CUARTO DOMINGO DE PASCUA
CICLO "B"


Primera lectura: Hechos 4,8-12
Salmo responsorial: Salmo 117
Segunda lectura: 1 Juan 3,1-2

EVANGELIO
Juan 10, 11-18

 11Yo soy el modelo de pastor. El pastor modelo se en­trega él mismo por las ovejas; 12e1 asalariado, como no es pastor ni son suyas las ovejas, cuando ve venir al lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa; 13porque a un asalariado no le importan las ovejas.

14Yo soy el modelo de pastor; conozco a las mías y las mías me conocen a mí, 15igual que el Padre me conoce a mi y yo conozco al Padre; por eso me entrego yo mismo por las ovejas. 16Tengo además otras ovejas que no son de este recinto: también a ésas tengo que conducirlas; escu­charán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor.

17Por eso el Padre me demuestra su amor, porque yo entrego mi vida y así la recobro. 18Nadie me la quita, yo la entrego por decisión propia. Está en mi mano entregarla y está en mi mano recobrarla. Este es el mandamiento que recibí de mi Padre.

 


 

COMENTARIOS

 I

PASTORES A SUELDO

 Sacadas de contexto, las palabras del Evangelio pierden su carácter provocativo, su conflictividad, su aguijón. No sé por arte de qué "birli-birloque" han conseguido, teólogos y eclesiásticos, hacer una lectura aséptica y anodina de la vida y obras de Jesús. Tal vez nos haya ayudado a ello la interpretación oficial del Evangelio, presentada por los pastores de la Iglesia -hay honrosas excepciones- que, comulgando con los poderosos en un pasado no muy lejano, etiquetaron de política toda actividad del cristiano que mirase al suelo buscando la transformación de las estructuras injustas.

Puede que hayamos llegado a esta situación, asustados por las amenazas del poder político; éste acostumbra a considerar injerencia en su campo de acción todo intento de sacar en la vida las consecuencias prácticas del compromiso cristiano  que lleva irremediablemente al enfrentamiento con todo poder que no sirva al pueblo...

Jesús no fue ni conciliador ni neutral. Su vida fue puro conflicto, constante enfrentamiento con el poder establecido del que denunciaba sus abusos, en especial la manipulación y utilización del pueblo sencillo al que mantenían sus dirigentes cada vez más cerca de la alienación, del abandono y de la muerte.

Poco importaba al Maestro nazareno que este poder fuera político o religioso. Al fin y al cabo, en aquella sociedad teocrática, política y religión iban de la mano.

 

Esta vez provocó el conflicto un discurso de Jesús en un día de fiesta:

"Yo soy el modelo de pastor" -decía. "Yo soy el modelo de pastor. El pastor modelo se en­trega él mismo por las ovejas; e1 asalariado, como no es pastor ni son suyas las ovejas, cuando ve venir al lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa; porque a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el modelo de pastor; conozco a las mías y las mías me conocen a mí, igual que el Padre me conoce a mi y yo conozco al Padre; por eso me entrego yo mismo por las ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este recinto: también a ésas tengo que conducirlas; escu­charán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor".

Los oyentes comprendieron bien de qué se trataba; el profeta galileo se enfrentaba peligrosamente con la poderosa jerarquía eclesiástica del templo de Jerusalén, pastores asalariados que poco se interesaban de la vida del pueblo. Vivían "de" y no "para" el pueblo. Controlaban al pueblo con su complicada enseñanza religiosa, le sacaban el dinero con aquel sistema en el que hasta el perdón de Dios se compraba con calderilla. Distantes del pueblo, los pastores no conocían a sus ovejas, ni sabían del hambre, del paro y del desempleo, de la miseria y alienación en que vivían sumergidas. Preocupados por una religión, separada de la vida, los pastores se interesaban del templo y sus dependencias; poco les importaba la vida de las ovejas más allá de las puertas del templo. En contrapartida tampoco ellas eran demasiado deferentes con sus pastores: la cúspide de la jerarquía eclesiástica jerosolimitana estaba mal vista por el pueblo sencillo.

Ni amor a las ovejas, ni conocimiento del rebaño, ni preocupación por hacer del pueblo un pueblo unido, un solo rebaño bajo un solo pastor. Sólo interés -y fundamentalmente económico- había como motor de sus actuaciones. Eran pastores a sueldo, profesión bastante difundida, por desgracia, en nuestros días entre los que ostentan cualquier tipo de poder en la sociedad.

Dice el evangelista Juan que, terminado el discurso, "los judíos cogieron piedras para apedrearlo" (Jn 10,31), prueba evidente de que en su palabras se habían visto denunciados. Conflictivo Maestro.

 


 

II

 ¿UN PARTIDO POLÍTICO CRISTIANO?

 Aunque no se puede decir que, como tales, hayan tenido mucho éxito en nuestro país, en muchos estados de nuestro ámbito cultural hay partidos políticos que se dan el nombre de «cristia­nos»; por otro lado, a las distintas opciones políticas hay quienes oponen o la «doctrina social cristiana» o el «humanismo cristia­no». Sin embargo, hay muchos cristianos que no militan en estos partidos o no comparten esas doctrinas. Por eso podemos hacer­nos esta pregunta: ¿existe una política que pueda llamarse «cris­tiana»?

 

OVEJAS Y PASTORES

 Los más antiguos antepasados de Israel de los que se tiene noticia eran pastores nómadas que vivían en tiendas de campaña y que iban de un lugar a otro buscando pastizales para sus ganados. Entre aquellas familias de pastores y sus rebaños se establecía una relación que difícilmente podemos comprender hoy; el jefe del clan familiar era el responsable último de buscar comida para las personas y pastos para los animales, de defender a unos y otros de los posibles ataques de las fieras y de los ladrones... Por eso no es extraño que los hebreos, cuando se establecieron permanentemente en una tierra, compararan al pueblo con un rebaño y llamaran «pastores» a sus dirigentes, sin que para ellos esta compara­ción resultara ofensiva, como puede serlo entre nosotros, pues mientras que nosotros destacamos el sometimiento sin lucha de las ovejas, ellos ponían en primera línea el cariño de los pastores al cuidar al rebaño, buscarle buenos pastos y defen­derlo del ataque de las fieras.

Se llamaba pastores a los polí­ticos y a los responsables de la administración y el gobierno, al rey y a los altos cargos del reino, porque ellos debían cuidar por el bienestar del pueblo. Como los dirigentes se olvidaron muchas veces de que ésta era su misión, los profetas denun­ciaron con valentía sus abusos: « ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a si mismos! » (Ez 34; véase también Jr 23,1-8). Y les advierten que Dios les va a pedir cuentas y que va a asumir él la tarea de pastorear a su pueblo por medio de un enviado suyo (Ez 34,23; Jr 23,5-6).

 
EL BUEN PASTOR

 Cuando el evangelio dice que Jesús, al ver que mucha gente lo buscaba, «sintió lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor» (Mc 6,34), está haciendo una crítica de los dirigentes del pueblo tanto desde el punto de vista de la situación política de aquel momento como desde la perspec­tiva del sistema religioso, ya que en Israel lo político y lo religioso estuvieron siempre unidos. Y así, cuando Jesús dice que él es el buen pastor, el modelo de pastor, está afirmando que en él se cumple lo anunciado por los profetas y que en él se realiza lo que Dios quiere que sea un dirigente -político o religioso- del pueblo.

Jesús afirma que él es el modelo de pastor porque en él se dan tres rasgos característicos:

1. «El pastor modelo se entrega él mismo por las ovejas.» Esta es la primera cualidad. El pastor entrega su propia vida en favor de las ovejas que pastorea. Su tarea no es una activi­dad económica: no busca ventaja alguna para sí mismo, ni salario ni beneficio. Sólo persigue el bienestar y la felicidad de sus ovejas. Hace tres semanas recordábamos cómo Jesús llevó a término su entrega.

2. La segunda característica es el conocimiento personal de sus ovejas: «Yo soy el modelo de pastor; conozco las mías y las mías me conocen a mí.» No hay entre el pastor y su rebaño una relación de superioridad, sino de amistad: «No, no os llamo siervos, porque un siervo no está al corriente de lo que hace su señor; a vosotros os vengo llamando amigos porque todo lo que oí a mi Padre os lo he comunicado», dirá Jesús a sus discípulos en la noche de la última cena (Jn 15,15). El dirigente del pueblo, el pastor, según el modelo de Jesús, no es alguien que ordena, organiza y manda desde su despacho a unas ovejas de las que sólo conoce cómo suena el balido de sumisa adhesión; entre el pastor al estilo de Jesús y su rebaño se establece una relación de conocimiento y amor semejante a la que existe entre el Padre Dios y su Hijo. Un conocimiento que es amor y un amor que es donación de vida.

3. La tercera es la creación de un rebaño en el que nadie se sienta excluido: «Tengo además otras ovejas que no son de este recinto: también a ésas tengo que conducirlas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor.» El exclusivis­mo político-nacionalista y religioso que estaban en vigor en la sociedad judía en tiempos de Jesús queda definitivamente superado. El Pastor Modelo no entrega su vida por defender su bandera y ni siquiera por defender su credo: él entrega la vida para que sus ovejas puedan encontrar la felicidad vivien­do como hermanos por encima de credos y banderas.

El evangelio no nos ofrece soluciones concretas a los pro­blemas políticos; no nos dice qué medidas concretas deben tomarse para acabar con el paro o qué medios concretos se deben emplear para elevar el nivel cultural de una colectivi­dad: no existe, por consiguiente, una política cristiana; nadie tiene derecho a usar nuestro nombre de cristianos para su partido político. Y nadie debería cometer la insensatez de rebajar el evangelio a la altura de un programa político más.

Lo que sí hay es un modo cristiano de servir al pueblo (todos los que tienen o buscan el poder dicen que quieren servir al pueblo): el que encarna el Buen Pastor.



   

III

 11-16 «Yo soy el modelo de pastor. El pastor modelo se en­trega él mismo por las ovejas; el asalariado, como no es pastor ni son suyas las ovejas, cuando ve venir al lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa; porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Con la figura del pastor describe Jesús su actividad. No es un pastor más, sino el modelo, el verdadero pastor y su característica es dar su vida para dar vida a los suyos. Quien no ama a los suyos más que a la propia vida, no es pastor.

Pero la entrega de que habla Jesús no es solamente la final; es la disposición continua a hacer el máximo por los que lo siguen. Como acaba de decir, él viene a dar vida rebosante, y para ello se da a sí mismo. El máximo don de sí, que es el amor pleno, es la comunicación plena de vida.

Esta descripción de la entrega del pastor por las ovejas es una formulación más explícita de lo expuesto en otras ocasiones, en particular en la mención de su sangre (6,53-55). Como entonces, la entrega de Jesús es modelo para la del discípulo.

El pastor aparece en oposición a una figura negativa, el asalariado o mercenario. El pastor presta su servicio por amor, renunciando a su propio interés, dispuesto a dar la vida por las ovejas. El asalariado lo hace por dinero y, en el peligro, deja que las ovejas mueran.

 

14-15 Yo soy el modelo de  pastor; conozco a las mías y las mías me conocen a mí, igual que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre; por eso me entrego yo mismo por las ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este recinto: también a ésas tengo que conducirlas; escu­charán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor».

Describe Jesús un segundo aspecto, exclusivo suyo, de su calidad de pastor, su relación con el grupo de discípulos. Antes afirmaba conocer personalmente a cada uno (v. 4: las llama por su nombre); ahora declara que entre él y la comunidad como conjunto de individuos existe una relación personal de conocimiento profundo e íntimo.

Por parte de la comunidad, conocer a Jesús significa experimentar su amor e identificarse con su persona y actividad. La frase: conozco a las mías y las mías me conocen a mí, indica así la relación de amor entre Jesús y los suyos que crea la participación de su Espíritu.

 Esta relación de conocimiento-amor es tan profunda que Jesús la compara a la que existe entre él y el Padre, basada tam­bién en la comunidad de Espíritu, que crea la unidad de designio y de propósito. Es este conocimiento-amor de los suyos y del Padre dador de vida el que lleva a Jesús a dar la suya para comunicar vida a los que le dan su adhesión. Quiere manifestar el amor del Padre y hacerlo llegar a los hombres.

A continuación, descubre Jesús el ámbito de su comunidad futura (Tengo otras ovejas), que se abre a la humanidad entera (1,9; 3,16; 4,42; 8,12). Los discípulos procedentes de otros pueblos formarán con los que vengan de Israel una sola comunidad; ha terminado el privilegio del pueblo elegido. La unidad de todos se verificará por la convergencia en el único pastor, Jesús.

Jesús forma una nueva comunidad humana (rebaño), pero no mete a las ovejas en otro recinto, es decir, no va a crear una institución paralela a la antigua. Su comunidad universal no está encerrada en institución nacional o cultural alguna.  Su base son los hombres acabados por el Espíritu; ellos, según los tiempos y los lugares, encontrarán las expresiones adecuadas a la realidad que viven.

 

17-18 Por eso el Padre me demuestra su amor, porque yo entrego mi vida y así la recobro. Nadie me la quita, yo la entrego por decisión propia. Está en mi mano entregarla y está en mi mano recobrarla. Éste es el mandamiento que recibí de mi Padre.

Ante su auditorio de dirigentes judíos (v. 19) que lo odian e intentan matarlo, Jesús afirma que es precisamente su prontitud para desafiar la muerte lo que hace manifestarse en él el amor del Padre.

Jesús se entrega a sí mismo y así se recobra, porque al darse él mismo hace suyo el dinamismo de amor del Padre y de esta manera realiza su condición de hijo, adquiriendo la plenitud del propio ser. La demostración continua de amor del Padre se realiza en la presencia y actividad incesante del Espíritu en Jesús y se manifiesta en su obrar.

Como Jesús, quien se da a sí mismo por amor no lo hace con la esperanza de recobrar la vida como premio a ese sacrificio (mérito), sino con la certeza de poderla tomar de nuevo, por la fuerza del amor mismo. Donde hay amor hasta el límite hay vida sin límite, pues el amor es fuerza de vida. Dar la vida significa creer hasta el fin en la verdad y potencia del amor. 

Jesús afirma su absoluta libertad en su entrega. Nadie puede quitarle la vida, él la da por propia iniciativa. Indica así que, aunque sean las circunstancias históricas las que van a llevarlo a la muerte, eso puede suceder porque él ha hecho su opción de llegar hasta el fin.

El Padre, que ama a Jesús, le deja plena libertad; como Hijo, Jesús dispone de sus actos (Está en mi mano entregarla, etc.; cf. 3,35). La relación entre Jesús y el Padre no es de sumisión, sino de amor que identifica. El mandamiento del Padre no es una orden, sino un encargo; formula el designio común del Padre y Jesús, que nace de su comunión en el Espíritu (5,30). El evangelista utiliza el término "mandamiento" para oponerlo a los de la antigua Ley. Moisés recibió muchos (Éx 24,12; Dt 12,28, etc.), Jesús uno solo, el del amor hasta el extremo, el mismo que será propuesto a los hombres (12,49; 13,34).

 


 

IV

 Con la palabra «pastor» se designaba en el Antiguo Oriente con frecuencia también a los reyes. Entre los egipcios, los reyes egipcios eran representados con los dos distintivos del pastor: el azote (o espantamoscas) y el cayado. Tanto en el arte de Mesopotamia como en el griego se encuentra la figura del pastor llevando a hombros un cordero; el dios griego Hermes fue representado llevando un carnero. Los cristianos utilizaron esta imagen para representar a Jesús, como buen pastor.

En el Antiguo Testamento Dios le encomienda a David la tarea de pastorear a su pueblo Israel (2Sam 5,2) y los príncipes del pueblo se comparan con frecuencias con pastores. Ezequiel contrapone los dirigentes de Israel -que se apacientan a sí mismos en lugar de apacentar a sus ovejas- con el Señor, como modelo de pastor: «Como sigue el pastor el rastro de su rebaño cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones» (Ez 34,1-10.12).

El evangelista Juan presenta a Jesús como «buen pastor», o por dar una traducción más adecuada, como «modelo de pastor». El pastor modelo se define porque da su vida en función de las ovejas. Quien no ama a las ovejas hasta ese extremo no es buen pastor. El pastor aparece en el evangelio de hoy por oposición al asalariado o mercenario que apacienta a las ovejas por dinero; el asalariado cuando viene el peligro (lobo) deja que mueran las ovejas.

La relación del pastor-Jesús con las ovejas-pueblo es una relación personal y recíproca de conocimiento profundo e íntimo (conozco a las mías y ellas me conocen a mí). Conocer a Jesús significa experimentar su amor e identificarse con su persona y actividad. Esta relación de conocimiento-amor es tan profunda que Jesús la compara a la que existe entre él y el Padre, basada también en la comunidad de Espíritu, que crea la unidad de designio y de propósito.

Pero el rebaño de Jesús no se limita al pueblo de Israel, pues Jesús proclama que tiene otras ovejas que no son de ese recinto, palabra que designa el atrio del templo o, más ampliamente, a la institución judía, en la cual se han arrogado los puestos de poder unos individuos que carecen de todo derecho a ello y que son en realidad explotadores (ladrones) que usan de la violencia (bandidos) para someter al pueblo, manteniéndolo en un estado de miseria (cf. Jr 2,8; 23,1-4; Ez 34,2-10; Zac 11,4-17). Son esa gente que ha convertido la casa de su Padre en casa de negocios (Jn 2,16).

Él tiene otras ovejas que no son del pueblo de Israel, pues pertenecen al mundo pagano y ha venido para formar una nueva comunidad humana que no se limita ya a los judíos sino que se extiende a todos sin distinción de raza, credo o estatuto social.

Jesús, el modelo de pastor, demuestra que es el verdadero pastor porque entrega su vida por las ovejas. Ante su auditorio de dirigentes judíos (v. 19) que lo odian e intentan matarlo, Jesús afirma que es precisamente su prontitud para desafiar la muerte lo que hace manifestarse en él el amor del Padre.

Jesús se entrega a sí mismo y así se recobra, porque al darse él mismo hace suyo el dinamismo de amor del Padre y de esta manera realiza su condición de hijo, adquiriendo la plenitud del propio ser. La demostración continua de amor del Padre se realiza en la presencia y actividad incesante del Espíritu en Jesús y se manifiesta en su obrar.

Como Jesús, quien se da a sí mismo por amor no lo hace con la esperanza de recobrar la vida como premio a ese sacrificio (mérito), sino con la certeza de poderla tomar de nuevo, por la fuerza del amor mismo. Donde hay amor hasta el límite hay vida sin límite, pues el amor es fuerza de vida. Dar la vida significa creer hasta el fin en la verdad y potencia del amor.

Jesús afirma su absoluta libertad en su entrega. Nadie puede quitarle la vida, él la da por propia iniciativa. Indica así que, aunque sean las circunstancias históricas las que van a llevarlo a la muerte, eso puede suceder porque él ha hecho su opción de llegar hasta el fin.

El Padre, que ama a Jesús, le deja plena libertad; como Hijo, Jesús dispone de sus actos (Está en mi mano entregarla, etc.; cf. 3,35). La relación entre Jesús y el Padre no es de sumisión, sino de amor que identifica. El mandamiento del Padre no es una orden, sino un encargo; formula el designio común del Padre y Jesús, que nace de su comunión en el Espíritu (5,30). El evangelista utiliza el término "mandamiento" para oponerlo a los de la antigua Ley. Moisés recibió muchos (Éx 24,12; Dt 12,28, etc.), Jesús uno solo, el del amor hasta el extremo, el mismo que será propuesto a la humanidad (12,49; 13,34).

Y este pastor modelo -que es Jesús-, es también según Pedro en el libro de los Hechos, «la piedra que desecharon ustedes, los arquitectos y que se ha convertido en piedra angular» de la comunidad.

 

Queremos añadir una «nota crítica» para evitar un peligro que puede conllevar el comentario de la primera lectura de hoy. Es a respecto del famoso versículo Hch 4,12: «No hay bajo el cielo otro nombre que podamos invocar para ser salvos». Será una tentación fácil, para las personas de mentalidad más conservadora, enrumbar su reflexión o su homilía sobre el comentario a esa fórmula tan altisonante y absoluta. Probablemente no caerán en el exclusivismo eclesiocéntrico («fuera de la Iglesia no hay salvación»), pero tal vez caerán en el exclusivismo cristocéntrico («fuera de Cristo no hay salvación»), aunque sea por vía inclusiva («todos, aunque no lo sepan siquiera, se salvan por Cristo»). Es el mensaje de muchos fundamentalistas cristianos: «¡Sólo Jesús salval! ¡No hay salvación fuera de Jesús!». Tal fundamentalismo estaría justificado «literalmente» desde la misma Palabra de Dios…

J.A.T. Robinson (Truth is Two-eyed, The Westminster Press, Filadelfia 1979, 105) piensa que la interpretación exclusivista del texto (Hch 4,12) es engañosa. «Lo cierto -dice- es que el término ‘salvarse’ (y ‘salvación’) es el mismo que se usa tres versículos antes (4,9) al hablar del ‘enfermo’ que ha sido ‘curado’. El contexto no es el de la comparación de las religiones, sino el del carácter curativo de la fe. El problema es ‘con qué poder’ el cojo ha logrado ‘curarse completamente’ (3,16). ¿Ha sido por algún poder innato, por la piedad de los apóstoles (3,12) o ‘en nombre de Jesús’, que es quien suscita la fe (3,16)?». Ésas son las alternativas que el texto tiene en mente, el contexto del que no se puede sacar la frase. La conclusión es que el versículo en cuestión no puede tomarse como base para justificar el exclusivismo religioso universal (frente a todas las religiones). El lenguaje que allí se está utilizando es un lenguaje «confesional» hacia Cristo y su acción sanadora, y no se le puede hacer decir nada respecto a la no validez de las otras religiones del mundo, en las que ni de lejos podía pensar la comunidad.

Así como «sería monstruoso seguir dando por válido hoy día el axioma «extra Ecclesiam nulla salus»» (Torres Queiruga, El diálogo de Religiones, pág. 7), hay que plantearse igualmente la superación de las fórmulas cristológicamente exclusivistas (que normalmente llamamos inclusivistas). «Ya no cabe hablar sin matices o reservas de simple «cristocentrismo». Frases como «no existe conocimiento de Dios sino en Jesucristo», pueden tener sentido en un lenguaje interno, de naturaleza inmediatamente «confesante»(18); pero, en rigor, deben ser desterradas, no sólo por ser psicológicamente ofensivas para los demás, sino por ser objetivamente falsas, pues implican la negación de toda verdad en las demás religiones, incluido el AT. El centro último y decisivo para todos -como, por lo demás, sucedía para el mismo Jesús- radica en Dios». (Torres Queiruga, Cristianismo y religiones: inreligionación y cristianismo asimétrico, «Sal Terrae» 997[enero 1997]3-19; RELaT 241: servicioskoinonia.org/relat/241.htm). Mucho cuidado pues con los fervores exclusivistas cristocéntricos, dignos de mejor causa.

Sólo a título de curiosidad, recordemos que en ese famoso versículo toman pie dos libros de Paul Knitter No Other Name? A Critical Survey of Christian Attitudes Toward the World Religions, Orbis, Nueva York 1985, y Jesus and the Other Names. Christian Mission and Global Responsability, Orbis Books, Nueva York 1996. (Lamentablemente no han sido traducidos al castellano). Véase también la colección «Tiempo axial» (http://www.latinoamericana.org/tiempoaxial) y la bibliografía sobre teología del pluralismo religioso: http://www.latinoamericana.org/2003/textos/bibliografiaplurlismo.htm O también el capítulo 15 («Todas las religiones son verdaderas») del libro «Teología del Pluralismo Religioso», de José María Vigil, disponible en http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3 ).



 

Para la revisión de vida

¿Cómo son mis actitudes de pastor respecto a todos aquellos que, de una u otra manera, dependen de mis cuidados? ¿Me comporto como el pastor asalariado a quien no le interesan sus ovejas? ¿Conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí?

 ¿Qué preocupación tengo por las ovejas que son de otro redil…?

 

Para la reunión de grupo

Analizar los textos que bajo la palabra «pastor» nos indica el índice alfabético de la Biblia de Jerusalén (u otra, si no se dispone de ella). Sobre todo establecer la forma cómo el título de «Pastor» que se le da a Dios en el AT se le aplica luego a Jesús en el NT.

Clásicamente, el domingo del Buen Pastor es la Jornada de oración por las «vocaciones», y por ellas se entendía las vocaciones al sacerdocio… ¿Se debe pensar sólo en esas vocaciones? ¿Por qué? Algunos sostienen que lo más urgente no es que haya vocaciones al sacerdocio, sino que se cambie el modelo de sacerdocio único que está en vigor en la Iglesia católica. ¿Qué pensamos al respecto?

¿Puede la Jornada del Buen Pastor estar siendo inconscientemente machista? ¿Por qué sí o por qué no?

Hacer un debate en torno a estas frases: «Sólo Cristo salva», «No hay otro nombre por el que podamos ser salvos». ¿Son ciertas o falsas? ¿Se puede distinguir en ellas niveles diversis de sentido? ¿Cuáles? En definitiva, ¿es recomendable seguir utilizándolas o no? ¿Por qué sí y/o por qué no?

¿Qué podemos hacer para avanzar en un ecumenismo práctico, para acercarnos a las «ovejas que son de otro rebaño? ¿Qué actitudes tuvo Jesús hacia ellas? ¿Qué actitudes deberíamos tener nosotros?

¿Se puede rezar en un templo de otra religión? ¿Podemos rezar con personas de otras religiones como Juan Pablo II rezó con otros líderes religiosos en Asís? ¿O sólo vale esta oración cuando somos nosotros los que invitamos y ellos vienen a nuestra celebración, a nuestro templo? ¿O esto sólo lo puede hacer un Papa? ¿Para hacerlo nosotros, necesitamos permiso? ¿De quién? ¿Por qué?

 

Para la oración de los fieles

En este domingo que celebramos la fiesta del Buen Pastor, oremos por todos los que dentro de la Iglesia y la sociedad tienen la responsabilidad de guiar y conducir a sus hermanos. Roguemos al Señor.

Por todos los padres y madres de familia, para que iluminados por la luz de la Palabra sepan dar a su misión el sentido de edificación de la nueva familia humana. Roguemos...

Por todos los educadores, para que el ejercicio de su profesión cada día tenga mayor sentido de servicio y de entrega generosa a la construcción de la nueva sociedad. Roguemos...

Por nuestros ministros laicos, para que sientan el profundo gozo y la gran responsabilidad de transparentar en su ministerio a Jesús Buen Pastor. Roguemos...

Por que la Iglesia se mantenga siempre en comunión con los que están en otros rediles, sin pensar que estén fuera de todo redil. Roguemos...

 

Oración comunitaria

 Padre bueno y misericordioso, danos la profunda convicción de estar viviendo bajo el cuidado del único y verdadero Pastor, que eres Tú mismo, dentro del único gran rebaño humano, para que trabajemos por que pronto se exprese esa unidad en el diálogo fraterno de todas las religiones. Nosotros te lo pedimos inspirados por Jesús, nuestro hermano mayor.



Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org