mantenerse despierto, se extiende inmediata­mente al grupo de discípulos (35: «manteneos despiertos») y, más tarde, a todos los seguidores de Jesús (37: «a todos»). Representa, pues, a todos «los siervos», asignándoles una función común en medio de la diversi­dad de tareas: todos han de estar dispuestos a abrir el mensaje de Jesús y las puertas de la nueva comunidad a los paganos.

El encargo al portero: mantenerse despierto, es el «mandamiento» que da Jesús a los suyos, como contradistinto del mandamiento de Moisés y de los mandamientos de Dios (10,18.19): Significa mantener un estado de expectativa, estar dispuesto para la acción, sin echarse atrás ante la persecución ni incluso la muerte: «renegar de sí mismo, cargar con su cruz»). La prontitud para la entrega por amor a la humanidad es el mandamiento de Jesús, que susti­tuye a los de la antigua alianza (12,29-31); formula la fidelidad a Jesús, siguiéndolo hasta el fin.

 

v. 35  «Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis cuándo va a llegar el señor de la casa -si al oscurecer o a media noche o al canto del gallo o de mañana -La expresión el señor de la casa está en paralelo con «el señor/dueño de la viña (12,9), que designaba a Dios en relación con Israel, y muestra la función divina de Jesús respecto a la nueva comunidad humana (2,19: «el Esposo»). La imagen de la viña/reino de Dios queda sustituida por la de casa-familia / reino de Dios y del Hombre, que se va construyendo en un plano humano universal (casa-hogar), no étnico («casa de Israel») ni religioso-institucional (templo).

El señor de la casa va a llegar: será la llegada del Hijo del hombre (13,26), con su fuerza de vida, para reunir a los suyos que han llevado a cabo su tarea sin dejarse acobardar. Solamente los que estén despiertos, es decir, los que hayan mantenido viva esa disposición de entrega podrán encontrarse con él.

La llegada se espera durante la noche, en uno de los cuatro espacios designados: al oscurecer, etc., nombres de las cuatro partes en que los romanos dividían el tiempo nocturno; nueva referencia a la misión universal (13,10; 14,9). Se alude así a la noche mesiánica, la del nuevo éxodo: la llegada del dueño de la casa significa la liberación definitiva de los suyos, en correspondencia con la llegada del Hijo del hombre (13,26s). «El día» se va a revelar en medio de «la noche».

 

v. 36 ... «no sea que, al llegar de improviso, os encuentre dormidos».

La llegada tendrá lugar de improviso, por sorpresa; no dejará tiempo para cambiar de actitud. Con esta expresión previene Jesús contra la negligencia en la misión (estar dormidos), contra la dejación del segui­miento hasta el final (13,13). Si no ha habido esa entrega, la llegada para reunir a «sus elegidos» quedaría frustrada.

 

v. 37  «Y lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: manteneos despiertos».

El mandamiento, la disposición a la entrega, vale y es necesaria para todos los seguidores de Jesús, tanto para los discípulos, israelitas (voso­tros) como para los no israelitas (todos). Señala la actitud interior que ha de orientar la vida y la actividad del cristiano.

 


 
IV

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no haía remedio... Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos. Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día... Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos... Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos, en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos...

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina... sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» -que eso significa la palabra-, el «noch nicht Sein» que diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»... Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza... Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»...

Después de los años 90 pasados, estamos en un tiempo en el que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura antiutópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta esta vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad... ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad... Ni siquiera es «el cielo»... ¡Es el Reino! No es otro mundo... Es este mismo mundo... ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda...!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura antiutópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios... Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé», Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta».




Para la revisión de vida

 Adviento = Advenimiento = Esperanza:

 ¿Se puede decir que mi vida espera algún Advenimiento (con mayúscula)?

 ¿Es mi vida una vida de esperanza, de tensión, de búsqueda, de utopía, de proyecto histórico? ¿Camino hacia algún sitio, con algún norte? ¿Cuál? Auscultar realmente mi esperanza y hacer el ejercicio tal vez de expresarla por escrito para mí mismo/a.

 

Para la reunión de grupo

Hagamos en el grupo un «análisis de coyuntura de la esperanza»: ¿Cómo está la esperanza en nuestra sociedad? ¿Es una sociedad de esperanza? ¿Qué esperanzas («largas o cortas») mueven a las personas hoy? ¿Hay lugar para las actitudes utópicas? ¿Por qué?

Hagamos un juicio sobre esa situación de la esperanza hoy en nuestra sociedad. ¿Qué actitud debemos adoptar los cristianos ante esta situación? ¿Podemos «inculturarnos» en esta forma de ser y de vivir?

Numerosos pasajes del Evangelio contienen una llamada para que estemos vigilantes; clásicamente nos las interpretaron como llamados a estar «preparados para la hora de la muerte»... ¿Será que el Evangelio no tiene otro interés que el de prepararnos a “bien morir”, a que la muerte no pudiera «sorprendernos»? ¿No es más cierto que el Evangelio pretende, sobre todo, enseñarnos a vivir, y a tener una esperanza que no le tema a la muerte?

 

Para la oración de los fieles

 Por la Iglesia, para que dé testimonio de la Utopía del Evangelio y anime con su esperanza a todas las personas. Oremos.

Por todas las situaciones de injusticia, explotación y violencia en que viven muchas personas, para que confrontemos con ellas nuestra esperanza. Oremos.

Por todas las personas de buena voluntad, por los sencillos, por los hijos del pueblo, para que nunca caigan en la trampa de renunciar a la utopía y a la esperanza. Oremos.

Por todos los que nos preparamos a celebrar la Navidad, para que la preparemos sobre todo en la transformación de nuestro corazón y nuestra vida. Oremos.

Por los obreros y campesinos, por los emigrantes, por los pueblos del tercer mundo, para que dejen de ser las víctimas del progreso y el bienestar de los países ricos y poderosos. Oremos.

Por todos nosotros, para que respondamos a la llamada a estar vigilantes, no para bien morir sino para bien vivir. Oremos.

 

Oración comunitaria

 Oh Misterio inefable que sustentas el Ser y la Vida, al cosmos y al ser humano dentro de él: acoge nuestro deseo de caminar por la vida confiados en la bondad primordial de tu iniciativa, que nos antecede y supera, y en la que queremos tener el coraje de cifrar nuestra esperanza a pesar de todos los signos de desesperanza que nos rodean. Te presentamos la expresión de nuestros sentimientos más profundos. Acógela. Amén.

 Dios, Padre nuestro, al comenzar un nuevo Adviento te pedimos que avives nuestra fe, fortalezcas nuestra esperanza y consolides nuestro amor, de modo que podamos celebrar con verdadero gozo el nacimiento de tu Hijo Jesucristo. Que vive y reina.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org