SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
CICLO "B"


Primera lectura: Isaías 40, 1-5. 9-11
Salmo responsorial: Salmo 84
Segunda lectura: 2 Pedro 3, 8-14
 

EVANGELIO
Marcos 1, 1-8

 1 1Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.

            2Como estaba escrito en el profeta Isaías,

            "Mira, envío mi mensajero delante de ti;

            él preparará tu camino" (Éx 23,20; cf. Mal 3,1)

            3"una voz grita desde el desierto:

            -Preparad el camino del Señor,

            enderezad sus senderos" (Is 40,3)

4se presentó Juan Bautista en el desierto proclamando un bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados.

5Fue saliendo hacia él todo el país judío, incluidos todos los vecinos de Jerusalén, y él los bautizaba en el río Jordán, a medida que confesaban sus pecados.

6Juan iba vestido de pelo de camello, con una correa de cuero a la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. 7Yproclamaba:

-Llega detrás de mí el que es más fuerte que yo, y yo no soy quién para agacharme y desatarle la correa de las sandalias. 8Yo os he bautizado en agua, él os bautizará con Espíritu Santo.

 



COMENTARIOS

 I

 UNA LLUVIA DE JUSTICIA

Fue Juan Bautista como lluvia que cae del cielo y fecunda la tierra. Cuando apareció en el desierto de Judá, Jesús lo identificó con el gran profeta Elías: aquél que hizo bajar fuego del cielo para demostrar que su Dios era el verdadero y acabar con el clero de Baal; y que más tarde prometió la lluvia que pondría fin a una trágica sequía de tres años. Elías se fue con Dios, arrebatado por un carro de fuego. Y a partir de su extraña desaparición, en el pueblo sencillo cundió el rumor de que volvería antes de la venida del Mesías.

 Jesús puso término a aquel plazo sin fin. Elías había vuelto: era Juan Bautista.

 Juan vino al mundo por obra de Dios. Nadie lo esperaba. Ni siquiera sus padres: su madre Isabel era estéril, y ambos de avanzada edad. Un ángel le anunció a Zacarías que tendría un hijo y le pondría por nombre: regalo de Dios, gracia del cielo, o sea, Juan. Seria "bautista" de profesión. La increíble e inesperada noticia le acarreó a Zacarías quedarse mudo hasta el día del nacimiento de su hijo, por no fiarse de las palabras del ángel. Con todo este aparato maravilloso, se quiere decir sencillamente que Juan fue un don de Dios para la sociedad.

 Vivió en el desierto. No quiso saber mucho de una sociedad inhumana, plagada de injusticias. Desde el desierto gritó para que lo oyeran todos los ciudadanos. No fue en ningún caso "voz que dama en el desierto" y nadie oye, como se ha dicho con frecuencia traduciendo mal el texto griego. Al oírlo acudió toda la provincia de Judea y la ciudad de Jerusalén; y eso que no decía cosas halagüeñas. Su misión tuvo éxito aunque muriera decapitado.

 Heredero de la más pura tradición profética, Juan "iba vestido, como Elías, de pelo de camello con una correa de cuero a la cintura": dime cómo te vistes y te diré quién eres. Lo que fue Elías ocho siglos antes, lo era Juan ahora: defensor de un Dios que no fundamenta sistemas injustos ni convive con otros dioses. Se alimentaba de "saltamontes y miel silvestre", plato de los beduinos del desierto.

 Juan eran representante y último eslabón de una cadena de profetas que anunciaba la tierra prometida: Jesús, el Mesías.

 Su lengua era como espada de dos filos, hiriente y provocativa: "raza de víboras" que matan con veneno mortal y a traición, decía a los componentes de una sociedad de clases enfrentadas; "Que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen". Mensaje de igualdad, el suyo.

 Y cuando le preguntaban: "¿Qué tenemos que hacer?, aconsejaba obras como ésta: "El que tenga dos túnicas -símbolo de riqueza entonces- que dé una a quien no tiene, y el que tenga de comer, que haga lo mismo. ¡Ay si practicáramos hoy esto...!

 A unos recaudadores que fueron a bautizarse les dijo: "No exijáis más de lo que tenéis establecido"; y a unos guardias que se le acercaron: "No hagáis violencia a nadie ni saquéis dinero; conformaos con vuestra paga". Consejos dignos de ser tenidos en cuenta hoy.

 Compartir, justicia, no violencia fue su mensaje. En cualquier caso, invitación a cambiar. Juan fue para su tiempo una lluvia de justicia, una llamada a la conversión. Si su doctrina se pusiera en práctica, otro gallo le cantaría a nuestra sociedad que ha tomado la injusticia y el desorden como ley y norma de vida.

 


 

II

 PREPARÉMOSLE EL CAMINO

Nos seguimos preparando para el encuentro con Jesús, que viene. Pero en su camino puede haber obstáculos: todo aquello que impide a los hombres escuchar y aceptar su mensaje, todo lo que les impide comprender que en la construcción de un mundo de hermanos se encuentra la única felicidad verdadera. Por tanto, removamos esos obstáculos, preparémosle el camino.

 

ASÍ EMPEZO TODO

Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.

Marcos vive en una comunidad cristiana, en un grupo de personas que están intentando poner en práctica el mensaje de Jesús de Nazaret. Ellos están experimentando un cambio profundísimo en su modo de vivir; para ellos, la experiencia que están atravesando constituye una inagotable fuente de alegría y de felicidad. El mensaje de Jesús ha sido, en verdad, buena noticia, la Buena Noticia: se sienten hijos de Dios y viven como hermanos de todos los que han querido adoptar este modo de vida; entre ellos no hay nadie que pase necesi­dad, porque todos han renunciado a hacerse ricos y lo que cada uno tiene lo comparte con todo el grupo; nadie está solo porque entre ellos todos son solidarios y sienten que en su solidaridad actúa la misericordia del Padre. El mundo se ha convertido ya allí, en ellos, en un mundo de hermanos... Pero esta transformación no ha sobrevenido de repente, sino como consecuencia de un proceso que, aunque pudiera estar avan­zado, ha sido largo y aún no está terminado. Y Marcos quiere dejar escrito el testimonio de lo que dio origen a ese cambio tan profundo que se ha producido en la vida de los miembros del grupo.

Así empezó todo, dice Marcos. Estos son los orígenes de esa nueva realidad que se vive entre los grupos cristianos. Porque, a la vista del estilo de vida de los seguidores de Jesús, habrá quienes decidan adoptar ese modo de vivir e incorpo­rarse al grupo: para ellos, para todos los que puedan sentirse atraídos por el mensaje de Jesús de Nazaret, escribe Marcos su evangelio, desde el principio. Para que todos sean conscien­tes de los hechos que dieron origen a lo que ahora viven y, probablemente, para que nadie intente llegar al final sin em­pezar por el principio.

 

DESDE EL DESIERTO

Como está escrito en el profeta Isaías: «Mira: envío mi mensajero delante de ti; él preparará tu camino.» «Una voz grita desde el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos», se presentó Juan Bautista en el desierto proclamando un bautismo en señal de enmienda para el perdón de los pecados.

 Juan Bautista, que tiene como misión preparar a los hom­bres para recibir al Mesías y escuchar su mensaje, se marcha fuera, se margina él mismo de la sociedad y proclama su mensaje desde un lugar despoblado.

Era la de entonces -como la de ahora- una sociedad injusta y opresora; por eso Juan empieza su tarea invitando a la gente a salir de aquel ambiente de pecado y a volver al desierto, el lugar que representa, según los testimonios del Antiguo Testamento, la época en la que las relaciones del pueblo con Dios fueron mejores (Sal 114,1), el tiempo en el que la experiencia de la liberación de la esclavitud, sentida como manifestación del amor eterno de Dios hacia su pueblo Jr 31,3; Is 63,7-9; Sal 98,3; 107,1-8; 136,10-24), estaba toda­vía a flor de piel; en correspondencia a esa muestra de amor, Israel se comprometió a vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, evitando que entre ellos se reprodujeran las estructuras de esclavitud que habían tenido que soportar en la tierra de Egipto (Ex 19,8).

Desde otro desierto, figura del primero, Juan empieza a proclamar su pregón. Este consiste en una invitación: enmen­daos, corregid vuestro modo de vivir, abandonad vuestra vida de pecado.

 

EL ARREPENTIMIENTO Y EL PERDÓN

Y fue saliendo hacia él todo el país judío y todos los habitantes de Jerusalén, y él los bautizaba en el río Jordán a medida que confesaban sus pecados.

 En el modo de expresarse de los antiguos profetas (con quienes se muestra identificado Juan Bautista), pecado era todo aquello que hacía volver a la sociedad a la situación de Egipto, olvidándose del Dios que los liberó de la esclavitud y destruyendo la libertad y la dignidad de los que por Dios fueron liberados. Pecado era la injusticia y la explotación del hombre por el hombre, expresión y consecuencia de toda idolatría (Is 1,10-31; 59,9-15; Am 5,7-12).

El Bautista, para preparar el camino al Señor, a Dios, que viene en Jesús Mesías, Hijo de Dios, propone a los que salen de la sociedad injusta -«y fue saliendo hacia él todo el país judío y todos los habitantes de Jerusalén»- que rompan con la injusticia y que adopten un modo de vivir de acuerdo con la voluntad del Dios liberador, expresando esa decisión en un bautismo: «y él los bautizaba en el río Jordán a medida que confesaban sus pecados».

 Así empezó todo. Este es el principio de los orígenes. Y así debería empezar el camino de cada hombre hacia la fe.

 Sin embargo, ¿es posible descubrir en todos los que nos lla­mamos cristianos a personas que han roto con la injusticia, con la explotación del hombre por el hombre, con la violación de los derechos y de la dignidad de la persona...? Y esto es sólo el principio.

En los últimos tiempos se habla mucho de la necesidad de renovación dentro de la Iglesia. He aquí un camino: aca­bemos con cualquier tipo de complicidad con este mundo injusto y preparemos así el camino a Jesús, que llega.

 



III

 v. 1. Mc compendia en la figura de Juan Bautista la expectación y el anhe­lo del AT por una liberación definitiva de Israel, para la que se requiere, según la predicación profética, un cambio de vida.

 

vv. 2-3  Como estaba escrito en el profeta Isaías: «Mira, envío mi mensajero delante de ti; él preparard tu camino»; una voz grita desde el desierto: «Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos»...

 En la misión de Juan se resume la función de todo el AT, preparar el camino del Señor, exhortando a un cambio de vida. Al citar conjuntamen­te los dos textos del AT (Ex 23,20, Is 40,3) Mc identifica el camino de Jesús (2) con el de Dios (3). Esto indica que la actividad de Jesús será la de Dios mismo, y, como lo sugieren los dos textos citados, su obra con­sistirá en realizar un éxodo, liberando de un estado de opresión y condu­ciendo a una tierra prometida, figura de una sociedad humana justa y fraterna.

 

v. 4  ... se presentó Juan Bautista en el desierto proclamando un bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados.

Juan se sitúa en el desierto, mostrando su ruptura con la sociedad existente y recordando los orígenes de Israel. No se enfrenta a las institu­ciones, se dirige a los individuos: les hace tomar conciencia de que todos, por sus injusticias personales (confesaban sus pecados), son responsables de la situación social injusta; todos han de rectificar su conducta si aspi­ran a un cambio en la sociedad. El bautismo o inmersión en el río simbo­liza para cada uno la muerte a su pasado de injusticia; el cambio de vida cancelará ese pasado pecador («perdón de los pecados»). Así prepara Juan el camino del Señor, siguiendo la línea de la predicación profética.

 

v. 5 Fue saliendo hacia él todo el país judío, incluidos todos los vecinos de Jerusalén, y él los bautizaba en el río Jordán, a medida que confesaban sus peca­dos.

 La respuesta masiva al pregón de Juan es prueba y manifestación del descontento general con la situación. Fue saliendo, como en el éxodo de Egipto (Ex 13,4.8; Dt 11.10, etc.): el país judío es ahora tierra de opresión. El río Jordán era en tiempo de Josué la frontera de la tierra prometida (Nm 13,29; Jos 4,5; 5,1) y anunciaba el final del éxodo; su mención hace esperar una nueva tierra, pero fuera de los limites del país judío. El texto marca una oposición entre el desierto y Jerusalén (incluidos los vecinos de Jerusalén): el pueblo no va a buscar el perdón en el templo, sino en el lugar donde está el profeta.

 

v. 6. Juan iba vestido de pelo de camello, con una correa de cuero a la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre.

 Mc describe a Juan con rasgos de profeta, en particular con los de Elías (2/4 Re 1,8: correa de cuero), al que se tenía por precursor del Mesías (Mal 3,23). Su comida es la de un nómada, la de uno que vive ale­jado de la sociedad.

 

vv. 7-8  Y proclamaba: «Llega detrás de mí el que es mas fuerte que yo, y yo no soy quién para agacharme y desatarle la correa de las sandalias. Yo os he bauti­zado en agua, él os bautizará con Espíritu Santo».

 Juan no se considera protagonista, anuncia la llegada de otro supe­rior a él, que el lector identifica con Jesús. Será superior a él en fuerza, pues poseerá la plenitud del Espíritu; también en su misión, que consis­tirá en fundar un nuevo pueblo, una sociedad nueva (nueva alianza), pues el papel de Esposo, propio de Dios en el AT (Os 2,4ss; Is 54,62; Jr 2; Ez 10), corresponde ahora a Jesús; así lo supone la frase no soy quién para... desatarle la correa de las sandalias, que alude a la ley judía del levirato: quitar la sandalia significaba apropiarse del dere­cho de esposo (cf. Rut 3,5-11). La actividad del Mesías consiste en infun­dir el Espíritu, que potencia y consagra al hom­bre (Santo / santificador): el hombre nuevo será el fundamento y el artífice de la nueva sociedad, etapa terrena del reino de Dios.

 



IV

 En los tiempos que escribe el profeta Isaías el pueblo de Israel se encuentra en el exilio de Babilonia y es inminente un posible retorno a la tierra de Israel. Isaías da aliento a su pueblo diciéndoles que ya han satisfecho la pena que tenía estipulada por sus culpas, satisfacción lograda por medio de la esclavitud y los trabajos forzosos que han vivido en Babilonia. Ahora vendrá un mensajero, que el escritor no le da nombre, proclamando que todo monte sea rebajado, allanando, aplanado para hacer una senda a nuestro Dios que regresa triunfante a Jerusalén conduciendo a su pueblo como en otro tiempo lo hizo con los israelitas saliendo de Egipto. El escritor ha tomado una costumbre de su época, según la cual cuando un rey ganaba una guerra o una batalla se hacían caminos ceremoniales en los cuales se celebraba el triunfo del rey sobre sus enemigos. Asimismo Yahvé es el Señor, el Dios de Israel que retorna glorioso triunfante a Jerusalén por un camino preparado por Él. El mensajero anuncia a todo el pueblo esta noticia, noticia de esperanza y de alegría para una comunidad que vivía marginación y explotación. Los evangelistas han asociado a este mensajero que prepara el retorno de Yahvé con Juan el Bautista.

El Salmo canta la esperanza del pueblo desterrado que ahora retorna. Ellos se preguntan hasta cuándo Dios estará alejados de ellos, y la respuesta es unánime: Él mora en aquellos que le son fieles. Ese día Yahvé se hará presente. La justicia y la paz reinarán y las cosechas, que no han producido lo esperado, prosperarán. Es un himno al Dios compasivo que ahora retorna a su tierra para hacerla fructificar. Es la espera y la esperanza en un futuro mejor.

La segunda lectura de la carta de Pedro, nos sitúa dentro del debate sobre el día de la segunda venida del Señor. La comunidad para la que esta dirigida la carta de Pedro se preguntaba cuándo sería ese día en que Jesucristo resucitado volvería. En un principio se les había dicho que pronto pero pasaba el tiempo y no retornaba. El apóstol le responde diciéndole que el Señor no se retrasa en el cumplimiento de la promesa como ellos suponen, sino que usa de la paciencia de los hombres queriendo que todos lleguen a la salvación; por que un día es como mil años y mil años como un día para el Señor. En ese día se inaugurara un nuevo cielo y nueva tierra. Lo que nosotros tenemos que hacer es esforzarnos para ser hallados en paz ante él, y ésta debe ser una actitud permanente pues no sabemos el día en que vendrá. Pedro anima a la espera a una comunidad impaciente, y más que a una espera a vivir esperanzadamente en un futuro mejor. No niega que haya problemas en la comunidad (divisiones, persecuciones), pero lo que nos debe identificar como cristianos es la confianza en un futuro mejor.

El evangelio de Marcos se centra en la predicación de Juan el Bautista. En él se cumple la profecía de Malaquías según la cual vendrá un mensajero delante del Mesías (que sería Elías); y del profeta Isaías que expresa la misión del precursor preparar el camino de aquel que ha de venir. Juan proclamaba un bautismo de conversión el cual era signo del perdón de los pecados y que implicaba el compromiso de cambio de vida. Predicaba un castigo inminente de Dios y ante esa amenaza debíamos reconocernos pecadores, débiles, que hemos fallado, por lo cual el bautismo era expresión de un real cambio de vida y no solo un simple rito. Esta predicación era muy aceptada por las gentes de Jerusalén y de Judea, especialmente los más pobres (luego evangelistas nos dirán que los fariseos y los doctores de la ley, personas importantes, no creyeron en él). Caracteriza a Juan su vestimenta y su dieta, que significaba su talante profético. Se viste a sí porque las tradiciones de la época identificaban con estos rasgos a los profetas. La venida inminente de quien bautizará en Espíritu, es la esperanza que el grupo de seguidores de Juan arraiga en su corazón.

Como vemos, la liturgia del día de hoy nos invita a esperanza, a creer que en medio de las dificultades, de las persecuciones, de las realidades más duras de la vida; es posible un futuro mejor, porque el Señor es fiel a quienes asumen los valores de la verdad, de la justicia, de la fraternidad. Todas estas esperanzas que nos invitan las lecturas, como cristianos, las leemos en Jesús, sobre todo en este tiempo de espera alegre de la Navidad, espera de un nuevo mundo. Que nuestra esperanza sepa dar testimonio ante el mundo de que un futuro mejor, en medio de las difíciles condiciones de nuestra realidad, es posible.

 



Para la revisión de vida

 El Señor Jesús, y el Reino que Él anunció, sólo vendrán por efecto de una acumulación incontenible de deseos de que Él venga...

 Mi vida, ¿ha hecho de la Causa de Jesús su propia causa? ¿Puedo decir que el centro de mis ilusiones, que la sustancia de las esperanzas que explican mi vida está en utopía del Reino que Jesús anunció? ¿Es esa utopía lo que me sostiene, lo que da razón de ser y sentido a mi vida?

 

Para la reunión de grupo

¿Estamos en tiempo de exilio o de éxodo, de profecía o de sabiduría? ¿Hay tiempos de una cosa o de otra? Peligros que puede tener una opinión u otra.

¿Tiene sentido ser personas de «esperanza» en una sociedad que ya no cree oficialmente en «grandes relatos», que está de vuelta de toda concepción utópico-mesiánica de la historia? ¿Tiene espacio la presencia cristiana en esa sociedad? ¿Debe conseguirlo? ¿Cómo?

¿Quién asume, y cómo, el papel de Juan Bautista hoy (o el de Elías), como voz profética que aun en medio del desierto clame y se enfrente a los grandes clamando por la justicia para con los pueblos pequeños? ¿Está el cristianismo como conjunto ejerciendo este papel hoy día en este mundo cada vez más imperial? ¿Y qué nos corresponde hacer a nosotros, a nuestro grupo o comunidad, y a cada una de nuestras personas?

A veces podemos caer en la tentación de pensar que las cosas no evolucionan, no cambian, de que Dios se ha olvidado de nosotros... ¿Mantengo viva la esperanza en que el Reino de Dios va llegando día a día, a pesar de las apariencias, y la fe en que la promesa de Dios se cumplirá?

 

Para la oración de los fieles

Por el Pueblo de Dios, para que dé testimonio ante todos de la esperanza que lo alienta. Roguemos al Señor.

Por la sociedad de hoy, para que recupere la esperanza, el sentido profundo del vivir, más allá del consumismo individualista y el hedonismo de la vida. Roguemos...

Por todos los que nos proclamamos discípulos de Jesús, para que nos comprometamos en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Roguemos...

Por todos los que han perdido la esperanza, para que recuperen el ánimo y la ilusión. Roguemos...

Por todos nosotros, para que la Palabra de Dios nos transforme y nos anime a luchar por la justicia y la igualdad entre las personas. Roguemos...

Por todos los cristianos, para que seamos conscientes de que la «preparación de los caminos del Señor» no es sólo cuestión personal o privada, sino comunitaria y social. Roguemos...

 

Oración comunitaria

 Oh Dios que nos has puesto en este mundo sin darnos todas las respuestas a los interrogantes que de él nos brotan sobre él mismo y sobre el sentido de nuestra propia existencia; te expresamos nuestro deseo de encarnarnos en él, de buscarte sumergidos en él, siendo conscientes de las responsabilidades divinas que contienen para nosotros cada uno de los «afanes mundanos» que nos has encomendado. Tú que vives y haces vivir, desde siempre y para siempre. Amén.

  Oh Dios que has hecho de la esperanza una estructura indispensable de la existencia humana. Caldea nuestro ánimo y acaricia nuestro corazón, para que nunca se apague en nuestra vida el aliento vivo de la esperanza, y para que nuestra sociedad cansada y deprimida vuelva a encontrar los imprescindibles motivos para vivir y para esperar. Tú que eres garantía de toda esperanza, desde siempre y para siempre. Amén.

 Dios, Padre nuestro, te pedimos nos ayudes a comprender que la mejor manera de disponernos a celebrar el Nacimiento de tu Hijo es preparar y allanar los caminos que pueden hacer llegar a nuestra Sociedad la Justicia y la Paz que Él anunció. Por Jesucristo.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org