BAUTISMO DEL SEÑOR
CICLO "B"


Primera lectura: Isaías 42,1-4. 6-7
Salmo responsorial: Salmo 28
Segunda lectura: Hechos 10,34-38

EVANGELIO
Marcos 1, 7-11

 7Y proclamaba:

-Llega detrás de mí el que es más fuerte que yo, y yo no soy quién para agacharme y desatarle la correa de las sandalias. 8Yo os he bautizado en agua, él os bautizará con Espíritu Santo.

9Sucedió que en aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán.

10Inmediatamente, mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar como paloma hasta él. 11Hubo una voz del cielo: -Tú eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor.

 


 

COMENTARIOS

 I

 vv. 7-8  Y proclamaba: «Llega detrás de mí el que es mas fuerte que yo, y yo no soy quién para agacharme y desatarle la correa de las sandalias. Yo os he bauti­zado en agua, él os bautizará con Espíritu Santo».

Juan no se considera protagonista, anuncia la llegada de otro supe­rior a él, que el lector identifica con Jesús. Será superior a él en fuerza, pues poseerá la plenitud del Espíritu; también en su misión, que consis­tirá en fundar un nuevo pueblo, una sociedad nueva (nueva alianza), pues el papel de Esposo, propio de Dios en el AT (Os 2,4ss; Is 54,62; Jr 2; Ez 10), corresponde ahora a Jesús (cf. 2,19s); así lo supone la frase no soy quién para... desatarle la correa de las sandalias, que alude a la ley judía del levirato: quitar la sandalia significaba apropiarse del dere­cho de esposo (cf. Rut 3,5-11). La actividad del Mesías consiste en infun­dir el Espíritu (cf. Is 44,3-5; Ez 36,26-28), que potencia y consagra al hom­bre (Santo/ santificador): el hombre nuevo será el fundamento y el artífice de la nueva sociedad, etapa terrena del reino de Dios.

 

v. 9  Sucedió que en aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán.

En aquellos días es una fórmula usada por los profetas para anunciar la nueva alianza Jr 31,31.33) o la efusión del Espíritu (Jl 3,2), señalando la época del cumplimiento de las promesas. Mc presenta a Jesús, el pro­tagonista del evangelio: llega de Nazaret, un pueblo perdido de la región más nacionalista de Galilea.

Con su bautismo manifiesta Jesús su apoyo al movimiento suscitado por Juan y a su exhortación al cambio de vida, mostrando su compromi­so por la eliminación de la injusticia. Su bautismo, sin embargo, no signi­fica, como el de la multitud, una muerte al pasado (no hay confesión de pecados), sino un compromiso de entrega por el bien de la humanidad, que incluye la disposición a dar la vida por procurarlo (cf. 10,38s).

 

v. 10  Inmediatamente, mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo y al Espí­ritu bajar como paloma hasta él.

El compromiso de Jesús, expresión de su amor sin medida a la humanidad, provoca inmediatamente una respuesta celeste, que el evan­gelista describe con rasgos figurados. Ante todo, se rompe la frontera entre el mundo divino y el humano y, en la persona de Jesús, se estable­ce la plena y permanente comunicación entre Dios y el hombre (rasgarse el cielo).

Dios comunica a Jesús la plenitud de su vida/fuerza, el Espíritu, que constituye la unción mesiánica (cf. Is 11,9s; 42,1-4; 61, ls). La paloma remi­te a la primera creación (Gn 1,2: «el Espíritu del Señor se cernía sobre las aguas»): el Espíritu termina la creación llevando a Jesús a la plenitud humana al conferirle la condición divina: el Mesías ungido es el Hom­bre-Dios.

La experiencia interna de Jesús se formula de dos maneras: en térmi­nos de visión (vio al Espíritu...) y en términos de audición (11: una voz del cielo).

 

11  Hubo una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor.

La voz del cielo explicita los efectos de la bajada del Espíritu: declara a Jesús «el Hijo de Dios», es decir, el rey Mesías (cf. Sal 2,7), «el amado», como el nuevo Isaac, cuya entrega acepta el Padre (cf. Gn 22,2), y el que es objeto del favor divino (en ti he puesto mi favor), como se dijo en otro tiempo del Servidor de Dios (Is 42,1), con misión universal (Is 49,1-13), que daba su vida para realizarla (Is 50,4-9; 51,1-8; 52,13-53,12).

La escena describe así la investidura mesiánica de Jesús, pero es la de un Mesías muy diferente del «hijo sucesor de David» esperado por el pueblo judío (10,47s; 11,9s; 12,35-37). Ha llegado el que es más fuerte que Juan (1,7).

 



II

 Para Jesús sentirse “Hijo amado” implica llevar una luz de esperanza a las personas que viven en la angustia y la miseria. Las palabras que Jesús descubre como un llamado de su Padre se las comunica el profeta Isaías en ‘el cántico del siervo’ que parece como primera lectura. Jesús acude al llamado de Juan al igual que una gran parte de Israel; pero, a diferencia de ellos, para Jesús se hace evidente la urgencia de realización de la alianza que Dios ha dejado como testamento de su voluntad, pues como dice Isaías “yo te he llamado para ser alianza del pueblo y luz de las naciones”.

El bautismo de Juan es un llamado a todo el pueblo de Dios para que cambie su manera de pensar y se comprometa en un nuevo estilo de vida. La misión y el llamado de Juan Bautista se ubican en el desierto, símbolo de la peregrinación de Israel. Allí el pueblo de Dios tiene de manera permanente la posibilidad de reencontrarse con Dios y recuperar el ardor de la primera llamada que los condujo de la esclavitud a la tierra prometida.

 Juan propone el símbolo del bautismo para representar un cambio en la manera de pensar. La palabra bautismo significa inmersión. El pueblo es sumergido por Juan en las aguas del Jordán para representar el cambio necesario antes de dar el primer paso en la tierra prometida. El pueblo que escucha el llamado de Juan quiere renovarse en las aguas del Jordán y confesar su falta de fidelidad a la alianza que Dios ha hecho con ellos. Ya no serán más un pueblo tranquilizado en su conciencia por los ritos religiosos, sino un grupo humano nuevo, dispuesto a hacer realidad la alianza de Dios.

 El bautismo de Jesús va más allá de la inmersión en el agua y se convierte en una unción del Espíritu. Su tarea no va a consistir, como Juan, sólo en un llamado a la conversión, sino en un testimonio de la urgencia y posibilidad de instaurar el Reino de Dios por medio de la conversión al evangelio y la fe en su capacidad de redimir la existencia humana. Al igual que Jesús los cristianos nos descubrimos como hijos amados, predilectos, enviados por el Padre a anunciar el evangelio ante la inminencia del Reino de Dios que ya se acerca. Para cualquier cristiano, el bautismo lo compromete a realizar la misma misión que Jesús se propuso.




Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org