TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
CICLO "B"


Primera lectura: Isaías 61, 1-2. 10-11
Interleccional: Lucas 1, 46-50. 53-54
Segunda lectura: 1 Tesalonicenses 5, 16-24
 

EVANGELIO
Juan 1, 6-8. 19-28

 6Apareció un hombre enviado de parte de Dios,

su nombre era Juan;

éste vino para un testimonio,

7para dar testimonio de la luz,

             de modo que, por él, todos llegasen a creer.

8No era él la luz,

             vino sólo para dar testimonio de la luz.

 19Y éste fue el testimonio de Juan, cuando las autori­dades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y clérigos a preguntarle:

-Tú, ¿quién eres?

20Él lo reconoció, no se negó a responder; y reconoció esto:

-Yo no soy el Mesías. 21Le preguntaron:

-Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías? Contestó él:

-No lo soy

-¿Eres tú el Profeta?

Respondió:

-No.

22Entonces le dijeron:

-¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Cómo te defines tú?

23Declaró:                                           

-Yo, una voz que grita desde el desierto: "Enderezad el camino del Señor" (como dijo el profeta Isaías).

24Había también enviados del grupo fariseo, 25y le preguntaron:

-Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres tú el Mesías ni Elías ni el Profeta?

26Juan les respondió.

-Yo bautizo con agua; entre vosotros se ha hecho presente, aunque vosotros no sabéis quién es, 27el que llega detrás de mí; y a ése yo no soy quién para desatarle la correa de las sandalias.

28Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

 


 

COMENTARIOS

I

 AGUA O FUEGO

En la Palestina tensa y revuelta del siglo i, deseosa de un liberador o mesías que pusiera fin a la dominación extranjera y a la miseria reinante, apareció el Bautista. Pero este profeta de justicia comenzó a resultar incómodo al gobierno de Jerusalén.

 La autoridad central decidió enviar una comisión para investigar si Juan tenía un expediente académico en regla para poder impartir semejante doctrina. Los judíos (término que indica en el cuarto Evangelio la autoridad reiigioso-política suprema del templo de Jerusalén) andaban preocupados con el movimiento popular que estaba naciendo al amparo e impulso del profeta. En realidad temían por sus respectivos cargos de poder y por el desprestigio de su autoridad; según la mentalidad popular, una de las principales tareas del Mesías habría de ser la reforma de las instituciones y la deposición de la jerarquía del templo de Jerusalén, considerada indigna.

 La comisión estaba integrada por sacerdotes (entonces funcionarios del templo encargados del degüello de las víctimas para los sacrificios y sin tarea pastoral alguna) y levitas (especie de policía religiosa). La participación de éstos hace pensar que pretendían detener al Bautista en caso de haberlo encontrado culpable.

 Pero Juan los sorprendió. No se identificó con ninguno de los personajes que ellos sospechaban: "Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el profeta" -les dijo. Desconcertados le preguntaron: "¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?". El contestó: "Yo soy una voz que grita desde el desierto..."  Insistieron: "Por qué bautizas entonces...?" Juan respondió: "Yo bautizo sólo con agua: en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia". Y añade el evangelista Lucas: "El os bautizará con Espíritu Santo y fuego".

 "Con agua". Lo de Juan era simplemente un lavado, una purificación, una limpieza de mancha y pecado. Agua que, sin duda, fecunda y hace brotar la vida, pero que no cambia la naturaleza de personas e instituciones. Agua que calma la sed de justicia, y limpia dando una nueva imagen a la vieja institución judía. Al fin y al cabo, lo de Juan no era perfecto; pretendía más bien reparar, reformar y rejuvenecer una institución llamada a desaparecer; apuntalar el edificio del sistema judío declarado en ruinas, a la espera de ser derribado. Juan, entre los judíos, propugnaba la reforma. Era la transición.

 "Con fuego" que consume, aniquila, devora, transforma, decanta el metal y lo separa de la ganga. Así sería el bautismo de Jesús. Este representaba la ruptura, la revolución, la aparición de algo verdaderamente nuevo, el derribo de una institución que giraba en torno al templo y al culto formalista, y que había colocado la ley en el lugar del amor, mandamiento éste que ni siquiera se puede mandar.

 Juan fue el último representante de la justicia de la Ley. Pero no era el Mesías, ni siquiera se consideraba digno "de desatarle la corren de la sandalia", rito que hace alusión a la ley del levirato (del latín "levir": cuñado), según la cual cuando uno moría sin hijos, un pariente debía casarse con la viuda para dar descendencia al difunto. Si el que tenía el derecho y la obligación de hacerlo no lo cumplía, otro podía ocupar su puesto. La ceremonia para declarar la pérdida del derecho consistía en desatar la corren de la sandalia (Dt 25,5-10).

 Juan reconoce su inferioridad respecto al Mesías, declarando que no tiene talla para ocupar su puesto. Jesús -y no Juan- es el esposo que viene a celebrar la boda con el pueblo, abriéndolo a un futuro de fecundidad.

 


 

II

 SOLO UN TESTIGO

Juan Bautista realizó toda su tarea no en función de si mismo, sino de otra persona, de Jesús. Podría haber aprovechado en beneficio propio la popularidad que alcanzó cuando bautizaba en la ribera del Jordán. Pero, fiel a su misión, se limitó a ser sólo aquello para lo que había sido enviado: testigo de la luz. Una ejemplar enseñanza.

 

TESTIGO DE LA LUZ

El prólogo del evangelio de Juan sostiene que en el mundo se está desarrollando una lucha feroz entre la tiniebla y la luz, entre la muerte y la vida. La luz es el contenido del proyecto que, desde la eternidad, Dios tiene para el hombre: «Ella [la Palabra, el proyecto de Dios] contenía vida y la vida era la luz del hombre» Jn 1,4). Dios quiere que la existencia' del hombre sea gozar de la vida y no ir caminando hacia la muerte. A ese proyecto se opone la tiniebla, que no es otra cosa que la organización social que los hombres  o mejor, algunos hombres- han logrado imponer y que es la causa de que la mayoría de los seres humanos vivan su existencia como una constante amenaza de muerte. El proyecto de Dios, «la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre viniendo a este mundo» (Tn 1,9), se ha visto obstaculizado, una y otra vez, por la tozudez humana que ha preferido repetidamente la oscuridad a la luz; pero la luz no se ha apagado y pronto va a brillar con más fuerza: «esa luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la ha extinguido». Para animar a los hom­bres a aceptar esta vez la vida de Dios, «apareció un hombre de parte de Dios, su nombre era Juan; éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, de modo que, por él, todos llegasen a creer».

 

EL NERVIOSISMO DE LOS DIRIGENTES

Y éste fue el testimonio de Juan, cuando las autoridades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y clérigos a preguntarle:

- Tú, ¿quién eres?

Era un hombre. Sólo un hombre. Juan, el autor del evan­gelio, no ofrece más detalles; porque Juan, el Bautista, se presenta así, sólo como un hombre, al margen de cualquier organización socioeconómica, política y religiosa. Y propone a sus contemporáneos un cambio: abandonar la tiniebla y ponerse del lado de la luz.

Por eso, la aparición de Juan Bautista puso nerviosos a los que ocupaban la cúspide de la sociedad. Ellos eran los que, en teoría, deberían estar haciendo posible que la luz brillara en Israel, esto es, que viviendo conforme a la voluntad de Dios, la sociedad israelita se hubiera organizado de tal modo que todos pudieran, en el sentido más auténtico de la expresión, gozar de la vida. Por eso, el testimonio de Juan, proclamado desde fuera de la institución religiosa, era, al mismo tiempo que un anuncio de esperanza para las víctimas de la tiniebla, una denuncia contra quienes, aunque dijeran que poseían la luz, eran los responsables últimos de la absoluta oscuridad que sufría la mayor parte de los miembros de aquel pueblo que un día fue liberado por Dios y que con Dios se encontró en el desierto.

Y desde el desierto, con su presencia y su palabra, Juan da testimonio de la luz.

 

LLEGA DETRAS DE MÍ

No era él la luz, vino sólo para dar testimonio de la luz.

 Los dirigentes, nerviosos, envían una comisión investiga­dora. Temen que el Bautista intente encabezar algún movi­miento reformista o revolucionario: ¿pretenderá ser el Mesías, el Consagrado de Dios, el que debería restablecer el orden y la pureza en las instituciones del pueblo elegido?

No. Juan no era ni el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. No quiso títulos que no le correspondían. No era él la luz. El no tenía la solución para todos aquellos que son víctimas de la tiniebla: «llega detrás de mi...» El no podía comunicar la vida. Pero se jugó la suya por prepararle el camino a aquel que la traía de parte de Dios; y se conforma con definirse sólo como «una voz que grita desde el desierto».

A Juan lo mataron. La luz se hizo presente en el mundo y la tiniebla se empeñó una vez más en extinguirla; y mataron también a Jesús creyendo que así apagaban la llama que él quiso que prendiera en la tierra. Pero nosotros sabemos que esa llama sigue ardiendo y que la luz no se ha extinguido; por eso ahora nos toca a nosotros ser testigos de la luz. Se trata de una tarea arriesgada. Porque hay que denunciar a todos los que se esfuerzan por negar la luz a los hombres, a los que pretenden poseer la luz como propiedad privada y a los que quieren establecer una pacífica convivencia entre la tiniebla y la luz. Juan Bautista nos puede servir de ejemplo. Primero, porque, como en el caso de Juan, nuestro papel no debe ser más que el de testigos: nuestra tarea es dar testimonio de la luz, no apropiarnos de ella. Por eso debemos presentarnos como servidores de la verdad y no como sus dueños; podemos engañar a los hombres si, en lugar de facilitarles que se en­cuentren con Jesús y le den a él su adhesión, intentamos convertirlos en partidarios nuestros.

 Y, en segundo lugar, porque, igual que hizo Juan, no hay que esconder ese testimonio ante nadie ni en ninguna circuns­tancia. Aunque a algunos les salten los nervios... por miedo a la luz.

 


 

III

 A pesar del esfuerzo por extinguirla, la vida/luz sirve de orientación y de meta a la humanidad. El hombre puede comprender qué significa una vida plenamente humana y a ella ha aspirado siempre, aun cuando por culpa de otros hombres tuviera que vivir sometido a una condición inhumana. Los dominados por la tiniebla son muertos en vida.

En medio de la antigua humanidad y de la dialéctica luz/tiniebla se presenta Juan (6-8), mensajero enviado por Dios para dar testimonio a los hombres acerca de la luz/vida, avivando la percepción de su existen­cia y el deseo de alcanzarla; de rechazo, denuncia la tiniebla y su activi­dad. Su bautismo simbolizará la ruptura con la tiniebla.

 

vv. 19-28 Testimonio de Juan, que había sido anticipado en 1,6-8. En la primera parte, la triple negación (1,19-23) desarrolla la frase de 1,8: No era él la luz. La segunda parte, sobre el que había de venir (24-38) explicita su testimonio en favor de la luz (1,7-8).

La actividad de Juan, que despierta en el pueblo el deseo de vida y plenitud (1,6), alarma a las supremas autoridades religioso-políticas (Je­rusalén) (19). Preguntas: el Mesías era el salvador esperado; Elías, el precursor que había de preparar su llegada; el Profeta, el segundo Moisés (20-21). Las tres figuras encarnaban aspectos de la salvación como poseedores y transmisores del Espíritu (Is 11,2; 2 Re 2,9-15; Dt 18,15.18; cf. Nm 11,16s). Para Jn, Jesús es el único que posee y comu­nica el Espíritu (1,32), y en él se integran las tres figuras mencionadas. Juan Bautista es sólo una voz; su mensaje va dirigido a las autoridades, acusándolas de haber torcido el camino del Señor  (22-23). Esta acusación indica la postura de Juan y el sentido que imprime a su actividad.

El grupo fariseo acusa a Juan de usurpador (25). El bautismo o inmersión en el agua era símbolo de muerte a un pasado para comenzar una vida diferente; en el caso de Juan, simbolizaba la ruptura con la institución judía y la ideología propuesta por ella (1, 5-8 la tiniebla) Suscitando en el pueblo el deseo de vida, Juan quiere emanciparlo de la sumisión a las instituciones que cierran el camino a Dios (23). Promueve, por tanto, un movimiento popular que muestra su desacuerdo con el sistema religioso.

Su bautismo no es el definitivo El salvador está presente y él no puede tomar su puesto (1,27 desatarle la correa de las sandalias). La imagen alude a una costumbre matrimonial judía: Jesús tiene derecho preferente a ser el Esposo. Se alude a la antigua alianza donde Dios se llamaba el Esposo del pueblo (Is 54; 62; Jr 2; Ez 16; Os 2,4ss). Se establece, por tanto, una alianza nueva una nueva relación entre Dios y los hombres; en ella, la figura que requiere la adhesión y la fidelidad de los hombres (el Esposo) es Jesús, el Hombre Dios (cf 2, 1-11) (24-27)

Betania, al otro lado del Jordán (28), fuera del territorio de Israel será el lugar de la comunidad de Jesús (10, 40-42).

 


 

IV

 El profeta Isaías invita a todo el pueblo que retorna del destierro, y que ha visto que las promesas con que esperaban encontrar su tierra no son tan ciertas; lo invita a la esperanza. La acción de Dios es efectiva y eficaz. La Jerusalén que ahora ven arruinada, será en un futuro centro de peregrinaciones y a la que acudirán todas las naciones de la tierra. Es una realidad muy dura de pobreza, de tristeza y de cautiverio. Por eso, la vocación del profeta esta dirigida hacia esas personas. Se siente capacitado por Dios para el anuncio de «buenas noticias» de esperanza a los marginados del país. Las cosas están difíciles pero podemos salir adelante, Dios no nos abandona, parece decir el profeta. Aunque haya dificultades al regreso el Señor ha revestido al pueblo de ropas de salvación, le ha retornado el don de la tierra, y así como está hace germinar los frutos, quien hace germinar la justicia y la alabanza es el Señor.

El salmo recoge hoy la oración de María cuando visita a Isabel, que la tradición llama Magnificat. La oración esta basada en el cántico de Ana que encontramos en el 1Sam 2, 1-10. Se centra en dos grandes temas, por una parte los pobres y humildes son socorridos en detrimento de los poderosos, y por otra, el hecho de que Israel es objeto del favor de Dios desde la promesa hecha a Abraham (Gn 15,1; 17,1). María canta la grandeza de Dios salvador que se ha fijado en los humildes, especialmente en la pequeñez de María, y nos muestra que la lógica de Dios no siempre coincide con la lógica e los poderosos. Precisamente ha hecho una promesa con un pueblo pequeño cumpliendo la promesa de Abraham, se ha fijado en la humildad y pequeñez de María, ha derribado del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. La lógica de Dios pasa por el reconocimiento de los más pequeños como sujetos preferenciales de su acción. En eso consiste ser creyente. Esta es la palabra profética que la tradición pone en boca de María.

En la segunda lectura vemos como el apóstol Pablo invita a la comunidad de Tesalónica a la fidelidad. La vida de la comunidad tenía algunas dificultades: problemas con los animadores de la comunidad, peleas, desánimo, falta de fe, fornicación. Es una comunidad que se ha convertido del paganismo al cristianismo (1,9) y que ha dejado los ídolos, sus dioses, para seguir al Dios verdadero, pero que le cuesta desprenderse del todo de sus tradiciones antiguas, de su legado cultural. Parece que la exigencia de la vida de comunidad no le era satisfactoria a muchos que se sentían desilusionados. Es por esto que Pablo les llama la atención; reconoce que ha sido una comunidad que se ha esforzado por seguir a Jesús, que posee el Espíritu del Resucitado, pero que aún puede dar más. Les llama a estar alegres, a orar constantemente, a no dejarse desanimar. No se trata de rechazar todo lo que les viene de fuera y que les impide la vida de comunidad, se trata de examinar todo y quedarse con lo bueno. Les llama a fidelidad y a continuar en el camino que han emprendido. No hay que dejarse desanimar por los problemas, que siempre habrán, se trata de ser fieles al camino emprendido y vivirlo con alegría pues estamos convencidos que es el mejor camino a la felicidad.

El evangelio de Juan no presenta el testimonio de Juan el Bautista que ahondaremos a lo largo de esta semana litúrgica. La lectura nos introduce diciendo que este es el testimonio de Juan y luego nos cuenta que de Jerusalén los dirigentes judíos enviaron delegados para preguntarle si era el Mesías o Elías que precedería a la llegada del Mesías. La respuesta de Juan es ambigua. Si bien no se reconoce como Mesías tampoco se reconoce como Elías que ha de venir; sin embargo, si se reconoce como la voz que clama en el desierto, que prepara la venida del Mesías. La respuesta genera una pregunta lógica en los emisarios judíos: si no eres, entonces ¿por qué bautizas? Su respuesta es parecida a la primera, el bautismo de agua es un bautismo purificador, si se quiere externo, pero quien vendrá traerá un bautismo que purificará a todo el ser humano y ante el cual el bautismo de Juan es solo anticipo. Es claro que la figura de Juan el Bautista tiene gran importancia para las primeras generaciones cristianas. Además de homologarlo con el profeta Elías, muchos de los seguidores de Juan pertenecieron a las primeras comunidades cristianas. Por otro lado, fue crítico ante el poder dominante de los romanos y de Herodes, lo que le llevó a la muerte. Fue un hombre que supo entregarse a su misión y que supo ver en el futuro que se avecinaba, los tiempos esperados.

 



Para la revisión de vida

 La misión de Juan Bautista puede tomarse como símbolo de la misión de toda persona cristiana: no suplantar a Jesús, sino gastar la vida en abrirle camino, abriendo camino a su causa, ¡el Reino! ¿Estoy siendo un buen precursor del Reino que Jesús anunció? ¿Allano montes, relleno hondonadas, abro caminos?

 

Para la reunión de grupo

El texto de Is 61,1-2 es muy importante. Expresa la misión del Mesías tal como fue ya entrevista con siglos de anticipación por los profetas. Si el Mesías iba a tener una misión, ésa sería la de ser «buena noticia» para los pobres... Jesús tuvo que leer y meditar este texto muchas veces, tanto que lo hizo propio y sintió que se «cumplía» en su vida, que llegaba a su máximo cumplimiento en su vida (Lc 4, 16). Lucas, por eso, puso la narración de un comentario que Jesús tal vez hizo del texto en la sinagoga de su pueblo, como un texto inicial que daría el sentido a la vida toda de Jesús y a su misión. Y dice (en Lc 7, 18ss) que Jesús mismo apeló a este texto como prueba de su mesianidad ante la comisión oficial que vino a preguntarle si era él el Mesías. Preguntémonos:

Realmente, ¿hemos solido pensar que el signo principal de la mesianidad de Jesús es el ser «buena noticia para los pobres»? ¿A qué otras cosas les hemos dado clásicamente más importancia en la vida de Jesús?

¿Qué es una buena noticia para los pobres? ¿En sentido real o figurado? El catecismo, la doctrina cristiana, el mensaje que lleva la iglesia, ¿es buena noticia?

¿Será que también para la Iglesia la principal señal de su «mesianidad» sería el ser buena noticia para los pobres?

¿Cómo desglosar y explicar el significado de la buena noticia que Jesús puede significar hoy para los pobres y para la Humanidad en el mundo globalizado actual?

 

Para la oración de los fieles

Para que en este adviento sigamos alimentando nuestra esperanza, profundizándola y compartiéndola, roguemos al Señor

Por todos los que en estos días cercanos a la navidad se sienten tristes o nostálgicos, lejos de sus familias, en soledad... para que la potencia de su amor supere todas esas distancias y les haga sentirse en comunión universal...

Para que nos preparemos a la celebración de la navidad con realismo tratando de hacer que "efectivamente nazca Jesús" a nuestro alrededor...

Para que la lejanía en que hoy día se ubica la utopía que todos los soñadores buscamos, no nos conduzca a la resignación o al fatalismo, sino que quede superada en la constancia, en la fe sin claudicaciones, en la resistencia y el esfuerzo por acercar una y otra vez la utopía del Reino...

Para que en estas vísperas de navidad la austeridad de Juan Bautista, el precursor, nos recuerde que la sobriedad en el gasto motivada por el deseo de compartir con los más necesitados...

Para que en Navidad y en todos los tiempos la Iglesia sea, como Jesús, Buena Noticia para los pobres, para todos los hombres y mujeres necesitados de amor y de justicia...

 

Oración comunitaria

 Oh Dios y Padre-Madre de nuestro Señor Jesucristo: al acercarse las entrañables fiestas de la navidad te pedimos que hagas aflorar en nuestras vidas lo mejor de nuestro propio corazón, para que podamos compartir con los hermanos que nos rodean tu ternura, tu mismo amor, del que nos has hecho partícipes. Haz que lo vivamos como lo vivió Jesús, nuestro hermano, que contigo vive y reina, y con nosotros vive y camina, por los siglos de los siglos. Amén.

 Dios nuestro, tú que quieres que trabajemos de tal modo que, cooperando unos con otros, realicemos en esta tierra tu Reino, ayúdanos a asumir, en medio de nuestros trabajos diarios, nuestra condición de hijos tuyos y hermanos de todos las personas. Por Jesucristo, nuestro Hermano y Señor.



Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org