SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA. LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
CICLO "B"


Primera lectura: Hechos 1, 1-11
Salmo responsorial: Salmo 46
Segunda lectura: Efesios 1, 17-23


EVANGELIO
Marcos 16, 15-20

 15 Y añadió:

-Id por el mundo entero proclamando la buena noti­cia a toda la humanidad. 16El que crea y se bautice, se sal­vará; el que se niegue a creer, se condenará. 17A los que crean, los acompañarán estas señales: echarán demonios en mi nombre,  hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en la mano y, si beben algún veneno, no les hará daño; aplicarán las manos a los enfermos y quedarán sanos.

19Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20Ellos se fueron a procla­mar el mensaje por todas partes, y el Señor cooperaba confirmándolo con las señales que los acompañaban.

 


 

COMENTARIOS

I

 MIRANDO AL SUELO

A mí me parece que con esto de la Ascensión nos han metido gato por liebre. Se ha dicho que Dios está en el cielo y se ha pintado a Jesús como pionero de astronautas, despegando de la tierra hacia los espacios siderales...

Y los cristianos, plantados, quietos, inmóviles, nos hemos quedado mirando al cielo durante. siglos, con los brazos cruzados. Poco teníamos que hacer en este mundo. Lo nuestro no era el suelo, sino el cielo. Nuestro anhelado terreno de operaciones no era el más acá, sino el más allá. Había poco que hacer aquí abajo, aparte de esperar. La vida se definió como "una mala noche en una mala posada", situación de tránsito, espera de amaneceres que no dependen de nosotros, resignación de siglos cristianada, valle de lágrimas sin consuelo, habitáculo del desencanto...

Al contemplar la Ascensión de Jesús sentíamos unas ganas locas de subir con él, de huir, de abandonar el telediario del terrorismo, del paro y de la violencia, de la droga, de la injusticia, de la desigualdad social, de la incultura y de la brega diaria. ¡Quién pudiera irse detrás de Jesús, ascender a otro mundo más allá de nuestro caos! Soñábamos un cosmos bello y ordenado (que esto significa en griego "mundo", palabra castellana ésta que proviene del latín y significa "limpio").

Y con el deseo de huir, de subir, de ir con Jesús, y ante la impotencia de seguir esa ruta espacial, los cristianos nos retiramos a la vida privada, al individualismo, a la salvación de nuestra alma (concepto heredado de Platón, que no tenía nada de cristiano), a rezar y rezar.. Así nació la teología del desencanto mundano, como una falsa lectura de la Ascensión de Jesús.

Nuestro cristianismo ha merecido el viejo reproche del libro de los Hechos de los Apóstoles: ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?

La Ascensión de Jesús, sin embargo, es una invitación a descender, a volver a la ciudad, a dejar las alturas y los montes y las nubes. Hay que comenzar a mirar ya al suelo, hay que poner manos a la obra de Jesús, verdadera sinfonía incompleta. El cristiano que mira a Dios, a Jesús, al cielo, lo sabrá si mira al suelo, si vuelve corriendo a la ciudad. Ahí tenemos que buscarlo.

Así entendieron la Ascensión los primeros discípulos. Después de desaparecer Jesús abandonaron el monte, volvieron a Jerusalén, reconstruyeron el grupo de los doce eligiendo a Matías en el lugar de Judas y se lanzaron al mundo, sin miedos, libres...

Difícil misión la del cristiano: sumergirse en la ciudad, politizarse (=hacerse ciudadano), mundanizarse, unirse a otros, lanzarse a gritar por calles y plazas que Jesús llevaba razón y que su proyecto de hombre aún es realizable. Que todavía es posible recomponer este viejo rompecabezas de la familia humana, verdadera Babel de egoísmo e insolidaridad.

Pero este proyecto no tiene nada que ver con "restaurar la soberanía de Israel" ni de nadie, como esperaban los discípulos de Jesús. Por ahí no se va a ningún sitio. Hay que acabar con este estado de cosas en el que unos estemos sobre otros, soberanía significa esto. Hacer un mundo de hermanos y no de "soberanos" es el desafío, la tarea del cristiano, el reto de la Ascensión, auténtica invitación a mirar al suelo, descendiendo a la ciudad hasta transformarla desde abajo y desde dentro.

Así lo hizo Jesús que, por descender, por meterse en el mundo, bajó hasta la muerte. Dios se lo llevó con él para siempre, se fue con Dios, o lo que es igual, subió al cielo, lugar sobre las nubes y las estrellas donde Dios habitaba, según los antiguos.

El firmamento que el primer cosmonauta ruso surcó sin poder contemplar a Dios no es ya la morada lejana de Dios. No hay espacio que lo contenga ni lo limite. Dios no es espacial, ni Jesús pionero de astronautas. Dios es el cielo. Y con la Ascensión quedó para siempre una cosa clara: Con Jesús, Dios está en el suelo. Ahí es donde hay que mirar.

 


 

II

 
LIBERACIÓN, AMOR Y VIDA

 Los seguidores de Jesús hemos recibido el encargo de anunciar la Buena Noticia a todo hombre. Pero éste no puede ser un anuncio teórico: ha de ir acompañado de un compromiso de lucha por la liberación, la práctica del amor y la comunicación de vida.

 

DELANTE DE NOSOTROS

 El libro de los Hechos de los Apóstoles comienza con el relato de la subida (ascensión) de Jesús junto al Padre (primera lectura de este domingo) En ese relato nos cuenta Lucas que, cuando Jesús subió al cielo, los apóstoles se quedaron pasmados, mirando hacia arriba, hacia donde Jesús había marchado. Hasta que unos mensajeros del cielo les hicieron volverse de nuevo a la realidad de la tierra: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?» Y es que el que se marchaba no lo hacía para desentenderse de los problemas de los hombres. Y a los que se quedaban les acababa de encomendar una misión para realizarla aquí, en este mundo, en esta tierra, sin preocuparse de que el polvo de este suelo manchara una y otra vez sus pies.

La presencia de Jesús de Nazaret junto al Padre es la ratificación de su victoria personal sobre la muerte, sobre el odio, sobre la violencia, sobre la prepotencia de los poderosos; pero, además, su victoria anticipa la victoria de toda la huma­nidad: ése es el destino último de los hombres; un destino que no está encerrado en los estrechos límites de este pequeño planeta, un destino que no está encadenado a esta tierra. Jesús de Nazaret es el primer hombre que vence las limitaciones de la naturaleza humana, es el primer hombre que entra a formar parte del ámbito de la divinidad, y en él, desde el momento de su ascensión las posibilidades del hombre han dejado de ser limitadas.

Pero Jesús va delante de nosotros y quiere que lo sigamos no sólo en la hora del triunfo. La victoria de Jesús fue el final de una larga y dura lucha, la consecuencia última de una generosa, pero difícil entrega. Por eso los discípulos de Jesús no se pueden quedar plantados mirando a las nubes: porque Jesús subió al cielo, junto a Dios, después de entregar su vida para enseñarnos a arreglar la tierra.

 

ID POR EL MUNDO ENTERO

La tarea de Jesús, que culmina este día en el que vuelve a la casa del Padre, no estaba acabada. Porque Jesús no vino a terminar nada ni a resolver nada, sino a enseñarnos cómo podíamos nosotros solucionar los muchos problemas que nos­otros habíamos ido acumulando: incapacidad para entender­nos, o presión, violencia, muerte... Todos esos problemas te­nían solución. Esa era la Buena Noticia.

Los que habían tenido la suerte de conocer a Jesús, de recorrer con él los caminos de Palestina, no podían guardarse para ellos su experiencia. Lo que ellos sabían, lo que ellos habían experimentado, no era sólo para su provecho personal. Su amistad con Jesús no era un patrimonio que pudiera dis­frutarse de modo exclusivo. Jesús los había elegido «para que estuvieran con él y para mandarlos a predicar», y éste era el momento de emprender la tarea: «Id por el mundo entero proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad.» Es toda la humanidad la destinataria de la Gran Noticia que, en pri­micia, habían escuchado antes que nadie los discípulos. Pero no podían quedársela para ellos: perdería todo su sentido.

 

LIBERACIÓN, AMOR Y VIDA

A los que crean les acompañarán estas señales: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en la mano y, si beben algún veneno, no les hará daño; aplicarán las manos a los enfermos y que­darán sanos.

Lo que tienen que anunciar es una noticia esto es, tienen que dar testimonio de un hecho, de un acontecimiento. Por eso no serán sólo palabras lo que ofrezcan a quienes se presten a oírlos. Su anuncio irá acompañado por unas señales que le darán credibilidad, que serán por sí mismas Buena Noticia.

En primer lugar, su mensaje será un anuncio de liberación para todos, y quienes lo acepten se verán liberados del domi­nio de aquellas ideologías que proponen al hombre un modo de vida contrario a lo que Dios quiere; eso significa «echarán demonios en mi nombre». En segundo lugar «hablarán lenguas nuevas», podrán romper las barreras que impiden a los hombres comunicarse y relacionarse como hermanos, y así harán posible la paz, la fraternidad, el amor. Finalmente, porque vivirán con la vida de Dios, nada les causará un daño definitivo y su presencia constituirá siempre una victoria de la vida sobre la muerte: «Cogerán serpientes en la mano, y si beben algún veneno, no les hará daño; aplicarán las manos a los enfermos y quedarán sanos.»

No. No se trata de milagros. Esas señales, liberación, amor y vida, son las que deben identificar a los seguidores de Jesús, las que garantizan que el mensaje que alguien anuncia es el suyo. La prueba de que alguien habla en nombre de Jesús es, por tanto, ésta: su palabra debe salir de un corazón libre, comprometido con la libertad de los hombres y la liberación de los pueblos; su vida deberá mostrar que sólo el amor es importante y que sólo el amor -no el poder, ni el prestigio, ni el dinero- es la fuerza de la que se vale para anunciar el mensaje de Jesús; y su fe apasionada por la vida debe mani­festarse no sólo en la defensa de la vida de los que todavía no han nacido, sino, sobre todo, en la defensa de los que malviven por culpa de una organización social que convierte este mundo en un verdadero valle de lágrimas, compartiendo con ellos la propia vida en el esfuerzo por construir una existencia que, con verdad, pueda llamarse vida.

 


 

III

 El tema protagonista de este domingo es, indiscutiblemente, «la Ascensión», la subida misma de Jesús al cielo. Un segundo tema es el de «el mandato misionero» que el autor de los Hechos de los Apóstoles que compuso aquella escena puso en boca de Jesús.

En el primer tema, «la ascensión misma», no serán pocos los predicadores que simplemente la darán por supuesta, como indubitablemente histórica en su literalidad textual; habrá creyentes sencillos, de los que de hecho todavía creen que Jesús emprendió una ascensión real, una subida física y vertical, «hacia el cielo», que saldrán de la misa con la misma fe de siempre en la Ascensión, la misma que tuvieron nuestros abuelos, y los abuelos de sus abuelos.

Otros predicadores tratarán el tema de la ascensión con una calculada ambigüedad en sus palabras, de forma que no afirme explícitamtente la historicidad literal de «la subida», pero tampoco la cuestione; simplemente, dejarla ahí, y saltar por encima de ella para centrarse en el segundo tema, el del mandato misionero.

Una tercera actitud sería la de abordar el tema «agarrando el toro por los cuernos», es decir, haciendo caer en la cuenta a los fieles, explícitamente, de que hoy día, ser cristiano no implica en absoluto la necesidad de creer en una «subida física de Jesús» hacia ninguna parte. No vamos a extendernos aquí en un tema que requiere una explicación clara y detallada. Recomendamos más bien la lectura de este iluminador texto de Leonardo Boff, que puede ser tomado de la biblioteca de los Servicios Koinonía, aquí: http://www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm Predicar claramente sobre estos elementos tan elementales, hacerlo con pedagogía y con delicadeza, sin brusquedad de «rompe y rasga», es algo que los fieles suelen agradecer –incluso explícitamente, yendo a la sacristía, tras la misa-. Recomendamos vivamente el texto también para utilizarlo en la reunión de estudio bíblico, o incluso para el estudio personal.

 

El tema del mandato misionero está asociado a la Ascensión por tradición. El final del evangelio de Marcos es el que asocia un mandato misionero de Jesús en el momento de «su despedida antes de partir para el cielo». Hoy sabemos que tal despedida-subida no es histórica, sino una genial composición literaria de Lucas, y que el capítulo final del evangelio de Marcos es añadido posterior, no original. Nada de ello daña en nada a la Misión, que no recibe su fuerza de que realmente fuera proclamada  precisamente en la escena de la Ascensión. La Misión tiene otro fundamento, ajeno a la historicidad de la escena de la Ascensión. Por eso no beneficia a la Misión justificarla con un procedimiento mítico: «Jesús, antes de subir al cielo para irse al lugar de donde habría venido, al despedirse, pidió a sus amigos asumir la misión, ahora en una nueva etapa, hacia los confines del mundo». Proceder así, con esta argumentación «mítica» -que ha sido una argumentación bien radicional, empequeñece la misión, porque rebaja sus fundamentos hasta la categoría del mito. Qué sea la misión y qué fundamento tenga, habrá de definirse desde otros fundamentos.

Podemos proclamar aquí, muy oportunamente, un principio conocido en el ámbito de «los nuevos paradigmas»: no necesitamos nuevas interpretaciones elaboradas desde los viejos presupuestos, sino propuestas nuevas pero desde presupuestos realmente nuevos. No refritos de los ingredientes de siempre, sino una teología realmente nueva, desde presupuestos nuevos, aunque pueda resultar chocante de entrada.

 


 

Para la revisión de vida

¿Estoy asumiendo la misión propia de mi identidad como bautizado/a en Cristo Jesús? ¿En qué doy verdadero «testimonio» de Jesús y de su Causa, y en qué no lo doy aún?

¿Qué me falta para madurar más en la fe? ¿Conozco suficientemente el Proyecto de Jesús? ¿Busco vivir por su Causa con la fuerza de su Espíritu y su experiencia de Dios Padre-Madre?

 ¿Qué señales doy de interés por los demás y por su liberación de esclavitudes o angustias, de sufrimientos, marginación, opresión o depresión?

 

Para la reunión de grupo

La ascensión del Señor, ¿fue un hecho histórico, físico, espiritual, teológico...?

Cuál es el mensaje fundamental del «misterio» de la ascensión?

La tierra es el único camino que tenemos para ir al cielo... Comentar esta célebre sentencia del famoso misionólogo P. Charles.

[El "texto complementario", de Boff, que referido más arriba, se presta muy fácilmente a ser utilizado como una sesión de estudio bíblico que involucre a varios temas fundamentales de la comprensión de la Biblia, así como otros respecto a la cosmovisión -cielo, tierra, tiempo, eternidad..-.]

Dice Lucas en Hch 1,3, que Jesús, después de resucitar, se dedicó con insistencia a hablar a sus discípulos acerca «del Reino de Dios»: ¿qué creemos que significaba eso para Jesús entonces, y para aquellos primeros discípulos; y qué significa para nosotros hoy? Compartamos nuestra opinión personal sobre ello.

En Mc 16,15-18 aparece esta promesa de Jesús: quienes crean el anuncio del Evangelio y se bauticen, ejercerán «poderes mesiánicos» liberadores, para destruir lo que amenaza y mata la vida. El texto simboliza esos poderes en estas «señales»: «expulsarán demonios, hablarán lenguas, agarrarán serpientes y, aunque beban veneno no les hará daño; curarán enfermos». ¿Qué pueden significar hoy los «demonios», las «lenguas», las «serpientes», los «venenos» y también la «imposición de manos»? ¿Cuáles deben o pueden ser las «señales» que hemos de dar hoy?

 

Para la oración de los fieles

Por las Iglesias, por el Papa, obispos, presbíteros, religiosas y religiosos y laicos y laicas, para que todos los bautizados en Jesucristo seamos fieles testigos suyos y de su Causa del Reino con la fuerza de su Espíritu: Oremos

Por todos los miembros de las comunidades cristianas, para que busquemos la madurez en la fe y en la gracia, a la medida de Jesús crucificado y resucitado, constituido Cabeza de la Iglesia: Oremos

Por los que viven y anuncian el Evangelio del Reino en las fronteras del dolor de los pueblos y de los sectores humanos más sufridos y excluidos de la vida, para que les apliquen el poder de Cristo, Mesías sufriente y resucitado, en signos de liberación e inclusión en la vida digna, justa y solidaria propia del Reino de Dios: Oremos

Por los más sufridos, olvidados y excluidos en nuestro país y en todo el mundo, para que la fuerza del amor del Espíritu de Jesús nos lleve a vivir una solidaridad que les abra caminos de esperanza real: Oremos

Por nuestro pueblo, para que todo él supere las injustas desigualdades y los odios, y crezcamos en paz verdadera, en puestos de trabajo y en vida justa y solidaria según el Proyecto del Dios de Jesús: Oremos

Por todas las personas que participamos en esta celebración, para que la ascensión del Señor sea nuestra victoria y todos vivamos la experiencia del poder transformante de Cristo resucitado: Oremos

 

Oración comunitaria

 Dios Padre nuestro, al celebrar con gozosa esperanza la exaltación de tu amado Hijo Jesús, que fue crucificado por ser fiel a tu voluntad de vida digna para todos y todas, te pedimos que, con la fuerza del amor del Espíritu, le sigamos al servicio de tu Reino de justicia, de amor y de paz. Nosotros te lo pedimos inspirados en Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org