TRIGESIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "C"


Primera lectura: Sabiduría 11, 22-12, 2
Salmo responsorial: Salmo 144
Segunda lectura: 2 Tesalonicenses 1, 11-2, 2
 

EVANGELIO
Lucas 19, 1-10

 19 1Entró en Jericó y empezó a atravesar la ciudad. 2En esto, un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de recauda­dores y además rico, 3trataba de distinguir quién era Jesús, pero   la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Entonces se adelantó corriendo y, para verlo, se subió a una higuera, porque iba a pasar por allí. 5Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo:

-Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa.

6Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. 7Al ver aquello, se pusieron todos a criticarlo diciendo:

-¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!

8Zaqueo se puso en pie y dirigiéndose al Señor le dijo:

-La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los po­bres, y si a alguien he extorsionado dinero, se lo restituiré cuatro veces.

9Jesús le contesto:

-Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán. 10Porque el Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo.

 


 

COMENTARIOS

I

 SE BUSCA

'Se busca' es el encabezamiento de un conocido cartel de los años setenta, que representaba el rostro de Jesús, de quien se hacía esta descripción: 'Amigo de vagos y maleantes; dema­gogo provocador del pueblo; compañero de borrachos y gente de mal vivir; fuera de la ley; agitador político; elemento sub­versivo para el orden constituido'. El texto terminaba ofre­ciendo una recompensa por su captura.

Este cartel resultó incómodo no sólo a los cristianos, sino también a muchos ciudadanos de bien, que lo consideraron 'una falta de respeto, una provocación e incluso, en su caso, una presentación blasfema de Jesús'. La reacción de esta gen­te nos transporta a la sociedad en que vivió Jesús. También entonces su persona y su comportamiento despertaban seme­jante reacción. Por una sencilla razón: Jesús no sólo dirigía su mensaje a los marginados de la sociedad judía, sino que hacía de ellos el centro de su misión; más aun, se les aseme­jaba haciéndose uno de ellos.

No es de extrañar, por tanto, que el cartel resultase tam­bién incómodo a la Iglesia, cuyos objetivos pastorales priori­tarios no son los marginados, y cuyo internacional-catolicismo no ha arraigado ni en las masas obreras ni en las capas infe­riores de la sociedad. Por eso, no está de más volver la mirada hacia los inicios del movimiento cristiano y redescubrir que la imagen de Jesús que ofrecía aquel cartel no era tan descami­nada como se pretendía. Destacaba uno de los rasgos más acusados de la personalidad del Maestro: su solidaridad con los marginados. Veamos un ejemplo, entre tantos, sacado del evangelio de Lucas: «Entró Jesús en Jericó y empezó a atravesar la ciudad. En esto un hombre, llamado Zaqueo, que era jefe de recauda­dores y muy rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era de baja estatura. Para verlo se adelantó corriendo y se subió a una higuera, porque tenía que pasar por allí. Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo: -Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver aquello murmuraban todos: -¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador! Zaqueo se puso en pie y le dijo al Señor: -Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien le he sacado dinero se lo restituiré cuatro veces. Jesús le contestó: -Hoy ha llegado la salvación a esta casa; pues también él es hijo de Abrahán. Porque este hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo» (Lc 19,1-10).

La misión de Jesús consistía en 'buscar lo perdido para salvarlo'. 'Lo perdido', en este caso, era Zaqueo, cuyo nom­bre, derivado del hebreo zacah~ significa 'puro, íntegro, justo'. Ironías de la vida, pues nadie lo consideraba tal. Zaqueo era jefe de recaudadores, judío colaboracionista con los romanos; cobraba impuestos que Roma destinaba, al parecer, al fomen­to del culto a los ídolos. Los recaudadores tenían merecida fama de ladrones, pues cobraban, por lo general, más de lo que estaba tasado, enriqueciéndose de este modo.

El hecho de que Zaqueo fuese considerado pecador, por ladrón y colaboracionista, no impidió a Jesús entrar en su casa a comer con él. En el transcurso de aquel encuentro, Za­queo sintió deseos de cambiar: se comprometió a dar la mitad de sus bienes a los pobres -el máximo de la espontánea limosna estaba fijado por los rabinos en el quinto del haber-y a devolver el cuádruplo de lo robado -el libro del Levítico prescribía sólo la obligación de devolver el 20 por 100, una quinta parte-. Zaqueo se comprometió mucho más de lo que las leyes exigían.

La práctica de Jesús de dirigirse a los marginados de la religión oficial o de la sociedad (recaudadores, leprosos, en­fermos, prostitutas, ladrones) no fue infructuosa, como lo muestra el caso de Zaqueo. El precio de esta práctica lo pagó Jesús al ser considerado uno más de ellos. Otro gallo le can­taría a la Iglesia si se decidiera, de una vez para siempre, a cambiar de táctica, centrando sus objetivos pastorales en los marginados. Sólo así podría ser fiel a la misión de Jesús, que vino a salvar lo perdido, pues «no necesitan médico los sanos, sino los enfermos» (Lc 5,32).

 


 

II

 ¿JUSTICIA O VIDA ETERNA?

¿Cuál debe ser nuestra principal preocupación? ¿Establecer la justicia en el mundo o asegurarnos la vida eterna? Lucas nos habla de dos personajes ricos los dos: uno preocupado por la vida eterna, no quiso seguir a Jesús; el otro, que buscó con interés a Jesús, empezó a practicar la justicia al encontrarse con él Y a esa práctica Jesús la llamó «salvación».

 

EL RICO Y EL CAMELLO

Poco antes del evangelio de este domingo cuenta Lucas (18,18-29) el episodio de aquel hombre rico que se acercó a Jesús y le preguntó qué tenía que hacer para entrar en la vida eterna. Jesús le respondió recordándole los mandamientos que se referían al comportamiento con el prójimo, y puesto que los había cumplido todos desde su juventud el camino hacia la vida eterna estaba, pues, libre-, Jesús lo invitó a preocuparse de este mundo y de esta vida uniéndose a él; pero para ello tenía que cumplir una condición: «... vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza, y anda, sígueme a mí» (Lc 18,22).

Aquel hombre era cumplidor de la ley, como correspondía a un dirigente del pueblo (Lucas dice que era un magistrado), pero no aceptó la invitación de Jesús: su interés se centraba en la otra vida) y Jesús lo invitaba a colaborar en la transforma­ción de esta vida contribuyendo a la felicidad de todos los hombres. Pero él no necesitaba que nada cambiara «porque era riquísimo» (Lc 18,23).

Fue entonces cuando Jesús dijo que la riqueza era un obstáculo prácticamente insalvable para entrar en el reino de Dios: « ¡ Con qué dificultad entran en el reino de Dios los que tienen el dinero! Porque es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el reino de Dios» (Lc 18,24-25).

 

ZAQUEO SE SALVÓ

Zaqueo no podía decir que había cumplido todos los mandamientos desde su juventud; como él mismo reconoce, era un ladrón, había extorsionado a la gente. Pero no debía de estar demasiado contento consigo mismo, a pesar de que era rico y tenía un cargo, «jefe de recaudadores», que le aseguraba que su riqueza no iba a dejar de crecer.

Su interés por conocer a Jesús parece que era sincero, porque en seguida empieza a dar los pasos necesarios para superar esos obstáculos. Lo primero que hace es salirse de en medio de la masa, quedándose solo ante su decisión. Co­nocer a Jesús y, sobre todo, seguirlo, debe ser consecuencia de una opción realizada con plena responsabilidad: «Si uno quiere venirse conmigo...» (Lc 14,26), había dicho Jesús a las «grandes multitudes» que lo acompañaban camino de Jeru­salén.

Para superar el problema de su estatura, Zaqueo se sube a un árbol. Pero Jesús le manda bajar: para ir con él nunca fue un problemas el ser pequeño; y se va a comer a casa de aquel ladrón, con gran escándalo de toda la gente: « ¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!», decían.

Zaqueo, tras la experiencia de su encuentro con Jesús, se pone de pie y decide hacerse todavía más pequeño, renunciando a abusar de los demás, rompiendo con la injusticia y repar­tiendo sus riquezas: «Zaqueo se puso en pie, y dirigiéndose al Señor, le dijo: La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien he extorsionado dinero, se lo resti­tuiré cuatro veces».

 

Y ¿POR QUÉ AHORA NO?

Jesús, al ver la reacción de Zaqueo, declaró algo que sor­prendería a muchas almas piadosas hoy día: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa». A lo que allí acaba de ocurrir Jesús lo llama «salvación». Una salvación ya presente, una salvación que se refiere a esta vida, una salvación que, a los ojos de los ricos de este mundo, es una ruina. Pero una salvación que, desde ese mismo instante, empezaba a ser compartida por los que habían sido empobrecidos por la injusticia que Zaqueo había practicado y de la que acababa de salvarse.

Parece que las cosas han cambiado. A nadie, con excep­ción quizá de algunos extremistas radicales, le resulta incom­patible la riqueza y el seguimiento de Jesús. Hoy parece que la más estricta ortodoxia se inclina a preocuparse preferente­mente por la vida eterna. ¿Y ahora...? ¿Cómo es que hay ricos que dicen que son seguidores de Jesús sin dejar de ser ricos? ¿Cómo es que a nadie le extraña que los injustos se encuentren con Jesús en la eucaristía, por ejemplo, y sigan siendo injustos? Y si Jesús llamó salvación a la práctica del amor y de la justicia social, ¿por qué hoy, cuando se dice «salvación», se entiende siempre y solamente «vida eterna»?

 


 

III

 
ZAQUEO, EL ARCHIRRECAUDADOR DE IMPUESTOS, BLANCO DE TODOS LOS DESPRECIOS

En el marco de una sociedad teocrática como la de Israel, invadida por una nación extranjera y obligada a pagar pesadísi­mos impuestos de guerra, la figura del «recaudador», aunque fuese de nacionalidad judía, era el símbolo del renegado y mer­cenario al servicio del poder despótico de Roma. Zaqueo, nom­bre propio, señal de realismo histórico, presentado como «jefe de recaudadores de impuestos» y «rico» (19,2), polariza en su persona todas las iras de la sociedad israelita, puesto que se había enriquecido a costa de la miseria del pueblo sometido. Por eso se recalca que «era bajo de estatura»: no tenía la altura adecuada para poder ver a Jesús. Con todo, «quería ver quién era Jesús, pero no podía hacerlo a causa de la multitud» (19,3). Un «ver» parecido se había constatado a propósito de Herodes (9,9, cf. 23,8). Pero, a diferencia de Herodes, no espera a que se lo traigan, sino que «se adelantó corriendo (forma semítica de ex­presar las ganas de realizar algo), se subió a una higuera (símbolo de Israel, del que había sido excomulgado), para verlo (la repe­tición del tema subraya el interés y la finalidad), porque Jesús iba a pasar por allí» (19,4). Con una serie de rasgos, Lucas nos ha descrito la calidad del personaje y sus intenciones.

 

LA «TRAICIÓN» DE RAAB, LA PROSTITUTA / DE ZAQUEO, EL ARCHIRRECAUDADOR

Para interpretar esta escena nos hemos de guiar por el pasaje de Josué 6, según la versión griega de los Setenta. Raab, la prostituta, y Zaqueo, el archirrecaudador, son figura (femenina y masculina) del hombre marginado por una determinada socie­dad. Josué (en griego, «Jesús») / Jesús, al entrar en Jericó, «sal­van» respectivamente a Raab y su familia (Jos 6,17.23.25) / y a Zaqueo, en representación de todos los marginados israelitas (Lc 19,9-10). Las marcas que relacionan estos dos pasajes son muy indicativas, pero difíciles de traducir a nuestras categorías. Raab dio alojamiento a los emisarios/espías de Josué, y salvó así su vida y la de toda su familia; Zaqueo dará acogida a Jesús. Uno y otro son considerados traidores por sus respectivas sociedades. La «traición» de Zaqueo recaerá sobre Jesús, como veremos en seguida, y se volverá contra él en la traición de Judas, «uno de los Doce», que encarna - como indica su nombre: «Judas/ju­daísmo»  - los valores nacionales del pueblo judío (22,3s).

 

ZAQUEO, QUE SE ENCARAMA AL TEMPLO, ENCUENTRA LA SALVACIÓN EN SU CASA

Lucas es un maestro en el arte de relacionar escenas. El texto prosigue: «Cuando (Jesús) llegó a aquel lugar...» (19,5a). «El lugar», con artículo (aquí lo lleva), siempre dice relación en los evangelios con el templo, el Lugar por excelencia. (Los lugares altos son siempre los emplazamientos escogidos para edificar ermitas, iglesias o templos.) Zaqueo, el excomulga­do, se ha encaramado al punto más alto de la institución religiosa, convencido de que desde allí podrá ver a Jesús, a quien él todavía identifica con lo bueno y mejor de la sociedad religiosa, de la cual se ha automarginado por intereses personales y crematísti­cos. En el libro de Josué hay una expresión que puede iluminar la presente: «El general del ejército (lit. "el archiestratega", a comparar con el "archirrecaudador") del Señor dijo a Josué: "Desátate las sandalias de tus pies, porque el lugar sobre el que te encuentras es santo" » (Jos 5,15). Pero, para Jesús, «el lugar» ya ha dejado de ser «santo». (De hecho, está subiendo a Jerusalén para enfrentarse con él.) Por eso le dice: «Zaqueo, baja en seguida (no fuera que equivocadamente se afianzase en la institución religiosa a la que se había encaramado), porque hoy (el presente salvífico) tengo que (la forma griega impersonal connota el desig­nio divino) alojarme en tu casa» (19,5). Jesús contrapone «el lugar» a «la casa»: empieza a vislumbrarse la futura «casa» de la comunidad de salvados provenientes del paganismo, de quie­nes el «archirrecaudador» es figura representativa en el Evange­lio. «El bajó en seguida (obedece puntualmente: la repetición subraya la presteza con que se aleja de la institución) y lo recibió muy contento» (19,6). La alegría es señal aquí de estar en línea con el proyecto de Dios sobre el hombre. Las caras tristes son reveladoras. La presencia de Jesús conlleva siempre alegría en la comunidad que lo acoge.

 

CRÍTICA DE LOS INSTALADOS AL PROYECTO LIBERADOR DE JESÚS

La historia -por lo visto- se repite. «Al ver aquello, todos se pusieron a criticarlo diciendo: "¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!"» (19,7). El hombre no les importa; lo que les importa es que sea un descreído (hoy diríamos un ateo) y que Jesús haya entrado en contacto con él: se ha convertido en impuro porque, en el diálogo con él, se ha imbuido de sus categorías y manera de pensar. No es la primera vez que se lo echan en cara, sino la tercera (cf. 5,30, caso de Leví, y 15,2, cuando «se le iban acercando todos los recaudadores y descreí­dos»). Y a la tercera... Lo que es muy indicativo es que aquí se diga con énfasis que sean «todos» los que se ponen a censurar a Jesús: la primera vez los criticadores eran los fariseos y sus letrados/teólogos del sistema, y el reproche lo dirigían a los discípulos de Jesús con idénticas censuras (5,30); la segunda eran «tanto los fariseos como los letrados» los que censuraban, y el reproche iba dirigido indirectamente a Jesús: «Este (despec­tivo) acoge a los pecadores (descreídos) y come con ellos» (15,2); la tercera, en cambio, son «todos», sin más precisiones.

¿Quiénes son esos «todos»? Evidentemente que detrás se ocultan los defensores acérrimos del sistema. Pero ¿y los discípu­los? ¿Acaso también éstos se habrían dejado imbuir por el siste­ma, haciendo frente común con ellos contra el archienemigo de la patria? Es muy posible, ya que Lucas, en realidad, ha hecho entrar en Jericó solamente a Jesús. (Los demás, por lo que se ve, ya estaban allí.) La crítica que les dirigieron al principio (5,30) habría hecho mella en ellos finalmente. Dentro de ese tríptico imaginario, los relatos de Leví y Zaqueo constituirían las tablillas laterales, mientras que en el centro se encontrarían «todos los recaudadores y descreídos», que habrían dado pie a la parábola central (véase 15,3: «Entonces les expuso esta pará­bola», en singular, a saber: las analogías de la oveja perdida y de la moneda o dracma perdida y la parábola propiamente dicha de los dos hijos, el joven/pródigo y el mayor/esquivo). Así todo quedaba atado y bien atado.

 
LA RAZÓN DE SER DE LA QUINTA COLUMNA

Ya hemos visto antes que Raab y Zaqueo son personajes paralelos: la mujer representaba la quinta columna dentro del territorio del enemigo, puesto que ayudó a Israel a conquistar la ciudad; aquí es Zaqueo. Ahora veremos cuál es la contribución que presta a Jesús, el nuevo Josué, en la «conquista» de la socie­dad: «Zaqueo se puso en pie y, dirigiéndose al Señor, le dijo: "He aquí que la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si he estafado algo a alguien, se lo restituiré cuatro veces"» (19,8). La decisión de Zaqueo sobrepasa con mucho lo que estaba prescrito en el Levítico (véase Lv 5,20-26) para repa­rar un fraude. Cumple de sobra lo que Juan Bautista exigía a los recaudadores que se le acercaban para bautizarse: «No exijáis más de lo que tenéis establecido» (Lc 3,12-13). Zaqueo está dispuesto a luchar por una sociedad más justa, él que era el símbolo personificado de toda injusticia. En el fondo, esto no gusta a los teólogos del sistema judío, porque, a la larga, si no a rascarse el bolsillo, a lo que no están dispuestos, se verán obligados a recoger velas, en la medida en que se les escape el poder de las manos, cifrado como siempre en el dinero. La quinta columna es, pues, el super-rico que, en lugar de venderse por dinero, como había hecho hasta entonces (se entiende que se le compare con la prostituta), está dispuesto a servirse del injusto dinero para ganarse a los pobres. Dentro de la fortaleza de los ricos, que tienen sus bancos a manera de torre de home­naje... al dios Dinero, y su apartheid amurallado, a fin de no oír el clamor de los miserables, bien aconsejados por sus propios predicadores moralizantes, se ha abierto una brecha, que a la larga destruirá el sistema. Entre tanto, demos vueltas y más vuel­tas y toquemos trompetas, pues, desde el sistema, hay quienes promueven la justicia y están a punto de entregarnos la ciudad.

 

TODOS LOS QUE PROMUEVEN LA JUSTICIA ESTÁN SALVADOS

Jesús le contestó: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán» (19,9). Jesús no le propone renunciar a todos sus bienes ni lo invita a seguirlo para hacerse discípulo suyo, como había hecho con el recaudador Leví (5,27) y con el magistrado rico (18,22). Por un lado, se subraya nueva­mente (repetición de la palabra «hoy») que la salvación ya es un hecho en esta comunidad humana representada por Zaqueo; por otro, es restituido al linaje universal de Abrahán, del cual había sido excluido. Una nueva paradoja: ahora resulta que los exclui­dos/sometidos a la institución (Zaqueo/la mujer encorvada) son «hijo»/«hija de Abrahán» (19,9/13,16), mientras que los que alardeaban de «tener por padre a Abrahán» (3,8a), tuvieron que escuchar de boca de Juan Bautista: «Os digo que de estas piedras Dios es capaz de sacarle hijos a Abrahán» (3,8b). Las «piedras» deben ser aquellos a quienes ellos, los seguros y observantes, tienen por pecadores/descreídos, encorvados/sometidos a su al­bedrío. La reintegración de Zaqueo a la casa de Israel recuerda de cerca la conclusión de la escena de Raab: «Josué perdonó la vida a Raab, la prostituta, y a toda su familia paterna, y vivió en medio de Israel hasta el día de hoy» (Jos 6,25).

La última frase: «Porque el Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo» (19,10), es la clave que traba el tríptico imaginario antes citado. De hecho, en términos equi­valentes, la encontramos en las tres tablillas (Leví: 5,32; centro: 15,7.10.24.32; Zaqueo: 19,10). Ahora bien: mientras que Leví fue invitado por Jesús a integrarse en su comunidad, la comuni­dad del reino, y Zaqueo ha sido reintegrado a la casa de Israel, de los recaudadores y descreídos que se acercaban en masa a Jesús en el centro de ese tríptico no se dice explícitamente ni una cosa ni otra. Es cierto que la parábola y las dos analogías que la preceden hablan de un encuentro/retorno de lo que estaba muerto/perdido, pero Lucas deja abierto, intencionadamente, el relato. Será en el libro de los Hechos donde retomará la temática de ese relato central, con el fin de ejemplarizar con nombres y apellidos la entrada /encuentro/retorno de los paganos a la comu­nidad cristiana, lo que provocará -como era de esperar y, des­graciadamente, habrá que seguir esperando- la reacción fanáti­ca de los que se tienen por justos/puros/observantes (cf. Hch 11,2s; 15,1.5).

Jesús, el Hombre, viene a buscar al hombre con el fin de salvarlo de la situación de autodestrucción en que él mismo se había sumergido, después de que haya experimentado en su propia carne la marginación a que lo ha conducido la falsa escala de valores de la sociedad.



 

 IV

 La primera lectura es una bella oración meditativa sobre Dios, que nos posibilita hacer unas reflexiones menos habituales.

Solemos hablar a y escuchar hablar sobre Dios como algo ya sabido, como algo que, por definición, no puede necesitar replanteamiento. Ello ha empezado a cambiar, a la altura de la crisis que atraviesan las religiones, ante la constatada «crisis de Dios» (Gotteskreise, Juan Bautista Metz), crisis que ya nadie considera coyuntural o pasajera, sino epocal. Algo muy profundo está cambiando en la cultura y en la conciencia humana, que hace que ese concepto central que ha brillado con luz propia en el centro del firmamento mental de la humanidad durante los últimos milenios, el de Dios, se opaque y entre en lo que ya Martín Buber llamó el «eclipse de Dios».

La lectura de hoy del libro de la Sabiduría habla muy correctamente a Dios, y no lo presenta con ninguno de los rasgos menos éticamente adecuados, de los que hemos tenido que purificar tantas veces la imagen de Dios. No; este texto presenta una bella e impecable imagen de Dios... sólo que sigue no deja de utilizar un lenguaje «teísta».

La palabra «Dios» viene de deus en latín, que a su vez viene de theos en griego. Aunque el concepto tiene orígenes más antiguos, para nuestra cultura occidental fueron ellos, los filósofos griegos, quienes lo configuraron definitivamente. Siempre que decimos dios estamos evocando el theos griego, pues nos servimos de un concepto suyo. No importa que a veces queramos matizar la palabra; la palabra está ya ocupada en nuestra cultura, y el concepto que le está asociado está registrado en el subconsciente colectivo, como un tipo de divinidad que está «ahí afuera, ahí arriba», en una especie de segundo piso celestial, desde donde puede intervenir en nuestro mundo, para revelarse, para actuar, para reaccionar... en función de su manera de ser, concebida muy antropomórficamente (los dioses piensan, aman, deciden, se ofenden, se arrepienten, perdonan... como nosotros, que al fin y al cabo estaríamos hechos «a su imagen y semejanza» -¿y viceversa?-).

Concebir la razón y el misterio supremos de la Realidad en forma de theos (en sentido genérico), eso es lo que llamamos «teísmo». Es un «modelo» de representación del Misterio, el que hemos llamado Dios. Con mucha frecuencia ese «modelo» conceptual nos ha resultado transparente: no hemos sido conscientes de su mediación. Nos parecía como que nuestro hablar de Dios evocaba automáticamente su descripción directa, en vez de caer en la cuenta de que simplemente utilizábamos un modelo (theos), y que al Misterio que denominábamos con ese nombre, se le puede concebir con otros modelos muy diferentes. Podríamos, en efecto, pensar -y amar- a la Divinidad de un modo no teísta... Hay religiones no teístas. El judeo-cristianismo ha tenido una expresión teísta constante en la historia, pero hoy sabemos que aunque ese modelo teísta nos haya acompañado de modo permanente, no es esencial al cristianismo, ni resulta inseparable del mismo.

Más aún. La evolución de la espiritualidad -sin descartar el influjo de otras religiones- hace sentir a muchos cristianos un no disimulado malestar ante el uso y abuso del teísmo en nuestra tradición. Son cada vez más los que abogan por colocar al teísmo en su sitio, en una consideración simplemente mediacional: es una mediación, con sus ventajas y sus dificultades. Las dificultades no son pocas, y son crecientes en nuestra sociedad de mentalidad crítica; no faltan teólogos que postulan su superación. La alternativa al teísmo no es el ateísmo, obviamente, sino el pos-teísmo: una consideración y una (no-)representación de la Divinidad más allá del modelo del teísmo...

El tema es profundo y desafiante. Merece la pena prestarle atención, para no quedarnos en «la fe del carbonero», la fe acrítica, repetitiva y fundamentalista. (John Shelby SPONG es un obispo-teólogo anglicano -que apenas ahora está comenzando a ser conocido en el ámbito latino- que está escribiendo bastante sobre el tema; véase Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, en la colección Tiempo Axial, http://tiempoaxial.org; también la Agenda Latinoamericana’2011, dedicada este año al tema de la religión, aborda en varios artículos el tema del teísmo y la necesidad de renovar las imágenes de Dios –puede tomarse esa Agenda de su página digital: latinoamericana.org/digital).

 

En el evangelio de hoy, Jesús nos enseña hoy que el Padre–Dios no deja de ser el mismo, siempre compasivo perdonador, amigo de la vida, siempre saliendo al encuentro de sus hijos y construyendo con ellos una relación nueva de amor. Las lecturas de este domingo son una preciosa descripción de este comportamiento de Dios con la persona humana. Nos dicen que Dios ama entrañablemente todo lo que existe, porque su aliento de vida está en todas las cosas.

El episodio de la conversión de Zaqueo se encuentra en el itinerario o “camino” de Jesús hacia Jerusalén y sólo lo encontramos narrado por el evangelio de Lucas. En él pone de manifiesto el evangelista, una vez más, algunas de las características más destacadas de su teología: la misericordia de Dios hacia los pecadores, la necesidad del arrepentimiento, la exigencia de renunciar a los bienes, el interés de Jesús por rescatar lo que está “perdido”. Este evangelio es una ocasión excelente para recordar que éstos son los temas que se destacan en el material particular de la tradición lucana y que resaltan la predilección de Jesús por los pobres, marginados y excluidos.

El relato nos muestra la pedagogía de Dios, en la persona de Jesús, hacia aquellos que actúan mal. Dios es paciente y compasivo, lento a la ira y rico en misericordia, corrige lentamente, respeta los ritmos y siempre busca la vida y la reconciliación. En este sentido, Dios es definido como “el amigo de la vida”, y buscando ésta, su auténtica gloria, sale hacia el pecador y lo corrige, le brinda su amor y lo salva.

Muy seguramente nosotros, por nuestra incapacidad de acoger y perdonar, no hubiéramos considerado a Zaqueo como un hijo bienaventurado de Dios, como no lo consideraron sus paisanos que murmuraron contra Jesús diciendo: “Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador”. Decididamente, Jesús y sus coetáneos creían en un Dios diferente. Por eso pensaban también de forma diferente. Para el judaísmo de la época el perdón era cuestión de ritos de purificación hechos en el templo con la mediación del sacerdote, era un puro cumplimiento; para Jesús la oferta del perdón se realiza por medio del Hijo del hombre, ya no en el templo sino en cualquier casa, y con ese perdón se ofrece también la liberación total de lo que oprime al ser humano.

Por eso, la actitud de Jesús es sorprendente, sale al encuentro de Zaqueo y le regala su amor: lo mira, le habla, desea hospedarse en su casa, quiere compartir su propia miseria y su pecado (robo, fraude, corrupción) y ser acogido en su libertad para la conversión.

La actitud de Jesús es la que produce la conversión que se realiza en la libertad. Todo lo que le pasa a Zaqueo es fruto del amor de Dios que actúa en su hijo Jesús, es la manifestación de la misericordia y la compasión de Dios que perdona y da la fuerza para cambiar. De esta manera la vida se reconstruye y me puedo liberar de todas las ataduras que me esclavizan, puedo entregarlo todo, sin miedos y sin restricciones.

Con esta actitud, Zaqueo se constituye en prototipo de discípulo, porque nos muestra de qué manera la conversión influye en nuestra relación con los bienes materiales; y en segundo lugar nos recuerda las exigencias que conlleva seguir a Jesús hasta el final. Aquí la salvación que llega en la persona de Jesús opera un cambio radical de vida.

No dudemos que Jesús nos está llamando también a nosotros a la conversión, nos está invitando a que cambiemos radicalmente nuestra vida. No se lo neguemos, no se lo impidamos. El Señor nos propone unirnos a El, ser sus discípulos y a ejemplo de Zaqueo ser capaces de despojarnos de todo lo que no nos permite vivir auténticamente como cristianos. Esta misma experiencia es la de muchos otros testigos de Jesús que, mirados por El, se convirtieron, renació su dignidad, y recuperaron la vida. Aceptemos la mirada de Jesús, dejemos que El se tropiece con nosotros en el camino e invitémoslo a nuestra casa para que Él pueda sanar nuestras heridas y reconfortar nuestro corazón. No tengamos miedo, dejémonos seducir por el Señor, por el maestro, para confesar nuestras mentiras, arrepentirnos, expresar nuestra necesidad de ser justos, devolver lo que le hemos quitado al otro... No dudemos, Jesús nos dará la fuerza de su perdón. El Señor está con nosotros para que experimentemos su amor. El ya nos ha perdonado, por eso es posible la conversión.

El caso de Zaqueo puede ser iluminador para el tema de la opción por los pobres. En la polémica oficial contra esta opción que sacaron a la luz la teología y la espiritualidad latinoamericanas, se insistió mucho en que no podría tratarse sino de una opción «preferencial», no de una «opción por los pobres» sin más, porque sin aquel adjetivo podría entenderse como una opción «exclusiva o excluyente»... Pero el adjetivo «preferencial» rebaja y diluye la esencia de la opción por los pobres, porque quien opta por los pobres preferencialmente, se entiende que opta también por los ricos, aunque sea menos preferencialmente... Una opción preferencial es una opción que no acaba de optar, que no quiere definirse, que no toma partido, que «se queda encima del muro», como dice la expresión brasileña...

Jesús opta por los pobres, mira la vida desde su óptica, es uno de los pobres, y comparte con ellos su causa. Evidentemente, no excluye a las personas ricas, y ése es el caso de Zaqueo. Pero Jesús no es neutral en el tema de riqueza-pobreza. Su encuentro con Zaqueo no deja a éste indiferente: Jesús lo desafía a pronunciarse, incluso económicamente. Jesús no excluye a Zaqueo, ni a ninguna otra persona rica, pero «sí excluye el modo de vida de los ricos», exigiéndoles la justicia y el amor. La opción por los pobres no excluye a ninguna persona (¡al contrario, desearía alcanzar y cambiar a todos los que no asumen la causa de los pobres!). Lo que excluye es la forma de vida de los ricos, la opresión y la injusticia. Buen tema éste para enfocar la homilía sobre la opción por los pobres.




Para la revisión de vida

Nuestra experiencia de fe no puede quedarse en un reconocimiento frío y estático de Dios. La fe nos debe llevar a la conversión, a mejorar nuestra vida y nuestras actitudes, a concretar nuestra vivencia cristiana en obras, en generosidad, en solidaridad y en servicio a los demás. Cada uno de nosotros y cada comunidad ha de revisar su práctica de la misericordia -a la luz de Jesús- buscando testificar con la vida y las palabras la Novedad del Reino. Un paso ineludible es la constante "experiencia personal" de la misericordia del Padre; mendigarla, gustarla, compartirla... ¿Cómo experimento en mi vida la misericordia de Dios? ¿Qué significa convertirse?

 

Para la reunión de grupo

Adoptar el libro de John Shelby Spong, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo (Abya Yala, Quito, Ecuador, colección «Tiempo axial»), como guión de estudio comunitario sobre su propuesta de superación del teísmo.

La Agenda Latinoamericana’2011 presenta un breve estudio titulado: “Creer o no creer en Dios, ya no es la cuestión. El teísmo, un modelo útil pero no absoluto para ‘imaginar’ a Dios”. Tomarlo como materia de debate y formación (http://latinoamericana.org/digital).

En el trabajo que realizamos como grupo o como comunidad. ¿quiénes están siendo los destinatarios del anuncio y la práctica de la misericordia? ¿quiénes deben serlo en primer lugar, viendo los destinatarios preferenciales del anuncio y la práctica de Jesús?.

Nuestra vida, ¿está llena de aquella compasión y amistad que nos hace llorar con quien llora y compartir la alegría del que se siente gozoso, o bien se limita simplemente a “solucionar problemas”?

 

Para la oración de los fieles

Por cada uno de nosotros, para que encontremos en el camino de nuestra vida la presencia de Jesús que nos invita al cambio y la conversión.

Por los empobrecidos, excluidos y marginados de nuestra sociedad, para que encuentren manos solidarias que les ayuden a buscar propuestas de cambio y transformación de su realidad.

Por los sacerdotes, religiosos y religiosas, para que se decidan efectivamente a buscar estilos de vida más austeros como signo y compromiso con los pobres.

Por toda la comunidad, para que en la Iglesia encuentre una casa donde vivir el perdón y la reconciliación.

Por los que tienen la tarea y la responsabilidad de gobernar las naciones y manejar los recursos económicos, para que sean transparentes, honestos y leales en el compromiso que el pueblo ha puesto en sus manos.

 

Oración comunitaria

 Te damos gracias Señor porque en Jesús nos has manifestado tu rostro amoroso de Padre Misericordioso. Te pedimos que nos ayudes a cambiar y a transformar nuestras vidas asumiendo actitudes verdaderas de conversión que se expresen en Justicia, Solidaridad y Amor con nuestros hermanos. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro...

 Misterio infinito, forma sin forma, presencia sin figura, que superas todas las formas y modelos de conocimiento, y también toda nuestra capacidad de imaginar y de pensar... Te evocamos presente en esa desasosegada ausencia siempre inasequible a nuestro deseo más profundo de encuentro y de unión. Respetamos tu distancia, y sentimos tu intimidad más íntima que nuestra propia conciencia. Te sabemos transcendente, hacia la inmanencia más profunda, no desde arriba, sino aquí abajo, no hacia afuera, sino hacia el totalmente adentro. Y para más hablarte sin manipular tu imagen, te hablaremos y contemplaremos en silencio...



Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

www.koinonia.org