DECIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"


Primera lectura: Ezequiel 2, 2-5
Salmo responsorial: Salmo 122
Segunda lectura: 2 Corintios 12, 7b-10


EVANGELIO
Marcos 6, 1-6

      6,1 Y salió de aquel lugar. Fue a su tierra, seguido de sus discípulos. 2Cuando llegó el día de precepto se puso a enseñar en la sinagoga; la mayoría, al oírlo, se decía impresionada:

-¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste, y qué portentos son esos que le salen de las manos? 3¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros?

Y se escandalizaban de él.

4Jesús les dijo:

-Sólo en su tierra, entre sus pan entes y en su casa desprecian a un profeta.

No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza; sólo curó a unos pocos enfermos aplicándoles las manos. 6y estaba sorprendido de su falta de fe.

Entonces fue dando una vuelta por las aldeas de alrede­dor, enseñando.

 


 

COMENTARIOS

I

 Creer en Dios resulta relativamente fácil. Sobre todo si nos hacemos un Dios a nuestra medida y lo enviamos a un cielo lejano, muy lejano Pero, en Jesús; Dios quiso venirse a nuestro lado, ser uno más, uno del pueblo Pero eso, para creer en el Dios de Jesús, hay que aceptar que a él sólo se puede llegar por el Hombre. Y quizá por eso resulta un poco más difícil creer en el Dios de Jesús.

 ZAPATERO, ¡A TUS ZAPATOS!

 Tanto tienes... tanto vales. La sabiduría popular ha retra­tado una vez más la realidad social en la que nos movemos y en la que el valor de cada persona se mide por el peso de su billetero, por los títulos académicos o de cualquier otra clase, de los que puede presumir, por el poder que ostenta, por el número de subordinados a los que puede mandar, por la influencia que posee, por la cuna de la que procede...

A quien no tiene nada de eso no se le escucha. No se le tiene en cuenta. ¿Qué puede ofrecer alguien que no ha con­seguido triunfar en la vida? ¿Que tiene un corazón que no le cabe en el pecho? ¿Que la vida le ha enseñado a conocer el alma humana? Poco importan la bondad, la experiencia, los argumentos o las razones

 

Zapatero, ¡a tus zapatos! ¿Y por qué un zapatero no puede hablar de arte.. o de cómo es el corazón del hombre?

También Jesús, hijo del pueblo, tuvo que soportar las consecuencias de esta manera de pensar.

 

EL CARPINTERO

 Fue a su tierra, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga; la mayoría, al oírlo, se decía impresionada:

¿De dónde le vienen a éste estas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste y qué portentos son esos que salen de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros?

 Se presentó en su tierra (por el contexto se supone que se trata de Nazaret, su pueblo, pero Marcos no lo nombra, pues aquí está representando a toda la tierra de Israel, que, a pesar de lo mostrado en el episodio anterior, no acepta a Jesús), donde había pasado la mayor parte de sus años.

Llega como maestro, acompañado de un grupo de discípulos. Antes que él seguramente que había llegado, también allí, la fama de las cosas que decía y que hacía: que se había distanciado de la doctrina oficial (Mc 1,22), que no observaba las tradicio­nes religiosas (Mc 1,39-45; 2,23-3,6), que trataba con gente poco recomendable (Mc 2,14.15-17), que hablaba de un nue­vo pueblo de Dios al que podrían incorporarse gentes de todas las naciones (Mc 2,1-13.18-21; 3,13-19). Seguro que hasta allí habían llegado las calumnias y las descalificaciones puestas en circulación por los enviados de Jerusalén (Mc 3,22-30), centro del poder religioso... Por eso habían llegado a decir que estaba loco, y por eso habían ido su madre y sus parientes más cercanos a buscarlo (Mc 3,21), y él parece que se había negado a recibirlos (Mc 3,31-35). También había llegado a su tierra la fama de otras cosas que hacía: por donde pasaba brotaba la libertad (Mc 1,21b-28.39; 2,23-27; 5,1-20), los hombres recuperaban su dignidad (Mc 1,40-45; 3,1-6) y sobreabundaba la vida (Mc 1,29-34; 5,24-43). Pero allí, en su tierra, no le hicieron caso.

Primero, le hicieron el vacío: nadie se le acercó hasta que él fue el sábado a la sinagoga, en donde estaban todos reuni­dos; y, aunque lo que dijo les impresionó, no se lo creyeron: ¡el carpintero, dándoselas de maestro y de profeta! ¿De qué universidad habrá salido? En la sinagoga de Cafarnaún (Mc 1,22.27-28) reconocieron su autoridad en cuanto que lo escu­charon. En su tierra no. No tiene títulos, y llegan a insinuar que su actividad, la libertad, la dignidad y la vida que lleva y comunica por dondequiera que pasa, podía provenir de fuerzas inconfesables: «¿... qué portentos son esos que salen de sus manos?» Lo acusan de ser un mago, de practicar la magia negra.

 

ALLÍ NO LE FUE POSIBLE

 Jesús les dijo:

-Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa, desprecian a un profeta.

No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza; sólo curó unos pocos enfermos aplicándoles las manos. Y estaba sorprendido de su falta de fe.

 Jesús iba haciendo el bien, liberando a hombres y mujeres de todas sus esclavitudes, de todos sus padecimientos. Porque Dios actuaba en él. Pero en su pueblo le fue imposible.

Jesús, ante la reacción de los suyos, reafirma, llamándose a sí mismo profeta, que su enseñanza y su actividad están respaldadas por el mismo Dios en el que dicen creer (están en la sinagoga, recinto religioso). Sus enseñanzas, que acaban de escuchar impresionados, no son un invento suyo: les habla en nombre del Dios que ya había hablado por los profetas en la antigüedad, profetas que fueron rechazados como él por su pueblo (Is 18,7-13; 30,8-12; Jr 12,6; 18,18-20; 20,7-10; Ez 2,2-7; Am 7,10).

Pero no reniega de su origen, de su tierra, de su casa, de sus hermanos; no reniega de su ser de hombre de pueblo que ha trabajado, que ha sudado entre aquellos que acaban de escucharlo y que ahora lo rechazan, no porque no estén de acuerdo con lo que dice, no porque no sea evidente que va por todas partes haciendo el bien, sino porque uno de ellos, con su misma piel, con los mismos callos en sus manos..., porque es el carpintero.

No, no pudo hacer nada en su pueblo; sólo alguna cura­ción. Porque les faltaba la primera condición para poder re­cibir algo de Dios: la fe. Y ellos, aunque decían que tenían fe en Dios, no podían tener fe en el Dios de Jesús porque les faltaba... fe en el hombre.

 


 
II

 v. l b:  Fue a su tierra, seguido de sus discípulos.

Por primera vez después de la constitución del nuevo Israel (3,13-19) va a reanudar Jesús el contacto con el público de las sinagogas de Galilea. En la primera ocasión en que tuvo ese contacto la reacción fue favo­rable (1,21b-28); en la segunda intentó liberar al pueblo de la opresión legalista (3,1-7a). Ahora, cuando ya ha propuesto su alternativa para los oprimidos paganos y los de Israel, vuelve al ámbito de la sinagoga para exponer esa alternativa a los integrados en ella, esperando que le den su adhesión.

No se nombra a Nazaret, porque su tierra / su patria es el pueblo judío y, en particular, Galilea: esta sinagoga representa todas las de esa región, donde Jesús ha ejercido su actividad (1,39). Cuando llega a «su tierra», sin embargo, nadie acude a él (cf. 2,ls; 4,1; 5,20), insinuándose ya el rechazo que va a experimentar.

v. 2:  Cuando llegó el día de precepto se puso a enseñar en la sinagoga: la mayoría, al oírlo, decían impresionados: «¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste, y qué clase de fuerzas son esas que le salen de las manos?»

El primer contacto con la gente lo tiene el día de precepto, en el que todos están obligados a asistir al culto sinagogal. La escena tipifica la actitud hacia Jesús de la mayoría del pueblo practicante, que está identi­ficado con la postura de los letrados (3,22).

Están de nuevo impresionados por su enseñanza, pero no reconocen que su autoridad sea la del Espíritu. Cuando hablan de él, no pronuncian su nombre, lo designan sólo con pronombres despectivos para su persona y su actividad (éste, eso). Si ahora no ven que su autori­dad provenga de Dios (¿De dónde le vienen a éste esas cosas?), se deduce que no puede ser más que del demonio (c£ 3,22: agente de Belcebú); por eso dan sentido peyorativo a su saber (magia) y lo mismo a su actividad (no «hace» prodigios, le salen, como instrumento de otro).

v. 3  «¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros?» Y se escandalizaban de él.

Lo llaman entre ellos el hijo de María, como si fuese indigno de lla­marse hijo de un padre, y lo equiparan a sus parientes más próximos (sus hermanos, sus hermanas); les resulta intolerable que uno como ellos, sin títulos reconocidos, se erija en maestro y actúe como lo hace. El rechazo de los judíos practicantes es así total.

El cambio de actitud respecto al pasado se debe a que, en el interva­lo, el centro de la institución religiosa ha emanado sentencia contra Jesús (3,22.30), y los que una vez habían reconocido en él la autoridad del Espíritu (1,22), se han plegado a esta sentencia. Los fieles de la sinagoga se han identificado de nuevo con los letrados, sus opresores; la institu­ción religiosa, a la que ellos mismos inicialmente habían negado crédito (1,22), ha vuelto a imponerles su autoridad. Se les ha dicho taxativamen­te que, a pesar de las acciones que realiza, Jesús, que integra en su co­munidad a los «impuros» y niega validez a las instituciones y a los idea­les de Israel, no puede ser un enviado de Dios, sino un enemigo suyo (3,22). En consecuencia, el que al principio habían visto como un profeta no es ahora para ellos más que un impostor, un agente del demonio.

vv. 4-5: Jesús les dijo: «No hay profeta despreciado, excepto en su tierra, entre sus parientes y en su casa». No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza;    sólo curó a unos pocos postrados aplicándoles las manos.

Jesús, por su parte, se presenta como profeta, es decir, como inspira­do por el Espíritu de Dios, desmintiendo la acusación de magia, pero la falta de fe impide casi completamente su actividad (curó a unos pocos pos­trados).

v. 6:  Y estaba sorprendido de su falta de fe. Entonces fue dando una vuelta por las aldeas de alrededor, enseñando.

Queda sorprendido ante semejante retroceso. No volverá a pisar una sinagoga. No hay nada que hacer con los sometidos a la institución reli­giosa: han estado tanto tiempo sin criterio propio (infantilismo) que no se fían de sí mismos ni de su experiencia y, en cuanto sus dirigentes emi­ten un juicio contrario a ella, los siguen sin vacilar.

Sin embargo, no todo está perdido: hay mucha gente del pueblo ale­jada de la institución religiosa; de hecho, los que están en la «periferia» siguen escuchando su enseñanza.

 


 
III

 Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la "Confesión de Pedro") se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado habitualmente "sumario"- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el Evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús produce al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, sus amigos y parientes. El "fracaso" de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la "derrota" del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del Evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el escándalo de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como lo es la comunidad de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un "Mesías crucificado" que será plenamente descubierto por el Centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el "Hijo de Dios".

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? "Si a éste lo conocemos y conocemos a toda su parentela". La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: "con lo que ellos conocen". Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente "sabido"; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”, no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El "Dios siempre mayor" desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús "no podía hacer allí ningún milagro"; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque "nadie es profeta en su tierra". Y quizás, también nos escandalice a nosotros... ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es mucho más “espectacular” mirar un testimonio en Calcuta que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es mucho más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es mucho más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo?



 

Para la revisión de vida

 Sin pretender ser un «profeta» admirado, sí que debo ser, como mínimo un profeta anónimo, un cristiano ordinario que se toma en serio su ordinario deber profético: decir la verdad, vivir la verdad, denunciar la mentira que me encuentre, ser incorruptible, combatir la corrupción que me salga al paso...

  Estoy captando la nueva hora de esperanza, el deseo popular de superación del neoliberalismo, a la búsqueda del «otro mundo posible»?

 

Para la reunión de grupo

En la década pasada, en no pocos sectores cristianos, que ésta no es hora de profecía, sino de sabiduría; que ahora no estamos como los israelitas en el éxodo, sino como en la época del exilio, que lo que corresponde no es la denuncia, sino la sabiduría de quien en silencio sabe resistir... Esa habría sido la máxima profecía ahora posible... ¿Qué pensamos de ello?

«Aunque es de noche... ya es madrugada», se dice hoy día en América Latina: la situación actual de la esperanza del Continente es bien distinta de la de hace unos años. Los Foros Sociales Mundiales celebrados aquí, los cambios políticos en varios países, evidencian otro tono y otra esperanza. Lamentablemente, la Iglesia oficial no sintoniza con las esperanzas populares que tan bellamente expresaron en su momento Medellín y Puebla. ¿Qué papel cabe a la Iglesia (a los cristianos y cristianas) ante esta situación?

La profecía no es un deber para personas especiales, prodigiosas, extraordinarias... sino deber todo cristiano, por seguir a Jesús, y de todo bautizado, por participar en Jesucristo Sacerdote, Profeta y Rey. ¿Cómo debería vivir ese ministerio profético una comunidad cristiana "cualquiera", como la nuestra, tanto hacia la Sociedad como hacia su Iglesia?

 

Para la oración de los fieles

Por toda las Iglesias, para que al anunciar el mensaje evangélico hagan vida la verdad que proclaman con las palabras, roguemos al Señor.

Por todas las naciones de nuestro mundo, para que se unan en la defensa de la justicia, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los ciudadanos de este mundo, roguemos...

Por todos los que en su tiempo de juventud fueron utópicos luchadores por un mundo mejor y hoy son personas acomodadas y resignadas al mundo tal cual está, para que Dios haga revivir en ellas lo mejor que todavía habita el rescoldo de su corazón, roguemos...

Para los profetas de nuestro tiempo, tan escasos, los que denuncian las injusticias, la mentira y el carácter excluidor de nuestra sociedad, para que su mensaje sea escuchado, roguemos...

Por la profecía al interior de la Iglesia: para que haya un ambiente que posibilite la confianza, la opinión pública fraternamente compartida, el diálogo franco y sincero, la libertad de la reflexión teológica... roguemos...

Por los "profetas laicos", hombres y mujeres pensadores libres que con su voz o su pluma dan cuerpo en la opinión pública a los mejores sentimientos que los demás no sabemos expresar, para que nunca falten entre nosotros, roguemos...

 

Oración comunitaria

 Dios, Padre nuestro, que continuamente nos invitas a la conversión con llamamientos que con frecuencia nos pasan desapercibidos; te pedimos abras nuestros oídos y nuestros corazones para que estemos siempre atentos a acoger tu Palabra, sea cual sea el ropaje con el que venga envuelta, para que nos dejemos transformar por ella y la llevemos a la práctica con entusiasmo. Por Jesucristo N.S.

 O bien:

 Oh Dios, que "de muchas maneras hablaste en otro tiempo a nuestros padres por medio de los profetas"; te pedimos que no abandones a la humanidad a las solas fuerzas del egoísmo individualista y del mercado, sino que nos envíes nuevos profetas que nos hagan revivir con pasión lo mejor que tú pusiste en nuestro corazón: el amor universal, la fuerza inclaudicable de la utopía de la solidaridad, y la inconformidad con todo lo que contradice tu Proyecto. Por J.N.S.



Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

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